¿Mi Pareja No Se Controla Cuando Bebe? Ayuda y Estrategias

El alcoholismo es una adicción que desestabiliza las relaciones y genera una gran carga emocional. Si tu pareja tiene problemas con el alcohol, es crucial entender cómo abordar la situación y ofrecer el apoyo adecuado. A continuación, exploraremos estrategias y consejos para ayudar a tu pareja y fortalecer tu relación.

Entendiendo el problema del alcoholismo

Como todas las adicciones, el alcoholismo crea un problema familiar muy importante porque desestabiliza todo el sistema de relaciones y produce mucha carga emocional. Al principio, la familia normaliza el hábito de la bebida de su familiar, se va “acostumbrando”, buscando mecanismos de engaño y autoengaño, así justifican su conducta. Hay mucha carga emocional y relaciones de dependencia, lo que se llama codependencia de esa persona y sus problemas. Se dan también muchas relaciones familiares de amor-odio.

Es un punto un poco difícil de entender para la gente que es ajena al campo de las adicciones. Cuando preguntas a la gente para hacer la historia clínica, dicen que hay un momento a partir del cual fueron conscientes de que la forma de beber ya no era igual y se había convertido en un problema. Sabemos que se tarda una media de 10 a 12 años en pedir ayuda, son muchos años mal vividos e incluso a veces medio perdidos. Por otra parte, hay que tener muy claro que hay distintos tipos de personas con problemas de alcohol.

Criterios de diagnóstico del alcoholismo

El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) establece varios criterios diagnósticos para los trastornos por uso de sustancias. Estos criterios están diseñados para identificar un patrón problemático que conlleva un deterioro o malestar significativo. Las principales características son:

  • Consumo de alcohol en cantidades mayores o durante un período de tiempo más prolongado del que inicialmente pretendía.
  • Necesidad de consumir cantidades significativamente mayores de alcohol para lograr la intoxicación o el efecto deseado, o una notable disminución del efecto con el uso continuo de la misma cantidad de sustancia.
  • Deseo intenso de consumo para aliviar la abstinencia.
  • La persona tiene un deseo persistente de reducir o controlar el uso de la sustancia, pero los intentos para hacerlo son infructuosos.
  • El uso de la sustancia provoca fallos recurrentes en cumplir con responsabilidades importantes en el trabajo, la escuela o el hogar.
  • El consumo continuo de la sustancia causa o agrava los problemas sociales o interpersonales.
  • Se reduce o abandona el ámbito de intereses debido al uso de la sustancia.
  • Se usa la sustancia en situaciones en las que es físicamente peligroso hacerlo como la conducción, uso de maquinarias, etc.

Para diagnosticar un trastorno por uso de sustancias, deben cumplirse al menos dos de estos criterios durante un período de 12 meses.

¿Qué puede hacer la familia cuando la persona no reconoce que tiene una enfermedad?

Hay distintas estrategias. Se da con frecuencia el caso de familias que acuden para pedir información y ver en su caso qué pueden hacer. Siempre recomiendo que, cuanta más unión, mejor. Es decir, que cuantos más miembros de la familia sepan cuál es la situación y las circunstancias (todo eso que la familia vive en privado y la familia extensa desconoce) salga a la luz, más se beneficia la familia y a la persona enferma. Porque mientras los demás ignoran el problema, la persona adicta va a poder seguir haciendo de las suyas; porque va a haber menos gente que esté pendiente, que hable con ella, que le presione, que le ponga un poco entre la espada y la pared. Es decir, cuanto menos se hable y se toque el tema, menos reacción vamos a obtener por parte de esa persona. En ocasiones, las personas adictas vienen “cogidos de la oreja”, obligadas. Es otra táctica a tener en cuenta, también. Y no por eso hay peor pronóstico.

Hay unos criterios clínicos, que los marca el manual de diagnóstico de la APA (Asociación Americana de Psiquiatría), conocido como DSM. Asimismo, cuando el beber le causa problemas sociales (aislamiento, conflictos con la ley, multas de tráfico) o problemas de salud (por ejemplo, tener medidores hepáticos alterados). Por otra parte, hay personas que utilizan el alcohol para divertirse cuando salen porque tienen cierta timidez, introversión y, de esa manera, se atreven a hacer cosas que no se atreverían de otra manera. Es decir: cuando una persona empieza a utilizar el alcohol porque no es capaz de superar ciertos aspectos de su vida que fallan o no van bien.

Comportamientos recurrentes en la relación con una persona alcohólica

Si bien es atrevido generalizar, sí podemos afirmar que hay ciertos comportamientos recurrentes en la relación de una persona alcohólica con su pareja:

  • Violencia de género e intrafamiliar: El consumo de alcohol está directamente vinculado con un aumento del riesgo de agresividad y violencia física, psíquica y/o verbal en la relación de pareja.
  • Deterioro de la comunicación en pareja: La relación de pareja se complica con la aparición de los celos y comportamientos adúlteros, acentuando las dificultades de comunicación y generando malentendidos y discusiones.
  • Aislamiento: La persona alcohólica suele consumir a escondidas y en solitario para evitar la presión de su pareja y el estigma social, de modo que permanece cada vez más tiempo aislada.
  • Inseguridad económica: El gasto en alcohol puede generar problemas económicos en la familia.

Mi pareja es alcohólico, ¿Cómo puedo ayudarlo a dejar de beber?

Cómo ayudar a tu pareja alcohólica

Ayudar a una persona alcohólica siendo su pareja es un proceso delicado y desafiante que requiere paciencia, comprensión y apoyo constante. Aquí tienes algunos consejos sobre cómo puedes hacerlo:

  1. Formación: Aprende sobre el alcoholismo, sus causas, efectos y el proceso de recuperación. Esto te ayudará a comprender mejor lo que está pasando tu pareja y practica la empatía.
  2. Comunicación: Expresa tus preocupaciones de manera clara y sin juzgar. Usa "yo" en lugar de "tú" para evitar que tu pareja se sienta atacada. También escucha activamente a tu pareja.
  3. Límites: Establece límites claros sobre lo que es aceptable y lo que no. Esto puede incluir reglas sobre el consumo de alcohol en el hogar o durante eventos familiares. Asegúrate de ser consistente con los límites que estableces.
  4. Evita también comportamientos que perpetúen la adicción: Como excusar su comportamiento o cubrir sus responsabilidades. Mejor, anima a tu pareja a hacerse responsable de sus acciones y sus consecuencias.
  5. Ayuda profesional: Anima a tu pareja a buscar ayuda profesional. Esto puede incluir terapia, grupos de apoyo o tratamiento en un centro de desintoxicación. Acompaña a tu pareja a las citas si se siente cómodo con eso y muestra tu apoyo para su recuperación.
  6. Autocuidado: Es fundamental que también cuides de tu bienestar emocional y físico. Considera asistir a grupos de apoyo para familiares de alcohólicos y busca ayuda profesional para ti si sientes que lo necesitas.
  7. Planificación de emergencias: Ten un plan en caso de emergencia, como una crisis de salud o una situación en la que tu pareja se vuelva agresiva. Esto puede incluir tener números de contacto de emergencia y de centros de desintoxicación que te permitan un ingreso inmediato.

Tratamientos y enfoques terapéuticos

El tratamiento del alcoholismo debe ser integral, no solo dejar de beber. Se deben tocar distintos aspectos que hay que recuperar, los cuales van desde el aspecto neurobiológico (el sistema de recompensa cerebral que es la base de la adicción) a otros más exteriores: tipo sociales y de ocio.

La corriente psicológica que más se emplea en España para tratar las adicciones es la conductista-conductual. Ésta trabaja mucho el ámbito cognitivo, de cambio de pensamiento, de cambio de la forma de pensar. Se puede combinar el tratamiento cognitivo conductual con el psicodrama, que trabaja la parte emocional que produce la entrada de la persona en este problema que termina siendo una enfermedad.

Tipos de tratamiento

  • Tratamiento ambulatorio: Consiste en que la persona acuda 1 ó 2 veces a la semana a consulta con un/a psicólogo/a. A la vez pueda tener terapia familiar y, paralelamente, que sus familiares cercanos tengan un soporte psicológico para ir aprendiendo acerca de lo que es el alcoholismo. Durante el tratamiento, la persona que sufre alcoholismo tiene una serie de normas y límites a cumplir. En el caso de que no pueda mantener la abstinencia y cumplir las normas, contemplamos la opción de tomar algún interruptor alcohólico. En este caso, siempre supervisado por su médico/a privado o de atención primaria, que le prescribirá Antabus o el Colme.
  • Tratamiento con ingreso: Se considera cuando la persona no es capaz de mantener la abstinencia o no tiene un soporte familiar adecuado.

El papel del Antabus

El Antabus es un fármaco que funciona como un interruptor alcohólico. Es un apoyo, como cuando un niño empieza a nadar y le pones una burbuja para que flote hasta que aprenda a estirarse, a darle a los pies y a los brazos. O personas que tienen mucho miedo a volver a beber una vez que lo han dejado y con el fármaco se sienten más seguras. Siempre tiene que ser prescrito con mucho cuidado porque no sabemos el efecto que le puede producir a la persona. Por otra parte, es importante que se lo administre una persona de la familia. Porque a veces lo que hacen es “no lo tomo” para dejar una puerta abierta a beber, ya que el efecto no dura una semana.

Realmente, para quitar las ganas de beber o frenar el craving hay otro tipo de fármacos como el Acamprosato, que es diferente. Y hay otras sustancias más modernas también.

La importancia de no desistir

Como profesional, diría a las familias que no desistan. Si han ido una vez con la persona a tratamiento y ésta abandonó, deben insistir, ir varias veces a tratamiento. No hay que desistir. No siempre a la primera se consigue que la persona se trate. Hay veces que sí y otras que no.

Estadísticas sobre el consumo de alcohol

El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por la población general (93,0%), seguida del tabaco (73,4%) y el cannabis (37,5%), según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) del Ministerio de Sanidad. El consumo de alcohol es notablemente más alto que el de otras drogas, tanto legales como ilegales.

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