Neumonía en Niños sin Fiebre: Causas, Síntomas y Diagnóstico

La neumonía es un proceso relativamente frecuente en la infancia, consistente en inflamación del parénquima pulmonar. La infección es, con mucho, la causa más frecuente. La neumonía es una de las principales causas de mortalidad infantil en países en desarrollo, con una incidencia 10 veces mayor que en los desarrollados. Incluso en países desarrollados es causa importante de morbilidad y hospitalización.

Definimos la neumonía como: la presencia de fiebre y/o síntomas respiratorios de presentación aguda junto con la evidencia de infiltrado parenquimatoso pulmonar en la radiografía de tórax. La mayoría se adquieren en la comunidad, fuera del hospital, y habitualmente podrán ser también diagnosticadas, tratadas y controladas en el ámbito de la Atención Primaria. La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es la que se descubre en un paciente que no ha estado hospitalizado en los últimos 7 días o que se presenta en las primeras 48 horas tras su hospitalización. Entendemos por bronconeumonía, la infección en la que participan varios focos diseminados en uno o ambos pulmones.

La neumonía causa la muerte de 4 millones de niños al año, globalmente en todo el mundo, la gran mayoría en países en desarrollo. En Europa, se dan 2-3 millones de casos de neumonía anualmente, con una incidencia de 10-40 casos/1.000 niños/año. En el primer año de vida, la incidencia es de 15-20 casos/1.000 niños/año. La prematuridad, la malnutrición, el bajo nivel socioeconómico, la exposición al humo del tabaco, la asistencia a guardería y la presencia de patología cardiorrespiratoria, neurológica o del sistema inmunitario, son factores que aumentan la incidencia y gravedad de la neumonía en niños.

La neumonía es una infección pulmonar que suele asociarse a fiebre alta, tos intensa y dificultad respiratoria. Sin embargo, existe una forma menos evidente que puede pasar desapercibida: la neumonía sin fiebre. Este cuadro genera preocupación porque puede retrasar el diagnóstico y complicar la recuperación, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas. Comprender cómo se manifiesta y por qué puede presentarse sin elevación de la temperatura permite identificarla a tiempo y evitar riesgos innecesarios.

La evidencia clínica confirma que no todas las neumonías cursan con fiebre. La respuesta inflamatoria del organismo se comporta de manera distinta según la edad, el estado inmunitario y la gravedad de la infección. Esto explica por qué la neumonía sin fiebre en adultos y, sobre todo, la neumonía en ancianos sin fiebre es más común de lo que se piensa.

NEUMONÍA en niños 👦 Síntomas que alertan de una posible neumonía infantil | Guiainfantil responde

Causas Principales de la Neumonía sin Fiebre

La fiebre es una respuesta del sistema inmunitario ante la presencia de microorganismos. No obstante, diversos factores pueden impedir que el cuerpo eleve la temperatura, incluso ante una infección importante. Entre los motivos más frecuentes se encuentran:

  1. Inmunosenescencia en personas mayores: El sistema inmunitario se debilita con la edad. Esto hace que la neumonía en ancianos sin fiebre sea especialmente habitual. Su organismo no reacciona con la misma intensidad, lo que dificulta la detección precoz.
  2. Tratamientos que reducen la respuesta inflamatoria: Medicamentos como corticoides, antiinflamatorios o inmunosupresores pueden bloquear la aparición de fiebre. Pacientes con enfermedades autoinmunes o en tratamientos crónicos son más propensos a experimentar infecciones “silenciosas”.
  3. Infecciones por microorganismos atípicos: Ciertas bacterias, como Mycoplasma pneumoniae o Chlamydophila pneumoniae, causan neumonías más leves o con síntomas diferentes, donde la fiebre puede estar ausente.
  4. Sistema inmunitario debilitado: Personas con déficit nutricional, enfermedades crónicas o inmunodepresión pueden desarrollar neumonía sin fiebre debido a una baja capacidad defensiva.

Síntomas Clave de la Neumonía sin Fiebre

La ausencia de fiebre no significa ausencia de infección. En realidad, la mayoría de los casos sin elevación térmica presentan otros signos clínicos que deben interpretarse correctamente. Los síntomas de neumonía sin fiebre más característicos incluyen:

  • Dificultad para respirar: Puede manifestarse como sensación de falta de aire al caminar, realizar pequeños esfuerzos o incluso en reposo.
  • Tos persistente: Suele ser seca al inicio, pero puede volverse productiva con el paso de los días. La tos que no mejora es un síntoma habitual.
  • Cansancio extremo o malestar general: La disnea progresiva provoca agotamiento incluso realizando tareas simples.
  • Dolor torácico: Aumenta con la respiración profunda o la tos, señal de que el pulmón está inflamado.
  • Cambios en mucosidades: El esputo puede tornarse amarillento, verdoso o espeso, indicando infección.
  • Confusión o alteración del comportamiento (en ancianos): Es uno de los signos más importantes. En mayores, la confusión puede ser la única pista de una neumonía sin fiebre.
  • Pérdida de apetito: Un síntoma frecuente tanto en adultos como en personas mayores con infecciones respiratorias.

En los niños pequeños también pueden presentarse síntomas atípicos como respiración rápida, rechazo de alimentos o irritabilidad.

Diagnóstico de la Neumonía sin Fiebre

La ausencia de fiebre puede retrasar el diagnóstico porque el cuadro parece un simple resfriado o bronquitis al inicio. Sin embargo, existen herramientas diagnósticas muy precisas:

  1. Radiografía de tórax: La neumonía en una radiografía se observa como una zona opaca o mancha blanca en el pulmón, que suele confirmar la infección. Es la prueba más utilizada.
  2. Exploración física: El médico puede detectar ruidos respiratorios anormales (crepitantes) mediante auscultación.
  3. Analítica de sangre: Eleva marcadores como leucocitos o proteína C reactiva, aunque en algunos casos pueden ser normales, especialmente si el sistema inmune está debilitado.
  4. Pulsioximetría: Permite detectar niveles bajos de oxígeno en sangre, uno de los signos más relevantes en neumonía.
  5. Pruebas microbiológicas: En casos complicados se realiza cultivo de esputo o prueba PCR para identificar el germen responsable.

Tipos de Neumonía y Agentes Causales

La mayoría de neumonías en niños y adolescentes son causadas por virus. Los más frecuentes son: VRS, parainfluenza, influenza, adenovirus y enterovirus. También, es una posible complicación de: sarampión, varicela, mononucleosis infecciosa o gripe.

Las bacterias originan el 14-53% de neumonías: Streptococcus pneumoniae, Mycoplasma pneumoniae, Chlamidophila pneumoniae, Haemophilus influenzae, Streptococcus pyogenes, Moraxella catharralis, Staphylococcus aureus, Chlamydia trachomatis, Coxsiella burnetii, Legionella pneumophila y Chlamydophila psittaci. Los bacilos gramnegativos causan neumonía en lactantes y, sobre todo, en neonatos, en quienes es importante el estreptococo B. La neumonía por anaerobios es propia de inmunodeficientes, pacientes con patología de base o neumonía por aspiración. En el diagnóstico diferencial, debe considerarse la tuberculosis, especialmente en determinadas situaciones clínicas o epidemiológicas.

Hongos y parásitos originan neumonía en inmunodeficientes y en individuos que residen o viajan a zonas endémicas para algún agente etiológico concreto. El mejor predictor de la causa de la neumonía en la infancia es la edad; por lo que, ésta va a condicionar la elección del tratamiento empírico. En los menores de 3 meses, la mayoría de neumonías son bacterianas y, salvo en neonatos, el neumococo es la causa más común. También, es el agente más frecuente en neumonías bacterianas en niños de más de 3 meses, al menos hasta los 5 años, y el responsable de la mayoría de neumonías graves a cualquier edad.

Mycoplasma pneumoniae y Chlamydophila pneumoniae son más frecuentes en niños mayores, con una máxima incidencia alrededor de los 8-10 años, edad a partir de la cual se hacen tan frecuentes, conjuntamente, como el neumococo. Los virus son más habituales en niños pequeños.

Tratamiento de la Neumonía

El tratamiento de la neumonía depende del microorganismo causante, la gravedad y el estado general del paciente. En líneas generales:

  1. Antibióticos: Son esenciales en neumonías bacterianas. Suelen incluir amoxicilina, macrólidos o quinolonas, según el caso.
  2. Antivirales: Indicados solo cuando la causa es viral y existe un fármaco específico, como en algunas neumonías por gripe.
  3. Oxigenoterapia: Se utiliza cuando los niveles de oxígeno están bajos. Puede administrarse en casa o en hospital.
  4. Hidratación y reposo: Fundamentales para mejorar la recuperación y evitar complicaciones.
  5. Control de enfermedades crónicas: En personas con EPOC, insuficiencia cardíaca o diabetes, es clave ajustar la medicación.
  6. Hospitalización: Necesaria cuando existe saturación de oxígeno <92%, dificultad respiratoria grave, confusión, deshidratación, edad avanzada y falta de respuesta al tratamiento oral.

Cuanto antes se inicie el tratamiento, más rápida es la recuperación y menor el riesgo de secuelas.

Prevención de la Neumonía

Algunas medidas simples disminuyen el riesgo de sufrir neumonía:

  • Vacunación anual frente a gripe.
  • Vacuna neumocócica en mayores y grupos de riesgo.
  • Lavado frecuente de manos.
  • Evitar fumar o vapear.
  • Mantener buena hidratación y alimentación.
  • Control de enfermedades crónicas.

Estas acciones fortalecen los pulmones y reducen la probabilidad de infecciones severas.

Publicaciones populares: