Anemia en Niños: Causas, Síntomas y Tratamiento

La anemia infantil es un problema de salud frecuente que afecta a muchos niños en todo el mundo. A menudo se desarrolla de manera silenciosa, pero puede tener un gran impacto en el crecimiento y desarrollo de los más pequeños. Por eso, es importante que los padres conozcan qué es, cuáles son sus causas y cómo prevenirla.

Llamamos anemia al hecho de tener poca masa eritrocitaria, es decir pocos glóbulos rojos sanos en la sangre o glóbulos rojos alterados en nuestra circulación. La anemia se produce cuando los niveles de hemoglobina en la sangre están por debajo de lo normal. La hemoglobina es una proteína en los glóbulos rojos que se encarga de transportar oxígeno a las células del cuerpo.

El cuerpo humano genera tres tipos de células sanguíneas: glóbulos blancos para combatir las infecciones, plaquetas y glóbulos rojos cuya misión es transportar el oxígeno gracias a que contienen hemoglobina, una proteína rica en hierro. Para fabricar la hemoglobina y los glóbulos rojos, el cuerpo precisa del nivel adecuado de hierro, vitamina B-12 y ácido fólico.

La anemia infantil constituye el motivo de consulta hematológica más habitual en Pediatría, siendo la ferropenia la causa más frecuente. Más de la mitad de los niños con anemia son asintomáticos.

La anemia en el niño la podemos definir como la situación clínica en la cual las células rojas de la sangre, los hematíes, están por debajo de las cifras normales para la edad del niño e igualmente cuando la hemoglobina, que es una hemoproteina de los hematíes, tiene cifras por debajo de lo normal.

En realidad, la anemia, en muchos casos, no es en sí misma una enfermedad, si no la consecuencia o manifestación de algún otro proceso patológico primario y una complicación frecuente que agrava muchos otros procesos orgánicos.

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Causas de la Anemia Infantil

Las causas por las que un niño puede padecer una anemia son múltiples y tienen diferentes orígenes. El cuerpo no es capaz de generar glóbulos rojos en la fábrica (médula ósea) en la medida adecuada. El cuerpo no absorbe bien el hierro, el ácido fólico o la vitamina B12, que provienen de la dieta, por ejemplo, un niño celiaco.

Hay tres causas principales de la anemia:

  • La pérdida de sangre
  • La falta de producción de glóbulos rojos
  • La mayor velocidad de destrucción de los glóbulos rojos

En cuanto a las causas de la anemia infantil, la falta de hierro es la más común. Los glóbulos rojos contienen menos cantidad de hemoglobina de lo normal, la proteína encargada de transportar el oxígeno por todo el organismo y células del cuerpo, y para su fabricación son imprescindibles los depósitos de hierro.

Así, en algunos casos un niño puede volverse anémico aunque los aportes nutricionales sean los adecuados si, por ejemplo:

  • Pierde glóbulos rojos por hemorragias o sangrados repetidos, por ejemplo por una pérdida lenta en el largo plazo en las deposiciones, sangrados nasales muy frecuentes o bien por menstruaciones abundantes.
  • Destruye gran cantidad de glóbulos rojos. Se trata de un tipo de anemia que tiene lugar cuando el niño sufre una enfermedad subyacente o si ha heredado un trastorno de los glóbulos rojos.
  • No produce el número suficiente de glóbulos rojos. Tiene lugar ante déficits en la dieta, si no consume suficiente hierro y otros nutrientes, o por problemas de malabsorción intestinal.

Las causas más comunes son:

  • Deficiencia de Hierro: Es la causa más común.
  • Crecimiento Acelerado: Durante los primeros años de vida, el crecimiento rápido de los niños aumenta la demanda de hierro.

Tipos de Anemia

Hay distintos tipos de anemia. Existen muchos tipos de anemia que tienen causas y características específicas:

  • Anemia por falta de hierro
  • Anemia por falta de ácido fólico (folato)
  • Anemia perniciosa por déficit de vitamina B12
  • Anemia por hemorragia
  • Anemia aplásica
  • Anemia hemolítica
  • Otras: talasemias, anemia de células falciformes, relacionadas con otras enfermedades

Las anemias se pueden catalogar en dos grandes categorías:

  • Trastornos resultantes de la destrucción incrementada (hemólisis) o pérdida de hematíes (hemorragia).
  • Trastornos como consecuencia de una incapacidad para producir hematíes de forma y cantidad adecuadas (por ejemplo, depresión de la médula ósea); aquí podríamos incluir a las anemias sideroblásticas.

Asimismo, se pueden englobar en anemias crónicas o bien agudas:

  • Anemia crónica: Aquella que se instala de forma lenta y progresiva. Es la forma de presentación de diversas enfermedades que inducen insuficiencia en la producción de hematíes por la médula ósea o limitación en la síntesis de la hemoglobina de carácter hereditario o adquirido. En este grupo, se pueden incluir los síndromes de insuficiencia medular, las anemias carenciales (ferropenia, la más frecuente entre los niños), o bien, las anemias secundarias a enfermedades sistémicas (nefropatías, infecciones crónicas, neoplasias, etc.).
  • Anemia aguda: Los valores de hematíes y de hemoglobina descienden en forma brusca por debajo de los niveles normales. Se presenta en dos situaciones bien definidas: hemorragia y por un aumento en la destrucción de los hematíes (hemólisis).

La anemia ferropénica es la forma más frecuente de anemia infantil, quedando todas las demás a mucha distancia de ella desde el punto de vista cuantitativo. Además, la anemia ferropénica es la enfermedad hematológica más común en la edad pediátrica, con una prevalencia estimada del 10-20 %, según lo publicado en la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). De hecho, representa el motivo de consulta hematológica más frecuente en la atención pediátrica.

Además, la anemia es una complicación habitual en muchas enfermedades crónicas que cursan con inflamación (artritis juvenil idiopática, lupus eritematoso diseminado, colitis ulcerosa) o con infección (infecciones piógenas crónicas: bronquiectasias, osteomielitis), así como en casos de tumores malignos o de nefropatías avanzadas.

Síntomas de la Anemia Infantil

Recordad que muchas anemias no dan lugar a síntomas clínicos, sobre todo, al principio, cuando estas son leves o muy leves. En ocasiones, los síntomas no aparecen hasta que están muy avanzadas, pues los niños toleran muy bien la anemia, especialmente si es de evolución crónica.

El síntoma más frecuente de la anemia es el cansancio y la sensación de agotamiento y debilidad. A las personas con anemia les cuesta tener energía suficiente para realizar las actividades habituales.

La fatiga y la debilidad son los síntomas más comunes de la anemia. Como la hemoglobina en los glóbulos rojos es responsable de transportar el oxígeno a todas las partes del cuerpo, una disminución en su número o funcionamiento puede provocar una sensación de cansancio o fatiga persistente.

Entre los signos más comunes de la anemia se encontrarían:

  • Irritabilidad
  • Palidez de la piel
  • Ictericia
  • Debilidad leve
  • Fatiga
  • Mejillas y labios pálidos
  • En el interior de los párpados y en la uña tener un color rosado más pálido de lo normal
  • Aumento de la frecuencia cardíaca
  • Retraso del desarrollo o el aprendizaje

En los casos más graves:

  • Síndrome de piernas inquietas
  • Dificultad para respirar
  • Dolores de cabeza
  • Frecuencia cardíaca rápida
  • Mareos o desmayos
  • Hinchazón o inflamación de las manos y de los pies

Otros síntomas que pueden sugerir la presencia de anemia incluyen mareos, dolor de cabeza, intolerancia al frío, alteraciones del apetito y pérdida de peso. El enfermo puede estar pálido, con una baja coloración de la piel y de las mucosas.

Pueden presentarse otros signos y síntomas de la anemia porque el corazón debe trabajar más para bombear sangre rica en oxígeno por el cuerpo y son:

  • Dificultad para respirar
  • Mareo
  • Dolor de cabeza
  • Frío en las manos y los pies
  • Palidez
  • Dolor en el pecho
  • Palpitaciones

Es muy importante conocer las causas, pero también poner un tratamiento, ya que una anemia grave o prolongada puede afectar al corazón, al cerebro y a otros órganos.

Diagnóstico de la Anemia Infantil

Como la anemia no siempre produce síntomas, el médico puede descubrirla en el momento de efectuar las pruebas. Es posible que, en alguna visita rutinaria o por motivos diferentes, el médico pregunte al paciente si tiene alguno de los signos o síntomas de la anemia, o bien si ha sufrido una enfermedad o problema de salud que pueda causarla.

Para hacer un diagnóstico, lo primero es hacer un examen físico seguido de un análisis completo de sangre en primer lugar por el pediatra de cabecera. Para determinar la gravedad de la enfermedad y averiguar su origen, se tiene que hacer un pequeño examen, que debe incluir las exploraciones siguientes:

  • Exploración cardíaca
  • Exploración pulmonar
  • Exploración abdominal

El médico también puede llevar a cabo un examen pélvico o rectal para detectar fuentes de pérdida de sangre. Los análisis de sangre ayudan a determinar el tipo de anemia y la gravedad.

Una adecuada historia clínica es el punto de partida para el diagnóstico etiológico de la anemia.

Debe prestarse especial atención a: piel, ojos, boca, facies, tórax, manos y abdomen. La palidez cutánea es un dato específico, pero poco sensible; también lo es la taquicardia, como manifestación de gravedad.

Las pruebas complementarias deben comenzar por un hemograma con índices eritrocitarios y un exhaustivo examen del frotis de sangre periférica.

Es importante documentar el tipo de lactancia, la cantidad y la posibilidad de suplementos/fortificación. La presencia de pica puede orientar a déficit de nutrientes.

Si se presentan signos o síntomas de anemia, hay que acudir al médico. En caso de que se diagnostique la enfermedad, el tratamiento depende de la causa y la gravedad.

Tratamiento de la Anemia Infantil

El manejo efectivo de la anemia requiere un enfoque integral que tenga en cuenta la causa subyacente, la gravedad de la condición y el estado general de salud del paciente. El objetivo principal del tratamiento de la anemia es aumentar la cantidad de oxígeno que la sangre puede llevar al cuerpo.

El tratamiento de la anemia debe ser individualizado, y se debe buscar la atención de un profesional de la salud para determinar el enfoque más efectivo. El manejo adecuado de la anemia puede mejorar significativamente la calidad de vida y el bienestar general del paciente.

Para las anemias causadas por deficiencias de hierro, vitamina B12 o ácido fólico, el tratamiento suele implicar suplementos para reponer los niveles deficientes de estos nutrientes. Los suplementos de hierro son esenciales para la producción de hemoglobina.

La anemia ferropénica y la anemia por falta de vitaminas puede combatirse con una dieta adecuada y rica en aquellas sustancias de las que carece el cuerpo a causa de la patología: hierro, ácido fólico, vitaminas…

Para tratar la anemia por deficiencia de hierro, el pediatra controlará el problema o la enfermedad causante en el paciente y modificará la dieta alimenticia, aumentando la ingesta de alimentos ricos en hierro, como la administración de leches de fórmula con suplementos de hierro en los lactantes, o de carne, hígado, pescados, yema de huevo, frutos secos, algas marinas y lentejas en los niños mayorcitos y en niñas adolescentes.

Existen diferentes preparados comerciales. Tratamiento con hierro oral durante aproximadamente tres meses (se puede optar por una dosis diaria para mejorar cumplimiento) y recomendaciones dietéticas (Tabla 3).

La ferroterapia oral se realizará con suplementos farmacológicos a base de gotas, jarabes o comprimidos que contengan sulfato ferroso en cantidad de 2-6 mgrs de hierro por Kg/dia.

Además, existen medicamentos que pueden estimular la médula ósea para que produzca más glóbulos rojos. Las transfusiones de sangre pueden ser una opción de tratamiento para las personas con ciertos tipos de anemia grave. Estas transfusiones implican recibir glóbulos rojos de un donante a través de una vena.

Para las anemias causadas por enfermedades crónicas o condiciones genéticas, el tratamiento se dirige a la enfermedad subyacente.

Si sospechamos anemia ferropénica carencial iniciaremos tratamiento con hierro oral, que se administra en forma de sulfato ferroso, gluconato o fumarato ferroso. La dosis de hierro elemental recomendada es de 4-6 mg/kg/día repartida en 1-3 tomas diarias, preferentemente separado de las comidas y acompañado de algún alimento rico en vitamina C para favorecer su absorción.

Si sospechamos anemia ferropénica no carencial o si un paciente con sospecha de anemia ferropénica carencial no responde adecuadamente al tratamiento (y hemos descartado mal cumplimiento), además de valorar la indicación de tratamiento con hierro oral, solicitaremos cribado de enfermedad celíaca, hormonas tiroideas (TSH y T4), sangre oculta en heces y sistemático y sedimento de orina.

Prevención de la Anemia Infantil

La anemia infantil es prevenible en la mayoría de los casos con una alimentación adecuada y algunos cuidados básicos.

Se puede prevenir fundamentalmente a través de una alimentación equilibrada, ya que esta ofrecerá al menor las cantidades de hierro necesarias.

Recomendaciones:

  • Dieta Equilibrada y Rica en Hierro: Introduce alimentos ricos en hierro como carnes rojas, legumbres, espinacas y cereales fortificados.
  • Lactancia Materna: Durante los primeros seis meses de vida, la leche materna es la mejor fuente de nutrientes para el bebé.
  • Evitar el Exceso de Leche de Vaca: A partir del año, muchos niños consumen grandes cantidades de leche de vaca, lo que puede interferir en la absorción de hierro. Se recomienda limitar su consumo y asegurar una dieta variada.
  • Suplementos de Hierro: En algunos casos, el pediatra puede recomendar suplementos de hierro, especialmente si hay factores de riesgo o el niño ha sido diagnosticado con anemia.

Estar atentos a cualquier signo de anemia en los pequeños es crucial. Si se sospecha que el niño puede estar anémico, es fundamental consultar con el pediatra para realizar un análisis de sangre y recibir el tratamiento adecuado. Recordemos que la anemia no es solo una cuestión de salud física, sino que también puede afectar el desarrollo emocional y cognitivo del niño.

Fundamentalmente, este componente se encuentra en los vegetales, en los moluscos, en pescados como el atún o el salmón, en algunas carnes (sobre todo rojas) y en las legumbres (guisantes o lentejas).

Mantener una dieta equilibrada, estar atentos a los síntomas y realizar controles médicos regulares son pasos clave para asegurar el bienestar y el desarrollo óptimo de nuestros hijos. ¡Recuerda que una nutrición adecuada es la base para un crecimiento sano y feliz!

Tabla 1. Valores de serie roja específicos por edades

Edad Hemoglobina (Hb) Hematocrito (Hto)
Nacimiento-3 meses 16,5-18,5 g/dl (máxima)
6-9 semanas 9-10 g/dl (mínima)
6 meses-adolescencia Varía según edad y sexo

La gravedad de la anemia dependerá de la capacidad regenerativa de la médula ósea y de su velocidad de instauración. Los pacientes con anemia de instauración crónica desarrollan mecanismos compensadores por los cuales la anemia es bien tolerada.

No hay que olvidar que más de la mitad de los pacientes con anemia en la edad infantil son asintomáticos. Por ello, el diagnóstico precoz de la anemia infantil y el tratamiento de la misma son cruciales para evitar o paliar las consecuencias a largo plazo sobre los principales órganos y sistemas del organismo.

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