Mikel Ayestaran (Beasain, Guipúzcoa, 1975) es un reconocido corresponsal freelance en Oriente Medio, colaborador de varios medios como El Correo, ABC o ETB. Desde 2022 reside en Estambul junto a su familia, tras haber pasado siete años en Jerusalén, donde se sumergió en la realidad cotidiana de la ocupación israelí de los territorios palestinos. Antes de establecerse como corresponsal, fue enviado especial a esta región, un foco de conflictos eternos que ha quedado completamente redibujada tras el 7 de octubre.
La historia de Mikel Ayestaran es la de un joven que estudió periodismo, consiguió un trabajo en una redacción y, finalmente, lo dejó todo para informar desde las zonas más conflictivas del mundo. Durante casi dos décadas, Ayestaran ha recorrido toda la geografía del desastre, acumulando experiencias y conocimientos que lo han convertido en uno de los rostros más conocidos del periodismo en diversos formatos, incluyendo la publicación de varios libros.
Dio sus primeros pasos como profesional del medio en El Faro de Ceuta. En 2005 decide dejar las redacciones tras estar una década en la de El Diario Vasco y comienza su aventura como freelance dedicándose a los conflictos abiertos en Oriente Medio. Ha viajado a Israel y a Territorios Palestinos cuando se producían crisis, cubriendo tres ofensivas de Israel contra la Franja de Gaza entre 2008 y 2014. Colabora con la radio televisión pública vasca EiTB, con el grupo Vocento y forma parte del equipo fundador de la plataforma periodística de información internacional 5W. A comienzos de 2022, ante la invasión rusa de Ucrania, Ayestaran se desplaza a Kiev para realizar crónicas periodísticas.
Mikel Ayestaran en Donostia, 2016 (Fuente: Wikimedia Commons)
Un Periodista en el Frente: Cobertura de Conflictos
Mikel Ayestaran es un periodista que va a las guerras, que cubre conflictos y, sobre todo, postconflictos. Durante muchos años trabajó como enviado especial y en 2015 estableció su base en Jerusalén para intentar ser corresponsal. En Oriente Medio te tocan momentos puntuales de extrema violencia y son siempre los más mediáticos, pero cuando pasan te das cuenta de la importancia de ir cubriendo las etapas entre pico y pico de violencia, sin ese contexto no entiendes los porqués.
La guerra también es difícil de etiquetar. Las guerras tienen muchas caras diferentes. Cuando hablan las armas, por ejemplo, los medios allí estamos porque no hay mayor espectáculo que una guerra en directo, la realidad supera por mucho a la ficción. Se me ocurre el ejemplo de Gaza, un lugar que cuando ruge eclipsa al resto de noticias, pero que en cuanto llega una tregua pasa totalmente al olvido y sus dos millones de habitantes siguen sufriendo el bloqueo en condiciones cada vez más miserables.
Para el público en general hay una gran idea de que todo el mundo entre Marruecos y Afganistán lo habitan moros y musulmanes. Cuando empiezas a explicar que existen los cristianos, o que hay yemeníes judíos, la gente se queda perpleja. Desde el punto de vista geográfico está claro, pero desde el periodístico lo hemos ido estirando porque cada vez hay menos gente trabajando allí. Un corresponsal en Oriente Medio cada vez abarca más.
Israel y los territorios palestinos, donde he vivido entre 2015 y 2022, es una de las grandes tumbas del periodismo. Lo puedes contar, pero hasta que no vas ahí y lo ves con tus propios ojos no tienes ni idea de qué es la ocupación. Hay que apostar por crónicas de sujeto, verbo y predicado, sin florituras e intentar ser lo más didáctico posible explicando esas realidades, sin irse por las ramas. Si ya es complejo para nosotros, imagínate cuando se lo tienes que explicar a gente que vive a miles de kilómetros y que está mucho más preocupada por su día a día… Intento establecer puentes, buscar lugares comunes para hablar de minorías, de credos… algo que a la gente le pueda ayudar a comprenderlo, que le suene al menos familiar y cercano.
Intentar hacer entender las cosas en un minuto como piden ahora los informativos de las televisiones no es informar, es un milagro. Pesa mucho más de lo que se dice en la región y en el mundo. Israel tiene un peso decisivo. Para mí es un must como periodista, un sitio por el que hay que pasar, sí o sí, para entender el poder que tiene esta gente, no solo en lo militar sino también en el aspecto lobista. Es clave, no puedes entender el Israel actual sin el Holocausto, ni tampoco la actitud de los países europeos hacia Israel. Ese sentimiento de culpa va a durar generaciones. Ellos no lo dejan pasar ningún segundo y me parece fundamental porque es algo que no puede volver a ocurrir.
Ha habido dos momentos recientes claves como son la fundación del Estado de Israel y el triunfo de la revolución islámica en Irán. Son dos «bombas nucleares»: tienes un Estado judío en medio de un combo musulmán y otro chií en medio de un mar de suníes. Hay un factor religioso, pero sobre todo pesa el uso político que se le da.
Si te fijas en los movimientos políticos, Oriente Medio era una zona de gobiernos seculares hasta ayer mismo, el dinero venía del bloque del Este y gobernantes locales como Nasser, Arafat, Gadafi o Saddam se movían en ejes socialistas y panarabistas. Todo es mucho más complejo y, además, no hemos conseguido quitarnos esa herencia paternalista de la cabeza. Les tratamos como si fueran conejillos de Indias a los que no se les da voz. Solo la elite en estos países habla inglés o francés, por eso intentar explicarlo en un minuto es tan complicado. Es un problema político, no religioso. Hay un miedo de los países musulmanes y sus aliados occidentales al islam político porque cuando les dejas votar en los países musulmanes en libertad, casi siempre ganan.
Hay temas que pesan y países que siempre están en la agenda, y otros que no. Si hay algún interés occidental en ese país, si hay presencia militar, un tema de energía, si ha sido antigua colonia… También me pregunto a veces quién decide cómo desaparecen los temas de la agenda. Mira Siria o Irak. No recuerdo la última vez que escribí sobre ellos. Hemos pasado desayunando comiendo y cenando con ambos diez años y ya no existen. Luego están los desastres naturales, como Haití: hablas de ello una semana y luego a otra cosa. Diría que los temas cada vez desaparecen más rápido. Somos muy eurocentristas, allí donde se ha metido mano se conserva el contacto. Mira Ucrania.
La información que Mikel Ayestaran recibe desde la Franja de Gaza llega con cuentagotas de su estrecha red de contactos, que le permite hacer un periodismo más cercano y directo. Sin embargo, al escribir sus artículos, la agenda está fuertemente influenciada por lo que dictan los comunicados oficiales, lo que dice la ONU o lo que informa el ejército.
Las Cenizas del Califato
A raíz de la derrota militar del autodenominado Estado Islámico, publica ‘Las cenizas del califato’ (Ediciones Península), un recorrido por los antiguos dominios del grupo yihadista entre Siria e Irak. Ayestaran da voz a las víctimas de la tiranía y relata sus experiencias en ciudades como Palmira, Alepo, Mosul y Tikrit.
El califato ha sido un punto negro informativamente. Sólo hemos recibido propaganda. Las palabras que me han repetido en las entrevistas que he hecho son ‘terror’ y ‘miedo’. Nosotros hemos estado cuatro años informando sobre el Estado Islámico, pero no teníamos a nadie sobre el terreno. Nos ha pasado un poco como con los talibanes en Afganistán. Nadie estaba en su zona. Y para mí, informativamente, era muy frustrante. Hemos estado cuatro años informando con su propaganda y las informaciones de los servicios de inteligencia, que también son una forma de propaganda. Y ahora, por primera vez, tienes acceso a la gente que ha vivido y te hablan de un régimen de terror puro. Y alucinas. Llegas a pueblos como Dayr Hafer (norte de Siria) y aún tienen las jaulas en las plazas donde encarcelaban la gente. Y te cuentan todo tipo de historias y torturas.
Historias de Gaza: Un Relato Póstumo
Las intifadas, la pugna por el poder entre Fatah y Hamás, las ofensivas militares israelíes entre 2008 y 2014, las marchas del retorno; pero también el bullicio de los mercados, los partidos de fútbol del equipo de mutilados, los atardeceres fumando 'narguile' o la sopa de pescado frente a la playa: "Esa Gaza que conocimos ya no existe", asegura el periodista Mikel Ayestaran. Ha recopilado sus decenas de viajes al enclave palestino desde 2004 en su cuarto libro de crónicas periodísticas, Historias de Gaza, una obra póstuma de una Franja que a todas luces no volverá a ser la misma que antes del 7 de octubre de 2023.
"El libro se ha convertido en un testamento", reflexiona en una entrevista con RTVE.es. Mikel Ayestaran (Besain, Guipuzcua, 1975), corresponsal freelance en Oriente Medio para varios medios como El Correo, ABC o ETB, tardó menos de 24 horas en volar a Tel Aviv después de despertarse "confuso y perplejo" esa mañana del 7 de octubre, cuando vio en la pantalla de su móvil las alertas y los primeros vídeos que ya se habían viralizado del ataque de Hamás en las comunidades del sur de Israel, que dejó unos 1.200 muertos y 251 secuestrados. Ese es solo el punto de partida de su nuevo libro.
Presentación del libro de Mikel Ayestarán, Historias de Gaza, en el Palacio de Quintanar
Después de 20 meses de guerra y con más de 54.000 muertos palestinos en Gaza, este periodista confiesa desconocer cómo puede ser el futuro de este pequeño territorio de 45 kilómetros cuadrados, pero sí está seguro de que "no se parecerá en nada a lo que hemos visto antes". "Un plan como el de [Donald] Trump, por muy disparatado que parezca, de formar una Riviera en Gaza, un resort para ricos a costa de expulsar de su tierra a más de dos millones de personas, ahora es una opción realista. Ya no nos sorprende si pasa", asegura Ayestaran, perplejo con el nivel de impunidad del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que tiene una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra, y una causa abierta por genocidio en la Corte Internacional de Justicia.
"Los periodistas nos hemos quedado sin palabras para describir lo que está pasando", apunta. "Ya no hay límites, se han cruzado todas las líneas rojas: las escuelas, los hospitales, la ayuda humanitaria, ahora el hambre", lamenta este corresponsal. "Eso ha generado un caldo de cultivo peligroso, que es la sensación de impunidad absoluta para los israelíes, y una sensación de total impotencia para nosotros, para el resto del mundo, que se pregunta qué puede hacer", asevera.
Ayestarán tiene claro que su granito de arena era contar Gaza más allá de esta brutal guerra que parece interminable, para lo que ha recopilado decenas de historias que contó en diversos formatos periodísticos en las últimas dos décadas, moldeadas con el trasfondo de siglos de historia, desde el faraón egipcio Tutmosis III hasta Netanyahu; siglos de resiliencia frente a diversas fuerzas ocupantes. "Cuando Gaza ruge todo lo demás calla", afirma Ayestaran sobre el tremendo foco mediático que acapara el enclave en tiempos de guerra. Pero el interés se diluye en cuestión de segundos cuando el estruendo de tanques y aviación se silencia.
"Estaba preparando un libro sobre Estambul, pero no podía concentrarme con todo lo que estaba pasando en Gaza. Mi mente solo se iba a lo que estaba pasando allí, y mi trabajo diario como corresponsal me llevaba a Gaza todo el tiempo. Así que decidí juntar todo el material de años de coberturas", indica. Tenía claro que no quería hacer un libro sobre el 7 de octubre, porque se quedaría viejo enseguida, sino contar historias de Gaza y sus gentes, más allá de esa efeméride traumática.
De hecho, en cierto modo, el libro ya se ha quedado viejo. Termina con el alto el fuego que entró en vigor el 19 de enero de este año. Después de seis semanas de intercambios de rehenes por presos palestinos y una tregua en los combates, Netanyahu retomó la guerra en marzo con más virulencia que nunca e intensificando el uso del hambre como arma de guerra, en vez de avanzar hacia las negociaciones para una segunda fase que contemplaba la retirada de las tropas israelíes de la Franja. "Netanyahu sabe que en el momento que acabe la guerra, tiene las horas contadas.
Mapa de la Franja de Gaza (Fuente: Wikimedia Commons)
Menú de Gaza: Un Retrato del Hambre
De forma paralela a la escritura del libro, Mikel se embarcó en el proyecto del 'Menú de Gaza', que surgió de forma casual y sin pretensiones de convertirse en el fenómeno viral que ha sido. "Sabía que Israel iba a usar el hambre como arma de guerra y decidí ilustrar qué es lo que comía cada día una familia gazatí y los esfuerzos que tenían que hacer para conseguir comida, además de leña o gas para lograr cocinarla", explica.
Kayed, quien ha sido su fixer en decenas de viajes a la Gaza gobernada por Hamás -que exigía que un periodista local te avalara para lograr permiso de prensa-, le manda cada día una foto de lo que cocina su mujer Amal, "una excelente cocinera y mujer de recursos", para alimentar a la familia. Un texto breve acompaña la imagen y explica qué han hecho ese día, en qué contexto comen, cuánto han tardado en conseguir alimento. "Los textos cada vez son más agrios y oscuros porque su vida se está volviendo cada vez más oscura", apunta.
Una idea simple pero efectista, que ha conseguido que Ayestaran gane seguidores en las redes sociales, "especialmente entre las nuevas generaciones que no escuchan la radio, ven el telediario o abren un periódico". "Me ha sorprendido que muchos lectores que se han acercado a las firmas en la Feria del Libro eran gente muy joven que me han conocido a través de Instagram por este proyecto", indica. Además, ha ganado el Premio Ortega y Gasset de Periodismo al mejor proyecto multimedia.
Gaza es la protagonista indiscutible de su último libro, pero Kayed, Amal y toda su familia son personajes recurrentes en muchos capítulos, del pasado y del presente. Y es que la mirada de Ayestaran sobre Gaza está tamizada por la de Kayed, la mano que le ha agarrado en todos sus viajes a Gaza y que le ha ayudado a comprender todas sus aristas, por lo que ocupa un lugar prominente entre sus páginas. Primero fue un compañero, luego un amigo y ahora es ya su familia en Gaza. "El capítulo sobre Kayed es el que más me costó escribir, hay detrás horas y horas de entrevistas", explica.
Su primera intención era estructurar todo el libro en torno a la vida de Kayed, que ejemplifica "la vida de éxodo y continuo desplazamiento de muchos palestinos". "Es hijo de refugiados palestinos que tuvieron que huir a Ashkelon, ahora Israel, y se instalaron en el campamento de Yabalia, en Gaza, donde crece. Luego logra salir a estudiar al extranjero, en su caso en Málaga. Pero decide volver con los Acuerdos de Oslo, luego se desencanta del proceso, llegan las intifadas y las guerras en Gaza. Su vida es la de muchos", cuenta sobre su compañero de fatigas en Gaza.
Kayed y Amal han perdido un hijo, Israel ha arrasado con sus bombas el cementerio donde le dieron sepultura y ni siquiera lo pueden velar, y se han tenido que mudar 17 veces de casa. Su historia de pérdida, dolor y resiliencia es la de muchos palestinos en Gaza.
Su equipo de cocina lo componen Kayed, Amal, Dalia, Mohamed y Monjed. Kayed es su intérprete, su amigo, refugiado en Jabalia con familia en Málaga, y está casado con Amal, que es farmacéutica y una gran cocinera, sobre todo habilidosa en repostería: “Antes de la guerra, siempre salíamos con un par de kilos de más de su casa”. Dalia es la hija y se encarga de hacer las fotos que se suben a las redes -la energía la cogen de un viejo cargador solar que han encontrado-. Mohammed y Monjed son los varones de la casa. Al no disponer de gas, uno de los hijos se encarga de buscar la leña, que escasea, a la que luego añaden restos de plástico para avivar el fuego. Cocinan en el interior de lo que se puede llamar casa, en cacillos cerca de una ventana, pero esto les genera graves problemas de toxicidad y visión. Además, padecen enfermedades de forma sistemática, como la gastroenteritis, debido a la falta de agua potable.
En este trabajo en equipo realizan su menú de resistencia, compuesto por ingredientes como los guisantes de lata, habas, alubias blancas y rojas, además de arroz con garbanzos, arroz con calabaza o arroz con arroz. Este cereal ha sido indispensable, sin él habría sido imposible. Ha sido el ingrediente clave, uno de los más importantes. Kayed compró un saco de 70 kilos, y durante los bombardeos más intensos, se alimentaban con esto y con una zanahoria o una lata de garbanzos.
La frase que mejor han interiorizado durante todo este tiempo ha sido “mejor que el hambre”. Con ella han sobrevivido los momentos más duros de una dieta a veces monopolizada de un solo ingrediente. Las latas han sido los platos más repetidos, adquiridos en la reventa de la ayuda humanitaria, que con el paso del tiempo llega de peor calidad. Pero también hay días de pequeñas victorias sobre los envases, gracias a los calabacines que Amal encuentra en el mercado y que han burlado la dictadura de las conservas. Y sin saber si alguna vez volverán a tener huevos.
Otro problema que los asfixia es la falta de dinero en metálico. Las comisiones de los comerciantes llegan al 40 por ciento y la gente no puede más, mientras los rumores de un alto al fuego, que no alimentan a nadie, resuenan. Al igual que dormir, comer es una de las dos tareas que realizan todos juntos. La gran pesadilla es que uno muera y el otro quede con vida, por eso lo hacen unidos.
Amal tiene una obsesión por no perder los platos tradicionales. Tiene claro que la cocina es memoria e historia. Si no disponen de ingredientes para hacer el falafel como antes, se buscan la vida para que sus hijos se acuerden de esa elaboración que se ha comido durante cientos de años en Gaza. Para ellos es esencial que perdure.
Ejemplo del "Menú de Gaza" (Fuente: YouTube)
La Gastronomía de Gaza: Sabores de Resistencia
La gastronomía de Gaza tiene una rica tradición influenciada por la historia y la geografía de la región. La comida se caracteriza por una gran variedad de sabores, especias y técnicas de cocina que reflejan la diversidad cultural de la región.
Algunos platos típicos de Gaza incluyen:
- Maqluba: Un plato tradicional que se prepara con arroz, carne (generalmente pollo o cordero), berenjenas, coliflor y tomate. Todo se cocina junto y se voltea al servirlo, lo que le da su nombre, que significa volteado.
- Musakhan: Es uno de los platos más emblemáticos de la región. Consiste en pollo cocinado con cebolla caramelizada, aceite de oliva, sumac (una especia ácida) y piñones, todo sobre pan árabe.
- Kousa Mahshi: Calabacines rellenos de carne de cordero o pollo, arroz y especias, que se cocinan en una salsa de tomate.
- Hummus: Aunque es conocido mundialmente, el hummus es un plato esencial en la cocina de Gaza, hecho con garbanzos, tahini, aceite de oliva, ajo y limón.
- Falafel: Bolas fritas hechas con garbanzos o habas molidas, ajo, cebolla, perejil, cilantro y especias, como el comino.
- Dawali: Hojas de parra rellenas de arroz. Son uno de los entrantes preferidos en todos los países de Oriente Medio.
- Tabulé: Ensalada fresca que se prepara con bulgur, tomate, pepino, cebolla, perejil y menta, aliñada con aceite de oliva y limón.
- Sambousek: Empanadas rellenas de carne, queso o verduras.
- Kunafa
La cocina de Gaza, a pesar de las dificultades y el bloqueo, sigue siendo un símbolo de identidad y resistencia para sus habitantes.
Premios y Reconocimientos
El seguimiento de la alimentación en la masacre de Gaza le ha valido el Premio Ortega y Gasset en la categoría de ‘Mejor cobertura multimedia’ y acaba de publicar Historias de Gaza, La vida entre guerras.
En resumen, la trayectoria de Mikel Ayestaran es un testimonio de compromiso con la verdad y la justicia, y su trabajo sigue siendo una fuente de información valiosa para comprender la complejidad de Oriente Medio.
| Proyecto | Descripción | Reconocimientos |
|---|---|---|
| Historias de Gaza | Libro de crónicas periodísticas sobre la vida en Gaza. | - |
| Menú de Gaza | Proyecto multimedia que documenta la alimentación de una familia gazatí durante la guerra. | Premio Ortega y Gasset al mejor proyecto multimedia |
| Las cenizas del califato | Libro que recorre los antiguos dominios del Estado Islámico en Siria e Irak. | - |
