Existe la creencia, casi unánime, de que los artistas tienen una personalidad distintiva y de que siempre son y han sido egocéntricos, caprichosos, románticos, rebeldes, informales, licenciosos, estrafalarios, obsesionados por su trabajo y de difícil convivencia. Los historiadores del arte han contribuido poco a este tema pues no consideran que el psicoanálisis sea útil para las investigaciones históricas, lo que en cierto modo les ha privado de un conocimiento más profundo, tanto del comportamiento de los artistas antiguos y modernos, como de sus obras.
Se trata, pues, de investigar cuándo, dónde y por qué se creó una imagen típica del artista en la mente del público en general y cuáles han sido sus rasgos distintivos y fortuna crítica. La respuesta se ha buscado en el «mare magnum» de fuentes históricas: biografías, cartas y documentos, es decir, que la investigación está enfocada rigurosamente hacia la documentación histórica.
El libro "Nacidos bajo el signo de Saturno" explora esta creencia de que los artistas tienen una personalidad distintiva, a menudo vista como egocéntrica, caprichosa y rebelde. Los autores investigan cuándo y por qué se creó esta imagen típica del artista, examinando biografías, cartas y documentos históricos.
El Estudio del Temperamento Artístico a Través de la Historia
El libro se centra en el genio y el temperamento de los artistas desde la Antigüedad hasta la Revolución Francesa, ofreciendo una visión profunda de la relación entre la personalidad del artista y su obra. Este análisis abarca diversos aspectos de la vida del artista, incluyendo:
- La actitud de los artistas hacia su trabajo.
- Conducta excéntrica y modales nobles.
- El genio, la locura y la melancolía.
- Celibato, amor y libertinaje.
- Los artistas y la ley.
- Avaros y derrochadores.
- Ambiciones académicas y celos profesionales.
- Entre el hambre y la fama.
- Personalidad, carácter y obra.
Walter Benjamin y la Melancolía Saturnina
Walter Benjamin, un personaje que podría considerarse "nacido bajo el signo de Saturno", proyectaba su temperamento en sus temas. Benjamin era lo que los franceses llamaban un triste. En su juventud pareció marcado por “una profunda tristeza”, escribió Scholem. Esta melancolía influyó en su obra y en su percepción del mundo.
La influencia de Saturno vuelve a la gente “apática, indecisa, lenta” escribe en El origen del drama barroco alemán (1928). La lentitud es una característica del temperamento melancólico. El desatino es otra, por observar demasiadas posibilidades, por no notar la propia falta de sentido práctico. Y la terquedad, por el anhelo de ser superior, en los propios términos de uno.
El espíritu que habría de atribuir gran parte de la sensibilidad del siglo XIX a la figura del flâneur, personificado por ese soberbiamente consciente melancólico, Baudelaire, fue sacando mucho de su propia sensibilidad de su relación fantasmagórica, astuta, sutil con las ciudades.
El SECRETO de los ARTISTAS, hablemos de CREATIVIDAD, FILOSOFÍA, NEUROCIENCIA, TECNICAS Y MITOS.
El Espacio como Refugio para el Artista Saturnino
Para el personaje nacido bajo el signo de Saturno, el tiempo es el medio de la coacción, de la inadecuación, de la representación, mera realización. En el tiempo, se es sólo lo que se es: lo que siempre se ha sido. En el espacio se puede ser otra persona.
El escaso sentido de la dirección de Benjamin y su incapacidad de leer un mapa de las calles se convierten en su amor a los viajes y en su dominio del arte de extraviarse. El tiempo no nos da mucho plazo: nos lanza desde atrás, sopla sobre nosotros por el estrecho embudo del presente hacia el futuro. Pero el espacio es ancho, lleno de posibilidades, posiciones, intersecciones, pasajes, giros, vueltas en “U”, callejones sin salida y calles de un solo sentido. Realmente, demasiadas posibilidades.
La marca del temperamento saturnino es la relación cohibida e implacable con el ego, que nunca puede darse por sentado. El ego es un texto: hay que descifrarlo. (Por ello, es un buen temperamento para los intelectuales.) El ego es un proyecto, algo que hay que construir. (Por tanto es un buen temperamento para artistas y mártires, los que cortejan “la pureza y la hermosura de un fracaso”, como dice Benjamin de Kafka.) Y el proceso de construir un ego y sus obras siempre es demasiado lento.
