El Nacimiento de Moisés: Un Relato Bíblico de Salvación y Destino

No existe en el Antiguo Testamento un personaje más grande que Moisés. Para los judíos él reúne todos los títulos posibles.

  • Fue “vidente”, porque alcanzó a ver a Dios en el monte Sinaí.
  • Fue “libertador”, porque sacó a los hebreos de la esclavitud de Egipto.
  • Fue “caudillo”, porque organizó la marcha a la Tierra Prometida.
  • Fue “legislador”, porque dio al pueblo los 10 mandamientos.
  • Fue “sacerdote”, porque creó el sacerdocio judío.
  • Fue “profeta”, porque hablaba en nombre de Dios al pueblo.

La vida de Moises estuvo marcada por los milagros. Desde su nacimiento, los actos divinos guiaron al profeta hasta convertirse en el salvador del pueblo hebreo esclavizado en el Antiguo Egipto. O por lo menos eso es lo que cuentan los textos sagrados de judíos, cristianos y musulmanes.

La Biblia nos cuenta que Moisés vino al mundo en circunstancias muy difíciles. Los hebreos se hallaban entonces esclavos en Egipto, sometidos a trabajos forzados en las grandes construcciones del faraón. ¿Y por qué los israelitas habían sido sometidos a esclavitud?

Al inicio del libro del Éxodo de la Biblia, se ve el ascenso al poder de un nuevo rey en Egipto, un monarca preocupado por el aumento del número de descendientes de Jacob (Éxodo 1:8-9). Por eso les esclavizó y les ordenó "edificar para el faraón las ciudades de almacenaje Pitón y Ramsés".

Pero a pesar de la opresión, el pueblo israelita continuó creciendo maravillosamente. Entonces el faraón, para evitar que siguieran multiplicándose, llamó a las dos parteras hebreas y les ordenó que, cuando naciera un niño israelita, si era varón lo mataran y si era una mujer la dejaran con vida. Pero tampoco esta vez se cumplió el deseo del faraón porque las parteras, que eran temerosas y respetuosas de Dios, resolvieron no acatar la orden.

En estas circunstancias nació Moisés. El Éxodo relata así su nacimiento: “Un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de la misma tribu. Ésta quedó embarazada y tuvo un hijo. Al ver ella que el niño era hermoso, lo escondió durante tres meses. Pero no pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una cesta de papiro, la impermeabilizó con betún, metió en ella al niño, y la puso entre los juncos a la orilla del río. La hermana del niño se puso a lo lejos para ver qué pasaba. En eso bajó la hija del faraón a bañarse en el río, y vio la cesta entre los juncos. Envió a una de sus criadas para que la recogiera, y al abrirla vio adentro a un niño llorando. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de los niños hebreos». Entonces se acercó la hermana del niño y dijo a la hija del faraón: «¿Quieres que llame una nodriza hebrea para que te críe este niño?». «Sí», le contestó la hija del faraón. Fue, pues, la joven y trajo justamente a la madre del niño, y la hija del faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo, que yo te lo pagaré». Tomó la mujer al niño y lo crió.

Como los hebreos seguían creciendo, el Faraón ordenó medidas más drásticas: todo niño recién nacido debía ser ahogado en el río (Éxodo 1:22). Por aquel entonces, una joven pareja de la tribu de Levi, Amram y Jochebed, tuvieron un bebé. Para salvarlo de los egipcios, pusieron al bebé en un capacho de papiro calafateado con betún (Éxodo 2:3).

Fue la hija del Faraón el que descubrió el capacho. Fue abrumada por la piedad y adoptó al niño. Por eso, Moisés se crió en la Corte del Faraón, aunque nunca perdió un fuerte sentimiento de cercanía hacía los hebreos esclavizados.

Moisés salvado de las aguas por la hija del Faraón.

Cuando vio como un capataz egipcio abusando de unos trabajadores israelitas, mató al egipcio y le enteró (Éxodo 2:12). Se dice que esta afrenta llegó a oídos del faraón y Moises se vio obligado a huir al desierto del Sinaí. Terminó por llegar a un pozo en la región de Madián (una región cerca del golfo de Aqaba), donde se encontró con un grupo de mujeres jóvenes que estaban siendo molestadas por unos pastores. Moises las salvó y le invitaron a cenar con el padre de las mujeres, un sacerdote llamado Jetro. Moises se quedó con Jetro y se casó con una de sus hijas, Séfora.

Incoherencias y Paralelismos en el Relato

En primer lugar, dice que el faraón dio la orden de matar a todos los niños hebreos recién nacidos porque su número había aumentado peligrosamente. En segundo lugar, el relato afirma que la población hebrea había crecido enormemente (Ex 1,9). El detalle de la hija del faraón hallando la cesta en las aguas del río también parece bastante ilógico. Lo mismo hay que decir del betún (llamado asfalto por los griegos) con el que la mamá de Moisés impermeabilizó la cesta.

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Este elemento no existía en Egipto, y había que importarlo de Mesopotamia. Otro aspecto dudoso es el origen del nombre “Moisés”. Según el Éxodo, se trata de un nombre hebreo (derivado del verbo “mashah” = sacar), y la princesa egipcia se lo puso al niño porque había sido “sacado de las aguas”. Pero, ¿cómo una princesa egipcia iba a conocer la lengua hebrea, idioma de un despreciado grupo de esclavos?

Hay además otro punto oscuro en el relato. Éste describe cómo Moisés salvó su vida milagrosamente en las aguas del Nilo, pero más adelante aparece también vivo un hermano suyo llamado Aarón (Ex 4,14). ¿Cómo se salvó él de la orden del faraón? Y por si fuera poco, se nos dice que “cuando Moisés se hizo mayor, fue un día a visitar a sus hermanos (es decir, a otros jóvenes hebreos) que estaban sometidos a duros trabajos” (Ex 2,11). ¿Acaso no habían muerto todos los niños hebreos contemporáneos de Moisés?

Moisés y Aarón ante el Faraón.

Todas estas incoherencias nos muestran que, aun cuando Moisés fue un personaje real, la forma como está contado su nacimiento en el Éxodo es poco creíble. ¿Por qué la Biblia recurre a una leyenda para contar el nacimiento de la máxima figura nacional hebrea? Porque era común entre los pueblos antiguos adornar con detalles más o menos fabulosos el relato del nacimiento de sus héroes.

En efecto, cuando algún personaje se volvía importante para un pueblo, siempre se contaba que en su nacimiento había sucedido algún hecho milagroso o fuera de lo común. Así, por ejemplo, los griegos contaban que cuando nació Paris, hijo del rey de Troya, su padre ordenó que mataran a la criatura; pero su madre logró esconderlo y entregarlo a unos pastores para que lo cuidaran. Lo mismo se narra del héroe griego Perseo. Cuando nació, su abuelo lo encerró en una caja y lo arrojó al mar para que muriera. También los romanos contaban algo semejante de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Cuando nacieron, ambos gemelos fueron arrojados al río Tíber en una cesta, para que murieran.

Del mismo modo, la Biblia relata el nacimiento milagroso de muchos de sus personajes: Isaac (Gn 17,15-17), Jacob (Gn 25,19-21), José (Gn 30,22), Sansón (Jc 13,2-3), Samuel (1 Sm 1). Incluso podemos decir que los arqueólogos han descubierto, a principios del siglo XX, el cuento en el cual está basada la narración bíblica del nacimiento de Moisés.

Paralelismos con la Leyenda de Sargón I

Sargón I, que vivió hacia el año 2350 a.C (o sea, mil años antes de Moisés), fue rey de la ciudad de Acad (en el actual Irak) y fundó el imperio Acádico, el primer imperio conocido de la historia. El relato de su nacimiento dice así: “Yo soy Sargón, el poderoso rey de Acad. Mi madre era una sacerdotisa, y a mi padre no lo conocí. Mi madre la sacerdotisa me concibió, y me dio a luz en secreto. Entonces me colocó en un cesto de cañas, lo recubrió con betún y me colocó en el río. Pero no me hundí. El río me condujo hasta un hombre que regaba los campos, llamado Akki. Él me sacó del cesto, me educó como hijo suyo y me hizo su jardinero. Mientras era jardinero, la diosa Ishtar se enamoró de mí.

Como vemos, de esta narración (sin duda también una leyenda para mostrar a Sargón I como un ser excepcional), está calcada la de Moisés. Cuando, en cierto momento de la historia, un escritor judío quiso escribir la vida de Moisés, se encontró con una curiosa tradición: el libertador hebreo había sido criado y educado nada menos que en la misma corte del faraón de Egipto.

Esto en realidad no tenía nada de extraño. Los egipcios solían instruir a algunos jóvenes extranjeros para emplearlos luego en el servicio de correspondencia con los reyes vecinos. Por esto mismo, es más seguro que el nombre de “Moisés”, puesto por la princesa egipcia, no sea de origen hebreo como dice el libro del Éxodo, sino egipcio. En efecto, la palabra “mosis” en lengua egipcia significa “hijo de”, y siempre va unida al nombre de algún dios, del cual se consideraba especialmente protegida esta persona. Por ejemplo, encontramos a faraones que se llamaban Tut-mosis (“hijo de Tut”), Ah-mosis (“hijo de Ah”), Ra-msés (“hijo de Ra”), Amen-mosis (“hijo de Amón”). Moisés seguramente también llevaba el nombre de algún dios egipcio. Pero la tradición judía lo eliminó, y le dejó sólo la terminación “moisés”, que luego fue relacionada con el verbo hebreo “mashah” (“sacar”).

Moisés y el Éxodo

En el Sinaí, se encontró por primera vez con Dios en la forma de un arbusto ardiendo. "He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto", le dijo la voz de Dios, según la Biblia (Éxodo 3:7). Entonces, Jehová encomendó a Moises que liberara a los judíos de sus cadenas y los guiara hasta la Tierra Prometida. También le dijo que se apoyara en su hermano Aarón como portavoz, ya que "él habla bien" (Éxodo 4:14).

Moises y Aarón se pusieron diligentemente camino de Egipto, donde solicitaron una audiencia con el faraón. Desgraciadamente, sus súplicas para la liberación de los esclavos hebreos cayeron en saco roto. Para castigar al faraón, Dios mandó una serie de plagas para doblegar la voluntad del monarca. El Nilo se convirtió en sangre. Miles de ranas cubrieron la tierra, seguidas de mosquitos y moscas. El granizo diezmó los campos y destruyó la cosecha; y las langostas acabaron con lo poco que quedó. Más tarde la Tierra se oscureció.

Las plagas de Egipto.

Pero no fue hasta la décima plaga que el faraón dio su brazo a torcer. Según la leyenda bíblica, esa noche, los primogénitos de todas las familias egipcias murieron."Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos", dijo un derrotado faraón a Moises y Aarón (Éxodo 12:32)- Exultante, Moises guió a los hebreos fuera de Egipto, pero el faraón intentó emboscar a los judíos cerca del mar Rojo. Según los relatos sagrados, Moises extendió sus manos y un fuerte viento del este hizo un camino a través de las aguas.

Uno de los temas comunes en todo el Antiguo Testamento es que, mientras gobiernos hostiles oprimen al pueblo de Dios, Dios salva a su pueblo y juzga a la nación. Dios le dijo a Abraham que sus descendientes serían esclavos en Egipto pero que saldrían como una gran nación. Al principio, el faraón reconoció que los hebreos eran una gran bendición.

La interpretación que hizo José del sueño del faraón y su plan de almacenar grano para los años de hambruna salvaron no sólo a Egipto, sino también a las naciones vecinas. En Egipto, Dios bendijo a los israelitas para que se multiplicaran rápidamente, y esto preocupó a un faraón posterior. ¿Y si estos extranjeros dentro de Egipto se aliaban con sus enemigos en algún conflicto?

El nieto de Leví, Amram, se casó con la hija que Leví tuvo después de llegar a Egipto, Jochabed. Cuando ella tuvo su tercer hijo, un hermoso hijo, ella no podía soportar matarlo. La campaña de opresión, esclavitud y asesinato de hebreos no fue un capricho momentáneo de un faraón: seguía en marcha cuando Moisés tenía 80 años.

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