¿Cómo logra una mamá reconocer las necesidades de su bebé recién nacido? El concepto de "instinto maternal" ha sido objeto de debate y análisis desde diversas perspectivas, incluyendo el psicoanálisis. A la capacidad de la madre - o quién cumple la función - de interpretar las necesidades básicas y primarias de su bebé, se lo ha considerado de distintas maneras.
Se lo ha tomado como un instinto dotado por la naturaleza a toda mujer para el buen saber hacer en el cuidado y protección de los hijos. El psicoanálisis siempre ha señalado que la gestación es un tiempo de preparación psicoafectiva para el cuidado del bebé y podemos decir que, actualmente, este supuesto ha sido confirmado por la neurociencia.
La "Preocupación Maternal Primaria" según Winnicott
Donald Winnicott, un reconocido pediatra y psicoanalista denominó a esta etapa de preparación mental característica en las mamás en la última etapa de la gestación y durante el puerperio como “preocupación maternal primaria”. Durante este período la madre cuenta con una capacidad excepcional de identificarse con su bebé, de pensar en él, imaginar sus necesidades y adelantarse a ellas y para ello recurre a su propias experiencias como bebé. No se trata de una capacidad aprendida ni un instinto maternal, sino de una dedicación y atención consciente e inconsciente a las necesidades de su bebé.
«El bebé no existe sin su mamá» dirá Winnicott, ya que sólo existe inmerso en una relación con su madre. El grado de desvalimiento del recién nacido es tal, que sin un otro no podría sobrevivir. Por eso, la mamá tendrá que hacerse cargo -por un largo tiempo- de sus necesidades y deseos. Será ella, quién a través de su capacidad de maternaje, podrá servir de filtro protector al recién nacido - que experimenta los estímulos externos e internos por primera vez-. Irá poco a poco dosificando los ruidos preparando un espacio adecuado para el bebé.
Buscará reducir la sensación de inmensidad del espacio acogiéndolo en sus brazos. Le ofrecerá su pecho, en tiempo oportuno, para calmar su hambre y estimulará sus sensaciones corporales a través del baño. La mamá tendrá que recoger todas las emociones que el bebé le transmite, hasta las más angustiosas y desconcertantes, que tiempo después podrá irle devolviendo al bebé de un modo más asumible y digerible, de éste modo va constituyendo las bases de la comunicación humana. Se dice que la madre lo cubre de lenguaje. Lo baña en él.
Estas primeras vivencias relacionales del bebé con su mamá le permitirán ir integrándose afectivamente. Gracias a la capacidad materna para reconocer y leer sus estados emocionales internos, podrá el niño establecer las raíces intersubjetivas de la comunicación humana.
Madres "Suficientemente Buenas"
Toda función materna es en cierta medida fallida, es decir, es humanamente imperfecta. No hay recetas infalibles que garanticen que en todas las ocasiones lo que lee o interpreta la mamá de las señales que le emite su bebé sean correctas. Por eso, Winnicott hablaba de «madres suficientemente buenas». Es decir madres corrientes, en conexión con su hijo, que va aprendiendo de su propia experiencia de la maternidad, sin estar pendiente punto por punto de libros especializados.
Una buena madre es aquella que es confiable y previsible, a pesar de las inevitables fallas de su tarea. La «falla materna» sólo indica el especial ritmo de una mujer para encarnar tareas, que sólo idealmente pueden ser pensadas como perfectas. La madre suficientemente buena es la madre que falla de un modo confiable. Que lleva la tarea de maternaje de su bebé partiendo de un gesto instantáneo. El buen cuidado materno de la al bebé el estado de confianza necesario para tolerar -sin hundirse- en un estado insoportable de zozobra sus fallas.
Fallas que son rupturas de la continuidad existencial. Las fallas se hacen entonces pensables para el bebé al abrir una estructura temporal que ordena con sentido las experiencias (mamá tarda, pero ya vendrá…). Cada vez que la mamá falla, se recorta como algo diferente al bebé, un no-yo y fuerza al bebé a tener que pensarla como algo distinto. Esa falla abre la percepción de ese algo como una madre. Fundando los cimientos de lo que será el reconocimiento como sujeto en su camino hacia la autonomía. Aquí el bebé irá conquistando su propia experiencia de existencia, ya no ligada en su totalidad a su mamá.
¿El instinto materno nace o se hace?
La Teoría del Apego y su Impacto en el Desarrollo
Según la teoría del apego desarrollada por Bowlby (1993) a mediados del siglo XX, los humanos nacemos con la capacidad para apegarnos a un cuidador, pero necesitamos las condiciones favorables para poderla desarrollar. Sin esta posibilidad, las consecuencias en el psiquismo pueden ser muy graves. Los estudios de Bowlby, que muchos otros investigadores han desarrollado posteriormente, han servido de base para realizar numerosas intervenciones en el campo de la promoción de la salud mental en la infancia.
Autores tan relevantes como Schore (2005) o Siegel (2016 ) han demostrado que las experiencias de apego y las relaciones tempranas con la madre moldean directamente la arquitectura cerebral y tienen efectos perdurables toda la vida. Pero incluso antes de las primeras relaciones de apego, existe toda una teoría, la llamada teoría de la programación fetal, según la cual algunas estructuras cerebrales podrían quedar programadas para la vida adulta en función del estado de la madre durante algunos periodos del embarazo, así como tener efectos a largo plazo en la salud física futura.
En este sentido, la neurociencia ha contribuido en sus últimas décadas a conocer cuán importante es el papel del estrés materno en el desarrollo cerebral del feto y en la capacidad de gestionar la ansiedad y el estrés durante la vida adulta. Sabemos que elevados niveles de cortisol (hormona del estrés) alcanzan el cerebro del bebé en desarrollo y pueden dañar su sistema límbico, área que media las emociones, el aprendizaje y la memoria. La ansiedad durante el embarazo se puede manifestar en forma de preocupación acerca del bienestar fetal, rumiaciones, insomnio, nerviosismo o tensión.
Estos síntomas son respuestas adaptativas frente a una situación desconocida o nueva. En casos más graves, pueden presentarse estados de pánico, agorafobia, síntomas obsesivos o de estrés postraumático, además de síntomas depresivos comórbidos (Maldonado-Duran, 2011). También existe mucha literatura respecto a la depresión postparto y, aunque no nos extenderemos en hablar de ella, remarcaremos que está fuertemente asociada a la depresión prenatal (Maldonado-Duran, 2011) y que sufrir depresión durante el embarazo también conlleva riesgos para la formación del feto (bajo crecimiento intrauterino o parto prematuro, entre otros) y en el posterior comportamiento del recién nacido (dificultades en autorregulación y conducta en la infancia).
Sabemos que el apego, los cuidados maternos, el estado de la mujer durante el embarazo y determinados factores ambientales pueden afectar el desarrollo del bebé y perdurar a lo largo de su evolución. Recientemente, se ha incrementado el interés por conocer y evaluar todos aquellos procesos psicológicos que se inician desde antes del nacimiento. En este aspecto, la psicología perinatal ha tenido un enorme papel.
El Vínculo Prenatal: Un Proceso Afectivo Temprano
Otro aspecto relevante dentro de los procesos prenatales, en el que nos focalizaremos sobre todo en los casos analizados en este artículo, es el que tiene que ver con la vinculación afectiva que se establece con el bebé ya durante los meses de embarazo. Como señala Oiberman (2013), “el parto marca el inicio de la vida, pero no coincide con la relación madre-hijo, hay pues un proceso psicológico que cohabita con el biológico”. El vínculo prenatal puede definirse como la filiación afectiva por parte de la madre (o padre) hacia su bebé no nato y se caracteriza por los sentimientos y emociones de la madre gestante hacia su futuro hijo. A diferencia del apego, definido como un conjunto de sistemas e interacciones bidireccionales, el vínculo prenatal lo conformarían las manifestaciones cognitivas, afectivas y conductuales exclusivamente de la madre hacia el bebé (Roncallo et al., 2015).
El tipo de vínculo que la madre establecerá con su hijo por nacer estará influido por diferentes factores, como el estado emocional durante el embarazo, pues altos índices de estrés, ansiedad y depresión han estado asociados a una baja vinculación materno-fetal (Roncallo et al., 2015). Otros factores tienen que ver con su propia historia vincular, la edad, las relaciones familiares, el apoyo percibido, la adaptación al embarazo y los antecedentes obstétricos (Villa-González et al., 2015). En cuanto al último punto, se ha observado que las experiencias previas de duelo perinatal suelen condicionar emocionalmente los siguientes embarazos por el miedo a sufrir una nueva pérdida.
Son gestaciones vividas a menudo con elevada angustia, lo cual, además de las repercusiones ya mencionadas anteriormente en relación con el desarrollo del feto, suele afectar también a la vinculación con él. Antes de proceder a la exposición de dos casos que ilustran cómo algunas veces el vínculo prenatal está gravemente afectado o anulado, queremos subrayar que las condiciones en las cuales se desarrolle este vínculo constituirán la base emocional sobre la cual se consolidarán personalidades más o menos sanas, más o menos resistentes o con mayor o menor tendencia a presentar problemas de salud mental (Grimalt y Heresi, 2012).
Destacamos, al mismo tiempo, la esperanza (o posibilidad de cambio) que aporta Siegel (2016) y que compartimos, cuando afirma que los patrones de apego pueden cambiar con el paso del tiempo; se pueden resolver traumas y duelos, pasar de la inseguridad a la seguridad, ya que entiende el apego como un proceso dinámico.
El Estrago Materno: Una Perspectiva Lacaniana
El término "estrago materno" ha ganado relevancia en el ámbito del psicoanálisis, especialmente en relación con la comprensión de la dinámica entre madres e hijas. Este concepto, acuñado por Jacques Lacan, se refiere a los efectos mortíferos que puede tener la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer. Lacan plantea que, mientras que la frase "la mujer como síntoma de un hombre" puede describir ciertas dinámicas en la relación hombre-mujer, no ocurre lo mismo en la relación madre-hija.
Es importante destacar que Lacan propone algo inédito en la clínica de lo femenino a través de la oposición del binomio Madre/mujer y llega a decir “cuanto más madre menos mujer”.
El Deseo de la Madre y su Impacto
Uno de los aspectos centrales del estrago materno es el deseo de la madre. Según Lacan, es fundamental diferenciar entre la mujer y la madre, ya que no es lo mismo ubicarse en un lugar o en otro. Si una mujer se identifica puramente como madre, excluye su propia feminidad. Será el deseo de la mujer en la madre lo que permita limitar la pasión materna, hacer de ella no-toda para su hijo.
En principio Lacan tomó los conceptos del Edipo freudiano. En el Seminario 4 (1956) hace muchas referencias al respecto, dirá que el pequeño interviene como sustituto, como compensación, en una referencia sobre lo que le falta a la mujer. De lado del niño, si todo va bien, se identificará con el objeto imaginario de ese deseo. Sin embargo, sabemos y cuanto antes lo asuma el niño mejor para él, que esta es una «relación imaginaria tramposa» ya que ni es el falo, ni la falta será saturada.
La madre, dependiendo de dónde ubique al hijo, puede favorecer esta salida u obstaculizarla. Pero, «el niño no sólo colma, también divide. Que divida es esencial. Ya hemos dicho que es esencial que la madre desee más allá del hijo… Cuanto más colma el hijo a la madre, más la angustia, de acuerdo con la fórmula según la cual lo que angustia es la falta de la falta. La madre angustiada es, de entrada, la que no desea -o desea poco, o mal- como mujer… Se les suele negar la perversión a las mujeres… Pero eso sería no ver que la perversión es, en cierto modo, normal por parte de la mujer es lo que se llama amor materno, que puede llegar hasta la fetichización del objeto infantil.
El amor maternal se manifiesta no en los cuidados corporales, ya que no sería suficiente, sino en las palabras que pueda dirigirle, aquellas que transmiten un deseo no anónimo, el deseo de un sujeto independiente de ella, podríamos decir. Ofrecer palabras de amor, sencillas y tiernas, como canta Serrat, pero no tan eróticas podemos agregar, ya que -recordemos- la palabra también causa el goce en el cuerpo. «No hay amor sino de un nombre», decía Lacan en el Seminario 10 (1962) y creo que vale para el amor hacia un hijo.
Excesos y su Impacto
No es la falta de amor, sino los excesos, lo que complica la constitución subjetiva del recién nacido. Hay varias maneras de querer demasiado: demasiada madre, que ubica al hijo como lo que la completa, o demasiada mujer, que abandona al hijo porque no consigue convocarla al lugar de madre.
El Amor Maternal a Prueba
El amor de una madre se pone a prueba si consigue soportar las respuestas que el hijo da a su ofrenda, ya que el hijo colma, pero también divide, y podrá aceptar, rechazar o hacer aquello que no estaba en los planes imaginarios de la madre.
La Perspectiva de C.G. Jung sobre la Madre
Si bien Sigmund Freud basó mucha de su teoría del psicoanálisis en el estudio del «padre», el tema de la «madre» fue profusamente estudiado por el psiquiatra suizo C.G. Jung.
El aspecto negativo se ve en la mujer cuyo único objetivo es el parto. Para ella el marido es. . . ante todo, el instrumento de la procreación, y ella lo considera simplemente como un objeto que debe cuidarse, junto con los niños, los parientes pobres, los gatos, los perros y los muebles domésticos.
Los celos de la madre y el deseo de superarla se convierten en el leitmotiv de las empresas posteriores.
Alternativamente, la inhibición del instinto femenino puede llevar a una mujer a identificarse con su madre. Como una especie de supermujer (admirada involuntariamente por la hija), la madre vive por ella de antemano todo lo que la niña podría haber vivido por sí misma. La hija lleva una existencia en la sombra, a menudo visiblemente absorbida por su madre, y prolonga la vida de su madre mediante una especie de transfusión continua de sangre.
Es el ejemplo supremo del complejo materno negativo. El lema de este tipo es: ¡Cualquier cosa, mientras no sea como la Madre! . . . Todos los procesos instintivos tropiezan con dificultades inesperadas; o la sexualidad no funciona correctamente, o los hijos no son deseados, o los deberes maternos parecen insoportables, o las exigencias de la vida marital se responden con impaciencia e irritación.
Gracias a su lucidez, objetividad y masculinidad, una mujer de este tipo se encuentra frecuentemente en puestos importantes en los que su cualidad maternal, tardíamente descubierta, guiada por una fría inteligencia, ejerce una influencia benéfica. Esta rara combinación de feminidad y comprensión masculina resulta valiosa en el ámbito de las relaciones íntimas, así como en asuntos prácticos.
¿Instinto o Deseo? Reflexiones Finales
Al hablar de la mujer, igual que pasa con el hombre, tenemos que comprender que dentro de ella existen diferentes niveles en relación a su identidad. La maternidad es algo que se refiere especialmente a la parte biológica de la mujer, su condición de hembra, y el correlato psicológico de tal condición. En este sentido todas las mujeres van a notar en sí mismas una tendencia a ser madres y cumplir con la función que la naturaleza les ha concedido.
Lo que sucede luego es que tal instinto, por decirlo así, se ve influenciado socialmente de una manera importante, y aquí es donde radica el problema. Cada mujer va a sentir mayor o menor instinto maternal según el grado de influencia que haya experimentado en su entorno social a lo largo de su vida.
Por esto mismo que se ha dicho anteriormente, las condiciones sociales adversas pueden atenuar el deseo de ser madre, pero esto encierra una complicación más profunda, ya que normalmente frenan el deseo inmediato de ser madre, pero en muchas mujeres no eliminan el concepto social de que para realizarse a si mismas tienen que ser madres.
Tabla Resumen: Conceptos Clave del Estrago Materno
| Concepto | Descripción |
|---|---|
| Estrago Materno | Efectos mortíferos de la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer. |
| Deseo de la Madre | Importancia de que la madre no se identifique puramente como tal, sino que mantenga su propia feminidad y deseo. |
| Confusión Necesidad-Deseo | En la anorexia infantil, la madre confunde la necesidad del niño con su deseo, aplastando este último. |
| Palabra Materna | Las palabras de la madre transmiten un deseo no anónimo y son fundamentales en la constitución subjetiva del hijo. |
