La Paradoja de "Mi Hermano es Hijo Único": Una Exploración de Marguerite Duras

En la noche del domingo 1 de marzo de 1981, en Trouville, Marguerite Duras se encontraba en su apartamento de Roches Noires, junto a Jean Mascolo, Jérôme Beaujour y Yann Andréa. Este encuentro marcó el inicio de una profunda reflexión sobre el cine, el deseo y lo prohibido, temas centrales en su obra y que se entrelazan en la paradoja de "mi hermano es hijo único".

El Cine en Invierno: Testimonio de la Felicidad en la Ausencia

Duras expresó su intención de realizar dos películas simultáneamente: "Agatha" y "La Jeune fille et l’enfant". Estos textos fueron escritos durante el mismo verano, en 1980, en Roches Noires. Sin embargo, debido a limitaciones económicas, se vio obligada a priorizar "Agatha".

Para Duras, el cine se hace en invierno, durante la ausencia del tema, la huida de las condiciones del tema. Es decir, del calor, del placer de vivir. Solo en invierno se puede testimoniar la felicidad de vivir, cuando es casi imposible acceder a este placer. Es ahora, en pleno invierno, cuando me doy cuenta de esto, de la imaginación que tuve. Agatha no existió, la Villa Agatha no existió.

Llegamos así a una contradicción esencial, a una paradoja esencial del cine. Hablamos de las cosas a través de la falta, la falta de vivir, la falta de ver. Hablamos de la luz por la falta de luz, por la falta de vivir hablamos de la vida, por la falta de deseo hablamos del deseo, por la falta de amor hablaos del amor; creo que es una regla absoluta.

Marguerite Duras

Agatha: El Incesto Declarado en Invierno

En pleno invierno, tratándose del relato de las vacaciones de verano de un hermano y de una hermana, es cuando el incesto se declara. Porque es una película sobre el incesto. Es ahora, en pleno invierno, cuando puedo hacer el testimonio. Duras reveló que la idea de "Agatha" surgió de su propia experiencia personal, la muerte de su hermano en la guerra y el descubrimiento de un amor inmenso hacia él.

En "La Jeune fille et l’enfant", en L’Été 80, ya hay algo incestuoso. No se puede amar con amor a un niño de seis años, y sin embargo ocurre. No sabía que se podía amar con amor a un hermano, y ocurre. Entonces hay una especie de paralelismo entre esos dos temas que me afectaron tanto, incluso; que habría hecho que hubiera querido rodarlos al mismo tiempo, en el mismo lugar, con la misma falta de medios.

La Imposibilidad de Representar el Amor Incestuoso

El amor entre un hermano y una hermana no es representable. Se diría que es una pareja común, se diría: «Mira, se parecen un poco, qué raro». Se podría pensar que son una pareja común, un hombre y una mujer, como todas, todo el tiempo. Pero se trata justamente de una pareja incestuosa y nada puede testimoniar el incesto, salvo... (Risas).

Nada testimonia el incesto, la naturaleza del incesto, nada. Así que no es representable; así que no merece la pena representarlo. Y una vez más, voy a hacer una película sin nada, en dos días de cine. Voy a hacer una película sin nada.

Lo que muestro en el cine es esta paradoja. Bueno, siempre digo paradoja en lugar de contradicción, no debo saber muy bien cuál es la diferencia, eso es lo que muestro; esta imposibilidad que muestro en el cine. Y es también lo que hace mi cine; es raro, pero es así. Muestro lo que no se puede mostrar, eso es lo que me interesa.

La Falta como Motor del Deseo y el Amor

No hay nada menos mostrable que la felicidad. ¿Por qué? ¿Sabe por qué? ¿Por qué no podemos mostrar la felicidad? No podemos mostrarla, ¡y creen que se puede mostrar en todas las películas americanas! La mujer que sonríe, el marido que vuelve de su trabajo: «Buenas noches, querida, buenos días, querida, adiós querida, qué felicidad de... Cada vez estás más y más guapa», etc. etc. Porque la felicidad no existe. Entonces intentan mostrarnos lo que no existe. Yo intento mostrar lo que existe. Es decir, la felicidad no existe y es en la inexistencia de la felicidad donde la felicidad existe.

En el incesto, está todo el deseo, y todo el amor, y que todo lo demás fluye. Que en la pareja, en los amantes, en lo que llama el matrimonio, quizá -es una palabra que nunca utilizo-, hay una especie de intento de encontrar eso. Un parentesco esencial e irremplazable que es el del incesto -inalienable, sería la palabra justa- de los seres de la misma sangre.

Solo los hermanos y las hermanas, las hermanos y las hermanos y las hermanas y las hermanas tienen la misma sangre. No es el caso del marido y la mujer, los amantes no tienen la misma sangre, son los niños.

Árbol genealógico del incesto

Lo Prohibido y el Deseo en la Época Contemporánea

Todo tiende ahora a prohibirlo, a la prohibición. Es una época muy pobre. Y luego no hay adulterio, no hay nada. Echo de menos todo. Siempre he echado de menos todo, sí. Es triste, ¿eh? Pero sólo queda esto, creo yo, esto que intento expresar.

Creo que en lo prohibido; porque creo en lo prohibido de matar, por ejemplo; creo en lo prohibido de matar, en lo prohibido de la maldad en general, en lo prohibido del mal. Creo que no tenemos derecho a hacer el mal, no tenemos derecho a matar; así que entiendo esta prohibición, no me incomoda, sigue siendo un prejuicio. ¿Por qué pensar que no hay nada prohibido?

Cuando en la Edad Media una mujer se entregaba a un hombre -de acuerdo con la ley cristiana, con el dogma marital, de la pareja-, y luego ella le engañaba, era tan grave como ahora lo es matar. No echo para nada de menos esta -¿cómo decirlo?-, esta regla horrible y bárbara, de la primera época cristiana; pero el hecho es que ahora hay una reducción del deseo, del amor.

Ahora, todas las mujeres pueden hacer más o menos lo que quieren; y los hombres más o menos lo que quieren. Ya no hay celos; hay una comprensión universal, de la misma forma que se hablaría de una disolución universal...

Bueno, hay cien años, para una mujer era muy grave desear a otro hombre que no fuera su marido. Ahora... no tiene valor; así que ya no sabemos qué es lo que cuenta verdaderamente. Creo que hay una pérdida del individuo en toda esta perdición fragmentada... de sus pulsiones, de su deseo, de su amor, de su conocimiento, de su entendimiento, de su imaginario. Porque desear a otro aparte del marido, para una mujer, en el siglo XIX, por ejemplo, suponía lanzarse a un imaginario diferente, era inventarlo todo. Quizá lo más grave para alguien -hablo de un hombre o de una mujer- es ya no sufrir celos, por ejemplo. Es decir, no conocer ya el deseo, porque el deseo es una pasión absoluta -¿cómo decirlo?- e irrefutable.

El Deseo Retrasado: La Consumación como Cuestión Secundaria

El deseo está como retrasado, como algo que aún no ha llegado, y como tal, el deseo tiene lugar... Creo que se confunde. Ha llegado, está ahí. Está ahí, pero lo que quiero decir es que no se ha consumado. Sí, claro. Pero la consumación del deseo es una cuestión secundaria, de todas formas. La cuestión principal, creo, es el deseo en tanto que tal; el deseo, incluso lo no vivido del deseo. La consumación del deseo, de todos modos, es una especie de retraso... del propio deseo.

Puede que haya llegado y no estar consumado! No, se confunde, creo; hay una confusión de términos aquí. Puede estar perfectamente ahí y no estar consumado. De la misma manera que el amor puede estar perfectamente ahí y no estar consumado. Ha habido miles y miles de amores no consumados a lo largo de los siglos; y han sido igualmente amores, aunque no consumados, aunque no hayan llegado, incluso.

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