Es una situación dolorosa y frustrante cuando sientes que tu hijo te amarga la vida. Comprender las causas subyacentes y buscar soluciones efectivas es crucial para mejorar la relación y recuperar la armonía familiar. A continuación, exploraremos algunas de las causas más comunes y ofreceremos consejos prácticos para abordarlas.
El resentimiento en la adolescencia
A menudo, en nuestra labor educativa, debemos ser capaces de ir más allá de lo evidente, de la anécdota. Porque probablemente tu adolescente no cree de verdad que ha suspendido matemáticas por tu culpa. Y cuando lo piense en frío, será capaz de reconocer que no: que tú no has sido la causa directa de ese suspenso.
Pero si en un momento de enfado, de frustración, te acusa a ti, es por algo, y deberías tomártelo como una señal de alarma. Esa acusación significa que, de alguna manera, tu adolescente siente resentimiento hacia ti. El resentimiento es un sentimiento de enfado hacia alguien que se considera causante de algún tipo de ofensa o daño. Se suele manifestar con palabras o actos hostiles. Es un sentimiento persistente, y por esa razón puede aparecer incluso ante un pequeño contratiempo. Por decirlo de una manera gráfica, tu adolescente tiene un vaso casi lleno de resentimiento, que cualquier gota podría desbordar.
¿Por qué es tan común el resentimiento en la adolescencia?
Como decíamos, tu adolescente tiene el sentimiento de que le has causado un daño pero, ¿por qué? Obviamente, cada caso será diferente, así que desde aquí solo podemos generalizar.
Aunque me gustaría, antes que nada, puntualizar que las ofensas que tu adolescente ha recibido, o siente que ha recibido, no son necesariamente objetivas; es decir, no siempre parten de una acción con la que le has atacado directamente: pueden venir de una interpretación (tu adolescente piensa que has hecho algo con una intención diferente a la que tenías), de una creencia (que le haga juzgar todas tus acciones negativamente) o, incluso de una omisión (que en algún momento esperara de ti algo que no ocurrió).
¿Cuáles son las causas de resentimiento?
Las causas del resentimiento son, por tanto, variadas, y se relacionan, además, con la impulsividad y la autoestima. Algunas de las más comunes en la adolescencia son:
- El haber intentado complacerte pero haber sentido que “no era lo suficientemente bueno” a pesar del esfuerzo realizado.
- Sentir que ha sufrido un daño pero no ha conseguido reparación.
- Verse humillado, no aceptado o ignorado.
En general, podemos decir también que el resentimiento en esta edad va asociado a esa paradoja tan adolescente por la cual creen que ya no te necesitan (o que les gustaría no necesitarte) pero, en realidad, aún lo hacen.
Esta paradoja está relacionada con la maduración adolescente: por un lado, hay un cerebro que necesita ir hacia lo nuevo, hacia lo diferente, hacia sus iguales, y dejar de lado lo conocido, la familia; por el otro, una persona aún inmadura y frágil que necesita del apoyo de su entorno para descubrirse. Por esta razón el apoyo, en la adolescencia, no puede brindarse como en la infancia (en forma de decisiones tomadas por los adultos y de directivas), pues en ese caso choca con la necesidad de diferenciarse de la familia y provoca rechazo, esa sensación que tienen muchas veces de que las cosas son siempre injustas y de que son víctimas de un mundo adulto que no les comprende - y esto genera otra vez resentimiento.
¿Cómo conseguir que mi adolescente no me eche la culpa?
El problema con este asunto es que, cuando tu adolescente te dice aquello de que no ha aprobado el examen porque tú, el día de antes, le dijiste que recogiera sus cosas del salón, le respondes a lo que dice, y no a lo que calla.
Replicas que tendría que haber estudiado antes. Que eso solo llevó quince minutos, que si hubiera recogido las cosas a su tiempo no le habría pasado… Pero eso ya lo sabe.
Y en realidad ese discurso en el que tomas la culpa y se la pasas a tu adolescente (no es culpa mía: es culpa tuya) lo único que hace es reafirmar sus creencias, su sentimiento de victimismo, de incomprensión. Porque cuando le dices eso no estás entendiendo sus necesidades emocionales.
Lo que tu adolescente necesita, cuando te dice que la culpa es tuya, es que le mires. Necesita sentir tu amor, tu comprensión y tu cariño. Por supuesto que los tiene, claro que sí, pero ahora pregúntate si siempre se los demuestras.
Cómo mejorar la comunicación con tus hijos adolescentes. Patricia Ramírez, psicóloga
Pregúntate…
- ¿Has mirado a tu hijo con atención cuando era pequeño, has escuchado atentamente lo que te contaba, aunque te pareciera “una tontería”, antes de la adolescencia?
- ¿Has valorado, te has interesado por sus aficiones?
- ¿En algún momento has minimizado sus preocupaciones?
- ¿Le has castigado sin dejarle expresarse ni atender a sus razones?
- ¿Le has exigido “lo que debe hacer” sin pensar en lo que te puede dar?
Ese tipo de conductas han ido dejando un poso de amargura en tu adolescente. Y aunque cada vez que sucedieron el dolor se calmó, al repetirse fueron llenando ese vaso del que hablábamos antes.
Si quieres que tu adolescente deje atrás el resentimiento y, con ello, deje de culparte de todo lo malo que le sucede, lo primero que vas a tener que hacer es atender a sus necesidades: escucharle, apoyarle, valorarle, darle tu confianza, no juzgarle.
Y para ello es necesario que cambies radicalmente la manera en la que ves a tu adolescente, que como padre o madre veas esta etapa no como una molestia, como un mal que debes atravesar y que, de alguna manera, te ha arrebatado a ese maravilloso niño o niña a quien acompañabas hace poco, sino como una oportunidad para admirar desde cerca su transformación desde ese niño que era en una persona adulta.
Ayuda a tu adolescente a asumir sus propias responsabilidades
Una vez que hayas empezado a ver la adolescencia de otra manera, y solo entonces, podrás ayudar a tu adolescente a trabajar su resentimiento entendiendo sus propias responsabilidades.
No se trata de una cuestión de culpa: se trata de saber por qué suceden algunas cosas (un suspenso en matemáticas, no ser titular en su equipo el próximo fin de semana), de ver cuál es su parte de responsabilidad, y de poner remedio en la medida de lo posible.
Porque tu adolescente no solo necesita tu cariño: necesita también tu consejo y tu guía, pero no a modo de discurso ni lección.
Mi hijo adolescente es insoportable
Habla una madre, una madre cualquiera de un adolescente cualquiera. Se sincera ante la audiencia del podcast. Su hijo se llama Marc, tiene 13 años y la madre dice que no le aguanta más. Que no soporta su actitud desafiante. Se siente culpable, pero está pensando muy seriamente en montar la tienda de campaña en el jardín y pedirle que “se mude” a ese espacio. La psicóloga del podcast mide bien sus palabras pero termina diciendo que “si el adolescente participa en la decisión, puede ser un gran aprendizaje de autonomía”.
Aunque no todos son estrictamente inaguantables y, por supuesto, ninguno es insoportable todo el tiempo, todos los adolescentes tienen las mismas necesidades; mejor dicho, una necesidad básica, fundamental: encontrarse a sí mismos, convertirse en personas independientes, separándose de su grupo familiar. Esta necesidad choca con la realidad en la que viven, pues ¿cómo van a ser autónomos si dependen de los padres? ¿Cómo van a tomar decisiones contrarias a las de su familia si luego duermen en la cama pagada por papá y mamá?
Eso, por un lado. Pero del lado de los padres se impone también una realidad difícil de vivir: nos resistimos a “dejar ir” al niño al que educamos con tanto amor y cuidado, a comprender que va a tener sus propias ideas, y a tomar sus propias decisiones y, en definitiva, que está creciendo y que no nos pertenece…
Y esta necesidad de los padres choca, también, con el hecho de que debemos seguir educándoles: ¿cómo dejarles tomar sus propias decisiones si estamos viendo “claramente” que se están equivocando? ¿Cómo aceptar que sus ideas no concuerden con las nuestras si viven bajo el techo que nosotros pagamos?
El círculo vicioso se genera aquí: no aguantas las ideas o actitudes de tu hijo adolescente pero te sientes culpable porque al fin y al cabo es tu hijo (y sientes que es obligatorio querer a los hijos todo el tiempo)…
Tu adolescente no sabe quién es y necesita tu comprensión y tu apoyo en todas las etapas y momentos de su personalidad.
Pero ¿por qué mi hijo adolescente es insoportable?
Decíamos que el problema viene del momento de desarrollo cerebral y social de tu hijo adolescente. ¿Y cuáles son las características de nuestros adolescentes que les hacen ser inaguantables a nuestros ojos? Pues curiosamente son las mismas que, digamos, les definen como adolescentes:
- Busca ser independiente: Ya lo hemos dicho: el “objetivo” de la adolescencia es la independencia: su cerebro está configurado para avanzar hacia la autonomía. Esta independencia se manifiesta de forma problemática, pues el adolescente no ignora que depende de sus padres para casi todo. Por eso insiste en tomar decisiones: la hora de llegada, el cuándo o de qué manera recoge su habitación, la ropa que lleva, etc.
- Está experimentando con su propia identidad: Hoy se viste de negro. Mañana con chándal. Al otro en camisa… Ayer era animalista. Antes de ayer, pacifista. Pasado mañana abrazará quizá otra causa, escuchará otra música, tendrá, a lo mejor, otras amistades y otras aficiones. No, no lo hace adrede para “marearte”, no tiene un plan predeterminado y, si se para a pensarlo, quizá lo entiende tan poco como tú, pero… Tu adolescente no sabe quién es y necesita tu comprensión y tu apoyo en todas las etapas y momentos de su personalidad, porque tu presencia ahí, apoyándole, es lo que más continuidad le da a su identidad.
- Necesita probar los límites: Crecer significa siempre romper algunos límites, sean corporales o de otro tipo. Esto no quiere decir, en absoluto, que los adolescentes no necesiten límites; de hecho, no pocas veces los que prueban los límites están buscando, de forma consciente o inconsciente, ser contenidos, que se les mire. ¿Recuerdas el famoso adagio de “quiéreme cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite? Pues podríamos usarlo para definir a nuestros jóvenes: en el periodo adolescente, una de las maneras más comunes de mostrar la necesidad del adulto es, precisamente, desafiarle y rechazarle.
¿Es mi adolescente insoportable o es que no tengo paciencia?
Hay, como venimos diciendo, una parte “natural” en esas actitudes adolescentes que, como madres, no soportamos. Pero que sean naturales no significa ni que debamos aceptarlas todas, todo el tiempo, ni que tengan necesariamente que parecernos bien. Podemos sentir, y decir, que nuestros hijos adolescentes están insoportables, o que nos caen mal.
No. No es falta de paciencia. Hay algunas razones por las que no deberías sentirte culpable si tu hijo te parece inaguantable:
- Tu objetivo es educar, no ser amiga de tu adolescente: A veces perdemos de vista lo fundamental, y nuestro objetivo, como madres o padres de adolescentes, es educarles. Eso implica reconocer y corregir actitudes que no vamos a dejar pasar. Evidentemente, queremos hacerlo desde la conexión y desde el respeto, pero comprender las razones por las que nuestro adolescente se enfada no significa que deba gustarnos que nos grite, ni que debamos permitirlo.
- Los adolescentes tienden a estar más inaguantables en casa: Si tu hijo o hija adolescente está particularmente inaguantable, te recomendamos que observes cómo se comporta en otros ambientes: con sus amistades, con otros adultos, etc. La mayoría de las veces no es tan desafiante ni tan desagradable como en casa; si es el caso, tienes poco de que preocuparte. Un adolescente que es insoportable en casa pero no fuera no es un adolescente provocador: es una persona que se relaja y libera la tensión del día cuando se encuentra en un lugar seguro.
- Las generaciones han avanzado siempre en la incomprensión: Nos guste o no, la adolescencia es una crisis, en el sentido de ‘cambio’, y todas las generaciones se edifican enfrentándose a los padres y siendo criticadas por estos. El mismo Sócrates dejó algunas reflexiones nada positivas sobre los jóvenes. Es normal: los jóvenes “salen al mundo” tratando de edificarlo de nuevo: le ven los fallos a nuestro sistema y quieren repararlos. La generación anterior se siente amenazada, y se defiende criticando a la juventud; es ley de vida.
Cómo actuar si tu adolescente es insoportable
Es duro constatar que tu hijo o hija adolescente está inaguantable contigo, pero eso no significa ni que hayas fracasado como madre, ni que debas aceptar la situación sin más.
Lo más importante es que mantengas la serenidad, y que evites caer en una decepción excesiva. Cierto, tu adolescente no es perfecto, y quizá no sea la persona que a ti te gustaría, pero ¿por qué habría de serlo? Y ¿quién dicta las normas de la perfección?
¿Cómo empezar a soportar a un adolescente insoportable?
Lo más fácil es formarse sobre la adolescencia, tal y como hicimos cuando fuimos madres y padres primerizos. Para ello puedes comenzar por inscribirte en nuestro taller FAMILIDER, donde te daré las pautas necesarias para convertirte en el líder que tu familia necesita en casa.
- Baja las expectativas: A menudo, inconscientemente, esperamos que nuestros hijos tengan comportamientos que no se corresponden con su nivel de desarrollo o a su personalidad. Así que ten cuidado con tus expectativas. Recuerda que tu adolescente es una persona con su carácter, sus gustos, sus manías y sus limitaciones y que, si te decepciona, la responsabilidad está en tus expectativas, no en su comportamiento.
- Confía en tu capacidad educativa: ¿Tu adolescente te contesta mal o se va a su habitación con un portazo cuando le das un consejo? Bueno. Pero recuerda que te ha escuchado, que tu opinión siempre cuenta para él, aunque quiera demostrarte que no. En esas temporadas en las que no puedas aguantar a tu adolescente, céntrate en ir sembrando ideas, opiniones, consejos… No lo va a reconocer, pero muchos terminarán dando fruto.
- Separa comportamiento y persona: En educación es fundamental, para no perder la cabeza, tener siempre claro que lo que no nos gusta son los comportamientos, no las personas. Tu adolescente es la misma niña a la que querías con amor incondicional, eso no ha cambiado. Lo que sí es diferente es su manera de actuar. Trata de mantener este discurso mental porque, de otro modo, te será muy difícil sobreponerte.
- Pregúntate por qué te enfada tanto el comportamiento de tu adolescente: Párate un segundo a reflexionar qué es exactamente eso que te enfada tanto de tu adolescente y por qué. Quizá está reproduciendo un comportamiento que tú no te permites, o puede que veas reflejada en él una característica de tu personalidad que no te gusta. Atrévete a hacer este camino de introspección, aunque sea doloroso, porque solamente sabiendo por qué te parecen tan inaguantables algunas actitudes de tu adolescente podrás aprender a gestionarlas.
- No te exijas tanto en la maternidad: Ni aunque leas todos los libros y todos los blogs sobre maternidad, ni aunque estés perfectamente convencida de cómo tienes que hacer las cosas conseguirás que tu adolescente sea perfecto. Recuerda: la madre que eres es una madre suficientemente buena. Por supuesto, tienes margen de mejora, pero eso no significa que no puedas sentirte satisfecha con lo que estás haciendo.
Niños tiranos: ¿cómo son y cómo prevenir su conducta?
¿Pero cómo son esos niños? ¿Cuáles son sus características? ¿Es posible la prevención? Piden hasta el extremo de la exigencia. Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno. Asimismo, nos debemos fijar en el niño que siempre se sale con la suya puesto que, muchas veces, hacen girar a la familia siempre en torno a él.
Obviamente, llegados a este punto, cualquier lector podría objetar que casi todos los niños pequeños tienen muchas rabietas. Y, es cierto; todos tienen rabietas, pero hay que intentar que no se salgan con la suya.
Otro factor de riesgo es que exista una discrepancia educativa entre los progenitores. La estructura familiar ha cambiado mucho, con divorcios y nuevas parejas frecuentes, los hijos únicos aumentan y, además, los tenemos a una edad cada vez más tardía o los adoptamos.
Hasta el año, todo el entorno sólo esta para satisfacer sus necesidades. Hacia los cuatro años, lo habitual es que el niño ya sea capaz de verbalizar su rabia y, a los cinco, de controlarse.
Los padres acaban por rendirse con sucesivas renuncias con tal de lograr paz. Y es que educar no es fácil, y debe implicar ciertas dosis de frustración, para equilibrar el amor. Así,el problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos. ¿Qué hacer entonces?
- Ser coherentes. No imponer un castigo que luego no se cumpla.
- Busca ayuda profesional antes de que sea tarde.
En Siquia somos expertos en terapia online desde el año 2012. A lo largo de nuestra trayectoria hemos ayudado a más de 2000 pacientes a superar diversos problemas emocionales. Toda la terapia que ofrecemos es por videoconferencia. En Siquia no pierdes el dinero de las sesiones.
| Causa del resentimiento | Posible solución |
|---|---|
| Sentimiento de no ser lo suficientemente bueno | Valorar el esfuerzo y no solo el resultado. |
| Sentir que ha sufrido un daño sin reparación | Escuchar y validar sus sentimientos. Buscar una solución justa. |
| Verse humillado o ignorado | Prestar atención a sus necesidades y evitar minimizar sus preocupaciones. |
