Noemí de Miguel: Trayectoria de una Pionera del Periodismo Deportivo

Noemí de Miguel (Autol, La Rioja, 1980) ha regresado al fútbol en 2024 tras seis años en la Fórmula 1. Se ha convertido en la primera mujer que presenta 'El Día Después' y rostro de la Champions en Movistar Plus+.

Convertida en la primera mujer que presenta 'El Día Después' y rostro de la Champions en Movistar Plus+, ha logrado algo muy extraño en el periodismo deportivo: genera consenso y nadie discute que se ha ganado estar donde está. Esa penitencia ya la pasó en su salto al motor.

Un camino lleno de desafíos y logros

Superando la presión y encontrando la calma

"En los últimos tiempos vivo en paz con lo que hago y puede ser que lo transmita. Antes sentía la necesidad constante de demostrar si valía o no. Día a día con esa presión que surge de cómo está montada esta sociedad con las mujeres y la he sentido desde pequeñita. Ahora hazlo bien aquí, luego aún mejor allí, tienes que demostrar todo mil veces hasta conseguir tu sueño. Ya no me pasa. Me he olvidado de esa presión y estoy en calma", explica.

Esa presión surge de cómo está montada esta sociedad con las mujeres y la he sentido desde pequeñita. Es evidente que hay una exigencia profesional extra hacia las mujeres, en la sociedad en general y en el periodismo deportivo en particular, y controlar eso ha sido un proceso de evolución personal. Es posible que fuera me puedan seguir cuestionando, pero ya no me importa. Creo que he demostrado mi valía y he encontrado el equilibrio con mi profesión.

Currando y demostrando mucho, trabajando con psicólogos, cogiendo perspectiva con la edad y, ahora, con la maternidad... Esa penitencia ya la pasó en su salto al motor.

Deportista frustrada convertida en periodista

Noemí se considera uno de tantos casos de deportista frustrada que acaba en el periodismo. Considera que el 90% de los periodistas deportivos tienen dentro un atleta o un jugador frustrado.

Soy periodista porque no pude ser jugadora profesional de baloncesto. Al margen de la altura, que me hubiera puesto seguramente en mi lugar, fue mi padre el que dijo cuando yo tenía 12 años: "Me parece muy bien que tu entrenador diga que vales para esto, pero no tengo en el radar a ninguna chica que pueda vivir toda su vida de lo que le vaya a dar el baloncesto, así que estudia algo".

La influencia de su abuelo y los inicios en el periodismo

Su pasión por el deporte surgió por su abuelo. Es niña de los 80 y creció con sus abuelos porque sus padres estaban trabajando todo el día. Amanecía en su casa, me llevaban dormida y envuelta en una manta a casa de sus abuelos y allí me despertaba. Su madre sí que volvía a buscarla como a las siete, pero cuando su padre llegaba a casa ella ya estaba dormida. Y así era día tras día porque él trabajaba en una empresa de calzado y, al salir, iba a ayudar a la familia con la parte de agricultura. Pluriempleo puro y duro.

Los fines de semana, se plantaba con su abuelo delante de la tele a ver La 2. Te levantabas el domingo por la mañana y tenías las carreras de cross desde las nueve y ya empalmabas con el resto de competiciones. Si había Fórmula 1 o motos, se comía con el soniquete de los motores. En el 94 vi el accidente de Ayrton Senna, en la época de Mick Doohan y Crivillé ahí estaba yo. Y por la tarde tocaba fútbol. A lo mejor me iba un rato con mis amigas, pero a las 21:00 iba a buscar a mi abuelo para bajar al bar de mi tío y ver juntos el partido del Plus.

En esa época, las periodistas deportivas eran una rareza. Había muy pocas. María Escario y pocas más. Y eso que no solamente me fijaba en el deportivo porque siempre me fascinó el arte de contar historias. Llené mis cuadernos de minicrónicas de todas las competiciones donde había españoles, mientras mi madre me preguntaba si había discutido con mis amigas porque no salía de casa. No le entraba en la cabeza lo que estaba pasando con su hija.

La importancia de la normalización y el apoyo familiar

No era tan habitual como ahora que a las niñas les apasionara el deporte. Ahora lo pienso muchísimo porque, joder, es que siempre tenías puesta la etiqueta. Si vas siempre con los chicos es que es que eres un poco rarita. Afortunadamente, eso ya se va normalizando, pero he pasado por todo ese proceso de ser la rarita y me afectaba, porque no terminaba de encajar ni con las chicas ni con los chicos.

Para estudiar, dejaste el pueblo y te mudaste a Bilbao. Sí, porque le daba miedo Madrid. Hola, soy Noemí de Miguel, vengo de Autol, un pueblo de 4.000 habitantes y toda mi comunidad autónoma tiene 300.000, es como un barrio de Madrid. Le daba vértigo y decidí ir a un sitio que estuviera cerca y fuera un poco más pequeño. Y también, lo reconozco, porque sus padres tampoco veían muy bien lo de estudiar periodismo.

A Madrid vine ya licenciada para hacer el máster de RNE, porque yo soy una tía de radio. Yo estudiaba con la radio puesta y los programas de las 12 de la noche eran mis programas. Viví la guerra García-De la Morena y ¿sabes lo que me pasó? Me desenganché de ambos. "A mí vuestro conflicto no me interesa nada, lo que quiero es saber qué está pasando en el deporte". Hui de todo eso, tanta testosterona no me alimentaba ni me entretenía. Me daba igual la pelea entre estos dos. Se ha mitificado mucho algo que no fue bueno.

Pasé por 'Tablero Deportivo' y por 'Radiogaceta', me desfogué haciendo directos... Pero si te quedabas en esa estructura, no sabías si ibas a tener que acabar en Ceuta y yo lo que quería era seguir en Madrid, que es donde suceden las cosas en el periodismo deportivo. Y he de decir que mis compañeros en RNE se molestaron todos en llamar a sus contactos para pasar mi currículum y que, al menos, me abrieran la puerta. En tres semanas, estaba en Canal+.

Hola, ¡qué ha pasado aquí! Nunca me lo había planteado y pensaba: "Joder, yo veía este programa con mi abuelo y ahora estoy aquí trabajando con Robinson y mi jefe es Carlos Martínez". Además fue todo bastante rápido porque era un momento en el que Canal+ estaba creciendo y abriendo más canales, así que necesitaban más gente para salir en pantalla. Entré en noviembre de 2005 y en el Mundial de Alemania 2006 estaba presentando los boletines diarios con Michael. Yo estaba tensa no, lo siguiente y él me calmaba, me hablaba del spray de la sonrisa, de cómo comunicar... No pude aprender de nadie mejor porque te lo contaba con cercanía, con naturalidad y con cariño. Es un referente y demuestra que no tienes por qué ser periodista para comunicar bien. Me pongo muy blandita hablando de Michael.

Puede ser la única persona en este mundillo de la que nadie habla mal. Cuando entras a un medio de comunicación, todo el mundo tiene bastante lío con hacer lo suyo como para ocuparse de ti. Bien, pues Michael Robinson, una estrella absoluta, sacaba ese tiempo para los nuevos.

Al Mundial 2010, el que gana España, ya vas como enviada especial. Deprisa, deprisa... Entonces yo me quería comer el mundo todo el rato y necesitaba subir escalones cada día. Era muy competitiva y muy ambiciosa. En Sudáfrica hicimos cobertura multicanal, para Canal+ y para Cuatro, así que había mucho más que hacer y eso era maravilloso para mí y mi inquietud constante. Estuve en tensión hasta que supe que iba y cuando lo supe se lo conté a Pepe Reina y le dije que dependía de ellos, porque yo me volvía en cuanto eliminaran a la selección. Me dijo: "Puedes estar tranquila, te aseguro como poco la final". Cuando perdimos con Suiza me asusté, porque una cosa es lo que Reina dijese y otra cosa que yo le creyera, que llevaba toda la vida viendo palmar en cuartos, pero, mira, mi primer Mundial y lo ganamos. Increíble.

En esa obsesión por comerte el mundo, ¿perdiste la perspectiva? Conmigo misma, seguramente y quien ha trabajado conmigo sabe que soy buena compañera, pero también me ha sufrido porque soy muy exigente y a veces lo he llevado al límite. En ese punto de mi carrera todo me parecían oportunidades, vivía en el agradecimiento continuo a lo que me estaba sucediendo y quería explotarlo todo hasta el último centímetro. En realidad, lo sigo haciendo aunque de un modo mucho más pausado.

Creo que una de las claves ha sido tener siempre el respeto de los protagonistas, que si les llamas vengan porque te lo has ganado. Lo primero que he hecho siempre es mostrar y demostrar que los protagonistas son ellos, que el periodista no es el enemigo y que esto es un trabajo en equipo, que vamos de la mano y tenemos que sumar. Entonces, todo lo que pudiese ser original, lo probaba. Siempre he puesto por delante y me han interesado más las personas que los deportistas y a muchos eso les llegaba porque, en vez de preocuparnos por el siguiente partido o la siguiente carrera, les preguntaba por cómo estaban o cómo se sentían. Eso les llamaba la atención de mí.

El salto a la Fórmula 1: Un nuevo desafío

¿Cómo fue el salto a la Fórmula 1? ¿La recepción fue hostil? Ni te imaginas, no sabes cómo fueron los inicios, pero yo me defino como una periodista, bueno, y una mujer piscinera y lianta. Donde hay una piscina, me tiro aunque no sepa si hay agua y, una vez dentro, me voy a encargar de liar a todo el que pueda para conseguir lo que me he propuesto. Funciona bien.

En aquel momento, presentaba 'El día del fútbol', que es lo más, pero no estaba feliz porque necesitaba seguir creciendo y no valgo para acomodarme en un buen momento. Pensaba: "Presento la Liga, presento la Champions, presento la Copa, presento todo lo presentable en el fútbol, debería estar feliz y contenta, pero no lo estoy porque considero que aún puedo aportar más". A mí me daba la vida, por ejemplo, llevar un reportaje con mis frikadas a 'Fiebre Maldini', cosas que me sacaban de la normalidad. Necesitaba volver a retarme y en el fútbol no iba a suceder, así que surgió la oportunidad de la Fórmula 1 y salté a condición de ir a los circuitos, nada de plató. Estaba harta de comerme plató, quería estar donde suceden las cosas.

Es un deporte extremadamente complejo. ¿Cuánto controlabas? Cuando acepté, nivel usuario. Veía las carreras como aficionada, pero hasta ahí. Me preparé como una loca, estuve estudiando durante semanas. Me van a perdonar porque normalmente estoy implicadísima con la ecología, pero me imprimí unos libracos enormes de reglamentación técnica y deportiva, de historia de la Fórmula 1 y me preparé unos apuntes increíbles. Iba estudiando por los pasillos de la tele y preguntando a todos los periodistas del motor que conocía para que me contasen cómo era ese mundo, quién era quién, cómo moverme. Debuté en Australia en 2016 y sabía que estaba a prueba.

Sin hablar una palabra, ya me estaban poniendo a parir los aficionados. No te voy a decir que lo comparta, pero lo entiendo porque no tenía tantísimo apego a la F1 como sus fans. Veían a alguien que no conocían de nada y que se dedicaba al fútbol, con esa manía de crear enemistades entre deportes que tienen algunos, metida en la parrilla al lado de sus pilotos idolatrados y se pusieron en contra.

Sí, claro, pero te digo una cosa que es extensible al fútbol: ese tipo de ataques machistas son siempre externos. En el mundo del fútbol y en el de la Fórmula 1 jamás he sentido que me mirasen peor por ser mujer. A los protagonistas lo que les importa es saber de qué vas y cómo haces las cosas. Lo analizan y, a partir de ahí, deciden. Otra cosa son los aficionados y el periodismo. Ahí sí he tenido que dar demasiadas explicaciones a otros periodistas sobre cómo he conseguido una entrevista a la que ellos no habían llegado. A las periodistas se nos pide justificar nuestro éxito y se insinúan cosas asquerosas, ese "algo habrás hecho". Ahora lo siento menos porque me importa mucho menos lo que piensen los demás, pero no creo que eso haya cambiado.¿No influyó que fueras mujer y joven?

El presente y el futuro: 'El Día Después' y la Champions

Lo que me llena es que 'El Día Después' vaya lo mejor posible porque eso hará que los redactores, que son realmente quienes hacen el programa y se meten unas palizas increíbles, tengan las mejores condiciones laborales. Eso es lo que me mueve. Y en la Champions, disfrutarlo. Estoy disfrutando muchísimo, muchísimo, muchísimo del regreso al fútbol.

El otro día en Anfield, con esa afición volcada, ese olor a césped ... Es mágico porque ahí revivo lo que veía de pequeña por la tele junto a mi abuelo y jamás pensé que estaría tan cerca: me lo curré muchísimo en mi primera etapa haciendo reportajes y ahora la recompensa es maravillosa.

No, porque tiene un ciclo de vida. De hecho, seis años en la F1 son demasiados, yo creo que lo ideal hubiera sido estar cuatro años. Yo jugué la prórroga y ya era dejarlo o engancharme para siempre, que conlleva no tener vida. La F1 se convierte en tu vida. Le saqué mucho partido conociendo lugares, países, ciudades y personas maravillosas; corriendo en todos los circuitos y ciudades del mundo, haciendo maratones... Cuando viajas tanto, el deporte es fundamental para tu salud física y mental, porque te desubicas y pierdes un poco el arraigo. Pasé los 40 y el cuerpo ya me pedía casa, descalzarme y poner los pies en un sitio que diga: "Este es mi hogar". Y decidí dejarlo. ¿Sabes una cosa que logré? Muchos de los que me...No echas de menos la Fórmula 1, entonces.

El análisis del Clásico: Noemí de Miguel

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