Al entrar en la etapa adolescente, los hijos experimentan muchos cambios, lo que se traduce en nuevas dinámicas familiares. Uno de los principales cambios que se realizan durante esta etapa es la aparición de las primeras relaciones afectivo-sexuales. Dentro de todas las posibilidades que surjan al adentrarse en esta nueva etapa, una de las situaciones más comunes es que nuestros hijos tengan pareja.
Para afrontar esta situación tan chocante debemos estar preparados. Una buena opción para llevar esto es mantener la confianza con nuestros hijos. También, cabe la posibilidad de que pregunte si puede dormir en casa. A raíz de esto pueden surgir muchas dudas. Estas son las soluciones para mantener la confianza y favorecer un desarrollo sexual positivo de los hijos:
Confianza y comunicación: la base de la relación paterno-filial
Durante la adolescencia los hijos se distancian, prefieren quedar con sus amigos y ven la figura paterna como algo contradictorio. Esta situación es normal, necesitan experimentar nuevas sensaciones por su cuenta propia. Pese a esto, aún es pronto para que puedan crecer como adultos, por eso es esencial que estemos ahí para protegerlos.
La confianza y la comunicación es la base de toda relación paterno filial. Teniendo esto se fomentará la confianza para hablar de temas complicados como pueden ser el amor y la sexualidad. Aunque se tenga mucha confianza con nuestro hijo, este tema es un mundo aparte y se tiene que construir desde cero.
Educación afectivo-sexual: una responsabilidad parental
Nuestra generación no recibió este tipo de educación. Pero eso no significa que no podamos transmitir estos valores a los hijos. Esto conlleva la responsabilidad de educar afectivo-sexualmente de manera correcta. No significa dejar experimentar libremente a los chicos y chicas, hay que prestar atención para que puedan tener un desarrollo de esta cualidad de manera satisfactoria.
Al conseguir esto, nuestros hijos tendrán más confianza a la hora de comentar su situación amorosa. Y podrán transmitir su petición de dormir con su pareja en casa. Por eso, transmitir unos buenos valores sexo-afectivos puede suponer la diferencia de confianza para hablar sobre estos temas tabú. Dar una educación de estas características a nuestros hijos no solo genera una mayor confianza entre padres e hijos. También otorgará más información a nuestros hijos para que puedan tomar mejores decisiones en torno a su sexualidad.
¿Debo dejar que la pareja duerma en casa? Factores a considerar
Surge la pregunta de si dejarles dormir juntos en casa o no. Esta respuesta no es única y aplicable para todos los casos. Siempre dependerá de la relación que exista entre hijos y padres y si estos están preparados.
- Conoce a la pareja: Un factor muy importante es hablar con los hijos para preguntarles si están en una relación y de qué tipo.
- La edad y madurez de la pareja: Estas dos características marcan mucho como pueden ser las relaciones afectivo-sexuales, por eso hay que tenerlas en cuenta a la hora de tomar la decisión.
Cómo hablar con tu adolescente sobre el sexo
La llegada de una nueva persona al círculo más cercano y familiar puede causar, en ocasiones, bastantes problemas de convivencia que influyen, tanto en la relación de los miembros del hogar como en la que mantiene esa persona que entra con ellos. Si además, esta persona se encuentra dentro del plano amoroso de uno de los progenitores, la situación puede agravarse.
La pareja puede no encajar con tu familia o al revés, generando una serie de situaciones un tanto incómodas ante las que hay que saber reaccionar. “La integración de una pareja a la familia supone siempre una adaptación en la que ambas partes se dan tiempo para conocerse y reconfigurar los roles que existían previamente”, nos explica Isabel Aranda, psicóloga sanitaria y Chief Content Officer deTherapyChat. Muchas veces, esta adaptación transcurre sin problemas y la relación se basa en el cariño y respeto mutuo, pero otras veces no es así. De hecho, un estudio psicológico realizado en Finlandia asegura que “en esta etapa, es común que surjan desavenencias y conflictos”. Unos problemas que, por lo general, no están causados por un único factor. Además, “no se puede juzgar una reacción como normal o anormal solo por el tipo de reacción que sea”, sino que es conveniente ver cuál es el detonante y qué lo ha producido para poder emitir una valoración.
Los celos: un detonante común
Los problemas entre la pareja nueva y la familia suelen derivarse, nos explica la experta, “por la confluencia de situaciones que propician una relación tensa en casa”. Una de las causas más comunes son las diferencias ideológicas y culturales que, a menudo, definen distintas formas de ver y comprender la vida, impidiendo una convivencia armónica. Sin embargo, nos apunta, “son los celos los grandes detonadores de esta guerra, abierta o encubierta, que puede darse en casa”. Ambas situaciones, nos explica, “no solo afectarán a la configuración de la relación entre ellos, sino que la propia madre o padre que ha querido incluir a su pareja en su hogar tendrá un importante desgaste psicológico que, en el peor de los casos, puede acabar desgastando el vínculo que se tenía, o bien con la familia, o bien con la pareja”. Por último, la reacción del menor va mediada siempre por otro de los factores clave: la personalidad.
Cuando hay niños o adolescentes de por medio
La aparición de una nueva pareja supone un cambio en la estructura familiar que genera nuevas situaciones a las que los niños se ven obligados a adaptarse y no suele ser fácil para ellos. Y uno de los factores críticos es la edad que tengan los niños. “Los distintos psicólogos que han examinado las reacciones de los niños y sus características en función de la edad coinciden en que las necesidades van variando a lo largo del tiempo al atravesar distintas etapas madurativas”, nos explica la psicóloga.
Así, “es en las primeras etapas del desarrollo donde los niños aprenden a establecer vínculos con las otras personas y donde la familia tiene un papel fundamental en brindar las condiciones necesarias para que estos se generen de manera segunda, en ese momento y a futuro”, nos explica la psicóloga. Por ello, es importante brindarles no solo alimento y cuidados físicos, sino también afecto y seguridad. Si en estos primeros momentos aparece la nueva pareja, “será más fácil que el vínculo se pueda producir con él o ella, siempre y cuando sea percibida como una figura de apego que les transmita seguridad”. Ahora bien, puede vivirlo también como un abandono o rechazo debido al nuevo protagonismo de la pareja.
En este último caso, “lo más frecuente es que los niños manifiesten comportamientos desadaptativos para expresar su confusión o pérdida de seguridad, con enfados, alteraciones en la conducta alimentaria, problemas en el sueño o falta de concentración”.
Si es en la etapa de la adolescencia cuando aparece una nueva pareja, “el adolescente podría interpretarlo como una amenaza al pensar que ha perdido la exclusividad del cariño del progenitor, que podrían pasar menos tiempo juntos o sentirse desplazado o desorientado, ya que puede ver a ese nuevo integrante como un sustituto del padre o madre o, directamente, no entiende cuál es el papel que tiene con respecto a él”. Es un momento conflictivo y es normal, ya que ellos también están pasando por una serie de cambios madurativos y hormonales mientras construyen su identidad. Como ya saben expresarse verbalmente, los conflictos aparecerán en forma de discusiones.
La separación previa de los padres, ¿ha sido amistosa?
Además de la edad, otro de los factores que determinará cómo será la relación que se establezca con la nueva pareja es si la separación de los progenitores ha sido amistosa o no. Y es que, en una situación ideal el niño debe sentirse apoyado por ambos progenitores y tener la confianza de que van a cuidar de él. “Cuando las rupturas son conflictivas, este conflicto se traslada al niño, que sufre un dilema personal de tener que elegir a uno u otro y en la elección pierde a uno de sus progenitores”, nos explica. Por tanto, todo depende del tipo de apego que se ha establecido anteriormente, que adquiere una gran importancia aquí.
El apego se establece en los primeros meses de vida y permite establecer unos vínculos fuertes y una relación segura con los cuidadores principales. Esto le permitirá al niño sentirse seguro y protegido. Si el niño ve que sus necesidades están cubiertas, sentirá esa protección tan sumamente necesaria. No obstante, en ocasiones, “hay circunstancias que hacen que el niño tenga una inconsistencia con respecto a los cuidados recibidos, por ejemplo, cuando la separación de sus progenitores no ha sido amistosa”, nos explica la experta. En este caso, “los niños tienden a sufrir incertidumbre porque no saben a qué atenerse”. Esto puede causar un patrón de apego inseguro y generar miedo y angustia ante las separaciones, puesto que no saben cómo reaccionar. En este sentido, “si un niño tiene la sensación de haber sido abandonado por uno de sus padres, no querrá establecer una relación con la nueva pareja por el miedo a un nuevo abandono”.
Consejos para lidiar en medio del posible conflicto
Para poder hacer frente a la situación, en primer lugar, hay que comprender bien las causas que provocan esta situación y, una vez hecho, “tomar medidas antes de que sea demasiado tarde”, nos aconseja la experta. Entre ellas, nos propone:
- Escucha las razones de todo el mundo: Negarte a entender las razones que llevan a tu pareja o a tu familia a mantener una relación difícil, “nos impedirá llegar a la raíz de la situación y, además, acentuará los problemas”. En cambio, nos dice, “si conseguimos mostrar una actitud más abierta y conciliadora y escuchamos las razones de ambas partes, podremos comprender mejor lo que está sucediendo para ponerle solución cuanto antes”. Este consejos sería el primero a poner en práctica.
- Acepta todas las perspectivas: “Se trata de comprender que todos tienen sus razones y son tan válidas una como otra, son formas diferentes de ver la realidad”, nos comenta. Así, es importante que se involucre a todas las partes, porque “no se conseguirá nada si la pareja y la familia toman consciencia y ponen de su parte para acortar las distancias e intentar mejorar la relación”.
- Explica que el amor no es excluyente: A veces, el motivo que se encuentra si sabemos escuchar a familia y pareja “es el miedo que tienen unos u otros a perder tu cariño”. Por ello, nos dice, “una buena manera para devolverles la confianza es explicarles que el amor que sientes por una u otra parte no es excluyente, sino que, por el contrario, ambos enriquecen tanto tu vida como la de quienes te rodean”.
- Sinceridad y comprensión: Otra de las alternativas que tienes, nos cuenta la experta, es la de apelar a la sinceridad y la comprensión, haciéndoles ver, tanto a tu pareja como a tu familia que, a pesar de los problemas, sabes que todos quieren lo mejor para tí. Ahora bien, “es importante también hacerle saber cómo te sientes respecto a esta situación y pídeles que te ayuden a solucionar el problema que se está generando”.
Ahora bien, ten en cuenta que en toda familia existen temas espinosos en los que nadie se pone de acuerdo, pues los puntos de vista, por ejemplo, son contrarios. En estos casos, sacarlos a colación cada día “no hará más que generar discusiones y acentuar la brecha existente”, nos dice. Por ello, lo mejor es evitar estos temas controvertidos. Ante todo, mucho respeto. Tanto si la situación se puede solucionar como si el tema es irreconciliable.
No me gusta la pareja de mi hijo (o de mi hija): ¿Cómo actuar?
No serás la primera madre o padre que piensa esto, y que, además, no sabe cómo actuar. Porque una de las preocupaciones que aparecen cuando los que fueron nuestros pequeños llegan a la etapa de la adolescencia y la juventud es dar con el modo apropiado de gestionar la aparición de una posible pareja.
Así lo asegura Olga Fernández-Velilla Lapuerta, psicóloga y especialista en terapia de familia, que nos ofrece a continuación las pautas básicas para afrontar este asunto de la mejor manera posible. Como padres todos queremos lo mejor para nuestros hijos y solemos tener una idea relativamente clara de lo que ese deseo implica. Ellos, en ocasiones, establecen relaciones con personas que nos agradan o que se acercan bastante a dicha idea, pero ¿y si no es así?, ¿qué puedes hacer si no te gusta la pareja de tu hijo o tu hija? Cuando esa persona nos genera desconfianza o rechazo, ¿cómo debemos proceder?
En primer lugar, conviene diferenciar entre las dos circunstancias más comunes: que no nos guste por falta de afinidad, diferencias en la educación u otros motivos del estilo, o bien porque consideremos que tiene conductas inadecuadas o perjudiciales para nuestro hijo o hija.
Pautas para gestionar el asunto de la mejor manera posible
- Ante todo, comunicación y respeto: Resulta esencial preguntar. Empieza por expresar una curiosidad genuina sobre cómo se siente y muestra disposición a escuchar lo que te quiera contar sin juzgarle ni forzarle. El respeto es básico, puesto que partimos de la base de que es muy probable que no compartas su parecer. A pesar de que sean nuestros hijos, los gustos e intereses, lógicamente, difieren. Por ello, a menudo, el mero hecho de comprenderlo nos cuesta. Pero tratar de entender por qué han escogido a esa persona será prioritario.
- Asume que son seres independientes: Aunque nos cueste, tenemos que entender que nuestros hijos deben tomar sus propias decisiones y necesitan cometer sus propios errores para aprender. Y no olvides que algunas parejas son pasajeras. Quizás te ayude rememorar tu historia personal cuando tenías su edad: cómo te sentías cuando trataban de imponerte algo o cuestionaban lo que decidías. A nadie le gusta que le cuestionen, se esté equivocando o no.
- Huye de los prejuicios: Este también es un punto fundamental. Si tomamos conciencia de nuestras propias expectativas y prejuicios será más fácil que no los volquemos en ellos. Intenta abrir tu mente para conocer a la persona elegida; si tu hijo o hija la trae, por algo será. Obviamente, caer en la crítica tampoco será de ayuda, más bien al contrario; así que evítala.
- Date un tiempo: Es normal que en tales circunstancias al principio despierten en nosotros ciertos temores e inseguridades propias de los padres, como es el miedo a perderlos. Enfrentarnos a estas situaciones suele resultar más complicado al principio. Por eso mismo, démonos un margen y veamos cómo se desarrollan los acontecimientos.
- Y dáselo también a la pareja: Ofrezcámosle a esa persona la oportunidad de conocerla. Hay quien necesita más tiempo para sentirse cómodo y abrirse. Por eso, procura dedicar momentos de calidad a acercarte a quien tu hijo o hija ha escogido.
- ¿Y si advertimos problemas?: En los casos en los que se observan en la pareja comportamientos nocivos o que la relación que mantienen presenta tintes tóxicos, es lógico que sintamos el impulso de tratar de alejarla y proteger a nuestro hijo o hija. Pero conviene evitarlo, ya que lo más probable es que de este modo solo consigamos que se distancie de nosotros. Lo que realmente necesitan en tales momentos es que nos mostremos cercanos, sentir que pueden confiar en nosotros, contar con nuestro apoyo siempre, sin presionar ni juzgar.
- ¿Qué pasa si la situación es más grave?: Si el asunto toma un cariz verdaderamente serio, por ejemplo, en el supuesto de que nos conste que nuestra hija está sufriendo malos tratos -físicos o psicológicos-, será fundamental que los padres actuemos como un equipo manteniendo la calma y no dejándonos guiar por las emociones. Recordad que debéis ser un apoyo y buscará en vosotros esa ayuda que tanto necesita. Contactar con un profesional que nos guíe puede resultar beneficioso, así como solicitar ayuda psicológica o especializada para ella, si accede a recibirla. Un consejo más: no caigáis en las regañinas; hay que tener siempre presente que es una víctima que está sufriendo. Habrá que ayudarla a tomar conciencia de la gravedad de lo que ha ocurrido o está ocurriendo y, si no se ha producido ya, acompañarla en el proceso de ruptura. No la aisléis ni minimicéis los hechos. Y si hace falta, denunciad.
Hablar de sexo en la adolescencia: una necesidad
Hay algunas cosas que, aunque a veces nos pese, no podemos prohibir. El deseo sexual es una de ellas. No podemos luchar contra la euforia adolescente, pero sí podemos evitar riesgos y, para ello, necesitamos darles a nuestros adolescentes una adecuada educación sexoafectiva; que tengan algunas ideas claras antes incluso de plantearse sus primeras relaciones.
En muchas ocasiones se han ridiculizado las clases de educación sexual como espacios en los que se hablaba únicamente de métodos anticonceptivos, y nada más: quizá en algún momento las charlas para jóvenes eran así, pero hoy ya no es el caso. Y, además, las charlas no deberían nunca suplir a la educación sexoafectiva en la familia.
Hablar de sexo con adolescentes no es malo ni les incita a mantener relaciones. Está demostrado que los adolescentes que recibieron una educación sexual plena, que trata no sólo sobre métodos anticonceptivos, sino sobre los sentimientos y la autovaloración, inician su actividad sexual más tarde y hay menos casos de embarazos no deseados.
Algunos conceptos sobre sexualidad que tu hijo adolescente debería tener claros
Algunos temas que deberías tocar son los siguientes:
- El consentimiento: Es una de las palabras que están más en boga actualmente cuando se habla de sexo, y no podríamos alegrarnos más. Tu adolescente debe aprender a decir y a respetar un no.
- El respeto por los tiempos y la libertad del otro: Tu adolescente debe tener muy claro que en el sexo no debe haber presiones. Jamás. No tiene que tolerarlas y tampoco tiene que ejercerlas.
- La posibilidad de cambiar de opinión: El consentimiento no es una carta blanca. Tu adolescente (o la otra persona) tiene derecho a cambiar de opinión (decir que no cuando dijo que sí, o viceversa) y que esta opinión sea respetada.
- Las presiones grupales: Por desgracia, en el tema del sexo perviven los estereotipos machistas: ellos deben tener muchas parejas; ellas, pocas. No te canses de apoyar a tu hijo para que tenga una autoestima fuerte que le ayude a resistir presiones.
- Los métodos anticonceptivos: Pese a la gran cantidad de información existente, un alto porcentaje de jóvenes españoles no usa ningún método anticonceptivo cuando mantiene relaciones sexuales. Tu adolescente debe tener claro que en toda relación sexual debe usar métodos anticonceptivos.
¿Debo permitir que la pareja de mi adolescente duerma en casa?
La respuesta a esta pregunta es compleja y depende mucho de las familias (de sus dinámicas, sus principios educativos y sus creencias) y también de las personas concretas de quienes hablemos.
Por otro lado, si estamos hablando de adolescentes jóvenes, quizá prefieras, para retrasar este momento, evitar que su pareja se integre muy pronto en la familia (que asista a celebraciones familiares, que vaya de vacaciones con vosotros…). Pero siempre teniendo en cuenta que este límite no hará que no tengan relaciones sexuales si ese es su deseo.
Las preguntas que podrías hacerte son:
- Ten en cuenta la edad de tu adolescente y su madurez. No es lo mismo una chica de 19 años que vive en otra ciudad y viene unos días a casa con su pareja, que es de fuera, que un chico de 16 que aún está en el instituto.
- Intenta conocer a la otra persona antes. Especialmente si se trata de menores de edad; te ayudará a ver la dinámica de la relación y, también, a hacerte una idea de su madurez como pareja.
- Ten en cuenta la opinión de la otra familia, e infórmales. Si hay menores de edad de por medio, su familia debe saber dónde están. Llámales por teléfono, habla con ellos y asegúrate de que están de acuerdo.
- No aceptes nada con lo que no te sientas bien. Muchas cosas se pueden dialogar, pero si algo va en contra de tus principios, deberías explicárselo a tus hijos con calma y esperar que lo acepten. Haciéndolo les enseñas, también, a imponer sus límites cuando sea necesario.
En definitiva, en este, como en muchos otros problemas propios de la adolescencia, las claves son la confianza, el respeto y la conexión.
Recuerda que, como padres y madres, tenemos que estar alerta de lo que pasa en la vida de nuestros hijos, pero sin perder de vista que no podemos controlarlo todo. Muéstrate cercano, respetuoso y comunicativo; es la mejor manera de que nos hagan partícipes de lo que está pasando con sus relaciones.
