Tragedia tras la DANA: El Dolor y la Búsqueda de Justicia por los Niños Perdidos

La DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), un fenómeno meteorológico devastador que azotó España, especialmente Valencia y Castilla-La Mancha, dejó tras de sí una estela de dolor y destrucción. Entre las historias más desgarradoras se encuentra la de Izan y Rubén, dos hermanos de 3 y 5 años que fallecieron arrastrados por la fuerza del agua durante la DANA del pasado 29 de octubre.

Mapa de España mostrando las áreas afectadas por la DANA.

La Desaparición y el Hallazgo

Los niños desaparecieron aquella noche mientras estaban en casa con su padre en Torrent. La fuerza del agua arrastró un camión que chocó y destrozó el muro de la vivienda, haciendo que la fuerte corriente de agua les arrastrara. El padre consiguió salvarse aferrándose a una rama, pero perdió de vista a sus hijos. Tras 15 días desaparecidos, los cuerpos sin vida de los pequeños fueron encontrados por los equipos de emergencia a la altura de Catarroja.

"Angelitos míos, ¡al fin hemos dado con vosotros! Desgraciadamente con la peor de las noticias para todos. Gracias de corazón a todo el mundo que se ha volcado con ellos.

La familia acudió a los juzgados a reconocer los cuerpos, que, al parecer, han sido encontrados en dos localidades diferentes, ubicadas a unos kilómetros de Torrent, según fuentes del caso. La abuela de los pequeños es natural de la localidad sevillana de Marchena.

La Demanda de Justicia

Los padres de Izan y Rubén no piensan rendirse hasta encontrar justicia. Así lo han asegurado Marta y Víctor en una entrevista para 'El Programa de Ana Rosa' en la que han expresado su dolor y su firme determinación para que los responsables de la tragedia paguen por lo ocurrido.

La familia denuncia una gestión deficiente de la emergencia. Según relatan, los equipos de rescate tardaron en movilizarse y el aviso oficial de alerta llegó tarde: "El único aviso que nos llegó fue del Ayuntamiento, que nos dijo que nos quedáramos en casa porque era un sitio seguro. El mensaje de alerta meteorológica llegó a las ocho y cuarto de la noche. A esas horas, mis hijos ya no estaban", explica Marta.

En la entrevista, la madre de los niños ha sido contundente: "Queremos justicia por ellos y por todos los demás fallecidos. Solo pedimos eso, justicia. Que paguen lo que tengan que pagar, porque esto ha sido un homicidio en pocas palabras". La madre de los niños lo deja claro: "Se podían haber salvado mucho antes. Las vidas materiales no se hubiesen salvado, pero las vidas, si hubiesen puesto los medios necesarios, muchas no hubieran faltado".

Además, insiste en que la investigación debe llegar hasta el final: "Tienen que pagar todos. Porque si hubieran sido sus hijos los que hubieran estado en mi situación, seguramente no hubiera pasado esto".

Tras la DANA, además de sus hijos, estos padres han perdido su casa: "Nos han dado siniestro total la casa, no se puede reconstruir, no se puede hacer nada, y si se pudiese, tampoco nos hubiéramos querido quedar ahí porque una pesadilla, día tras día, estar allí, preferimos hacer vida nueva y otro proyecto nuevo, y ahora pues eso, estamos una semana en casa de mi suegra, una semana en casa de mi madre. El apoyo de la familia nos ha hecho mucho".

Otros Desaparecidos y el Lento Proceso de Duelo

El temporal dejó 227 víctimas mortales en toda España y asoló especialmente Valencia y Castilla-La Mancha, tuvo en la historia de Izan y Rubén uno de sus episodios más desgarradores.

Son las 12.00 horas del 31 de octubre de 2024. Dos días después de la dana, Ernesto Martínez, de 62 años, desconoce aún el alcance de la tragedia. Sin luz ni cobertura, no puede encender el televisor ni la radio ni consultar las noticias en el móvil. "Yo pensaba que había sido una gota fría más", dice.

Un vecino le ha contado que en la rotonda de La Canaleja, en Chiva, la localidad donde reside -en la parte baja, la menos afectada-, hay red móvil. Y hasta allí se ido tras conseguir que una amiga que vive cerca de la residencia de ancianos y del ambulatorio -tienen generadores, no se pueden quedar sin luz por los respiradores, por ejemplo- le cargue algo la batería del teléfono. "Había como 300 personas en la rotonda. Enciendo el móvil y 'tu-tu-tu-tu-tu...'. Una de sus hermanas le había dejado un audio en el buzón de voz: "La Elvi y la Eli se fueron a La Carreta y no han vuelto".

La Elvi y la Eli son Elvira Martínez Alfaro, de 61 años, y su única hija, Elisabet Gil Martínez, de 38, hermana y sobrina de Ernesto. La Carreta es el hotel de Cheste donde ambas trabajaban como camareras de piso. Elvira, la madre, había hecho el turno de mañana. La hija entraba a las 17.00 horas y, puesto que no tiene carné de conducir, Elvira la llevaba en su Ford Focus negro matrícula 9964 DHJ. El cuerpo de Elvira se recuperó el 10 de noviembre a 10 kilómetros de donde desapareció. A su hija aún se la está buscando. Damos los datos vehículo en que viajaban con tanta precisión porque el coche aún no ha aparecido y Ernesto está convencido de que su sobrina está dentro.

Antes de que la riada las arrastrara, Elisabet grabó dos vídeos y se los envió a su jefe para avisarle de que no iba a poder llegar al trabajo. Se habían quedado paradas, con el agua ya subiendo muy rápido, en la zona de atrás del circuito Ricardo Tormo de Cheste, en la parte más profunda del barranco de Sechara. "En el primer vídeo que Eli envió se ve la matrícula del vehículo que estaba delante. Buscamos al conductor y nos dijo que él se salvó porque, cuando el coche comenzó a culear, aceleró y consiguió tirar dos metros para adelante y salir de la vaguada. El coche de ellas fue el primero que se llevó el agua. Detrás iban los empresarios fallecidos, tres en un coche y el cuarto en otro. Se sabe por las últimas posiciones de los móviles", explica Ernesto.

Sentada enfrente de él, en la cafetería de un hotel valenciano donde los hemos convocado, escucha atentamente el relato Saray Ruiz, peluquera, 32 años, hija de otro desaparecido de la dana, Francisco Ruiz Martínez, de 64. La joven reside en la localidad de Montserrat, está separada, y tiene dos hijos, Alejandro, de 10 años, y Ruth, de 5. Los ha estado criando con la ayuda de su padre, el desaparecido. Los niños van al colegio en Montroy, el pueblo donde reside el abuelo, que los recoge y los lleva a casa de Saray cuando ésta acaba su jornada laboral.

"Ese día, a las siete de la mañana me llegó un mensaje de que se suspendían las clases. Mi padre vino a por los chiquillos a las 12.00 porque yo me tenía que ir a trabajar a la peluquería, que está en Torrente", comienza Saray a contar la historia de lo que le pasó a Francisco. "A las 16.30 mi jefa me dijo: 'Vete a casa, que esto se está poniendo feo'. Allí llovía poquito pero llegando a Montserrat el agua alcanzaba ya media rueda del coche. Cuando llegué, le envié un audio a mi padre: 'No se te ocurra salir de casa'. Pero ya no había internet, ya no llegaba nada".

Sin posibilidad de comunicarse con él, Saray se puso en lo mejor. Su padre y los niños estarían a salvo, bajo techo en Montroy, pensó. "No supe lo ocurrido hasta que a las once de la noche la Policía me trajo a los niños", cuenta. La pequeña Ruth, de cinco años, lo soltó de golpe: "El yayo se ha muerto; se ha resbalado y se lo ha llevado la corriente", dijo.

-¿Y mi madre, que es dependiente y está sola en el chalé en Montroy? -preguntó Saray a los agentes-.

-La prioridad es encontrar a tu padre -contestaron.

La madre, María Ángeles, de 60 años, en silla de ruedas entonces por una rotura de cadera -ya usa el andador-, y dependiente por tener un 21% de capacidad pulmonar, vivía también ajena a la desgracia. Creía que su marido y los nietos habrían llegado a la casa de Saray.

El reencuentro entre madre e hija se produjo al día siguiente. Saray tuvo que recorrer caminando los 3,5 kilómetros que separan Montserrat de Montroy y darle a su madre, a la que encontró bien, la mala noticia.

La reconstrucción de lo que le sucedió a Francisco Ruiz, Paco, arranca a las 18.00 horas del 29 de octubre de 2024, cuando subió a sus nietos en el coche con la intención de devolvérselos a Saray. En el corto recorrido - 3,5 kilómetros, ya se ha dicho- les pilló la riada. "El coche golpeó contra una señal de stop y luego se quedó encastrado en una palmera. Intentaron romper el cristal del coche dándole patadas y golpes con el teléfono. El móvil de mi padre apareció roto de dar golpes con él. Al final, lograron salir por la ventanilla de atrás, que tiene manivela, y se subieron en el techo del coche", cuenta Saray. "Pienso que mis hijos se salvaron porque el mayor se quedó apoyado de espaldas a la palmera y la niña se agarró".

Saray recabó más detalles gracias al testimonio de los trabajadores de la empresa Abuc, que se encontraban enfrente y lo vieron todo. Francisco y los niños aguantaron unas dos horas subidos en el coche. "Me contaron que intentaron socorrerlos, pero que no hubo manera. De vez en cuando los iluminaban con los faros de una furgoneta y en una de esas ya sólo estaban los chiquillos", dice Saray. "Un chico los recogió cuando el agua bajó, se los llevó a su casa y les puso ropa seca".

Falta en este encuentro la familia del tercer desaparecido, José Javier Vicent Fas, de 56 años. Residente en Valencia capital, estaba pasando el día con su hija Susana, de 30 años y con síndrome de Down, en la casa de campo que la familia tiene en Pedralba. El cadáver de la joven se halló el 8 de noviembre en El Saler, a unos 50 kilómetros. La esposa de José Javier, Susana Vidal, ha estado siempre disponible para los medios de comunicación. Sospechamos que puede haber desfallecido psicológicamente. Y así es. "Yo he hablado con ella y está mal. Date cuenta que ha pasado de tener una hija y un marido a quedarse sola», explica Ernesto.

-¿Y vosotros?, ¿cómo hacéis para mantener la entereza? preguntamos.

Ernesto, que ha entrado en el hotel cojeando visiblemente, achaca su estabilidad mental al curtimiento al que lo ha obligado la vida desde bien pequeño. "Desde que a los seis meses de edad sufrí polio, estoy reconstruyéndome y reiventándome. No comencé a andar hasta los cuatro años. ¿Por qué soy fuerte? Porque me ha tocado serlo. Un golpe, otro golpe, otro golpe, al final la piel se hace dura".

-Mi vida también ha sido complicada y, como dice Ernesto, a base de palos te sale piel de cocodrilo -interviene Saray.

-Soy fuerte no por los que se han ido, que por ellos no podemos hacer nada más, sólo podemos hacerles justicia. Soy fuerte por los que están, por mis sobrinos. Necesitamos la declaración de fallecimiento porque se encuentran en un limbo legal y no pueden ejercer sus derechos.

Se refiere Ernesto a los dos hijos de la desaparecida Elisabet, Iván, de 19 años, y Valeria, de 4. Al no haberse hallado el cuerpo, a su madre no se la ha dado aún por fallecida y ellos no han sido reconocidos oficialmente como huérfanos. No tienen acceso, por ejemplo, a la indemnización de 72.000 euros que se otorga a las familias de las víctimas mortales ni a la prestación que les corresponderían por la orfandad. En el caso de Saray, su madre no puede gestionar el cobro de una pensión de viudedad ni cambiar de titular la ayuda a la dependencia que recibe, que está a nombre de su cuidador, el desaparecido Francisco.

El artículo 193 del Código Civil recoge los plazos a partir de los que se puede solicitar la declaración de fallecimiento de un ausente. Son 10 años como norma general -cinco si el desaparecido es mayor de 75 años-; un año en caso de "violencia contra la vida" -conflictos armados, actos terroristas, desapariciones forzadas- y tres meses si a la persona se le ha perdido el rastro en "un siniestro": un terremoto, un incendio o una riada como la que provocó la dana.

A partir de este miércoles 29, por tanto, al cumplirse tres meses de la gota fría más fuerte de la que se tiene constancia, las familias de Elisabet, Francisco y José Javier podrán solicitar que se les declare fallecidos. Ernesto y Saray así lo harán.

José Javier (aún desaparecido) y su hija Susana, hallada muerta.

Les preguntamos a ambos por el estado psicológico de los menores directamente involucrados en la tragedia: los dos hijos que deja Elisabet y los dos que tiene Saray, quienes vivieron la traumática experiencia de ver cómo el agua se llevaba al abuelo. La atención que han recibido difiere de unos a otros. "A nosotros sí nos han puesto asistencia", cuenta Ernesto. "En el ambulatorio de Cheste tenemos psicólogo a nuestra disposición. Mi sobrino está yendo y yo también". Iván, de 19 años, ha aparcado el grado medio de Informática que estaba cursando mientras digiere el trance, bajo la promesa de que retomará los estudios.

Ni a Saray ni a sus hijos, sin embargo, se les ha ofrecido la atención de un psicólogo. "Desde el hospital nos llamaron porque estaban dando ayuda a los niños víctimas de la dana y pensé que sería ayuda psicológica, pero era para darles un Lego", cuenta. "Y la psicóloga del colegio dice que los ve jugar e interactuar con los demás con normalidad, que hay que esperar porque, como no hemos encontrado a mi padre, no hemos podido hacer el duelo. La mente no cree lo que no ve. A lo mejor, una vez encontrado y enterrado, fluye todo"». El hijo mayor, Alejandro -10 años-, no habla de lo sucedido y si su hermana pequeña saca el tema la corta rápido: "No te quedes con lo malo".

Se ha sentido Saray también abandonada por las autoridades. Ningún político -ni local, ni autonómico, ni del Gobierno central- se puso en contacto con ella hasta que elevó la voz en la manifestación del pasado 29 de diciembre, la tercera que se celebraba para pedir responsabilidades políticas. "Después nos llamó Pilar Bernabé [la delegada del Gobierno] para que nos viéramos, pero no era posible a las horas que nos decían y, además, para mí llegaba tarde".

Tanto ella como Ernesto son muy críticos con la gestión política de la tragedia, sobre todo con el presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón. "El día 24 él ya tenía los datos de la AEMET de que venía una dana y de que era más fuerte lo normal. Si hubiera puesto los medios se hubieran evitado muchas muertes y a eso nos agarramos las familias", dice Ernesto.

Tanto él como Saray forman parte de las 150 familias que se han unido bajo el paraguas de la asociación SOS Desaparecidos para presentar una querella contra las administraciones locales, el gobierno autonómico y el central por la gestión de la dana.

-Los fallecidos son 226, ¿qué saben del resto de familias? ¿No van a querellarse?

-Hay gente que tiene posibles y han buscado sus abogados y van por libres. Otros no han tenido aún fuerzas para hacer nada -dice Ernesto.

Camino de Albal, donde se realizan las fotografías , Saray recibe la llamada de un teniente de la Guardia Civil, uno de los mandos al cargo de la búsqueda.

«Tardarán más o tardarán menos, pero sé que los van a encontrar». La frase la pronuncia firmemente convencido Ernesto Martínez, pero la subraya, palabra por palabra, Saray Ruiz. Ellos son los familiares de Elisabet Gil y Francisco Ruiz, las dos personas que fueron arrasadas por el agua la tarde del 29 de octubre cuyos cuerpos continúan sin aparecer 365 después. «Es como buscar una aguja en un pajar», reconoce el tío de Eli.

Sabe que se trata de una misión «complicada» y es consciente de que más que un trabajo de búsqueda «es una labor de arqueología, porque están buscando pelos y huesos». Sin embargo, confía, porque así se lo han trasladado a los investigadores de la Guardia Civil que continúan haciendo batidas para encontrar a Eli y a Paco, en que llegará el día en el que reciban esa llamada que llevan un año esperando, en el que les confirmen que por fin los han encontrado.

Mantener viva esa esperanza se estaba haciendo cada vez más difícil, confiesa Saray. Sin embargo, hace una semana recibieron una noticia que lo removió todo, y que volvió a alimentar unas esperanzas que ahora vuelven a estar más vivas que nunca: el cuerpo de Francisco Javier Vicente Fas, Javi, la tercera persona que también estaba desaparecida, era hallado por operarios de Tragsa mientras realizaban trabajos de limpieza y regeneración del río Túria a su paso por el término municipal de Manises.

«Cuando nos enteramos lo celebramos como si hubiéramos ganado el mundial», bromea Saray, que describe la «tranquilidad» que les aporta «ver como sucede algo que ya creía como un imposible». Hace un año su padre fue arrastrado por la gran tromba de la dana en el polígono de Montserrat cuando se disponía a llevar a sus nietos Ruth, de 5 años, y Alejandro, de 10, hasta casa de su madre. Pudo salvar a los niños tras subirlos al techo del coche, pero él desapareció a las dos horas.

Su cuerpo sigue sin localizarse pese a los intensos operativos de búsqueda desplegados en los ríos Magro y Xúquer, entre Montserrat y Cullera, y que ahora se centran en la partida del Casupet, un punto de desbordamiento del Magro a su paso por l’Alcúdia a más de 30 kilómetros de donde Paco, de 64 años, fue visto por última vez. Sin embargo, Saray tiene la corazonada de que su padre «no está tan lejos».

Agente de la Guardia Civil peina la partida del Casupet, en l’Alcúdia, donde se sospecha que pueda estar el cuerpo de Paco Ruiz.

Ernesto, por su parte, tiene la convicción de que su sobrina Eli, de 38 años, está enterrada en algún punto del barranco del Poyo. También está seguro de que «más pronto que tarde» llegará esa llamada para informarle de que la han encontrado, como pasó con su madre, Elvira Martínez, de 64 años, a la que hallaron días después de la catástrofe. Esa tarde madre e hija estaban en Cheste cuando el vehículo en el que viajaban fue arrastrado por la riada que se formó en el barranco del Poyo. El coche, un Ford Focus negro, apareció destrozado en uno de los márgenes de la rambla. Días después hallaron el cuerpo de la madre muchos kilómetros más abajo. Pero nada se ha vuelto a saber de Eli.

«Está siendo muy duro porque es como el día de la marmota. Estás como en guardia, esperando que en cualquier momento te pueda sonar el teléfono, y cada vez que lo hace piensas, ¿será ahora?», se sincera Ernesto. Asimismo, insiste en la necesidad de encontrar a su hermana para que la familia pueda asumir lo ocurrido: «Lo que el ojo no ve, la mente no se lo cree», afirma. En este sentido, cuenta como su sobrino, el hijo de Eli, «habla de su madre en presente, como su fuese a aparecer en cualquier momento. Sin embargo, de su abuela (Elvira) habla en pasado».

Cerrar el Ciclo

A pesar de que un juzgado declaró el fallecimiento de los dos desaparecidos en el listado oficial de víctimas mortales de la dana, este era un final que sus allegados se negaban a asumir. «Te resignas, pero a medida que pasa el tiempo eres consciente de que no va a haber otro final», comenta Saray, que, insiste, necesita que encuentren a su padre para «poder cerrar el ciclo». «Ese es el primer paso para poder hacerlo. El segundo es que los responsables de esta terrible negligencia paguen por ello». «Lo único que pedimos es justicia, porque reparación no vamos a tener. No hay manera de reparar la vida humana, pero queremos que los responsables vayan a la cárcel», reivindica Ernesto, por su parte.

Aunque no exculpan a ninguna administración, coinciden en señalar como máximo responsable de la tragedia a Carlos Mazón. «Él es el capitán del barco, y ese día ni estaba dónde tenía que estar, ni hacía lo que debía de hacer». Afean, además, «las mentiras» del president de la Generalitat Valenciana, lo que para ellos está siendo «lo más doloroso». «Se ha ido demostrando que estaba mintiendo en todo lo que ha estado contando todo este tiempo. Pero al final la verdad siempre sale a la luz».

Respecto al trato recibido, el tío de Elisabet Gil destaca el apoyo «desde el primer minuto» del Ayuntamiento de Cheste. «Nos ofrecieron apoyo psicológico durante el tiempo que lo necesitáramos». Una ayuda que, en el caso de Saray y de sus hijos, se han tenido que buscar por sus propios medios y a través de oenegés. Agradecen también la atención de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, quien les llamó personalmente para preocuparse por su caso. «Pero de la Generalitat no nos ha llamado nadie. Nunca», acusan.

Una Búsqueda sin Descanso

Los dos familiares coinciden, también, en reconocer la labor que están desempeñando «desde el primer día» las decenas de agentes de la Guardia Civil que continúan peinando a día de hoy distintos tramos de los respectivos recorridos por los que, se sospecha, pudieron ser arrastrados Paco Ruiz y Elisabet Gil la tarde del 29 de octubre, con el claro objetivo de encontrarlos. «Te da tranquilidad saber que las búsquedas continúan», comenta Saray, consciente de «la complejidad» del operativo «teniendo en cuenta el extenso recorrido que pudo seguir mi padre». Así con todo, insiste, «ese día llegará». Y lo hará después de un tiempo que le ha servido «para soltar lastre» y eliminar «esas culpas de ‘¿Y si hubiera hecho esto o hubiera hecho lo otro?'».

Ernesto Martínez, por su parte, sabe que actualmente no hay tanto personal movilizado como al inicio. «Pero siempre nos han trasladado su compromiso de que no iban a dejar de buscar hasta que no aparezcan todos. Están haciendo lo correcto», subraya. Unos operarios han hallado este martes en el municipio valenciano de Manises los restos mortales de una persona que serán analizados para comprobar su identidad y, en su caso, si corresponde a una de las tres personas aún desaparecidas en la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 229 víctimas mortales.

Según han confirmado fuentes judiciales a RTVE, tras el hallazgo del cadáver durante unos movimientos de tierra junto al río Túria, se harán las pruebas forenses y policiales pertinentes para identificar el cuerpo y esclarecer las causas del fallecimiento. Piden prudencia hasta conocer todos los detalles.

Los restos, según informa Efe, han sido trasladados a dependencias del Instituto de Medicina Legal de Valencia para la práctica de la autopsia y el resto de pruebas que determinen esas causas y la identidad de la persona fallecida para determinar si corresponde con los dos hombres o con la mujer que desaparecieron tras la dana, fueron oficialmente dados por fallecidos y cuyos cadáveres no han sido aún recuperados.

Durante todos estos meses diferentes cuerpos de seguridad y rescate han mantenido activos los trabajos de búsqueda específica de los cadáveres de estas tres personas.

Se trata de Elizabeth Gil, de 37 años y madre de dos niños, que fue vista con vida por última vez cuando la riada arrolló el vehículo conducido por su madre (cuyo cadáver sí fue encontrado) en Cheste; Francisco Ruiz, de 64 años, que desapareció en Montserrat tras poner a salvo a sus dos nietos, de 5 y 10 años, en el techo de su coche; y José Javier Vicent, desaparecido en Pedralba cuando conducía junto a su hija (cuyo cuerpo fue hallado a más de 60 kilómetros).


Nombre Edad Estado Lugar de Desaparición
Elizabeth Gil 37 Desaparecida Cheste
Francisco Ruiz 64 Desaparecido Montserrat
José Javier Vicent 56 Desaparecido Pedralba

La búsqueda continua y el anhelo de justicia persisten para las familias afectadas por esta tragedia.

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