Un Niño Raya un Cuadro de Rothko en un Museo Holandés: Incidente, Valoración y Reflexiones sobre el Arte

El último lustro está siendo un tanto fatídico para la integridad de las obras exhibidas en los museos. Como si se tratara de un episodio de la exitosa serie “Bellas Artes”, el pasado 25 de abril, un niño rayó la obra “Gris, naranja sobre marrón, nº 8” (1960), de Mark Rothko, expuesta en el museo holandés Boijmans Van Beuningen.

En un momento de distracción -informa un portavoz de la institución-, el niño “interactuó” con el icónico cuadro, causando daños superficiales en su parte inferior.

Mark Rothko, Orange, Red, Yellow, 1961

Los conservadores del museo neerlandés han recabado la opinión de conservadores de diferentes países para subsanar el impacto de esta gamberrada en una pintura que -según la última tasación- se encuentra valorada en unos 50 millones de euros.

El Incidente Detallado

Una pequeña distracción puede llegar a costar muy cara. Si no, que se lo digan al museo holandés Boijmans Van Beuningen de Rotterdam. El pasado 25 de abril, este espacio informaba a los medios locales de un incidente: un niño rayó la obra "Gris, naranja sobre marrón, nº 8" de Mark Rothko por accidente. Mientras visitaba el museo, el niño cometió un daño que, según el portavoz de la institución, "se produjo en un momento de distracción".

Si bien el personal no logró intervenir a tiempo para proteger la obra, sí declara el museo que el daño "es superficial. Pequeños rasguños son visibles en la capa de pintura sin barnizar en la parte inferior del cuadro". Una obra, por tanto, sin barnizar, es mucho más frágil y sensible a daños externos, pues le falta una importante capa de protección.

Ante el incidente, "se han solicitado expertos en conservación tanto en Países Bajos como en el extranjero. Actualmente, estamos analizando los próximos pasos a seguir en el tratamiento de la pintura", informa el museo. "Esperamos que la obra pueda volver a exponerse en el futuro", continúan, "la mezcla de pigmentos, resinas y pegamentos de Rothko era bastante compleja".

Reacciones y Reflexiones

Aunque -como es fácil inferir de esta breve descripción de lo sucedido-, el “rayado” del Rothko tiene poco que ver con lo político y mucho con lo que podríamos denominar el “paradigma Mr. Bean”. De hecho, la travesura de este niño -probablemente aburrido y nada empático con la estética del expresionismo abstracto- recuerda a aquel otro acaecido en 2022, cuando un vigilante de seguridad del Centro Yeltsin de Ekaterimburgo añadió, con bolígrafo, unos ojos a la obra “Las tres figuras” (1930), de Anna Leporskaia.

Como en el caso del niño del museo holandés, su decisión de intervenir una obra de arte moderna parece el resultado de ese peligroso cóctel surgido de la unión del aburrimiento y de esa idea juguetona que ronda sin embridar por la cabeza, y que podríamos formular en términos de “aquí falta algo”. Es dable pensar que, ante el ascetismo cromático de Rothko y las grandes áreas monocromáticas que estructuran sus piezas, el inquieto niño debió sentir un súbito “horror vacui”. Y, aprovechando el despiste sincronizado de sus padres en babia y un lamentable servicio de seguridad, no dudó en garabatear sobre aquel desierto estético.

Que los niños dejan su impronta en cualquier superficie “pintarrajeable” que se encuentren por delante es algo que sabemos todos los padres. Igualmente, y consciente de esta pulsión infantil, el artista colombiano Óscar Murillo comenzó, en 2014, una serie que, bajo el título de “Frequencies”, ha procurado la participación de decenas de miles de escolares de todo el mundo. Esta obra colaborativa consiste en situar lienzos sobre los pupitres del alumnado para que, en los momentos de fuga mental de las explicaciones del profesor, este realice todo tipo de grafitis. Cuando las telas están plagadas de dibujos, son retiradas para su posterior exposición. A tenor de la precisión de muchos de estos dibujos, los alumnos atienden poco a sus profesores.

Museum Boijmans Van Beuningen

La Valoración de la Obra

"Gris, naranja sobre marrón, nº 8", obra creada en 1960, es una de las pinturas más reconocidas de Rothko. Tal es su relevancia, de hecho, que en 2022 el coleccionista de arte Bert Kreuk estimó que su valor podría llegar a alcanzar los 50 millones de euros.

Y, como tantas veces ha sucedido en la historia reciente del arte, una obra ya de por sí icónica que ha sufrido algún tipo de daño o accidente termina por multiplicar su precio inexorablemente.

Restaurando a Rothko | Tate

Precedentes

No se trata, además, de la primera obra de Rothko en verse dañada: ya le ocurrió a otro de sus lienzos en 2012, cuando un joven polaco de 26 años fue condenado a la cárcel dos años por vandalizar con pintura un conocido cuadro que se exhibía en la Tate Modern.

“ Sin monstruos ni dioses - dijo en 1947 Mark Rothko -, el arte no puede representar nuestro drama: los momentos profundos del arte expresan esta frustración.” En otra ocasión confesaba que el objeto del arte es “ acabar con este silencio y esta soledad, respirar y abrir de nuevo los brazos.”

“Rothko dio la vuelta a la pintura - le explicaba John Berger a su hija Katya en 2001- porque los colores que creó tan laboriosamente están esperando cosas que todavía no existen. Berger afirmaba también : “ la obra de Rothko está muy cerca de la ceguera. Una ceguera de color trágica. “Un cuadro no necesita que nadie explique lo que quiere decir.

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