El embarazo es un proceso complejo y fascinante que involucra una serie de eventos coordinados para dar lugar a un nuevo ser humano. Desde la concepción hasta el nacimiento, el feto experimenta cambios y sensaciones, reacciona a estímulos externos, muestra diferentes estados de ánimo y comportamientos, y se prepara para el parto.
Un proceso invisible y complejo
En muchos casos, la educación sexual reduce y simplifica el inicio del embarazo a decir que el óvulo producido por el ovario se fecunda en el tubo interino y se adhiere al útero, donde comienza a desarrollarse el embrión. Sin embargo, antes de esa fecundación, existe una serie de procesos que el óvulo tiene que desarrollar para alcanzar ese punto en las condiciones adecuadas para enfrentarse a la fecundación.
De la misma forma, tras la unión entre espermatozoide y óvulo, el viaje por el tubo interino continúa involucrando diferentes fases cruciales para que el cigoto pueda desarrollarse y que permiten que, al final de este proceso, una persona pueda dar positivo en un test de embarazo.
El tiempo que pasa entre la salida del óvulo del ovario y el momento en el que es posible una confirmación de embarazo por parte de un test es de, como mínimo, 6 días. En todo ese tiempo ocurre una ovulación, la fertilización, la división, el viaje por los tubos uterinos, la complejidad de la entrada en el útero y, finalmente, la implantación en el endometrio del útero.
Día 0: La ovulación
Para un individuo con genitales femeninos, desde la llegada a la pubertad comienza un proceso conocido como ovulación. Es a partir de este momento cuando, en los casos de ciclo regular, una vez al mes un pequeño óvulo que está desarrollándose en el ovario, alcanza su punto de máxima maduración y abandona la cápsula que lo mantiene aislado para adentrarse en el tubo uterino.
Los óvulos no se crean: un individuo que nace con ovarios, nacerá ya con todos los óvulos que tendrá a lo largo de su vida, es decir, entre 1 millón y 2 millones.
Para salir al exterior, el óvulo es transportado por las llamadas fimbrias uterinas: unas terminaciones con forma de flecos que se encuentran en la parte más distante de la trompa de Falopio y que “abrazan” al ovario. El óvulo pasa a ellos y se desplaza por sus terminaciones hasta alcanzar una zona bien formada de la trompa.
A su vez, el óvulo está protegido por dos capas: una más interna conocida como zona pelúcida (capa gelatinosa de proteína) y otra más externa llamada corona radiata (encargada de la nutrición del óvulo).
Desde el momento en el que el óvulo abandona el ovario, dispone de 24 horas de “vida útil”, en las cuales puede ocurrir la fertilización.
Día 1: La fertilización
Una vez el esperma se introduce en el útero, sube hasta las trompas y se desplaza por el tubo uterino buscando el óvulo. Si lo encuentra, los gametos masculinos se enfrentan a la difícil misión de entrar en contacto con él. Será necesario que los primeros en llegar rompan las capas protectoras del óvulo, es decir, la zona pelúcida y la corona radiata, sacrificándose y abriendo camino a los posteriores.
En el momento en que uno de ellos alcanza el corazón del óvulo, ninguno más lo hará, pues este será el encargado de emitir su material genético dentro. Este momento es conocido como fertilización, aunque erróneamente se le etiqueta popularmente como concepción, y ocurre menos de un día después de la salida del óvulo del ovario.
Cada óvulo y cada esperma cuenta con 23 cromosomas con material genético. Al juntarse y combinarse, dan lugar a una célula completamente nueva, creada como unión de ambos materiales genéticos, que contendrá los 46 cromosomas ordenados como pares de 23. Será esta combinación de información genética del óvulo y del espermatozoide la que, unida, dará lugar a una completamente nueva que definirá los cientos de características del nuevo individuo.
Días 2, 3, y 4: División y viaje
Unas 30 horas después de la fertilización y en un proceso muy lento, el cigoto unicelular comienza a dividirse mientras se va desplazando a lo largo del tubo uterino. Estas nuevas células, se conocen como blastómeros. Las divisiones en esta etapa de viaje se suceden hasta la creación de 12 o más blastómeros, momento en el cual sufren una compactación y pasan a llamarse mórula, cuya forma recuerda a la de una mora con las pequeñas circunferencias unidas.
Durante todo el viaje por las trompas y el tubo uterino, estas cavidades actúan como tubos impulsores. Las paredes se encuentran llenas de cilios, es decir, unas pequeñas estructuras que simulan ser colas que vibran y las cuales ayudan al desplazamiento del óvulo en todo su recorrido.
Día 5: Entrada en el útero
Cuatro días después de la fertilización, los blastómeros de la mórula se reordenan dando lugar a un nuevo tipo de conjunto de células conocida como blastocisto. Este presenta diferentes partes, como un estrato envolvente, una cavidad interna y una acumulación celular en uno de sus polos. De todas estas, algunas se convertirán en placenta, y otras en el propio embrión. Es en este momento cuando el blastocisto alcanza el útero y abandona por fin el tubo de las trompas.
Además, mientras todo ese proceso de viaje y transporte ocurría, el útero estaba sufriendo una serie de cambios para prepararse para la llegada y facilitar la implantación el óvulo. Entre esas modificaciones, la que más destaca es el engrosamiento del endometrio. Este es un revestimiento muscular y hueco de la pelvis que cubre la pared interna del útero.
Así, alrededor de una semana después de la fecundación, el blastocisto se encuentra en la entrada del útero. Si el proceso de engrosamiento del endometrio ha finalizado y se ha producido con éxito, en los siguientes días el blastocisto conseguirá adherirse a él, implantarse, y comenzará el desarrollo embrionario.
La vida útil del blastocisto, es decir, los días que puede permanecer el el útero antes de “morir” son cuatro, por lo que, si en ese momento no se ha implantado, por una u otra razón, será expulsado del cuerpo sin que la persona se entere de nada del proceso ocurrido.
Día 6: La implantación
Hasta este punto, los efectos para la persona no existen, es decir, no ha experimentado ningún síntoma: el proceso es invisible incluso para los médicos. Pero con la implantación, todo cambia.
En este momento, el cuerpo comienza a prepararse para el desarrollo embrionario y el inicio de la situación de embarazo. El sistema endocrino empieza ahora a generar enormes cantidades de la hormona hCG, la cual está presente en la orina y es aquella detectable en un test de embarazo.
Descripción general del primer trimestre del embarazo
El sistema inmune durante el embarazo
El sistema inmune es el gran salvavidas de nuestro cuerpo. Día y noche, sin descanso, examina el organismo en busca de elementos extraños o ajenos que puedan suponer una amenaza para la salud del individuo. En el momento que los detecta, se encarga de coordinar toda una respuesta protectora que elimine por completo esos patógenos y mantenga al individuo en un estado saludable.
Ahora bien, ¿has pensado alguna vez en lo que ocurre con este sistema de actuación cuando una mujer se queda embarazada? Y es que, durante el proceso de gestación, el cuerpo de la mujer sigue trabajando para defenderla ante posibles infecciones de virus, bacterias y hongos, pues son organismos externos a nosotros. Sin embargo, permite el desarrollo del feto, lo cual sería imposible teniendo en cuenta el método habitual de actuación de eliminación de todo elemento externo.
Y es que por duro que parezca, el embrión es algo externo, ajeno y con un ADN distinto al de la madre, lo cual teóricamente debería activar este sistema de protección.
La paradoja del embarazo
Estamos ante una controversia: los mecanismos normales de protección deberían ver al feto como un injerto ajeno y rechazarlo, pero no lo hacen. Este proceso anómalo que ocurre en el útero, un lugar inmunológicamente privilegiado, lleva llamando la atención de médicos e investigadores desde hace años.
Y es que, la realidad no se puede ignorar: el sistema inmunológico de la madre desaparece localmente para permitir el crecimiento del embrión.
Este ‘suicido’ intencionado de parte de la respuesta inmunológica es fundamental para un correcto desarrollo del embarazo, pues en caso de no producirse, el feto sería expulsado de la misma manera que los espermatozoides sobrantes tras la fecundación, pues ambos contendrían material genético externo, ajeno al cuerpo de la mujer.
Pero entonces, ¿cómo ocurre esa selección del feto o cómo consigue la madre suprimir de esa forma la respuesta inmune? Aunque las investigaciones no han arrojado una única respuesta verificada, sí existen una serie de hipótesis que alumbrarían cierta lógica sobre esa extraña tolerancia.
La anulación de la respuesta inmune durante el embarazo
Los científicos apuntan a que un posible indicador de esta supresión local inmunológica es el cambio en los niveles hormonales. Durante el embarazo, los valores de estrógenos y progesterona suben, lo cual puede señalar que la gestación va a comenzar y que la respuesta inmune debe regularse en la zona uterina.
Además, se sabe que durante el embarazo se produce un incremento de células inmunitarias especiales. Este tipo de células, conocidas como T-reguladoras, se ocupan de debilitar la acción inmune del organismo. Su forma de actuar es anular a los propios linfocitos en su trabajo de ‘limpieza’ de elementos ajenos. Por lo tanto, su presencia parece ser un pilar para el correcto desarrollo embrionario.
Por si fuera poco, los investigadores encontraron también un fuerte vínculo entre la placenta, el embrión y la madre. Y es que, a través de ese elemento, la placenta, la madre es capaz de transmitir anticuerpos específicos, que ella misma ha producido, al feto. Esto permitirá al embrión contar con el propio sistema inmune que él desarrolla, así como este suplemento de respuesta cedido por la madre.
El fascinante cuerpo humano
Pero no debemos olvidar que esto únicamente sucede en el útero y, más concretamente, en la relación con el feto. En el resto del cuerpo, paralelamente, los anticuerpos seguirán un sistema completamente diferente de actuación, sometiéndose al procedimiento habitual para evitar cualquier tipo de infección y proteger la salud de la madre.
Y es que el cuerpo humano es fascinante.
La influencia de los sabores en el desarrollo fetal
Investigadores del Laboratorio de Investigación Fetal y Neonatal de la Universidad de Durham (Reino Unido) han probado por primera vez la hipótesis de que los fetos experimentan el sabor al inhalar y tragar el líquido amniótico en el útero. Esto se logró al tomar ecografías 4D de 100 mujeres embarazadas para comprobar cómo respondían sus bebés al estar expuestos a los sabores de los alimentos consumidos por sus madres.
En el estudio se escaneó a las madres de 18 a 40 años, tanto a las 32 como a las 36 semanas de gestación. En la investigación, 35 madres recibieron una cápsula de col, 35 recibió una cápsula de zanahoria, y 30 fueron colocadas en un grupo de control que no fue expuesto a ninguno de los dos sabores. En los dos primeros grupos se administraron 400 mg de zanahoria o 400 mg de polvo de col rizada unos 20 minutos antes de cada exploración.
En las exploraciones, realizadas con ecografías en 4D, se comprobó cómo los fetos reaccionaban a los sabores de zanahoria o col rizada poco después de que las madres las hubieran ingerido. Al parecer, la “cara de risa” afloraba mayormente en los fetos expuestos a la zanahoria, mientras que los expuestos a col rizada mostraron más respuestas tipo “cara de llanto”.
Hasta ahora, los efectos de tal exposición prenatal al sabor en el desarrollo quimiosensorial se han medido solo después del nacimiento en bebés humanos, así que estamos ante la primera evidencia directa de la capacidad de respuesta fetal humana a los sabores transferidos a través del consumo materno.
Las implicaciones de este estudio no son meramente anecdóticas. Al demostrarse que los fetos, en el último trimestre de embarazo, son lo suficientemente maduros para distinguir los diferentes sabores transferidos por la dieta materna, la madre puede decidir alimentarse de una forma u otra. Cada año, 130 millones de mujeres de todo el mundo viven la experiencia de la maternidad.
