Cuidados Paternos: Información Esencial y Perspectivas Evolutivas

La crianza cooperativa y en especial la participación paterna en los cuidados de los hijos desde etapas tempranas, ha sido un factor decisivo en la filogenia de nuestra especie, y considerado una de las adaptaciones importantes en la separación evolutiva con el resto de los primates, la neotenia. Esto permitió un desarrollo cerebral acelerado, en recién nacidos poco autónomos y altamente dependientes de sus padres, lo que se conoce como “desarrollo altricial”. Este es un modelo frecuente en aves, con una alta participación del padre (90%), pero escaso en mamíferos (10%).

Los cambios socioculturales y económicos de las últimas décadas han favorecido una mayor participación paterna, llevando a una reestructuración en los roles familiares. En la historia, la madre ha tenido un rol protagónico en la crianza de los hijos y es la responsable de los cuidados diarios, alimentación y del desarrollo del niño.

El objetivo de esta revisión es presentar evidencias acerca de la existencia de mecanismos neuroendocrinos y neurológicos que condicionen ancestralmente esta conducta en padres humanos. La literatura revisada que incluye estudios en humanos, animales y paleoantropológicos, sugiere que en la filogenia de nuestra especie se han sucedido cambios neuroendocrinos y cerebrales que han contribuido a la adquisición de conductas de “paternalidad”, decisivos para la sobrevivencia y posiblemente adaptativos hasta los tiempos actuales.

La participación paterna en la crianza es fundamental para el desarrollo del niño.

Introducción a la Coparentalidad

Para entender mejor este fenómeno, se puede observar cómo se presenta este comportamiento en el medio animal. El término alomaternidad fue acuñado en 1975 por el biólogo evolucionista Edward O. Wilson, al unir la palabra griega “allo-” (‘otro que’) con “maternidad” para describir el cuidado de los niños por parte de cualquier miembro del grupo que no sea la madre biológica, incluidos los padres u otros miembros de la familia.

Así, existe evidencia de participación paterna en los cuidados tempranos de sus crías, aunque en proporción variable, frecuente en aves (90%) y escaso en mamíferos (10%). En las aves, el nacimiento de crías con muy poca autonomía y alta dependencia de cuidados parentales -desarrollo altricial-, se ha sustentado por una estrategia colaborativa con participación de ambos progenitores, que ha resultado exitosa en términos evolutivos.

En la especie humana, el camino evolutivo lo alejó de sus ancestros primates, no sólo en términos anatómicos sino también conductuales, ante la necesidad de adaptarse a nuevos ecosistemas y cambiar sus métodos de supervivencia, pasando de una estrategia alimentaria frugívora-recolectora en las copas arbóreas, a una basada en la cacería y consumo de alimentos crecidos a nivel del suelo, sin contar con recursos apropiados para ello, como son la velocidad, visión dinámica, fauces, cornamentas, garras y otros, capaces de proveer dichos alimentos.

Las adaptaciones evolutivas más exitosas fueron el paso a la bipedestación, que le permitió recorrer largas distancias, y el alto nivel de encefalización. Esto llevó a lo que se ha llamado, “dilema obstétrico”, por la necesidad de nacer con un volumen encefálico mayor a través de un canal de parto más estrecho. La estrategia fue un proceso conocido como “neotenia”, que consiste en nacer con un cerebro relativamente pequeño, muy poca autonomía y alta dependencia parental. Si bien, debe completar gran parte de su crecimiento y desarrollo fuera del útero, esto permitió un crecimiento postnatal prolongado, y en consecuencia un volumen encefálico final muchísimo mayor.

El rol del padre en el cuidado temprano de los niños podría haber surgido de esta estrategia evolutiva. En esta condición altricial, los recién nacidos humanos requieren de muchos cuidados por un largo período de tiempo, lo que implica un gran gasto en tiempo y energía por parte de los cuidadores. Otro efecto de esta coparentalidad sería mejorar la fertilidad materna al disminuir los intervalos inter-embarazo, y contar con alimentos de mejor calidad nutricional.

La mayor participación de los padres en los cuidados de sus hijos motiva a comprender las bases psicobiológicas y neurológicas asociadas a este proceso. Considerando lo recién planteado, se intentará buscar mecanismos biológicos ancestralmente condicionantes de esta conducta en padres humanos e intentando extrapolar desde el mundo animal, aunque circunscrito al ámbito neuroendocrino sin incluir otros factores (epigenética, ambientales) por exceder los propósitos de esta revisión. Por lo tanto, se efectuará un análisis en la literatura, acerca de estos mecanismos neuroendocrinos y neurológicos que subyacerían al rol paterno en la crianza temprana de sus hijos.

Para ello se realizó una búsqueda conceptual a partir de algunos términos: “fathering”, “psychobiological”, “neuroendocrine”, “human evolution”.

Coparentalidad en el Mundo Animal

El comportamiento paterno es crítico para la supervivencia de las crías en muchas especies y frecuente en peces, pájaros, insectos y gusanos; sin embargo, es excepcional en mamíferos, observándose biparentalidad en muy pocos. Pueden ser cuidados indirectos (transporte, defensa, provisionamiento) o directos (cargar, aseo, alimentación, otros) y ocurren, principalmente, en especies monógamas lo que sugiere un vínculo de pareja como promotor de este comportamiento.

La biparentalidad en mamíferos se acompaña de un cortejo activo y/o de la construcción de un nido, estas conductas podrían modificar el cerebro paterno antes del cuidado parental. Se desconoce los mecanismos neurales involucrados.

En algunas especies, la formación de un vínculo de pareja puede estar fuertemente influido por el tipo de cuidados recibidos en etapas tempranas: monoparental o biparental.

Coparentalidad en mamíferos, ha sido observada en algunos primates, en los que el macho acompaña a la hembra, protegiendo contra depredadores e infanticidio por parte de otros machos de la manada. De esta manera, la biparentalidad habría surgido como opción para tiempos más cortos de lactancia, favoreciendo la reproducción y disminuyendo el riesgo de ataques por machos ajenos. Incluso, en los monos tití ha llegado a ser el padre el cuidador principal.

En el mismo género primate, otras especies como el gorila plateado tienden a matar a las crías tras la muerte de un macho dominante para evitar competencias en su ecosistema, así como en los gorilas de montaña, en el que hay una asociación positiva entre cuidados parentales a crías propias y ajenas y fecundidad. De esta manera, en una misma familia zoológica, se observan comportamientos diametralmente opuestos, como parentalismo e infanticidio.

Los topillos de la pradera o degú, frecuentemente utilizados como ejemplo en el mundo animal, para estudios neurobiológicos de vida en pareja y las consecuencias de ausencia paterna, ya que en una misma especie hay individuos polígamos y sin cuidados por sus crías y, otros, monógamos con parentalidad. Estos, en la vida silvestre, forman parejas únicas y practican la crianza en un modelo de biparentalidad. La ausencia de padre no influye en aspectos como el peso de nacimiento u otros parámetros biológicos, pero sí en dificultad en la formación de vínculos de pareja cuando adultos.

Al inyectar, en machos de esta especie, arginina-vasopresina en el septum lateral, región cerebral implicada en actos relacionados a la crianza, mejoró esta capacidad y conductas de parentalidad.

La escasez de especies con cuidados paternales, entre mamíferos comunes, ha dificultado nuestra comprensión de los mecanismos neuroendocrinos que regulan este comportamiento.

Bases Neuroendocrinas

En cuanto a las hormonas, estas cumplen un rol muy importante en el desarrollo de comportamientos, tanto maternales como paternos. En los mamíferos se incluyen conductas diversas, aunque en la minoría de estos machos, las hay hacia la crianza; uno de éstos, en la especie humana. Así, la expresión de actitudes parentales específicas es propia de cada especie, para dar protección y respuestas inmediatas a las necesidades físicas y emocionales de su cría para un óptimo desarrollo. En estos procesos, las hormonas, como mecanismos biológicos, juegan un rol fundamental.

Las cinco hormonas más estudiadas, en humanos y otras especies, son la oxitocina (OT), testosterona (T), arginina-vasopresina (AVP), prolactina (PRL) y cortisol (CORT).

Oxitocina (OT)

En mamíferos, los comportamientos maternales están genéticamente programados y se activan mediante procesos biológicos como el embarazo, parto y lactancia.

La principal hormona implicada en el nacimiento y lactancia es la oxitocina, reconocida como la “hormona materna”. Es un péptido con importantes funciones en la reproducción de los mamíferos (eyección láctea, contracciones uterinas, orgasmo), así como en comportamientos sociales y apego. Niveles elevados de OT en plasma durante el embarazo y posparto predicen el apego materno, compromiso y sincronía madre-hijo.

Se creía una hormona exclusiva de la maternidad; sin embargo, en padres también tiene un rol relacionado con la crianza. Así, en primates, los cambios de OT en el macho antes del nacimiento se asocian con una mayor capacidad de respuesta paterna y contacto con la hembra embarazada o nodriza, además la exposición a señales de la cría puede influir en los niveles de esta hormona.

En humanos, durante los primeros seis meses de crianza, se ha visto que la OT se mantiene en niveles altos y estables en padres y madres. Esto es consistente con estudios previos, que muestran mayores niveles de OT en padres emparejados que en solteros sin hijos.

La OT no solo promueve conductas paternas, sino que también dirige estas actitudes a un comportamiento específico. Así, en madres se correlaciona con contacto afectuoso, mirada social y vocalizaciones, mientras en padres se asocia a contacto estimulante para el niño, como paseos, contacto propioceptivo y estimulación táctil, contribuyendo así a la sinaptogénesis temprana mediada por fibras amielínicas C-táctiles y estimulación vestibular propioceptiva. Se describe asimismo un importante rol indirecto en las relaciones e interacciones grupales y afectivas mediadas por este mecanismo neurológico y facilitadas por esta hormona.

La administración intranasal de OT aumenta el comportamiento explorador durante el juego padre-hijo, así como una retroalimentación positiva mutua en los niveles de esta hormona, la que aumenta tras 15 minutos de interacción padre-hijo.

Rol de la oxitocina en la paternidad.

Testosterona (T)

La testosterona ha sido muy estudiada en su relación con el comportamiento de paternidad. Mayores niveles se asocian a apareamiento y territorialidad, mientras que más bajos, con actitudes de crianza y cuidado parental. Se ha visto en la naturaleza, que variaciones plasmáticas de esta hormona, podrían influir en estos diferentes comportamientos, en un mismo individuo en momentos distintos. En tamarinos de cabeza de algodón, el nivel de testosterona en machos puede aumentar durante el posparto si las hembras muestran disposición a aparearse.

En el mono tití, padres que cargan a sus crías por tiempos prolongados, muestran menores niveles en orina y disminución de los esteroides gonadales y, el olor de la cría propia en edades tempranas disminuye el nivel de andrógenos en sangre promoviendo una conducta de cuidados y atención a las necesidades de ella.

En hombres, al aproximarse la paternidad presentan una disminución de testosterona y, a menores niveles de esta hormona, mayor participación en la crianza. Lo mismo durante el embarazo en pareja. Un meta-análisis reciente mostró que quienes son padres tienen niveles más bajos de testosterona que aquellos sin hijos y, si, además están involucrados en la crianza, son aún menores. Esto sugiere que la experiencia de cuidado paterno, en sí misma, podría reducir los niveles de esta hormona.

El llanto infantil, asociado con acciones de cuidados posteriores, promueve un decremento androgénico y, lo opuesto ocurre, ante la imposibilidad de ejecutarlos. Otro estudio reciente mostró que un grupo de hombres con un significativo descenso de testosterona durante el periodo perinatal tuvo un alto compromiso con la crianza de sus hijos y parejas, así como una mayor satisfacción con la unidad familiar. Lo mismo en relación con la participación del padre en actividades de cuidado directo, más que en el juego u otras más placenteras, en que la testosterona basal en sangre era menor.

Por el contrario, niños criados en ambientes duros e impredecibles, en su vida adulta tienden a tener niveles de testosterona más altos y menor disminución de ésta asociada a la paternidad.

Pocos estudios analizan la relación de la testosterona con el cuidado materno. Al parecer es más sutil y no es estable ni predictiva del comportamiento, aunque alguna evidencia sugiere un efecto sobre la OT, reforzando los cuidados maternos y proporcionando así un entorno neuroendocrino que apoya la vigilancia y el compromiso social.

Hormona Efecto en la Paternidad
Oxitocina (OT) Promueve conductas paternas, contacto afectuoso y estimulación.
Testosterona (T) Niveles más bajos se asocian con mayor participación en la crianza.
Prolactina (PRL) Asociada a juego explorador padre-hijo.

Prolactina (PRL)

La PRL es una hormona proteica que interviene en la reproducción de los mamíferos y galactopoyesis. También en el metabolismo y sistema inmune. Se le ha relacionado con comportamiento materno en mamíferos y paterno en aves; sin embargo, su efecto en mamíferos machos no ha mostrado resultados consistentes.

En roedores, los aumentos de PRL se han asociado con actitudes paternales y, en primates, con el porteo por parte del cuidador macho; sin embargo, estudios con disminución experimental de PRL, en modelos con roedores y primates biparentales, no han mostrado merma en la conducta parental.

En humanos, los niveles de PRL se han visto asociados a juego explorador padre-hijo, incluyendo la presentación, manipulación y atención dirigida del niño hacia los juguetes.

La PRL pareciera ser una hormona más ligada a experiencias personales, con niveles más estables en hombres que visitaban con frecuencia a sus hijos y parejas, y, más bajos en aquellos co-residentes y en solteros. Podría relacionarse con el inicio del contacto tras la separación.

Vasopresina (AVP)

La AVP, tradicionalmente conocida por su rol en el equilibrio hídrico, recientemente ha cobrado importancia por sus implicaciones en el comportamiento social y el vínculo de pareja.

El papel del padre en la crianza

Publicaciones populares: