Cuando hablamos de problemas de conducta en niños nos referimos a comportamientos que no son habituales y están socialmente mal considerados. Se trata de conductas observables y cuantificables, que pueden incluir malos comportamientos en clase, interrupciones constantes, conflictos frecuentes con los amigos, agresividad y faltas de respeto a otras personas, etc. Este mal comportamiento se puede dar tanto en el entorno escolar, como en la familia o con niños de su misma edad.
Los trastornos de conducta son un conjunto de comportamientos disruptivos que pueden interferir el desarrollo emocional, familiar, social y académico. Cuando un niño o niña comienza a mostrar patrones repetitivos de comportamiento que son problemáticos, es importante no pasar por alto estas señales, ya que podrían estar relacionados con un trastorno de conducta.
En este artículo, exploraremos qué es el trastorno de conducta (TC), sus tipos, síntomas y cómo abordar este problema de manera efectiva. Este trastorno se clasifica generalmente en dos categorías: trastorno de la conducta en niños más pequeños y trastornos graves de conducta, que suelen ser más intensos y persistentes en la adolescencia.
¿Qué son los Trastornos de Conducta?
Cuando se habla de trastornos de la conducta describimos aquellos comportamientos que son considerados inaceptables socialmente. Este tipo de problemas suelen incrementarse con el paso del tiempo, siendo cada vez más precoz la edad de inicio. Gracias a los avances de la investigación, se sabe que esta problemática surge como consecuencia de la interacción de factores internos, como una vulnerabilidad o predisposición a desarrollar un determinado trastorno; y de factores externos, como la educación recibida o los eventos estresantes (separación de los padres, pérdida de personas cercanas…) a los que es expuesto el niño durante su desarrollo.
Estos niños suelen presentar problemas para la interiorización de límites y normas, obedecer normas, cuestionan la autoridad de diferentes figuras (padres, profesores…), retan a los adultos, etc. Este tipo de comportamientos impulsan el incremento del número de diagnósticos en esta población, lo que indica la necesidad de diferenciar los casos debidos al desarrollo y las pautas educativas de la infancia, de aquellos casos en los que aparece una predisposición biológica. Un ejemplo claro es el TDAH o déficit de atención con hiperactividad, un trastorno que ha sido sobrediagnosticado en los últimos años, justificando el comportamiento inadecuado de muchos niños y dificultando el desarrollo de una intervención adecuada. Este “falso diagnóstico” o etiqueta facilita el mantenimiento de los problemas al encontrar una causa errónea a tal comportamiento.
Tipos de Trastornos de Conducta
Dentro de la categoría de trastornos de conducta encontramos diferentes tipologías que indican la presencia de síndromes que difieren en la gravedad de las conductas que pueden llevar a cabo (mentiras, absentismo, robos, agresiones…). A pesar de indicar la presencia de esta diferenciación, son muchos autores los que consideran que se trata de un continuo, de modo que un mismo niño podría pasar por los diferentes diagnósticos a lo largo del tiempo si no se interviene debidamente.
El inicio puede situarse en la primera infancia, aunque puede haber casos en los que comience a edades más avanzadas. Asimismo, la detección precoz es un elemento esencial para la adecuada intervención, lo as más severos.
Los trastornos de conducta en niños pueden manifestarse de diferentes maneras:
- Trastorno de conducta agresiva: Se caracteriza por comportamientos violentos o destructivos, como pelear, destruir objetos o hacer daño a los demás.
- Trastorno de conducta antisocial: Los niños con este trastorno tienen poca empatía hacia los demás y pueden mostrar actitudes de desconfianza o incluso crueldad.
Es importante notar que estos síntomas deben ser persistentes y no es suficiente con que ocurran en algunas ocasiones.
¿Problemas de conducta o conducta normal en el desarrollo?
Algunos de los problemas comentados por los padres en la consulta hacen referencia a comportamientos habituales en determinadas etapas del desarrollo, por lo que hay que diferenciarlas de las conductas propias de los trastornos de esta población:
- La desobediencia. Se trata de uno de los principales inconvenientes a los que deben enfrentarse tanto padres como profesores. La desobediencia forma parte del desarrollo habitual de los niños en ciertas edades. De hecho, hay autores que indican que este comportamiento se presenta en un alto porcentaje de niños (50%) entre los 5 y 6 años, aunque tiende a bajar de forma notable cerca de los 16. Una forma de establecer una diferencia entre la normalidad y la patología es atender a la frecuencia en la que ocurre este comportamiento.
- Las rabietas. Hacen referencia a las expresiones reactivas con las que algunos niños manifiestan su desacuerdo o enfado. Se trata de un comportamiento habitual en niños de entre 2 y 3 años, aunque tiende a desaparecer en torno a los 5 y 6 años de edad. Sin embargo, existen casos en los que las rabietas se mantienen debido a que es una forma rápida en la que el niño consigue lo que se propone ya que los padres, con el objetivo de calmar a su hijo, satisfacen los deseos de éste. A pesar de reducir la rabieta de manera inmediata, contribuyen al mantenimiento del problema. ¿Sabes exactamente las rabietas? Las rabietas son una forma que tienen los niños de manifestar su frustración ante un deseo que no puede cumplir. Pueden incluir gritos, pataleos, lanzamiento de objetos o cuidadores, etc. Las rabietas a esta edad forman parte del desarrollo infantil normal. Sin embargo, existen conductas que deberían haber desaparecido del repertorio conductual del menor. Las rabietas son una forma que tienen los niños de manifestar su frustración. Es su manera de decir "esto es lo que quiero". Estas conductas deberían haber desaparecido del repertorio conductual del menor si se manejan de manera adecuada.
- La actitud negativista. Hace alusión a aquellas conductas en las que se muestra una oposición activa con ausencia de violencia, son los niños que dicen siempre “no”. El origen de esta actitud puede situarse en el aprendizaje, debido a que estos niños observan que a través de dicho comportamiento evitan tener que realizar determinadas acciones o tareas. No obstante, es necesario distinguir estos problemas de conducta de los comportamientos comunes en las etapas del desarrollo; de esta manera, se encuentran dos fases (alrededor de los 3 años y durante la adolescencia) en las que aparece un comportamiento negativista, pero éste remite espontáneamente.
No obstante, otros de los problemas más comunes son las discusiones (familiares o en el colegio), enfrentamientos, comportamientos violentos o destructivos, inicio precoz en el consumo de sustancias, conductas delictivas, etc.
Origen de este tipo de problemas
Ante este tipo de situaciones, son muchos los padres los que consideran que su hijo “ha nacido así”, estableciendo incluso paralelismos con otros miembros de la familia: “es igual que su padre”. Esta situación genera en muchos casos un sentimiento de frustración ante la creencia de que su hijo no puede cambiar ya que “él es así”. No obstante, son muchas las personas que desconocen que las conductas de los hijos están condicionadas o controladas por variables propias de los padres como el estilo educativo, la comunicación familiar, la presencia o ausencia de límites, así como el uso de refuerzos (premios) y castigos.
Por lo que respecta al origen y mantenimiento de estos comportamientos infantiles, se han descrito diferentes factores:
- Las consecuencias de la conducta. Un determinado comportamiento es más probable que se repita cuando va seguido de una consecuencia positiva (no tener que realizar una tarea desagradable como sacar la basura u obtener un premio como poder salir a la calle) que cuando va seguido de un consecuente negativo (no poder salir a la calle como castigo).
- Interacciones familiares. Los modelos familiares (los ejemplos de interacción de los familiares), los vínculos afectivos, la supervisión por parte de los progenitores o el estilo educativo pueden favorecer la aparición de determinados comportamientos. Un ejemplo de ello es la influencia ejercida por la presencia de un estilo educativo punitivo (basado en el castigo continuo) por uno de los progenitores y permisivo (con ausencia de castigos independientemente de la conducta de los hijos) por parte del otro.
- Características individuales. Se han descrito diferencias personales (vulnerabilidad, predisposición, temperamento…) que en interacción con otros factores de tipo ambiental o familiar pueden facilitar el origen de esta problemática. Por lo general, se destacan las diferencias en el desarrollo emocional, en la capacidad de empatía o en la resolución de problemas, encontrando que estos niños generan menos alternativas ante un determinado problema y esperan menos consecuencias negativas de sus actos.
- Otros factores del ambiente. Elementos como el ambiente urbano o el nivel socioeconómico pueden propiciar la aparición de comportamientos delictivos o conflictivos, especialmente cuando interaccionan con los factores anteriores o por la influencia de las “pandillas” o los grupos de amigos. No obstante, este tipo de comportamiento pueden aparecer en cualquier contexto social, nivel cultural, económico…, no siendo exclusivo de “barrios marginales” o conflictivos.
Las causas del trastorno de conducta no son completamente comprendidas, pero diversos factores pueden influir en su aparición. Es importante destacar que estos factores rara vez actúan de manera aislada. Por lo general, el trastorno de conducta surge de una combinación de influencias genéticas, ambientales y neurobiológicas que interactúan de forma compleja.
Dos estrategias para modificar la conducta en casa o escuela
Intervención y Tratamiento
A partir de la identificación de esta lista de factores, se han desarrollado diferentes intervenciones dirigidas a la reducción de este tipo de comportamientos y la sustitución por otros más adaptativos o aceptados por la sociedad. El tratamiento para el trastorno de conducta (TC) debe ser individualizado y adaptado a las necesidades del niño.
Si sospechas que tu hijo podría tener un trastorno de conducta, es fundamental buscar ayuda profesional lo antes posible.
Intervención con los niños
Cuando los niños no son muy pequeños, es posible trabajar con ellos dándoles recursos para gestionar la ira, la rabia y la agresividad, puesto que el mal comportamiento tiene mucho que ver con la inteligencia emocional y la gestión de las emociones. Así mismo, intervenimos con un enfoque en Disciplina Positiva, tratando siempre de indagar sobre la meta equivocada que le lleva al niño a tener malos comportamientos.
Intervención con la familia
En todas las ocasiones recomendamos trabajar con la familia los problemas de comportamiento de los niños. Esto no significa que la familia sea la causante de esos problemas, ni mucho menos, pero por nuestra experiencia observamos que realizar cambios y saber afrontar esos comportamientos ayudan mucho en la terapia. En este sentido, formamos a las familias de forma personalizada y orientamos también a todos los agentes que intervienen, como por ejemplo a la escuela. Así mismo, en los casos en los que los niños son muy pequeños (menos de 5 años), es posible que la intervención vaya más dirigida a la familia que al niño, al entender que modificando dinámicas en el entorno familiar los niños ven la necesidad de cambiar sus comportamientos.
Primero se realiza una sesión con los padres para conocer con más detalle la situación y las conductas que tiene el niño/a. El objetivo de la terapia cognitiva-conductual es mejorar las destrezas de solución de problemas, destrezas de comunicación, control de los impulsos y destrezas de manejo de la ira.
Es fundamental que paralelamente los educadores sepan como sancionar las malas conductas de forma constructiva. O sea, si sancionamos, el castigo debe ser inmediato a la conducta negativa, además de corto y acertado. También se puede utilizar técnicas como tiempo fuera o coste de respuesta.
Estrategias para manejar los problemas de conducta
¿Cómo prevenir y manejar los problemas de conducta de sus hijos/as? Aquí hay algunas pautas para niños/as que están en constante cambio y aprendizaje:
- Hablarles con respeto y con cariño (sin olvidarnos de la paciencia, muuucha paciencia).
- Establecer normas claras y concisas que sean comprendidas por el niño/a.
- Anticipe al niño/a lo que ocurrirá si incumple una orden/norma.
Cuando se dé una orden, use en lugar de frases largas como "Recoge tus juguetes y te vayas a la cama", por órdenes más cortas. Por ejemplo: "Recoge tus juguetes, por favor".
Cuando queremos que cumplan algo que les interesa que cumplan. Por su parte le anunciaremos la recompensa que tendrá si lo hace. Por ejemplo: "Si terminas los deberes antes de las 5, bajaremos al parque a jugar".
Si un niño incumple esa norma, hay que asegurarse de que siempre haya una consecuencia (es decir, que no a veces sí y otras no).
Si el objetivo es hacer desaparecer una conducta problema es preferible no darle atención. Es decir, ignorar, finalmente su conducta se extinguirá. En este caso es importante volver a tomar el control de la situación.
Es recomendable que los padres jueguen con sus hijos. Nada de castigos, ni de imponer normas. Jugar ayuda a crear un vínculo.
Además, es importante volver a tomar el control de la situación. Todos los niños en algún momento se portan mal. Pero, ¿cuándo se convierte en un trastorno de conducta? Los trastornos de conducta comienzan en la infancia, cuando los niños son muy pequeños, desde los 3 o 4 años. Queremos destacar que debemos evitar etiquetar al niño como «malo», ya que el problema es la conducta, no el niño en sí. Es decir, un trastorno negativista desafiante. En el momento que esas situaciones se van agravando más y que las rabietas son constantes, es importante acudir a un profesional.
Recomendaciones Adicionales
- Describir la conducta con claridad y exactitud, concretando exactamente lo que pasó. No debemos caer en apreciaciones generales como la mencionada, u otras comunes como es un niño “malo”, “egoísta” etc. Son apreciaciones injustas e inexactas y por supuesto muy poco eficaces para cambiar la conducta.
- OBSERVAR LAS CONDUCTAS del niño y registrar su frecuencia, intensidad y duración.
- Aprender a saber dar atención positiva al niño.
- Saber dar órdenes de forma eficaz.
En cuanto a la intervención con el niño, en muchos casos cuando el niño es pequeño (menos de 7 años) y no hay asociados otro tipo de problemas psicológicos como, depresión, ansiedad, problemas de habilidades Sociales, dificultades para el manejo de lra y la rabia, etc. se trabaja principalmente con los responsables de la educación del niño: padres y profesores.
Es habitual que al inicio del tiempo fuera el niño se queje y presente comportamientos inadecuados tipo rabietas, gritos o incluso conductas agresivas y, sin embargo, para que esta técnica sea efectiva tiene que ser consistente a pesar de las quejas del menor y que, solo una vez finalizado este comportamiento, se comenzará a contar el periodo de duración del tiempo fuera. El tiempo de retirada debe ser proporcional a la edad del niño. Por norma general se emplea un minuto por cada año que tenga, con un máximo de 10 minutos.
Tabla de Estrategias de Intervención
| Estrategia | Descripción | Ejemplo |
|---|---|---|
| Atención Positiva | Prestar atención y elogiar las conductas positivas. | Elogiar al niño cuando comparte sus juguetes. |
| Órdenes Claras | Dar órdenes concisas y fáciles de entender. | "Recoge tus zapatos, por favor." |
| Ignorar Conductas | No prestar atención a las conductas no deseadas para extinguirlas. | Ignorar una rabieta leve para que no se refuerce. |
| Tiempo Fuera | Retirar al niño de la situación para que se calme. | Llevar al niño a un lugar tranquilo durante 5 minutos después de una pelea. |
Estos son algunos consejos de prevención y estrategias de modificación de conducta para reducir los problemas de comportamiento. ¿Los conocías?
