Miedo Constante a Que Le Pase Algo a Mi Hijo: Causas y Tratamiento

La infancia es una etapa de descubrimiento y aprendizaje, pero también de miedos. Uno de los temores más comunes en los padres es el miedo constante a que algo malo le suceda a sus hijos. Este miedo, aunque natural, puede convertirse en una fuente de ansiedad significativa si no se maneja adecuadamente.

Causas del Miedo Constante

El miedo al fracaso en los niños no aparece de la nada. A menudo, los padres, sin darse cuenta, proyectan en sus hijos la presión por tener éxito. Piensa en un niño que desde pequeño ha sido llamado “el mejor de la clase”. Aunque al principio esto puede motivarlo, con el tiempo se convierte en un peso: siente que debe mantener ese estándar y, si cree que no lo logrará, puede preferir no intentarlo en absoluto. A esto se suma la escuela, donde a menudo la excelencia académica parece más importante que el proceso de aprendizaje.

El estilo de crianza también condiciona de manera clara la respuesta emocional del niño. La sobreprotección, que parte de los propios miedos de los padres, le hace crecer con la percepción de que es alguien indefenso, en peligro y sin recursos personales para defenderse. Un caldo de cultivo adecuado para potenciar la inseguridad, base de los problemas de ansiedad. Los padres con actitudes críticas o autoritarias o la falta de límites tampoco ayudan a que su hijo interiorice un concepto claro de sí mismo como alguien capaz de superar las dificultades.

La ansiedad puede manifestarse de muchas maneras, y los pensamientos obsesivos son uno de los síntomas más comunes. El miedo y el pensamiento obsesivo pueden ser síntoma o estar relacionado con algunos trastornos como el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno depresivo, el trastorno de ansiedad, un momento de crisis vital, etc. Algunas personas tienen tendencia al pensamiento obsesivo, pero de forma leve y sin que les cause sufrimiento.

Factores que Contribuyen al Miedo

  • Experiencias previas: Haber vivido situaciones traumáticas o de peligro puede aumentar la sensación de vulnerabilidad.
  • Información mediática: La exposición constante a noticias sobre accidentes, enfermedades o violencia puede generar una percepción distorsionada del riesgo.
  • Rasgos de personalidad: La tendencia a la ansiedad, el perfeccionismo o el control pueden intensificar el miedo.
  • Presión social: La comparación con otros padres y las expectativas sociales sobre la protección de los hijos pueden aumentar la ansiedad.

El Impacto del Miedo en los Niños

La ansiedad infantil derivada del perfeccionismo puede afectar su bienestar emocional y su desarrollo. Si la presión es constante, pueden llegar a desarrollar una baja autoestima, pues vinculan su valía con el éxito.

Ese niño que sufre dolor de tripa con frecuencia, que se muestra excesivamente inquieto o triste, que siente un miedo intenso a algo o ese adolescente que se aísla, se enfada o se preocupa más de lo normal porque a usted le pueda pasar algo puede estar sufriendo un auténtico tormento interno que hay que tratar a tiempo para que no termine afectando a su desarrollo.

Los niños más pequeños no saben expresar con claridad lo que les ocurre y es su cuerpo el que lo muestra. Frecuentemente los menores que padecen ansiedad llegan a la consulta médica quejándose de dolor de cabeza o de estómago. Otro rasgo característico es que se muestran muy inquietos, lo que en ocasiones lleva a creer que tienen hiperactividad. "El sufrimiento se percibe", subraya esta psiquiatra y muestra mil caras diferentes: "no se concentra en clase, deja de comer, se aísla, no se relaciona, no quiere ir al colegio, deja de jugar, está preocupado o triste, tiene rabietas frecuentes"...

Síntomas de Ansiedad en Niños y Adolescentes

Los trastornos de ansiedad son los problemas psiquiátricos más frecuentes en menores, con una prevalencia estimada que oscila entre el 9-21%. No responden a una única causa y pueden combinarse factores biológicos, psicológicos o socioculturales. La genética ocupa un lugar destacado en el origen de algunos como el trastorno de pánico mientras que otros, como la ansiedad generalizada o la de separación, están más condicionados por factores ambientales. Durante la adolescencia es cuando surgen con más frecuencia los trastornos obsesivos.

En niños pequeños:

  • Quejas físicas frecuentes y variadas para las que no se encuentra enfermedad causal.
  • Cambios importantes en el rendimiento académico o malas calificaciones, a pesar de que el niño hace un esfuerzo notable.
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su negativa para asistir a la escuela, al acostarse a dormir o al participar en aquellas actividades normales para un niño de su edad.
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante más allá del juego regular.
  • Pesadillas persistentes.
  • Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta provocativa hacia las figuras de autoridad.
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

En preadolescentes y adolescentes:

  • Quejas físicas frecuentes y variadas para las que no se encuentra enfermedad causal.
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, manifestada abiertamente por el chico.
  • Rendimientos inadecuados a pesar de que el chico hace esfuerzos, quejas de dificultades de concentración y atención.
  • Dificultad para enfrentarse a actividades propias de su edad y evitación de las mismas (actividades extraescolares).
  • Aislamiento social y búsqueda de actividades lúdicas solitarias.
  • Uso/abuso de drogas.
  • Pesadillas persistentes.
  • Ataques de rabia, actitudes de mal humor e irritabilidad crónicas.

Estrategias para Manejar el Miedo Constante

Los padres tienen un rol clave en ayudar a sus hijos a manejar la ansiedad y perfeccionismo. Escuchar a los niños sin minimizar sus miedos ayuda enormemente.

Enseñarles que equivocarse es parte del crecimiento es una de las mejores formas de apoyarlos. Recibir amor incondicional les ayuda a entender que su valor no depende de sus éxitos o fracasos.

La conducta de los padres es clave para prevenirlo y mitigarlo. En primer lugar, por ser el espejo en el que se reflejan sus hijos. El niño aprende a manejar sus emociones en función de cómo reaccionan los adultos ante las situaciones de estrés (por ejemplo, si se asusta mucho cuando se cae). "Un padre y una madre que saben regularse, que no responden de forma reactiva sino reflexiva, contienen sus emociones y saben matizar su respuesta es una salvaguarda de salud mental", explica la psiquiatra Ana María Ruiz Sancho.

Para evitar la ansiedad en los menores también es necesario que los padres hagan lo posible por desterrarla lo máximo posible del ambiente familiar. No es tarea fácil pero sí indispensable. "Estamos tensos. Vivimos en una sociedad cada vez más compleja, que nos exige más a nivel social y personal", advierte esta experta y esa forma de vida cae como una losa sobre los niños. "Cuánto más ordenadas y saludables sean nuestras vidas, más reflexivos seamos, busquemos descanso, momentos para la contemplación y de escucha en la casa mejor será el entorno y podrán prevenirse los problemas de ansiedad", recomienda.

Es crucial sentarse a hablar con los menores y darles la oportunidad de expresarlo y de sentirse comprendidos. "No decirles eso no es así sino siento que te sientas así, tienes que estar muy preocupado cuando piensas ese tipo de cosas" y tratar de darles "criterio de realidad" para aliviar su angustia. E indagar por qué se siente así. "La escucha activa ayuda a poder identificar algo como patológico". No minimice ni culpe al niño del problema, tampoco le obligue a enfrentarse a la situación que le desestabiliza cuando él no tiene recursos personales para manejarla. Y no descarte que la amenaza sea real si comprobarlo antes.

Cuando se trata a menores con problemas de ansiedad se procura recurrir a la medicación solo en los casos más graves. La intervención terapéutica va dirigida al trabajo con el niño ayudándole a detectar y manejar sus pensamientos y emociones y entrenarlo en estrategias de afrontamiento pero también con las personas que están a su cuidado para que sepan comunicarse con él, dándole empatía, seguridad y fórmulas constructivas y realistas de enfrentarse al problema.

Consejos Prácticos para Padres

  1. Fomenta la autonomía: Darles autonomía en pequeñas decisiones refuerza su seguridad.
  2. Escucha activa: Escuchar a los niños sin minimizar sus miedos ayuda enormemente.
  3. Establece límites: La ansiedad se alimenta del descontrol.
  4. Promueve un ambiente relajado: Tirar del deporte, el mindfulness, la meditación o de cualquier otro recurso que ayude a parar, a preguntarnos cómo estamos, a manejar mejor las emociones y aferrarnos al presente sin estar tan "proyectados en el futuro".
  5. Limita el uso de tecnología: Esta experta, sin "demonizar las nuevas tecnologías", apela a controlar su uso para que no sea excesivo y se adecúe al momento evolutivo del niño.

Tipos de Trastornos de Ansiedad en la Infancia y Adolescencia

A. M. Ruiz Sancho, B. Lago Pita B.

Trastorno de ansiedad de separación: Consiste en una ansiedad excesiva cuando el niño tiene que separarse de sus padres o de las figuras vinculares principales. La ansiedad de separación es un fenómeno normal a partir de los 4-5 meses. En condiciones normales va disminuyendo entre los 3-5 años.

Trastorno por hipersensibilidad social: El síntoma predominante es la tendencia del niño a evitar el contacto con personas desconocidas, lo que interfiere en su vida social. La anomalía debe presentarse al menos durante 6 meses para realizar el diagnóstico. Suele comenzar a partir de los dos años y medio, cuando desaparece la ansiedad ante el extraño.

Trastorno de ansiedad fóbica: Hablamos de fobias cuando los miedos irracionales ante determinadas situaciones y objetos (animales, alturas, rayos, oscuridad, volar, dentista, espacios cerrados...) se acompañan de una evitación y además interfiere con el normal funcionamiento diario. Para el tratamiento suelen emplearse métodos conductuales como la desensibilización en la que se anima al niño a elaborar una lista jerárquicamente organizada de situaciones temidas y se procede a la exposición progresiva, primero con las que le produzcan menos ansiedad para ir subiendo hacia las que producen más.

Fobia escolar: Consiste en un temor irracional a la escuela que produce un absentismo a clase total o parcial. Afecta sobre todo a niños entre 11 y 14 años, pero puede observarse entre 5-15 años de edad. Es frecuente que aparezcan picos en momentos de transición escolar primaria-secundaria.

Trastorno de rivalidad entre hermanos: Se diagnostica cuando existe un grado importante de perturbación emocional que aparece cuando nace un hermanito. Generalmente consiste en la aparición, en los seis meses después del nacimiento del bebé, de sentimientos negativos anormalmente intensos hacia éste expresados en forma de rabietas, agresiones, comportamientos negativistas o de llamada de atención a uno o a los dos padres.

Fobia social: Se presenta cuando el adolescente tiene una ansiedad excesiva relativa a la posibilidad de que pudiera hacer algo o actuar de una forma que pudiera resultar humillante o vergonzante. Incluye el temor a hablar, comer o escribir en público, ir a fiestas públicas o hablar a figuras de autoridad. Cuando ha de confrontar esas situaciones, el adolescente experimentará síntomas intensos de ansiedad.

Trastorno de ansiedad generalizada: Se caracteriza por una ansiedad y preocupación excesivas y descontroladas que se presentan la mayor parte de los días y durante al menos varias semanas seguidas. Es frecuente la necesidad constante de seguridad y las quejas somáticas vagas e inespecíficas. Son niños que sufren constantemente de temores poco realistas referidos a su competencia, desempeños pasados o por el futuro. También se preocupan mucho por la puntualidad; posibles eventos futuros o las situaciones novedosas.

Trastorno de pánico: Es un trastorno psiquiátrico común cuya principal manifestación consiste en crisis de angustia recurrentes e inesperadas. Por crisis de angustia entendemos aquellos episodios de miedo intenso o malestar que tienen un inicio brusco, alcanzan un pico de intensidad en 10 minutos, y se acompañan de al menos 4 de 13 síntomas somáticos o cognitivos entre los que se encuentran palpitaciones, temblor, temor a morir o perder el control.

Trastorno de estrés post-traumático: Cuando un niño se expone o es víctima de una situación catastrófica en la que corre peligro su vida como un accidente de tráfico o doméstico (incendio…), un desastre natural (terremoto, inundación, huracán), una muerte violenta en la familia, un atentado terrorista, una guerra, o a una situación crónica como un maltrato físico, violencia doméstica, abusos sexuales, o abuso psicológico, puede responder con síntomas depresivos y con síntomas de ansiedad característicos.

Si los síntomas persisten o interfieren significativamente con la vida diaria del niño, es fundamental buscar ayuda profesional. Un psicólogo o psiquiatra infantil puede evaluar la situación y recomendar el tratamiento adecuado.

Los padres no pueden diagnosticar pero sí percibir cuando su hijo sufre. Y en caso de duda o sospecha consultar siempre con el pediatra. Ana María Ruiz Sancho subraya que un factor claro para evitar preocupaciones y "patologizar" conductas que son normales es conocer los "temores propios de la infancia". Informarse de cuáles son los miedos que pueden surgir en esa etapa del desarrollo y cualquier "desviación de lo que cabe esperar en un niño sano" abordarlo con un especialista.

¿Cómo apoyar a tu hijo cuando tiene ansiedad?

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