Es común que los padres primerizos tengan dudas sobre las deposiciones de sus bebés, especialmente en lo que respecta a la frecuencia y la consistencia. Una de las preguntas más frecuentes es: "¿Es normal que mi bebé haga caca después de cada toma de leche materna?". Para responder a esta pregunta, es importante comprender cómo funciona el sistema digestivo del bebé y cómo la alimentación influye en sus deposiciones.
Durante los primeros meses de vida, el ritmo intestinal del bebé puede generar muchas dudas en madres y padres primerizos. Los recién nacidos suelen defecar entre 4 y 10 veces al día durante los primeros días de vida, especialmente si están alimentados al pecho.
A pesar de a menudo se pude pensar que nuestro bebé hace mucha caca, la realidad es que no hay una norma exacta sobre la frecuencia normal para la caca del bebé. Como comentábamos, no realizará las mismas deposiciones un bebé que tiene lactancia materna exclusiva que un bebé que toma leche artificial como parte de una dieta diversificada.
Para saber si mi bebé hace mucha caca o es normal, también dependerá mucho de la edad del pequeño. No es igual un bebé que acaba de nacer que un bebé que ya ha cumplido los siete meses de edad. Los ritmos del intestino van cambiando mes a mes.
En términos generales, podemos hablar de que la cantidad de caca normal (por media a la hora de cambiar el pañal al bebé) está en unas 12 veces al día (24 horas). Eso sí, no siempre tiene por qué ser por heces. Además de la cantidad o la frecuencia normal de la caca, el color de las heces también es importante y nos ayuda a entender si el proceso digestivo del bebé es el correcto.
La realidad es que la frecuencia, el color y la textura de las heces cambian según la edad y el tipo de alimentación. No existe un único patrón válido para todos los bebés. Lo importante es observar la consistencia, el color y el bienestar del pequeño.
Los bebés al nacer disponen del reflejo gastrocólico que les permite evacuar justo después de comer, es algo casi automático. Por eso es común observar que el bebé hace popo en cada comida, especialmente en los primeros meses de vida.
El reflejo gastrocólico es una respuesta natural del cuerpo a la distensión del estómago debido a la alimentación. Estas contracciones pueden ser perceptibles como suaves movimientos en el abdomen del bebé. El reflejo gastrocólico es un proceso normal y saludable en los bebés y contribuye al funcionamiento adecuado del sistema digestivo.
Todos los bebés tienen este reflejo gastrocólico. Aunque en el caso de tomar leche de fórmula los niños pueden defecar con menos frecuencia que los que se alimentan con lactancia materna a demanda. Esto se debe a que, por un lado la leche de fórmula no es tan fácil de digerir como la leche materna.
¿Cómo son las heces normales en los bebés?
Tanto los colores como las texturas de las heces del bebé varían en función de varios aspectos. La primera caca del recién nacido, el meconio, tiene un color negro verdoso, es pegajosa y espesa. Después del meconio, las heces pasan a un color amarillo mostaza (en lactancia materna), o un tono más beige si se alimenta con fórmula.
La caca suele ser amarilla mostaza, con aspecto líquido o grumoso. En el caso de la lactancia materna, las heces también pueden aparecer de color verde e incluso acuosas. Todo depende de la cantidad de deposiciones que realice a lo largo del día y del propio metabolismo del bebé. El número de deposiciones al día dependerá mucho de cada uno, aunque lo habitual es que hagan entre 2 y 3 veces. Hay bebés que hacen deposiciones en cada toma, así que dependerá de la cantidad de tomas que realice.
La caca del bebé que toma leche materna suele ser de color amarillo mostaza y puede presentar algunas partículas, con forma de semilla. Pero, en el caso de la lactancia materna, las heces también pueden aparecer de color verde e incluso acuosas. Todo depende de la cantidad de deposiciones que realice a lo largo del día y del propio metabolismo del bebé.
La caca pasa a ser de un color café que, a veces, tiene un tono amarillento. Si la leche de continuación está suplementada con hierro, las deposiciones pueden ser de color verde oscuro y no hay que preocuparse del cambio de color.
La caca del bebé con una dieta sólida cambia por completo en color, textura y frecuencia de deposiciones diarias. Esta será más compacta, más dura y más olorosa. Las heces tendrán un color café oscuro, pero la tonalidad cambiará dependiendo de lo que haya comido. Si come una zanahoria, por ejemplo, la caca será marrón pero anaranjada, mientras que si come remolachas será un poco más rojiza.
¿Cuándo preocuparse por las deposiciones del bebé?
Debes tener en cuenta que hay casos en los que el color de las heces puede indicar un problema que requiere atención médica inmediata. Si el bebé ya ha expulsado el meconio y el color de las heces es negro o alquitranado, si no ha consumido ningún alimento rojizo y el tono de la caca es rojo o, si por el contrario es blanco, deberás consultar al pediatra de inmediato, pues las heces de estos tonos pueden indicar la presencia de alguna condición que es importante atender cuanto antes.
Si tu bebé presenta cacas muy líquidas y frecuentes, vigila su hidratación y observa si tiene fiebre, rechazo del alimento o decaimiento. La diarrea puede estar causada por una infección, un virus o un cambio en la alimentación.
Es normal que algunos bebés, especialmente con lactancia materna exclusiva, puedan pasar 2 a 5 días sin hacer caca. Si el bebé está tranquilo y tiene el abdomen blando no hay nada más que hacer que esperar. Es posible que el bebé tarde muchos días en evacuar, en algunos casos semanas… cuando finalmente hacen caca, esta tiene una textura de pomada, pero no es para nada dura.
Si notas que tu bebé está haciendo ruiditos o fuerza sin lograr evacuar, es importante saber cuándo es necesario consultar al pediatra. Si ves que presenta los siguientes síntomas es cuando debes acudir a consulta.
Cuando un bebé está estreñido, sus deposiciones suelen ser muy duras, con evacuaciones en las que el pequeño hace mucho esfuerzo. Si sospechas que tu bebé está estreñido tienes que visitar al pediatra y nunca administrar remedios caseros o cualquier tipo de medicación sin consultar al especialista.
El estreñimiento se percibe cuando el bebé tiene dificultad para defecar, expulsando heces duras, en pequeñas cantidades o con esfuerzo excesivo.
Si crees que tu hijo está estreñido, consulta al pediatra. Un signo delator es el esfuerzo: hacer caca es un trabajo duro para los bebés pequeños. Puedes notar que al pequeño se le pone la cara roja por el esfuerzo de empujar.
Colores de advertencia:
- Roja: Las trazas de color rojo pueden deberse a que haya sangre en las heces de tu bebé, por lo que es importante que el pediatra averigüe cuál es la causa.
- Negra: El color negro de las heces puede deberse, en algunos casos, a la sangre.
- Blanca o gris: Es importante que el pediatra averigüe cuál es la causa.
Si el bebé ya ha expulsado el meconio y el color de las heces es negro o alquitranado, si no ha consumido ningún alimento rojizo y el tono de la caca es rojo o, si por el contrario es blanco, deberás consultar al pediatra de inmediato, pues las heces de estos tonos pueden indicar la presencia de alguna condición que es importante atender cuanto antes.
Recuerda que los cambios de pañal son una parte importante de la rutina diaria de cualquier padre, pero también pueden ser una excelente forma de vigilar la salud del bebé.
La diarrea puede afectar a cualquier persona. El antecedente de consumo de alimentos que pudieran estar en mal estado o la afectación de varias personas que han participado en una misma comida es un hecho frecuente que ayuda al diagnóstico. El tratamiento depende del diagnóstico y de la severidad de la diarrea. Si es leve, basta con administrar abundantes líquidos en el propio domicilio del paciente. También puede ser útil una dieta astringente.
Quitar los pañales a los niños es uno de los principales hitos del desarrollo que ilusionan a los padres, pues ven cómo sus hijos van creciendo, pero que también temen, debido a las consecuencias desagradables e incómodas que puede acarrear.
En este artículo nos vamos a centrar en la encopresis, que es el problema que surge cuando los niños no controlan adecuadamente la respuesta de defecación, o de hacer caca. Esto puede referirse a cosas distintas: que el niño no consigue aguantarse hasta llegar al inodoro, que está demasiados días sin hacer caca hasta que no consigue aguantar más, que hace caca en lugares inapropiados, etc.
Es normal que lo anterior le ocurra de manera puntual a cualquier niño que está aprendiendo. Sin embargo, cuando se convierte en un patrón habitual puede generar mucha alarma y situaciones tremendamente incómodas para los padres y, por supuesto, para el propio niño.
Lo primero que tienes que plantearte es la edad del niño. El control de esfínteres se aprende y requiere de una maduración del organismo para poder completarse. Por ello, si tu hijo tiene menos de 4 años no debes alarmarte, ya que es natural que todavía esté aprendiendo.
Recomendaciones si tienes dificultades:
- Acudid a una revisión pediátrica. Explica al médico las dificultades que estáis teniendo para que pueda descartar la presencia de anomalías orgánicas (muy poco frecuentes) u otro tipo de problemas físicos.
- Asegúrate de que tu hijo tiene una dieta adecuada y equilibrada. El pediatra o un nutricionista infantil pueden asesoraros en este sentido. Si tu hijo tiene tendencia al estreñimiento (está varios días seguidos sin hacer caca), puede ser conveniente introducir más alimentos ricos en fibras en su dieta (p. ej., frutas y verduras) y líquidos.
- Asegúrate de que el váter es cómodo y accesible para tu hijo. En ocasiones, los niños no quieren hacer caca por miedo al váter (p. ej., a caerse por el agujero) o al cuarto de baño.
- Propicia una rutina regular por las mañanas. A veces vamos tan apurados de tiempo por las mañanas que nos saltamos el desayuno o hacemos una rápida visita al cuarto de baño. La mañana es uno de los mejores momentos para hacer caca, pues se ponen en funcionamiento los intestinos, por lo que conviene aprovecharla.
- Hazle partícipe de su propia higiene. Ayuda a tu hijo a desarrollar su autonomía a la hora de asearse y vestirse y, por supuesto, de limpiarse las nalgas.
- Refuérzale cuando haga caca en el momento y lugar adecuados. Aquellas veces que tu hijo acuda al váter a hacer caca o te pida ayuda para ello, muéstrale de forma visible que te alegras y que te gusta que lo esté haciendo bien.
¿Y qué NO debo hacer?
- No le castigues. Algunos padres, desbordados por la situación, recurren a estrategias como dar duchas de agua fría a los niños. Esta estrategia no es adecuada ya que solo contribuirá a generar más ansiedad o enfado en el pequeño y mayor tensión en los padres.
- No vuelvas a ponerle el pañal. Si el niño tiene una edad suficiente, la solución adecuada a este problema no es volver a ponerle el pañal esperando que el problema se resuelva por sí solo a medida que se hace mayor.
- Evita hablar continuamente de este tema. Recuerda que tu hijo es mucho más que su problema con la caca.
A pesar de seguir todas estas pautas, es posible que las dificultades de tu hijo se mantengan o no se resuelvan completamente, ya que se trata de un problema complejo de manejar una vez que se ha consolidado.
La encopresis es un problema que raramente se resuelve con el mero paso del tiempo y que si no se trata puede llegar a provocar daños en el colon, además de las dificultades socioemocionales y familiares que puede ocasionar.
Tipos de encopresis
- Encopresis primaria.
- Encopresis secundaria.
- Encopresis no retentiva.
- Encopresis retentiva o con estreñimiento. Este tipo aparece cuando el niño retiene durante un periodo de tiempo prologado las heces.
- Encopresis manipulativa. Aparece en niños que se hacen caca encima para evitar ir al colegio, aumentar la atención de los padres,….
- Síndrome de irritación. Esta falta de control de esfínter aparece por estrés ambiental. Suelen ser niños que se encuentran en una situación de estrés prolongada.
- Encopresis continua o discontinua. Sería continua cuando el niño no controla y los padres lo toleran por razones sociales.
Cuando se empieza a diversificar la dieta del bebé, suelen producirse cambios en la frecuencia, aspecto y consistencia de sus deposiciones. Si antes de los seis meses tu bebé ya no hacía caquita todos los días, es probable que no notes grandes cambios en cuanto a la frecuencia de las deposiciones.
Es normal que las heces se vuelvan menos blandas, por los nuevos alimentos que vas incluyendo en la dieta de tu bebé, pero no deben ser secas y duras. Para evitar el estreñimiento hay que tener en cuenta tres cosas importantes: una dieta equilibrada rica en residuos, suficiente aporte de líquidos y adquirir buenos hábitos de evacuación intestinal.
Con las dos primeras se consigue una consistencia adecuada de las heces, para que la evacuación exija el mínimo esfuerzo. Con la tercera que el ritmo intestinal adquiera regularidad. Hasta que tu bebé llegue a la etapa del control de esfínteres sólo podrás procurar que tenga un buen ritmo intestinal a través de la alimentación.
La etapa en que los niños aprenden a controlar los esfínteres suele comenzar hacia los dos años y la mayoría de los niños están preparados para ello entre los 24 y los 30 meses. Pero nunca debe tratarse de un entrenamiento rígido, porque adquirir ese control es también un proceso delicado.
Forzar al niño a que haga siempre las cacas en el orinal o el WC, si no quiere, puede conducir a respuestas negativas, incluso a que el niño se esconda y se aguante para no hacerlo. Si el pequeño no acepta hacer lo que se le exige, puede retener las heces, que se van acumulando y compactando en el intestino grueso, dando lugar a un círculo vicioso.
La mayor parte de las veces este tipo de situaciones tienen su origen en una mala adquisición del hábito de defecar. Si tu pequeño está en esta etapa recuerda que el proceso debe ser progresivo y que no debes forzarle ni regañarle.
La complicación más importante de una gastroenteritis es la deshidratación. Se trata de una complicación potencialmente grave.
La gastroenteritis es una inflamación del estómago y el intestino. La labor del intestino es la absorción de nutrientes y de líquidos. Cuando está inflamado suceden dos cosas: una es que la mucosa intestinal (la “`piel” que recubre al intestino por dentro), que es la encargada de llevar a cabo la absorción, está dañada.
El peligro principal de una gastroentertis es la deshidradatación. Uno de los más precoces es el de las mucosas pastosas, es decir, la mucosa oral y de la lengua “no brillan” como si tuvieran su capa de saliva habitual. Decaimiento.
La gran mayoría de gastroenteritis en niños son producidas por infecciones virales (rotavirus, adenovirus, etc.). Son contagiosas, y el contagio suele producirse a través de las manos.
El diagnóstico de la gastroenteritis es clínico, por los síntomas que cuentan los padres y por la exploración física que el pediatra realiza en la consulta. Cuando la causa es viral, no se trata.
En cuanto a la diarrea, puesto que la gran mayoría de las diarreas son infecciosas, los antidiarreicos están contraindicados. Cuando la diarrea es muy prolongada, puede deberse al desarrollo de una intolerancia transitoria a la lactosa.
En las diarreas ácidas se produce irritación perianal, en ocasiones incluso fisuras anales. En cualquier caso, la complicación más importante de una gastroenteritis es la deshidratación. Se trata de una complicación potencialmente grave. El riesgo es mayor cuanto menor es la edad del niño.
Para prevenir el contagio lo más eficaz es el lavado de manos. En caso de haberse contagiado de gastroenteritis, lo más importante es prevenir la deshidratación.
Se debe evitar administrar alimentos o líquidos en los siguientes 30 minutos a un vómito, porque lo más probable es que se provoque otro vómito y la mucosa permanezca inflamada. Una vez pasados esos 30 minutos debemos dar lo que menos vaya irritar al estómago de nuevo: líquidos en pequeñas cantidades.
En el caso de diarrea sin vómitos el riesgo de deshidratación es menor, ya que si pierde mucho líquido por la diarrea podremos reponer por boca cuanto necesitemos. Lo ideal es agua o suero oral, éste último sobre todo en diarreas de varios días de evolución, ya que repone la pérdida de sales minerales.
Es cierto que existen alimentos astringentes (arroz, plátano), pero se ha demostrado que con dietas normales el tiempo de recuperación es igual o incluso menor que con dietas específicas.
Un tema que inquieta mucho a la madres y es tema habitual de consulta y debate son las cacas de los bebés. El color de las cacas de los bebés es muy variable.
Cuando solo toman lactancia materna las deposiciones tienen un color mostaza o anaranjado. Pero hay gran variedad de colores.
Una deposición verde aislada no indica nada. Solo cuando el bebé hace siempre deposiciones verdes hay que evaluar la toma y el agarre. Una de las primeras causas de aparición de cacas verdes y explosivas es el exceso de lactosa.
Las deposiciones verdes, acompañadas de otra sintomatología (aparición de dermatitis o habones en la piel, hilos de sangre en las heces, lloros incontrolables…) puede significar que el bebé está tomando, a través de la leche de la madre, algún tipo de proteína que le causa alergia.
Un bebé de menos de un mes que solamente tomen pecho debería hacer caca varias veces al día. A partir del mes, aproximadamente, los bebés amamantados de manera exclusiva dejan de hacer caca cada día.
Muchas veces se recomienda a los padres estimular al bebé con métodos muy variados: introduciendo una cerilla en su ano, la punta del termómetro o una rama de perejil.
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| Vómitos persistentes e incapacidad para retener líquidos | Buscar atención médica urgente |
