La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más dolorosas que podemos enfrentar. Sin embargo, cuando se trata de la muerte de un hermano gemelo o mellizo, el duelo adquiere una dimensión particularmente compleja. Hoy exploraremos este tipo de duelo, sus implicaciones y cómo afrontarlo.
Afortunadamente, la mayoría de los embarazos múltiples terminan con buen resultado. No obstante, algunos padres deben afrontar la muerte de uno de sus bebés, algo más frecuente en caso de trillizos. Es algo muy triste y confuso: hay alegría por el bebé sano y tristeza por la muerte del otro (u otros).
La Singularidad del Vínculo Gemelar
El hermano gemelo es la primera relación que viven estos niños. La relación gemelar es anterior a la que tienen con su madre. Los gemelos nos ayudan a entender muchas cosas de la personalidad humana, gracias a los estudios realizados sobre ellos. Y no sólo respecto a nuestra vida como adultos, sino también sobre la vida intrauterina y las vivencias del feto.
Si el bebé empieza su vida como gemelo, él es consciente de esta condición y percibe la presencia del otro. Desarrollarse y crecer juntos en el útero crea un lazo íntimo, una responsabilidad y un espíritu de compartir. También crea sentimientos negativos, como conflicto de intereses (¿quién ocupa el mejor sitio?), envidia y empujones. Pero todo aquello forma parte de la íntima relación que cada uno vive con el otro.
Por ello el otro es parte de su ‘sentido del yo’; cuando desaparece, durante el embarazo o más tarde en su vida, el gemelo superviviente siente desconcierto, tristeza y una sensación de no ser completo. Y esa sensación se adueña de su ‘sentido del yo’ y causa, a un nivel inconsciente, la búsqueda por el otro.
Todos los gemelos, que han perdido a su hermano gemelar, conocen muy bien los sentimientos, como soledad, la sensación de ser distinto e incompleto, aislamiento y tener emociones que nadie entiende. Gran parte de la información de la que hoy en día disponemos sobre el impacto de la pérdida de un gemelo, proviene de testimonios de gemelos supervivientes, ya adultos.
Estos supervivientes son conscientes del entorno que compartieron, y esto deja una huella que afecta a su vida posterior. El gemelo superviviente pueden experimentar sensaciones de soledad, de estar incompletos. Tienen emociones que nadie entiende.
A través de los actuales estudios en los que se ha estudiado la realidad de la vida prenatal se ha llegado a la conclusión de que para el que se queda, «la vivencia de la muerte del hermano puede suponer un terrible trauma«, me contaba una vez la psicóloga Mónica Álvarez, especialista en duelo perinatal y gestacional.
Igual fue un gemelo superviviente. Igual echa de menos a un hermano perdido.
Cuando el hermano gemelo fallece puede suponer sentir que te estás perdiendo a ti mismo o como si te amputaran una parte de ti.
Los gemelos a menudo comparten una identidad compartida y única y una historia de vida entrelazada desde el momento de su concepción. Después de la pérdida de un gemelo, el sobreviviente puede luchar con su propia identidad individual, buscando esa singularidad.
Además, el hermano que sigue vivo puede experimentar sentimientos de culpa por seguir viviendo cuando su gemelo ha fallecido. Pueden preguntarse por qué ellos sobrevivieron y su gemelo no lo hizo, lo que puede llevar a sentimientos de confusión y desorientación sobre su propio propósito y valía en la vida.
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Duelo Perinatal y la Pérdida de un Gemelo
La pérdida de un gemelo en el embarazo es mucho más frecuente de lo que la gente piensa. Puede pasar desapercibida, y el único que sabe que tuvo un compañero alguna vez es que sobrevivió. Hay gente que se siente extraño y confuso, y no sabe por qué.
De la misma manera que ocurre con cualquier otra pérdida perinatal, hay comentarios desafortunados. Además de las pérdidas espontáneas por problemas en el embarazo, parto o posparto, están las que obedecen a una decisión terapéutica que la familia ha tenido que tomar para reducir riesgos. Es el caso de la reducción embrionaria o feticidio selectivo.
Un bebé es insustituible. No hay bebés prescindibles, ni bebés repuestos, refería Brian en 1992, y la muerte de un bebé no deja de ser la muerte de un bebé. No importa su tiempo. Es difícil llorar la muerte y celebrar la vida al mismo tiempo.
El Rol de los Padres y el Entorno
Aparte del dolor de los padres, está el de los gemelos que han sobrevivido. Se sabe que tienen recuerdos de su hermano gemelo, aunque no se ha estudiado mucho.
La madre se negará su propio dolor, lo aparcará en algún lugar de su mente y de su alma para entregarse al bebé sobreviviente. Tal vez desde la vivencia del puerperio, época ciertamente complicada para la vida de una familia y de la madre en concreto, la propia mamá se convenza de que tal vez así haya sido mejor. La culpa estará a la orden del día. ¿Es que quiero más a este que está vivo que al que murió? ¿Me olvidaré del otro?
Los padres apenas tienen tiempo para estar de luto; hay uno o dos bebés que requieren su atención. Esto dificulta el luto, igual que la falta de comprensión del entorno, que supone que la felicidad de tener por lo menos un bebé sano compensa la pérdida del otro.
No es así, como cuenta Belinda: ‘Cada vez que baño a mi hija, de 2 meses, pienso en la otra y me pregunto cómo habría sido. Sin querer, contemplando a mi niña y pensando en su hermanita’, se me corren las lagrimas por las mejillas’.
Estrategias para Afrontar el Duelo
El duelo es un proceso personal e íntimo que cada uno vive a su manera. Pero ciertas pautas pueden ayudarte:
- Despídete de tu bebé: Tenerlo contigo, ver su cuerpecito desnudo, hablarle y llamarle por su nombre, ayuda en el proceso del duelo. Pide tiempo al personal médico para que vosotros, los papás, estéis a solas con el bebé.
- Guarda algún objeto del pequeño: Como la pulserita con su nombre o alguna prenda. Toma fotos de él y alguna con su hermano gemelo. Puedes hacer una cajita donde guardes estas cosas. Para ti será un recuerdo tangible y para su hermano es algo importante para cuando empiece a preguntar por su nacimiento.
- Explica a tus visitas y familiares que estás feliz y triste a la vez: Al ser honesta entenderán mejor tu ambivalencia.
- Habla con tu bebé superviviente: Belinda solía hacerlo: ‘Mamá te quiere mucho, cielo, pero estoy triste por tu hermanita. No tiene nada que ver contigo y voy a estar bien’. Un bebé no entiende las palabras, pero sí su tono. Belinda se calmó explicándole las cosas y esto a su vez calmaba al bebé.
- Busca ayuda profesional: Si notas que empezáis a alejaros busca ayuda profesional.
- Contacta con otras madres y padres: Que hayan pasado por lo mismo a través de las Asociaciones de Padres de Múltiples. Puede ser una gran ayuda.
También el gemelo superviviente sufre la pérdida de su hermanito. Comenta a tu hijo la existencia de su hermano gemelo en sus primeros años. Una madre, que perdió a uno de sus gemelos en el momento del parto, solía hablarle a su bebé durante el baño: ‘Eres un gemelo. Tenías un hermano que nació contigo. Pasaste muchas horas con él en mi vientre. Os tocasteis y jugasteis. Pero sin que yo ni tú pudiéramos hacer nada, él murió. Por esto estoy triste. Pero estoy muy feliz contigo y te quiero mucho’.
El Gemelo Solitario
«El Gemelo Solitario« es un libro de Peter Bourquin, el primero escrito en español sobre el tema, que incluye unos 50 testimonios que nos permiten escuchar de viva voz las múltiples manifestaciones de ser un gemelo solitario. Un libro de utilidad para padres que han perdido un gemelo, y para los propios gemelos supervivientes.
Si intuyes que eres gemelo solitario te recomiendo que preguntes sobre tu embarazo, que hables sobre ello con tu entorno y con personas que no te juzguen (habrá personas que crean que el síndrome es una invención) y por supuesto, que busques una forma genuina y positiva de darle a tu gemelo o mellizo el lugar que merece para que no invada otros aspectos de tu vida.
Muchos de ellos se enteraron de la existencia de su hermano-gemelo a mayor edad. Y con ella entendían por fin por qué siempre se habían sentido tan profundamente solos. Saber de la existencia del hermano-gemelo significaba para todos encontrar una pieza importante del puzzle de su vida: ahora se entendían mejor a sí mismos; por fin tenían una explicación para sus sensaciones incomprensibles hasta el momento.
Es importante averiguar la causa de la muerte. Así podrá explicar a su hijo lo ocurrido y evita que en su seno familiar circulen rumores como ‘Juan no dejó sitio a su hermano’ o ‘Ana se lo comió todo’.
Intenta averiguar la zigosidad de tus bebés (saber si eran idénticos o no). Cuando lo pides en un momento temprano, el ginecólogo lo puede determinar mediante la placenta.
El gemelo superviviente echa en falta el contacto físico con su hermano. Puede ser la causa de sus llantos en el primer tiempo posterior a la muerte del gemelo. Tenerlo cerca de ti en la cama y llevártelo a menudo en el marsupio, le ayudará a sentirse mejor.
Es muy probable que el gemelo superviviente viva momentos de tristeza, ansiedad y conductas difíciles. Envolverle con mimos y atención extra es muy importante para él.
Testimonio
Testimonio de Toni, 19 años: “Soy trillizo; mis hermanas y yo nacimos juntos, pero ellas fallecieron poco después. Según me contaron, nos pusieron los tres juntos y ninguno de nosotros lloró. Cuando ellas a las cuatro horas de nacer murieron, nadie estaba allí con nosotros, pero yo empecé a llorar desconsoladamente y los médicos vinieron corriendo y vieron que yo lloré al mismo tiempo que murieron ellas. Se quedaron perplejos.
Mis padres me contaron cuando tenía siete años que yo era trillizo. Aún me acuerdo exactamente todo detalle de esta situación, de la ropa que llevaba puesta, de las palabras de mi padre y del lugar de la casa donde estábamos. Me quedé sin poder reaccionar, unos sudores fríos recorrieron mi cuerpo, me sentí supermal. Concluí que ser trillizo era muy malo, ellas murieron y yo vivía.
Mi madre al ver mi cara, dijo a mi padre que se callara. Nunca más hablamos del tema; fue un tema tabú y aquella experiencia fue un trauma. No se lo reprocho, creo que la situación les desbordó y tampoco tuvieron ninguna información de que esto pudiera afectarme. Pero antes de que me lo contaran, yo ya sabía que algo me pasaba, por lo menos lo intuía. Sentía una tristeza que siempre me acompañaba; no era una tristeza de estar deprimido y no tener ilusión por nada; estaba triste en el sentido de que había algo dentro de mí que me faltaba, algo que me apenaba y me hacía sentir mal. Y este sentimiento me sobrevenía en muchas situaciones como por ejemplo en un día en la playa en el que estaba disfrutando muchísimo. Éramos muchos, mis hermanos, primos, padres, tíos y todos disfrutábamos. Pero de repente me retiré y me tumbé en la arena, alejado de mis familiares, porque me sobrevinieron unas tremendas ganas de llorar; era una sensación de profunda tristeza, que no entendí. Pensaba que era u“blandengue” o un cobarde. Incluso mis padres a veces me llamaban el “cobardica” porque no me atrevía ir solo a los sitios. Fui un niño miedoso e inseguro; siempre necesitaba que alguien me acompañara, si no, no iba a ningún lado. Con alguien junto a mí me sentía fuerte. En realidad durante años no me entendí a mí mismo y me sentí diferente a los demás, como un bicho raro.
Este testimonio demuestra lo importante que es contar siempre a tu hijo su origen: debe saber desde pequeño que con él crecía otro bebé (o bebés) y que empezó su vida como uno de dos (o tres). El niño lleva este recuerdo consigo, pero no sabe explicarlo. Poder hablar sobre su gemelo, la vida en común que ha perdido, le ayuda a superar lo ocurrido y a entenderse a sí mismo. También le ayuda a formar un nuevo sentido del ‘yo’ y establecer su identidad. Esto es de vital importancia.
