Niño de 2 Años con Puños Cerrados: Causas, Signos de Alarma y Cuándo Preocuparse

Cuando somos padres o cuidadores de niños pequeños, una de las preocupaciones más grandes es asegurarnos de que su desarrollo siga un curso saludable y adecuado para su edad. A menudo, nos preguntamos si ciertas conductas o habilidades de nuestros pequeños son motivo de alarma o simplemente parte de su proceso de crecimiento. Parece que la sensación constante de preocupación es intrínseca a la condición de madre o padre. Nuestras preocupaciones comienzan ya desde el embarazo ¿irá todo bien?, ¿tendrá algún problema?

Es un clásico que los padres, sobre todo los primerizos, nos agobiemos pensando en si lo estamos haciendo bien, si le estimulamos lo suficiente, si tiene el peso y la talla correctos, pero sobre todo, si está teniendo un desarrollo infantil adecuado. No obstante, no toda la preocupación que sentimos está justificada. No todos los niños tienen un mismo ritmo, ni desarrollan sus habilidades en un momento específico. Por ejemplo, algunos bebés comienzan a decir sus primeras palabras a los 9 meses, mientras que otros no lo hacen hasta los 18. En ambos casos, los bebés están dentro del rango de lo que se considera normal.

En este artículo, abordaremos las causas de los puños cerrados en niños de 2 años, los signos de alarma en el desarrollo, los tics nerviosos, las estereotipias, la hipotonía y la hipertonía, y cuándo es el momento adecuado para buscar una evaluación profesional.

Signos de Alarma en el Desarrollo Infantil

Los signos de alarma del desarrollo son señales y manifestaciones que indican que el desarrollo de un niño puede no estar progresando de manera adecuada para su edad. Es importante recordar que no todos los signos de alarma necesariamente indican un retraso en el desarrollo; en algunos casos, estas señales pueden ser temporales y resolver por sí solas.

En resumen, los signos de alarma en el desarrollo de niños de 0 a 3 años pueden variar en cada área crucial de desarrollo. Estar atentos a estas señales y buscar ayuda temprana si es necesario puede marcar una gran diferencia en el futuro de tu hijo. Si te preocupa el desarrollo de tu hijo, no dudes en consultar con un profesional de la salud infantil.

Hitos del desarrollo infantil. Fuente: CDC

¿Cómo diferenciar entre retrasos normales y señales de un posible trastorno?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la conducta del niño (el desarrollo psicomotor se explora a través de la conducta) es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Así, existen variaciones interindividuales y normales según la herencia (“no hay dos bebés iguales”) y según la estimulación que haya recibido el niño en sus primeros meses de vida.

En este apartado encontramos varios factores que pueden contribuir a provocar retrasos del desarrollo, leves y no patológicos: aislamiento social (p.ej. los meses de confinamiento por la COVID), bebés adoptados institucionalizados desde recién nacidos en su país de origen, familias inmigrantes sin lazos familiares o culturales en el país de acogida, inicio tardío de la escolarización, etc.

Estos aspectos pueden provocar retrasos relativos y no patológicos en los ítems de desarrollo, por ejemplo, los relacionados con la hipotonía benigna de la infancia y los retrasos cronológicos (maduración lenta). Estos procesos se distinguen con facilidad de los verdaderamente patológicos porque el niño sigue un desarrollo más lento que la media, pero va alcanzando los diferentes ítems de forma secuencial, sólo 1 ó 2 meses más tarde.

Finalmente, hay que tener en cuenta que el desarrollo psicomotor suele ser disharmónico: no todas las funciones evolucionan a la vez, por lo que puede haber niños cuyo desarrollo sea más lento en algunas áreas (p.ej, caminan más tarde o se retrasan en el habla), mientras que el resto de ítems se desarrollan normalmente. En estos casos, sólo es necesario vigilar la evolución y confirmar que los diferentes aspectos se van normalizando progresivamente.

¿Qué hacer ante signos de alarma?

Primero, tranquilidad: los signos y síntomas de alerta no siempre indican que algo va mal. En la mayor parte de los casos, no pasa nada o se trata de patología benigna, de buen pronóstico.

Siempre hay que evitar consultar fuentes no fiables (páginas de internet no avaladas científicamente, redes sociales, etc.).

Los actuales controles del niño sano, realizados sistemáticamente tanto en la sanidad pública como en la privada, detectan precozmente los signos de alarma que pueden indicar un trastorno del desarrollo. Se evalúan sistemáticamente los protocolos de desarrollo motor, lenguaje, autismo, etc. No obstante, los padres deben consultar a su pediatra si observan algún signo de regresión (pérdida de habilidades ya conseguidas) o, simplemente, cuando tengan dudas o preocupaciones, ya que su pediatra es el profesional de confianza que mejor conoce al niño.

Puños Cerrados en Bebés: ¿Cuándo Preocuparse?

Durante las primeras etapas (0-3 meses), los bebés suelen tener los puños cerrados tanto despiertos como dormidos. Ver que tu bebé duerme con los puños cerrados es completamente normal, sobre todo en los primeros meses de vida. Significa, en la mayoría de los casos, que su sistema nervioso aún está madurando.

Es importante tener en cuenta que si tu bebé aprieta los puños mientras duerme y además muestra tensión en otras partes del cuerpo, puede deberse a sobreestimulación durante el día o a una fase de sueño activo. También puede estar relacionado con gases, dolor o irritabilidad (por cansancio). Si los movimientos del sueño de tu bebé te generan dudas o crees que algo no encaja, en SleepyKids podemos orientarte.

Tics Nerviosos en Niños

De pronto un día comienzas a observar que tu hijo tiene tics; empieza a parpadear rápidamente y nosotros, como padres y sin poder evitarlo, nos empezamos a poner nerviosos.

¿Qué son los tics? Son movimientos repentinos, rápidos e involuntarios propios de la infancia y la adolescencia. Pueden ser:

  • Motores: como por ejemplo los oculares, con parpadeo; o encogimiento de hombros o giro de cuello.
  • Fonatorios: con carraspeo, ruidos repetitivos, palabras…

Empeoran en situaciones de estrés, de máxima concentración o ante la exposición a pantallas (televisión, videojuegos, móvil…) y típicamente desaparecen durante el sueño.

¿Son frecuentes? Sí. Se estima que hasta un 20% de los niños los tendrán, siendo mucho más habituales en niños que en niñas en una proporción de 4 niños por cada niña.

Normalmente suelen comenzar hacia los 5-7 años, a veces antes y se pueden acentuar entre los 8-12 años. Aunque en torno a los 15-16 años tienden a desaparecer.

Desde un punto de vista neurológico, los tics, aunque son un trastorno orgánico del Sistema Nervioso Central, no están asociados siempre a secuelas neurológicas o conductuales. Los estudios neuropsicológicos demuestran una frecuente asociación con otros problemas como la llamada "disfunción cerebral mínima" o síndrome de déficit de atención, con o sin hiperactividad.

Qué provoca los Tics nerviosos y cómo podemos erradicarlos

Causas de los tics

Los tics se manifiestan con más frecuencia en los niños, pero pueden persistir hasta la vida adulta en algunos casos. Se presentan con una prevalencia del 4-24% en ambos sexos, pero es de 3 a 4 veces más frecuente en niños que en niñas y pueden afectar hasta una cuarta parte de todos los niños en un determinado momento. Su mayor incidencia en niños que en niñas ha sugerido, asimismo, una posible influencia de la testosterona.

Las posibles causas genéticas también han sido objeto de estudio. Lo que sí parecen claras son las causas de índole psicológica. Se atribuyen los tics a factores ambientales y de aprendizaje, sobre todo dentro de la familia.

Se puede decir que los tics aumentan con el estrés, disminuyen con la relajación y desaparecen durante el sueño.

¿Qué hacer si tu hijo tiene tics?

Antes de nada, tranquilizarte. Son muy frecuentes y la mayoría de ellos tienen una evolución benigna y limitada.

  • Descartar que no tenga un problema de visión, por lo que conviene acudir al oftalmólogo infantil.
  • Eliminar la sobrexposición a las pantallas, videojuegos, estrés…
  • Enseñarle técnicas de relajación, controlar la respiración.
  • Identificar qué le producen los tics para intentar hacer maniobras de distracción.
  • No recriminarle, ni castigarle, ni reñirle. ¡Él no tiene la culpa!
  • Mucho refuerzo positivo cuando consiguen controlar los tics o sustituirlos por otras actividades. Para estos niños, ese pequeño avance le ha supuesto un gran esfuerzo, y por ello debe ser reconocido.

Consultar con el especialista para valorar estudio y tratamiento si presenta alguna de estas características:

  • Duran más de un año.
  • Interfiere con su vida normal, en el colegio, con sus amigos, en casa.
  • Tiene excesivas manías o es muy rígido.

Si además presenta otros síntomas: fracaso escolar, cefaleas frecuentes, trastornos del sueño, problemas de visión, cambios en su comportamiento…

Y no olvides que la mayoría de los niños que ven afectada su calidad de vida por esta causa, se benefician tanto ellos como sus padres, de terapia psicológica.

Estereotipias en Niños

Las estereotipias son movimientos o vocalizaciones repetitivos, involuntarios y rítmicos. Se realizan sin ningún propósito y siguen una pauta fija.

Las estereotipias abarcan múltiples comportamientos (a veces de gran complejidad), algunos de los cuales son frecuentes en la infancia: succionar objetos o el pulgar, rechinar los dientes (bruxismo), sacudir la cabeza, enrollar un mechón de cabello, balancearse, palmear o retorcerse las manos, frotarse los ojos, comerse las uñas, protruir la lengua, andar de puntillas y un largo etcétera.

Se dividen en dos grandes grupos: motoras (movimientos) o fónicas (vocalizaciones y sonidos). El aleteo infantil pertenece a la primera categoría.

Los niños suelen aletear las manos en circunstancias concretas: cuando tienen sueño, están concentrados o se sienten nerviosos, cansados, aburridos, inquietos o excitados.

Ejemplos de estereotipias en niños con TEA. Fuente: Autism Parenting Magazine

¿Cómo ayudar a un niño con estereotipias?

Podemos explicarle -por ejemplo- que es mejor que no mueva las manos de esa manera porque podría hacerse daño en las muñecas. Pero no olvidemos que se trata de un acto involuntario o semivoluntario. Esto significa que probablemente entenderá lo que le explicamos y que incluso nos dirá que no volverá a hacerlo; sin embargo, ante el estímulo desencadenante, aleteará las manos de nuevo.

Si sabemos cuándo y por qué nuestro hijo aletea las manos estaremos preparados para intervenir en el momento oportuno. Podemos recurrir a múltiples estrategias: pedirle que nos de un abrazo, ofrecerle juguetes moldeables o con texturas y densidades diferentes, formularle preguntas concretas para que exprese por qué no se encuentran bien…

Es importante tener presente que no lo hace a propósito y cargarnos de paciencia; modificar un hábito necesita tiempo y constancia.

Hipotonía e Hipertonía Muscular en Bebés

Pues bien, el tono muscular, también conocido como tensión muscular residual o tono, es la contracción parcial, pasiva y continua de los músculos. Sin embargo, los bebés en los que persiste la Hipotonía Muscular no consiguen mantener su tono muscular, son bebés que parecen flácidos y se sienten como si fueran «muñecos de trapo» al cargarlo.

Es común encontrar un deficiente control de la cabeza. Cuando la Hipotonía persiste hay peligro de que el desarrollo del niño no sea el adecuado, que les cueste ponerse de pie, andar, e incluso hablar, ya que sus articulaciones tienen menos resistencias a los movimientos y puede ocurrir un aumento de la movilidad de las articulaciones.

La Hipertonía es mucho más común en bebés prematuros, pues los músculos del bebé están preparados para desarrollarse dentro de un medio líquido. Cuando maduran fuera de la madre, lo hacen de una manera diferente.

Evaluación y Diagnóstico de Trastornos del Desarrollo

El proceso siempre se inicia del mismo modo, con una completa exploración física y neurológica, adaptada a la edad del niño. Después, según los datos aportados por los padres en la historia clínica y los signos evidenciados a través de la exploración, el pediatra aconsejará una trayectoria diagnóstica, siempre empezando por las pruebas menos molestas y que descarten un mayor número de patologías.

Así, según la sospecha diagnóstica inicial, se solicita una valoración auditiva por ORL o a través de una prueba de potenciales evocados auditivos; una valoración de la función visual por oftalmólogo; análisis sistemáticos de sangre y orina…

Después de estas pruebas iniciales, el pediatra puede derivar al niño al neurólogo infantil si lo cree conveniente, para una evaluación clínica más profunda y la realización de pruebas complementarias más complejas: electroencefalograma, estudio de sueño (polisomnografía), electroneurografía y electromiografía, resonancia cerebral (RNM) y análisis de sangre metabólicos y genéticos.

En todo caso, las pruebas no son dolorosas ni invasivas, salvo las que puedan requerir punción (análisis) o sedación ligera (RNM), y siempre se individualizan según la sospecha diagnóstica y evaluando cuidadosamente la relación entre las molestias o el riesgo y la información que se puede obtener.

Recursos e Intervención Temprana

A nivel de la sanidad pública se puede acceder a los distintos recursos a través del pediatra del centro de salud, quien derivará al niño a la unidad de desarrollo infantil adscrita al ambulatorio, donde recibirá el tratamiento que precise (fisioterapia, estimulación, logopedia…), así como controles por neuropediatra.

Este último puede derivar al paciente a centros hospitalarios de tercer nivel, donde se podrá completar el estudio diagnóstico mediante las pruebas complementarias que pueda precisar.

Por otro lado, a través de estos centros, del propio pediatra o de los servicios sociales del ayuntamiento o comunidad donde resida la familia, se pueden activar ayudas complementarias (dotaciones económicas, ayudas para guardería, para tratamientos, etc.), mediante la obtención de los certificados de discapacidad y/o dependencia.

Trastornos del Desarrollo que Aparecen Después de los 2 Años

Suele tratarse de trastornos del desarrollo más leves o que comienzan a dar signos más tardíamente, como el retraso simple del habla, el mutismo selectivo, la disfemia del desarrollo, etc. A partir de los 6 años ya pueden diagnosticarse problemas de aprendizaje, como el déficit de atención (TDAH), la dislexia y otros.

Aunque estas condiciones no pueden confirmarse en edades más tempranas, si que pueden sospecharse más precozmente por la presencia de problemas conductuales, inquietud motora, dificultades de comprensión y disminución progresiva del rendimiento escolar conforme avanzan los cursos.

Finalmente, hay que considerar también como un signo de alarma cualquier pérdida de lenguaje o de habilidad social a cualquier edad.

En conclusión, los signos de alarma en el desarrollo de niños de 0 a 3 años pueden variar en cada área crucial de desarrollo. Estar atentos a estas señales y buscar ayuda temprana si es necesario puede marcar una gran diferencia en el futuro de tu hijo. Si te preocupa el desarrollo de tu hijo, no dudes en consultar con un profesional de la salud infantil.

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