Nino Bravo, cuyo nombre real era Luis Manuel Ferri Llopis, fue un cantante valenciano que dejó una huella imborrable en la música pop en español. Su voz potente y emotiva, combinada con su carisma, lo catapultaron a la fama en la década de 1970. A pesar de su corta carrera, truncada por un trágico accidente, su legado perdura hasta nuestros días.
Primeros Años y Comienzos Musicales
Nino Bravo nació el 3 de agosto de 1944 en Aielo de Malferit, un pequeño pueblo de Valencia. Ledesma clarifica por ejemplo que no llegó a estar escolarizado en Aielo de Malferit, donde el cantante nació y tiene su museo, el pueblo de sus ancestros, al que regresaba en verano; habla de su bisabuela paterna, que fue cantante de ópera y su bisabuelo, director de los coros del orfeón valenciano, y que en Carcaixent fue donde se crio, estudió de niño y tuvo sus primeros amigos.
El autor explica que uno de las mayores aportaciones del libro es poder hacer un “zoom” en su infancia a través de los recuerdos de sus familiares, que rememoran en el libro la música que escuchaba de niño en la radio, su afición por las películas de Antonio Molina, o los motivos que le llevaron a cambiar de casa, de Aielo de Malferit a València, de allí a Carcaixent y de nuevo a València. También de sus primeras influencias musicales de la mano de Jorge Sepúlveda, Antonio Machín, Jorge Negrete, Carlos Gardel o Antonio Molina, el cante jondo y de los cantantes italianos, sobre todo de Domenico Modugno, quien “despertó” su motivación para dedicarse a la música.
A los dieciséis años comenzó a trabajar en una joyería, en la que llegó a ser lapidario (pulir piedras preciosas). Durante esos años compaginó el trabajo con su afición al canto, fundando a finales de 1962 el conjunto Los Hispanicos, haciéndose muy popular en la ciudad de Sagunto donde actuaron en numerosas presentaciones falleras, bailes y verbenas, llegando a quedar finalistas en el concurso radiofónico nacional fiesta en España.
Luis (Nino), se incorporó a Los Superson ya que estos buscaban sustituto por la baja de Carlos Lardies que tuvo un accidente de tráfico. Ubicaron su lugar de ensayo en Catarroja, en el corral de la casa de uno de sus componentes.
El Nacimiento de Nino Bravo
Siurán le puso el nombre artístico. Adiós a Luis Manuel Ferri Llopis. Había nacido Nino Bravo. La presentación oficial ocurrió en plenas Fallas en el teatro Principal el 16 de marzo de 1969. En ese mismo lugar se endeudó con uno de sus conciertos.
Aunque existen varias teorías en torno a la selección de este nombre, el libro apuesta por una bastante convincente. Así, la más creíble a juicio del autor es la de quien fue su primer representante, Miguel Siurán, el que dio con él: Nino por el auge de los nombres en italiano y porque suena igual en cualquier idioma, y Bravo por su carácter, ya que aunque era una persona tímida cuando sacaba su genio era muy "bravucón".
Éxito y Consolidación
Firmó con la discográfica Fonogram y Manuel Alejandro le compuso los dos primeros temas, Como todos y Es el viento. Inmediatamente, la discográfica dio un golpe de timón y contrataron a Armenteros y Herrero, autores de América, America y Libre. A partir de ese momento tuvo un estilo más pop y menos encorsetado.
El éxito llegó en el verano de 1969 cuando Augusto Alguero le dio el tema » Te quiero, Te quiero «, canción creada para la película argentina Kuma Ching. Después de esta le siguieron : Voy buscando( 1969 ), Esta será mi casa, Puerta de amor,Perdona ( 1970 ), Mi gran amor ( 1971 ), Noelia, Mi querida mamá, Cartas amarillas,Un beso y una flor, Mi tierra, Carolina y Libre( 1972 ), entre otras….
En 1969 empieza a conseguir éxitos con canciones como ‘Te quiero, te quiero’ y ‘Noelia’. Publicó cuatro discos: ‘Te quiero, te quiero’ (1970), ‘Nino Bravo’ (1971), ‘Un beso y una flor’ (1972) y ‘Mi tierra’ (1972).
Participó en la selección para el Festival de Eurovisión en dos ocasiones.
El Estilo de Nino Bravo
Puso voz a los primeros años de la década de los 70 y, sin saberlo, marcó estilo. Nino Bravo es un icono de la música española y ahora, de repente, se nos revela como un icono de estilo. Estéticamente hablando, los 70 fueron años atrevidos, los artistas de la época vestían como las estrellas internacionales gracias a la televisión, la ventana al mundo para muchos españoles durante años.
Se empezó a dejar atrás la androginia y el estilo futurista de los 60, para abrazar aires nuevos: lo hippy está de moda (e incluso el estilo Jesucristo) y este estilo se versiona para conseguir otros como el boho, el folk (ensalzado por Yves Saint Laurent y Kenzo Takada) y el 'háztelo tú mismo'.
Camisas estrechas y pantalones anchos El vaquero unisex es la prenda clave y las camisetas sirven como lienzo o pizarra para expresarse con mensajes reivindicativos. En invierno lo 'petan' los tabardos, las chaquetas de ante y los abrigos de paño, a ser posible con espiguilla. En verano, las prendas de punto, las camisas con estampados llamativos, las camisetas estrechas y los bañadores reducidos a la mínima expresión: todo muy pegado, marcando músculo y bíceps o tripa y flotador.
Otra de las corrientes más potentes, y quizá más influyentes, es la estética disco: arrasaron los trajes blancos con camisas negras o los negros con camisas de chorreras. Sean Connery, el James Bond de esos años, es el espejo en el que muchos se miran. Los pantalones se ensanchan y los bajos caen hacía el suelo, son los pantalones de campana o de pata de elefante. A la vez, las camisas encogen y se aferran al cuerpo como una segunda piel. Los cuellos se disparan -¡Cuánto más grandes, mejor!- y los botones se abrochan lo justo, dejando el pecho y el ombligo a la vista.
Ali MacGraw y Ryan O'Neal, protagonistas de Love Story, marcan tendencia a ambos lados del Atlántico y en España nos fijamos en los looks de Camilo Sesto, Karina, Raphael, Massiel y Nino Bravo. Irrumpen Formula V y Los Diablos, y los programas de televisión son más instructivos, en cuanto a moda se refiere, que las revistas. El look de Harry Styles en el Festival de Venecia, con una camisa de cuellos sobredimensionados, y el de Paul Mescal en la gala de los Oscar, ambos firmados por Gucci, podrían haber salido del armario del artista.
Su vestuario se puede ver en el museo que lleva su nombre, un espacio creado en 2006 en el lugar en Aielo de Malferit, donde el 3 de agosto de 1944 nació Luis Manuel Ferri Llopis, conocido en el mundo entero como Nino Bravo.
El Trágico Final
El Día Mundial de la voz, se celebra el 16 de abril y fue decretado por la Federación de Sociedades de Otorrinolaringología para crear conciencia de la importancia de la voz. La fatal casualidad quiso que precisamente la mañana de un 16 de abril de 1973, Nino Bravo, la voz valenciana perdiera la vida en un accidente de tráfico.
La mañana del lunes 16 de abril de 1973, Nino Bravo, acompañado por su guitarrista y amigo José Juesas Francés y el Dúo Humo, partieron temprano de Valencia hacia Madrid. Un mes antes Nino Bravo se había convertido en representante del dúo y el motivo del viaje era acudir al estudio de grabación a hacer algunos ajustes en un sencillo de próxima aparición.
Así, se alejaron de Valencia por la carretera N-III entre las 7:30 y las 8:00. Casi dos horas después se detuvieron a repostar y desayunar en la localidad conquense de Motilla del Palancar y antes de las 10:00 prosiguieron camino. Pero de repente a pocos kilómetros, en el término municipal de Villarrubio, en una curva en la que había sucedido ese mismo mes un accidente mortal, situada en P. K. Nino Bravo y los heridos fueron trasladados en varios vehículos de particulares a Tarancón, situado a 13 kilómetros.
Sin embargo, el cantante murió a escasos kilómetros de la capital de España, e ingresó ya fallecido en el Centro Sanitario Francisco Franco de Madrid (actual Hospital Gregorio Marañón).
Lugar del accidente de Nino Bravo.
Legado Musical
A pesar de su prematura muerte, Nino Bravo dejó un legado musical imborrable. Sus canciones siguen siendo escuchadas y admiradas por personas de todas las edades. Temas como "Libre", "Un beso y una flor" y "Te quiero, te quiero" se han convertido en clásicos de la música en español. De la vigencia del mito “solo hay que recordar que ‘Libre’ fue una de las canciones que sonó cuando se levantó el confinamiento” por la pandemia de coronavirus, señala el autor.
Nino Bravo interpretando la canción "Libre".
Como decía en una de sus temas más famosos, Nino Bravo no podía separarse del hogar en el que el cielo se unía con el mar. Rompiendo la norma de la mayoría de artistas que se trasladaron a la capital de Madrid para desarrollar su carrera musical, optó por quedarse en su Valencia natal. Una decisión que le mantuvo cerca de los suyos, pero que le obligó a pasar media vida en la carretera. En un año, el cantante podía recorrerse cerca de 115.000 kilómetros.
Siempre a borde de aquel BMW 2800 de segunda mano, el mismo coche en el que perdería la vida y en el que, sin saberlo, encendería la chispa de una melodía arrolladora que jamás se pudo escuchar y de su gran canción póstuma. Ocurrió aquel 17 de abril de 1973 en el que Nino Bravo perdió la vida. Junto a él, en su último trayecto Valencia-Madrid, viajaban los músicos Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, del dúo Humo, y su camarada musical Pepe Juesas.
La idea era grabar algunos coros para el que iba a ser el quinto disco de estudio del valenciano. Un elepé del que ya se habían comenzado a grabar varios temas en Londres y en el que se incluían canciones como América, América o Vivir, la única canción conocida en cuya composición participó el cantante y que quiso dedicar a su esposa, Mary.
En el documental explican por qué fue tan importante sacar adelante aquel tema de forma póstuma, una canción de la que Nino solo había escrito el estribillo, pero acabaría tomando forma, tras su muerte, con los arreglos de uno de sus cómplices más cercanos, Juan Carlos Calderón. “Esta canción te inyecta tanta vitalidad que está claro que esto tiene que ser estimulo para muchísima gente. Eso algo muy grande”, cuenta Juesas.
Hecho de retales y de canciones que lograron conservarse con mucho esmero, a finales de 1973, pocos meses después de su muerte se publicó … y volumen 5 (1973), el disco póstumo de Nino Bravo. Un trabajo en el que se incluyen éxitos como América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole.
Para ese mismo disco, Nino también había estado trabajando en una idea para versionar el Himno al amor de Edith Piaf. Algo de lo que también hablaron en aquel último viaje en coche. En Nino Bravo, vivir (2023), Pepe Juesas cuenta que el músico se puso a tararear la melodía de aquella canción. Nadie sabrá jamás que podía haber hecho con ella, porque no llegó a materializarse de ninguna manera, pero algunos de los miembros de su grupo que sí llegaron a escucharla, cuentan que su particular himno al amor era “arrollador”. Un adjetivo que persiste para recordar toda su obra. Nos queda, desde luego, su himno a la vida, Vivir.
