Miguel Delibes: Un Legado Familiar a Través de Sus Hijos y Nietos

La figura de Miguel Delibes, uno de los autores más importantes de la literatura española del siglo XX, trasciende lo literario para adentrarse en el ámbito familiar. Sus 7 hijos, 18 nietos y 4 bisnietos han mantenido una fuerte unión familiar, que es el mejor legado que les dejó.

El Patriarca Recordado por Sus Nietos

Los nietos mayores, Elisa, Germán, Pancho y Jorge, comparten recuerdos y vivencias de su día a día con el novelista, resaltando su rol como patriarca. "Era la figura primordial de la familia, todos acudíamos a él cuando teníamos un problema", recuerda Elisa, la mayor de los nietos. "Somos una piña. Tenemos un sentimiento de clan absoluto.

Elisa, hija de la primogénita Ángeles, inauguró la tercera generación de los Delibes a finales de 1973. "Ha sido un año muy especial, mi abuelo era consciente de que la gente le quería mucho pero nunca se hubiera imaginado tantos homenajes, hasta en el pueblo más pequeño de Castilla le han puesto una calle, han representado algo de sus obras o han organizado una exposición", relata la joven, periodista en el suplemento de libros del periódico El País.

Elisa y Germán fueron los únicos que conocieron a la abuela. "Soy el bebé del libro y para mí esto tiene un componente emocional grandísimo".

Elisa siempre vivió en Madrid y cuando se reencontraba con su abuelo por vacaciones las conversaciones giraban en torno a los temas «normales» de una familia. "Le interesaban mucho los temas de la fusión de medios de comunicación y también los nuevos soportes de información en internet".

Un Abuelo Cercano y Divertido

En las reuniones familiares "no se respiraba un ambiente cultísimo en el que se hablara de literatura, eran ante todo encuentros muy divertidos". Delibes no intentó influir en las carreras de sus familiares, dejando que cada uno eligiera su propio camino.

Germán Delibes recibió la noticia de su nuevo lugar como profesor en el colegio Miguel Delibes, en Nava del Rey, poco después del fallecimiento de su abuelo. "Lo que son las cosas, al mes de morir mi abuelo... Con su nombre en plazas, calles, colegios e institutos es difícil desprenderse en el día a día de una figura tan relevante e influyente como la del novelista.

El nieto mayor compartió horas de tenis, caza, fútbol en televisión y Tour de Francia con Delibes. "A pesar de la importancia de su figura y su fama, para nosotros era el abuelo".

Como sus primos, coincide en destacar el gran homenaje de los ciudadanos. Se inició en la caza de la mano de su abuelo, un deporte que practica todas las semanas con su padre Germán, sus tíos y su hermanos Jorge.

También compartió infinidad de partidos de tenis. "El deporte nos unía muchísimo, siempre quería ir conmigo de pareja en tenis y a mí eso me llenaba de orgullo.

Convivencia y Recuerdos Íntimos

Tras fallecer su esposa, Delibes vivió con su hija Elisa, su marido y sus cuatro hijos. Pancho Corzo Delibes, el mayor de los cuatro, compartió el día a día con el escritor durante 30 años, primero en el Paseo de Zorrilla y después en la calle Dos de mayo. "Vivíamos en una especie de dúplex, él abajo y nosotros arriba", recuerda Pancho, que asegura que durante su periodo de estudiante de Derecho y después con las oposiciones para técnico superior de la Junta pasó largas temporadas en el piso de abajo buscando la tranquilidad.

Pancho con su abuelo, su madre Elisa y su tío Miguel en 1998. "He vivido treinta años con él, desde que nací hasta que me casé", apunta el joven de 34 años, que trabaja en la Consejería de Interior y Justicia. Asegura que esa unión familiar que propició su abuelo ha resultado clave para superar la pérdida.

"Hemos hecho lo mismo, nos hemos reunido todos en verano en Sedano y también nos hemos reunido por Navidad. Dejó un legado literario impresionante pero también un legado familiar muy bueno".

Está agradecido por la cascada de homenajes. "Con lo sencillo y humilde que era para esto, posiblemente no hubiera ido a ninguno".

Aunque comienza a salir de caza con sus tíos y primos, destaca que heredó de su abuelo sobre todo "la afición por el medio ambiente". "Yo no soy tan cazador porque la Delibes era mi madre, no mi padre. Pero estoy todo el día en el campo haciendo fotos y vídeos.

De los libros del novelista se queda con El camino porque le recuerda a la vida en Sedano y con los de caza, además de destacar la "emotiva" Señora de rojo. "Recuerdo de niño a mi madre llorando mientras leía el borrador del libro. Claro, era la historia de su madre.

Jorge Delibes, también de 34 años, hijo de Germán, habla con admiración y cariño de su abuelo. "No era un abuelo al uso, era un escritor famoso y una persona muy suya a la que no le gustaban los actos públicos. Pero con la familia la cercanía era absoluta".

Jorge es un gran cazador y son muchas las horas en el campo con su padre, su hermano y sus tíos Juan y Adolfo. Echa de menos relatar la jornada a su abuelo. Caza desde que tiene uso de razón.

Su cuarto nieto, visitador médico de profesión, también es un apasionado de la lectura y, como el resto, conoce al detalle toda la obra del abuelo. "En Reyes nos hacía muy buenos regalos y últimamente libros suyos dedicados, siempre relacionando a personajes del libro con nosotros. Los tengo como un tesoro".

A Jorge le emocionan especialmente las páginas de Señora de rojo sobre fondo gris. "Transmite un amor tan profundo Además veo a mi padre y a otros miembros de mi familia, por eso me llega más".

Aficiones Compartidas: Tenis, Caza y Sedano

El tenis, la bici, la caza… pero, sobre todo, los veranos con la familia en la casa burgalesa de Sedano. La otra cara del escritor: cercano, familiar, padre de sus hijos y abuelo de sus nietos, en la memoria de su nieto Germán.

Germán Delibes Caballero, junto a la estatua de su abuelo, en el Campo Grande. Ni serio, ni huraño. Los nietos de Miguel Delibes recuerdan a un abuelo «peculiar y diferente». Así lo escribe Germán Delibes Caballero que añade de ... viva voz «cariñoso, más permisivo con nosotros que con sus hijos, cercano», con el que compartió los veranos en Sedano y los fines de semana tras las perdices.

Lo que empezó siendo una remembranza para la familia se ha convertido en 'El abuelo Delibes' (Destino), un libro que llega a las librerías el miércoles y que invita al lector a ser un comensal más en esa mesa.

La grandeza de El abuelo Delibes de Germán Delibes es mostrarnos, como dice Antonio Martínez Asensio, al Delibes más íntimo y desconocido, algo que hace del libro "una narración fresca, divertida, profunda, emocionante y muy interesante".

Más allá de sus grandes títulos y su afición a la caza y la naturaleza, nos muestra al hombre que se hizo ciclista por amor, el que jugaba al tenis con sus hijos y sus nietos, el que disfruta del silencio y de la soledad en su refugio de Sedano (Burgos).

Sedano era para Miguel Delibes su lugar en el mundo, el espacio, cuenta Germán, que le permitía "escribir y disfrutar de sus nietos, aislarse". Su relación con la montaña burgalesa viene de su juventud, de cuando se enamora de la que luego sería la mujer de su vida, Ángeles de Castro.

Su familia veraneaba en Molledo (Cantabria) y su novia vivía en Sedano. Le separaban cien kilómetros que él recorría en bicicleta "porque no tenía dinero para nada más". Enganchaba la maleta al manillar y a pedalear, luego pasaba unos días con Ángeles y de vuelta a Molledo. La necesidad se convirtió en afición y a lo largo de su vida fue enganchando primero a sus hijos y finalmente a sus nietos al pedaleo.

Una de las habitaciones más utilizadas de la Casona de Sedano era la que ocupaban las bicis de toda la familia. El ciclismo en casa de los Delibes se practicaba y se veía por televisión. Todos se reunían para ver las hazañas de Perico Delgado y Miguel Induráin, que fue el gran ídolo del escritor castellano.

Germán Delibes cuenta que el abuelo decía que "siempre se consideró un cazador que escribe y no un escritor que caza". Tenía su particular visión de la caza, muy ecológica y conservacionista.

No era cazador de grandes monterías, lo suyo era más una excusa para salir al campo y soltar adrenalina, "si al final traías una perdiz, bien, y si volvías de vacío no pasaba nada".

Aunque no lo parecía, Miguel Delibes competía hasta jugando al parchís. No le gustaba perder. Recuerda su nieto Germán en El abuelo Delibes que en la pista de tenis que tenían en Sedano, el que organizaba las parejas era él. El objetivo: tener al mejor a su lado para nunca perder. Se sorteaban los emparejamientos "y si no le gustaba el que le había tocado se repetía el sorteo hasta que tenía a su lado al mejor doblista familiar".

Luego estaban sus parafernalias o rituales. En el momento del saque el siempre levantaba el brazo y decía 'play' y hasta que su contrincante no decía 'ready', no sacaba. Para Germán, habitual pareja de su abuelo, este tipo de situaciones, a veces, le avergonzaban. Un día vinieron sus abuelos canarios y jugaron un partido. Delibes dijo 'play' y al otro lado nadie respondía. Pasaron casi dos minutos sin que sacara hasta que Germán les advirtió bajito "decir 'ready' o no sacará".

Los rituales también eran habituales en sus baños en la piscina. Antes de zambullirse "se taponaba oídos y nariz y se cubría los ojos". Luego salía, se cambiaba el bañador mojado, se secaba, se ponía uno seco y se retiraba. Marcaba todos los tiempos y las temperaturas. Cada habitación de Sedano tenía un termómetro. Otra de sus obsesiones era saber que temperatura había en cada estancia para tomar decisiones. Todo bajo control.

En los veranos de Sedano utilizaba a los nietos como su particular garita de control. Si había visitas inesperadas de seguidores y buscadores de autógrafos, siempre había algún miembro de la tercera generación de Delibes dispuesto a ejercer de guardián y decir al intruso que "el abuelo no está, ha tenido que viajar a Valladolid".

Relación con sus lectores Miguel Delibes no era muy hábil socialmente, pero, ojo, cuidaba mucho a los lectores. Dedicaba horas a contestar sus cartas y dedicar sus libros. Muchos seguidores le dejaban libros en su casa de Valladolid en un buzón y él los devolvía dedicados. En esa tarea le ayudaba su nieta Ángeles.

El abuelo Delibes era divertido para sus nietos, aunque la fachada fuese de un hombre serio y seco. De ahí que Germán Delibes no duda cuando dice que "podríamos haber disfrutado de un abuelo distinto de haber tenido abuela". La muerte de Ángeles de Castro en 1974 le dejó con siete hijos e hijas, muchos de ellos menores de edad, y con una pena que no le permitió escribir una palabra en tres años.

Quizás por eso El abuelo Delibes de German Delibes arranca así: "Que Miguel Delibes fue un abuelo atípico no se le escapa a nadie. Si escuchamos a mi tía Elisa, presidenta de la Fundación Miguel Delibes hasta noviembre de 2023, hablar del talante familiar de su padre, nos sorprenderá que, según se desprende de sus palabras, no fuese una persona especialmente cariñosa con sus hijos".

Carácter y Legado Emocional

Es posible que la ausencia de Ángeles de Castro le llevase a una vida más recta con sus hijos, que le cambiase el carácter para siempre y que no olvidara nunca. Quizás, por esa razón, en casa no se hablaba mucho del tema y todos los hijos temieron lo peor cuando Pepi Caballero, su nuera y secretaria, les anunció un día que Don Miguel estaba escribiendo una novela sobre ella, Mujer de rojo sobre fondo gris. Es la novela que le hace superar el duelo y se ha convertido en la preferida de los 18 nietos, "gracias a esta obra hemos podido conocer a nuestra abuela que nadie recuerda en vida" apunta Germán Delibes.

En su final se unió la alegría del Premio Cervantes y el dolor de la enfermedad. El cáncer cambió radicalmente la vida de Miguel Delibes. Ya nunca fue el mismo y tras publicar El hereje no volvió a escribir.

La biblioteca | 'El abuelo Delibes' por su nieto Germán Delibes

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