Héroes y Rescates en Alicante: Historias de Valentía y Milagros

Alicante ha sido testigo de actos de valentía y rescates que han dejado una huella imborrable en la comunidad. Desde jóvenes trabajadores hasta bomberos, varios individuos han arriesgado sus vidas para salvar a otros, demostrando un espíritu de solidaridad y heroísmo.

El Héroe Brasileño: Felipe David Souza

El 21 de agosto de 2024, Felipe David Souza, un trabajador brasileño residente en Alicante, se convirtió en un héroe al salvar a un niño de siete años de una tragedia inminente. El incidente ocurrió mientras Felipe trabajaba en la vivienda contigua y escuchó gritos en la calle.

Un empleado de la construcción de 29 años, de origen brasileño, ha salvado la vida a un niño de 6 años con autismo que se había encaramado por la parte exterior de la barandilla de la terraza de un domicilio situado en una segunda altura en la ciudad de Alicante. El rescate se produjo en torno a las 18:00 horas del pasado lunes en un edificio de la calle Orense de la capital alicantina, y fue grabado por los vecinos antes de que circulara ampliamente por las redes sociales.

Al acercarse, se percató de que el niño se encontraba en peligro, a punto de caer desde un balcón. Sin dudarlo, se lanzó a la acción para evitar una tragedia. El obrero que ha protagonizado esta acción es Felipe David y trabaja en las obras de la vivienda contigua a la del pequeño. No dudó en salir al otro lado de la barandilla para, agarrándose con las manos, llegar hasta el niño y empujarle hacia arriba para volver a entrar a su domicilio.

El hombre ha explicado este miércoles que estaba a punto de marcharse a casa cuando escuchó gritar en la calle a personas que se habían percatado de que el niño corría grave riesgo de caer al vacío. "Pensaba que sería una pelea", ha confesado Felipe David, que se asomó a la ventana y vio "que había un chiquillo que tenía la mitad del cuerpo fuera e intentaba sacar la otra pierna".

No se lo pensó porque "sabía que tenía la posibilidad de llegar hasta el niño al ser la persona que estaba más cerca" y saltó desde la ventana de la vivienda en la que estaba trabajando para alcanzar por la pequeña cornisa el balcón donde se hallaba el menor. "Rápidamente le cogí la camiseta para que el niño no se asustara" y no cayera, y le empujó hasta meterlo dentro de la vivienda, momento en el que los padres se percataron de lo que ocurría.

Al parecer, el niño jugaba con su hermano cuando abrió la ventana y salió en cuestión de segundos. Según el relato de los vecinos, se trata de una familia francesa que se encuentra de vacaciones en ese piso. Felipe David entró en la vivienda a continuación del niño y se encontró dentro a los padres, a los que relató lo que acababa de suceder: "Estaban muy asustados", ha señalado, y el padre le dio las gracias por el rescate.

En las imágenes captadas, se aprecia el momento en que este valiente trabajador recorre la fachada hasta alcanzar al niño que colgaba del balcón. En declaraciones a los medios de comunicación, Felipe confesó que no pensó en el riesgo que asumía al actuar, ya que lo primordial era la vida del pequeño. Su motivación final fue la identificación con la edad de su propio hijo, lo que le impulsó a realizar un acto heroico sin igual.

El Ayuntamiento de Alicante ha puesto en valor este jueves la acción “heróica” desarrollada por el joven brasileño Felipe David Souza, que el pasado lunes rescató a un menor que había quedado atrapado en el exterior de un balcón de la calle Orense del municipio.

El concejal de Seguridad, Julio Calero, ha acudido personalmente a felicitar a Souza, de quien ha destacado su arrojo y su actuación desinteresada: "Arriesgaste tu vida para salvar la del menor y desde el Ayuntamiento, el equipo de gobierno y en nombre del alcalde queremos agradecer y reconocer como se merece este acto heroico de incalculable valor”.

Calero ha explicado que el Ayuntamiento de Alicante entregará a Souza un reconocimiento durante la celebración del Día del Voluntario de Protección Civil, que tendrá lugar en el mes de noviembre. Felipe David Souza ha dado las gracias, a su vez, a Calero, por este reconocimiento.

Ha señalado que el pasado lunes se encontraba trabajando en un piso cercano al del incidente y que, cuando sintió el revuelo en la calle, se asomó al balcón y descubrió al niño con medio cuerpo fuera del balcón. “Tuve que tomar una decisión en cuestión de segundos, decidí salir para intentar alcanzarlo y evitar que cayese”, ha señalado.

Los hechos ocurrieron el pasado lunes, cuando un menor sacó parte de su cuerpo fuera del balcón de su vivienda y, al parecer, quedó atrapado allí, agarrado a los barrotes. Felipe es pintor, y actualmente trabaja en la reforma de una vivienda situada en el número 12 de la calle Orense, junto a la plaza de Galicia. Tras recorrer varios metros sobre el vacío sujetado únicamente por sus manos, consiguió alcanzar al pequeño y devolverlo al interior de la vivienda donde reside con sus padres.

«Lo que más me preocupaba era no conseguir llegar a tiempo de cogerle e impedir que se cayera», confiesa Felipe, quien asegura que «en ningún momento» pensó en el peligro que suponía para él: «Fue como ver a mi propio hijo, no tuve ni que pensarlo».

El joven asegura que la familia, se encuentra muy agradecida y todavía en estado de shock. «Fue un descuido, estaban con el niño y cuando se dieron cuenta se había subido a la barandilla». Sobre si actuaría de la misma forma, Felipe no se lo plantea: «Por supuesto, volvería a hacer cincuenta veces lo que hice. Yo también soy padre, así que solo podía pensar en que no le pasara nada malo al niño».

El valiente acto de este joven brasileño se ha convertido rápidamente en lo más comentado del barrio. Además, un vídeo grabado por un vecino en el que se aprecia perfectamente la acción ha corrido como la pólvora a través de las redes sociales.

Felipe llegó a Alicante en 2019, aunque reside en España desde cinco años antes. En ese tiempo, asegura que ha tenido que enfrentarse a diferentes situaciones en las que se le ha discriminado por su origen: «Por supuesto que he sufrido racismo en varias ocasiones desde que llegué, pero no hay que hacer caso.

Bomberos Rescatan a un Bebé Abandonado

En otra historia de rescate, los bomberos de Alicante fueron los protagonistas de un hecho inaudito durante la madrugada del sábado. Esperaban rescatar a un gato atrapado en un patio de luces, pero en su lugar se encontraron a un bebé. La historia de un recién nacido abandonado por su madre entre tuberías.

El pequeño, que apenas tenía 40 horas de vida, no dejaba de gemir. Fueron sus llantos los que le salvaron la vida. El servicio nocturno se antojaba rutinario hasta que descubrieron la auténtica dimensión del problema. Los bomberos se jugaron el tipo para salvarle la vida.

Como nadie abría la puerta, accedieron a dicho inmueble a través del balcón, elevados por un vehículo escalera. Sujeto por cuerdas, se deslizó hasta el fondo. Asió al bebé e inició el ascenso. Otro bombero, el sargento José María Piña, tomó el relevo. Su gesto le valió el agradecimiento de la familia, el reconocimiento de los vecinos y ahora también el de la ciudad entera.

Un Milagro en la Albufereta: La Historia de Miguel Pérez

Pocos lo creían y muchos siguen sin creerlo. El 10 de septiembre de 1975, hace ahora cincuenta años, Miguel Pérez Pérez se precipitó desde el balcón de la residencia veraniega de sus padres, en La Chicharra. Desde una altura de unos treinta metros, en un noveno piso ubicado a la altura de un undécimo teniendo en cuenta las entreplantas, Miguel cayó tras introducirse entre las barandillas.

Fue su hermano, tres años mayor que él, quien dio la voz de alarma. «¡Se ha caído!», exclamó a sus padres, que se hallaban en la cocina. «Si se ha caído levántalo, ¿no?», contestó su padre, Bernardo, con naturalidad, según recuerda. «No entendía que se había caído a la calle».

Los hechos tuvieron lugar en La Chicharra, una urbanización situada en el barrio alicantino de la Albufereta, que entonces ya había desplegado su apuesta residencial sin llegar, ni de lejos, a la oferta actual de vivienda. La urbanización, con piscina y vistas al mar, había sido diseñada por el célebre arquitecto Juan Guardiola Gayá (1927-2005), autor de los edificios de muchas otras urbanizaciones que se convirtieron en pioneras del reclamo vacacional en Alicante, especialmente en el barrio litoral. El edificio Torre Coblanca, de treinta plantas y considerado el primer rascacielos de Benidorm, también lleva su firma.

Bernardo y Mari Luz, padres de Miguel y de sus otros dos hermanos (uno mayor, presente en el suceso; y otro menor), eligieron esta urbanización para pasar las vacaciones. En septiembre de 1975 disponían de unos días libres que los pasaron junto a la hermana de la madre de Miguel, su marido, sus hijos y también los abuelos. Días en familia que se vieron condicionados por un incidente que apuntaba a dramático y que acabó con final feliz.

José Díaz, conserje de la finca en aquel momento, rescató al niño de manera inmediata y lo trasladó en coche a la clínica Vistahermosa sin avisar a nadie. Los padres de Miguel se reencontraron con su hijo accidentado ya en el hospital, mientras estaba en observación. «Fuimos aterrorizados y estuvimos esperando en la clínica pensando en lo peor. Finalmente, Miguel tenía sólo unos arañazos y una fisura», comentan.

José Díaz, que falleció hace unos años, «oyó un golpe seco, muy fuerte, no lo vio caer: creo que nadie pudo verlo», relataban los padres entrevistados por INFORMACIÓN un día después del incidente. Se creía entonces, y se continúa creyendo, que las margaritas gigantes plantadas en el macetero en el que cayó el menor amortiguaron el golpe y le salvaron la vida. Juan Carlos, el hijo de aquel conserje, ejerce ahora la misma función que su padre en la urbanización de La Chicharra, aunque no recuerda haber escuchado aquella historia en boca de su progenitor.

Finalmente, Miguel sufrió unos simples arañazos en la cara y unas ligeras contusiones en el hombro derecho, el lado con el que chocó con el macetero al caer. El ingreso de Miguel duró una semana. Su padre se sorprende de que «no necesitó ni escayola», y vincula el desenlace a «San Miguel y a algún ángel de la guarda que debía estar presente». «Fue un verdadero milagro», concluye.

Como anécdota, la madre recuerda que su marido fue identificado con facilidad en la clínica tras presentarse en pijama. «Supieron que éramos nosotros al ver que llegamos de cualquier manera, porque salimos disparados». Conforme conoció los hechos, a Mari Luz se le «nubló la mente» y no sabía ni por donde iba. «Estábamos en shock», admite.

El protagonista de esta historia, Miguel Pérez, no recuerda el episodio del que salió vivo contra todo pronóstico. Tenía sólo dos años y todo lo que sabe es por la transmisión familiar. Sus padres le enseñaron, en repetidas ocasiones, las páginas de INFORMACIÓN y de otros medios que se hicieron eco de la noticia. El hijo mediano de la pareja recuerda los hechos sólo a través de esta forma. «Afortunadamente, no recuerdo nada», afirma el accidentado, que actualmente tiene 52 años y vive en Barcelona.

Allí trabaja como informático en Sant Cugat del Vallès, donde regenta una empresa de desarrollo de software. Miguel Pérez tiene dos hijos, uno de 21 (Marc) y una de 18 (Marta), y admite que sufre «un vacío en la memoria» respecto a aquel episodio, dada la edad temprana en la que lo sufrió.

Haber escuchado tantas veces esta historia sí que le hace consciente de la falta de protección en las barandillas en aquella época. «Supongo que fui a mirar qué había abajo y me caí. Evidentemente, nunca más me volví a asomar», dice entre risas, tras reconocer que los años posteriores al accidente le daba vértigo mirar hacia abajo. El protagonista de esta historia reconoce que le «hace gracia» recopilar todo aquello.

«De esto sólo hablo en mi círculo más cercano. Es tan difícil de creer que si se lo cuento a otra gente quedo como un mentiroso. Ni yo mismo entiendo qué pudo ocurrir», reconoce, y cree que «quizá un toldo o algún otro elemento ayudó a amortiguar la caída». «No lo sé, pero algo me tuvo que frenar», considera.

Desde la jubilación de sus padres, el piso de La Chicharra lo usan «tres o cuatro meses al año». «Antes veníamos de vacaciones y ahora pasamos más tiempo aquí, porque además somos de Alicante», relatan. Y admiten que en aquel momento las medidas de seguridad no eran las actuales. «Para un niño pequeño trepar es una tentación. Tras el accidente pusimos una verja y nunca más la quitamos», explica Bernardo Pérez.

Hubo, sin embargo, un suceso similar con final opuesto en esta misma urbanización. Dos pisos más abajo, dos años más tarde, otro niño hizo lo propio desde el balcón de su casa. Él no se salvó. Pero esta es otra historia.

David Niño

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