Cuando son pequeños, los bebés lloran mucho, ya que será la única forma que tengan de expresarse. Durante sus primeros meses de vida será muy normal que los pequeños lloren. El llanto es la manera de que los bebés se expresen y lo harán cuando tienen hambre, sueño o quieren algo determinado.
También podréis comprobar que el pequeño llora cuando está dormido. Este hecho puede causar preocupación en los padres, ya que no sabrán qué es lo que les pasa, pero tiene una explicación: sucede porque el descanso de los bebés influirá en la alteración del estado de ánimo y comportamiento del niño.
Así, en los primeros meses del bebé -incluso puede que en sus primeros años-, será habitual que se despierte con frecuencia durante la noche. Sí que es cierto que, en diversas ocasiones, podrás observar que el pequeño llora y que mientras lo hace tiene los ojos cerrados y permanece dormido. Esta situación es más común de lo que imaginas, pero muchas personas no saben cómo reaccionar.
Causas del llanto dormido en bebés
El bebé llorará dormido por diversos motivos. A los bebés se les dificulta conciliar el sueño aunque se sientan agotados y esto provocará que lloren mientras duermen. Algunos hasta intentan retomar el sueño, pero no suelen conseguirlo ya que no saben cómo hacerlo por sí solos. Es por eso que necesitan la ayuda de sus progenitores.
Una vez que está dormido, el bebé pasará por varias fases de sueño, que forman parte de su proceso de desarrollo, como pueden ser los despertares nocturnos. Estos pueden llegar a ser leves, como cuando el bebé emite algún sollozo o un suave gemido y continúa durmiendo. No obstante, sí que puede surgir un llanto que sea más perseverante y angustioso y que, por tanto, es la causa más común de alteración del niño.
El llanto también se puede dar cuando están dormidos y realizan una especie de quejido. Esto puede producirse porque están incómodos o, simplemente, porque están soñando.
Así, en estas dos circunstancias sucede lo mismo: los progenitores acuden a atender a su bebé y corrobora que, aunque esté llorando, continúa dormido. El motivo de este trastorno se produce cuando el pequeño está en fase de sueño lento, también denominada No-REM. En la fase No-REM, el bebé estará sumergido en lo más profundo del sueño y, por tanto, no será capaz de despertarse completamente y no toma conciencia plena de lo que pasa.
Cuando los bebés lloran dormidos pueden sentirse más agitados, confundidos, asustados y son incapaces de reaccionar a todos los estímulos externos. Estos llantos pueden estar producidos por algún estímulo exterior o que se produzcan de forma espontánea, por ejemplo, por algún ruido que es más persistente o por un cambio de posición en la cama. Por tanto, se recomendará evitar cualquier tipo de alteración durante las horas de descanso para que el pequeño comprenda que tiene que dormir.
Terrores nocturnos
Esto se conoce como ‘terrores nocturnos’. Los terrores nocturnos son uno de los trastornos del sueño conocidos como parasomnia o experiencia no deseada durante el descanso. Muy frecuentes en la infancia, son episodios que se producen durante la fase más profunda del sueño. En ellos, el niño sufre episodios de miedo intenso, gritos y agitación del cuerpo mientras duerme. En ocasiones, se despierta de manera brusca, aterrorizado y confundido. Al día siguiente, no suele recordar nada de lo que ha sucedido.
Así, los terrores nocturnos se producen en periodos más cortos y duran pocos minutos. Después, el bebé se queda nuevamente dormido. En el caso de que se trate de un despertar confusional, este puede tardar alrededor de cinco a quince minutos. Además, si se intenta consolar al bebé, la situación empeorará y se alargará más el episodio.
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¿Cuándo empiezan los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos suelen iniciarse entre los 4 y los 12 años, aunque son más frecuentes de los 3 a los 6 años y en los niños que en las niñas. Según la Asociación Española del Sueño (ASENARCO), se estima que un 40% de las personas ha sufrido algún episodio de terrores nocturnos durante su infancia, aunque suelen desaparecer por sí solos durante la adolescencia y, de hecho, son muy poco frecuentes en la edad adulta.
Si aparecen en la edad adulta, algo no frecuente, suele ser más preocupante, ya que pueden estar más relacionados con problemas emocionales, ansiedad o depresión. Su relación con otros trastornos psiquiátricos subyacentes es más controvertida.
¿Qué causa los terrores nocturnos?
Aunque se desconoce qué causa los terrores nocturnos, se piensa que podrían estar relacionados con el desarrollo inmaduro del cerebro, que lleva al niño a tener dificultades para salir por completo de la fase de sueño profundo y despertarse. Así, la alteración parece relacionada con la transición entre la fase de sueño profundo (lento) y la fase de sueño REM (en la que se producen los sueños).
Sí se sabe que existen desencadenantes como estar viviendo periodos de estrés o tensión emocional. Otros desencadenantes son la privación de sueño o interrupciones en este (por fiebre, viajes o enfermedades médicas -como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas-), mantener horarios irregulares de descanso o el cansancio extremo.
Igualmente, aumenta el riesgo de sufrir terrores nocturnos que existan antecedentes familiares, ya que este problema puede heredarse.
Algunos medicamentos pueden hacer más profundas todavía las fases de sueño profundo, lo cual favorece el inicio de los episodios. Por último, en adultos, los terrores nocturnos se asocian a trastornos como la depresión y/o la ansiedad y también el consumo de alcohol puede influir.
¿Cómo se manifiestan los terrores nocturnos?
Habitualmente, los terrores nocturnos tienen lugar durante el primer tercio de la noche. El niño puede llegar a gritar, a llorar de manera inconsolable, patear o golpear con violencia a su alrededor. También puede llegar acompañado de episodios de sonambulismo. Suele ser difícil despertarle, y, cuando por fin lo hace, puede ser incapaz de responder si se le habla.
Otros síntomas habituales y muy característicos son la transpiración excesiva, el rostro ruborizado, frecuencia cardiaca irregular y pulso acelerado, aumento de la frecuencia respiratoria y pupilas dilatadas.
Los terrores nocturnos suelen durar unos pocos minutos, habitualmente, menos de veinte, y después, el niño se vuelve a dormir y no suele recordar el episodio al día siguiente.
Cabe recalcar que los terrores nocturnos no son pesadillas, ya que estas son propias de las primeras horas de la mañana y, al despertarse, el niño puede ser capaz de recordar los detalles del sueño. Además, se le puede despertar con mucha más facilidad y, cuando lo hace, no se siente desorientado.
¿Qué hacer si un niño llora dormido?
En el caso de que quieras calmar al bebé, si está dormido, lo mejor será que tengas paciencia, esperes y observes cómo se comporta. El hecho de que llore o de que haga algún ruido, no implica que quiera despertarse. Mientras tenga los ojos cerrados será señal de que está dormido.
Así, será importantísimo prestar mucha atención al sonido del llanto. De esta manera, se determinará qué les está sucediendo. Puede ser que tenga frío o hambre y si sus necesidades básicas no se satisfacen, no podrán conciliar fácilmente el sueño. Lo mejor será atender al pequeño con una luz tenue y en silencio, evitando encender luces brillantes para que entienda que durante la noche hay que dormir.
Así, lo más importante será que no trates de despertar al pequeño durante esos incidentes nocturnos. Por eso, os podréis quedar en silencio junto a él y esperar a que este se tranquilice. Para calmarlo habrá que hacerlo con cierta tranquilidad.
Por todo lo anterior, cuando un niño sufre episodios de terrores nocturnos y se despierta durante uno de ellos, conviene encender solamente una luz tenue en la habitación y tratar de tranquilizarlo hablándole suavemente y abrazándole o cogiéndole de la mano hasta que vuelva a dormirse. De esta forma, podemos contribuir a evitar que asocie la oscuridad al desasosiego y la luz con el bienestar, y que no se condicione así el desarrollo de un miedo a la oscuridad.
Los progenitores han de mentalizarse de que estos episodios no hacen sufrir al niño y mucho menos están relacionados con trastornos psicológicos.
En muchos casos, el consuelo de sus padres es el único tratamiento que necesita el niño, ya que los terrores nocturnos suelen desaparecer por sí solos. Si se presentan después de los once años, suponen un riesgo para la seguridad, impiden un descanso suficiente, afectan al rendimiento en la escuela o el trabajo o a las relaciones sociales, sí puede ser necesario consultar a un médico.
En algunas circunstancias, puede existir alguna afección no diagnosticada que desencadene los terrores, como la apnea obstructiva del sueño, en cuyo caso el tratamiento será el de dicha condición.
En otras ocasiones, la terapia psicológica puede ser útil, al igual que aprender a gestionar el estrés o a usar mecanismos para afrontar los episodios. En casos severos, puede recurrirse al uso de benzodiacepinas durante una o dos semanas o a ciertos antidepresivos.
Recomendaciones para afrontar los terrores nocturnos
Existen algunas pautas que podemos seguir para ayudar a nuestro hijo si sufre terrores nocturnos:
- Mantén la calma cuando se produzca un episodio. Háblale con frases sencillas y tono relajado o abrázale hasta conseguir que se tranquilice y se duerma de nuevo, mejor en su propia cama. Si se ha levantado, condúcele con suavidad de nuevo a ella. Es mejor que no intentes despertarle.
- Busca un patrón para poder anticiparte. Para ello, lleva un diario de los ciclos de sueño de tu hijo y haz un seguimiento de los episodios: durante varias noches, apunta cuándo se duerme y cuándo se producen los terrores nocturnos. Ello te puede permitir prever cuándo van a producirse de nuevo y despertarle antes de que comiencen.
- Crea un entorno seguro. Si se levanta de la cama, puede lastimarse fácilmente, pues puede chocar con algo, caer, salir y perderse… Por ello, asegúrate de que no hay cables, trastos o muebles con los que el niño o niña pueda tropezar. Mantén también fuera de su alcance los objetos con que pueda cortarse, pincharse o quemarse como, por ejemplo, cuchillos y estufas. Evita también que duerma en una cama alta, como, por ejemplo, el piso superior de una litera.
- Convierte la habitación en un lugar tranquilo y confortable. Regula la temperatura y asegúrate de que no se cuelen luces o ruidos que puedan alterar el sueño. Conviene que permanezcas junto al niño o niña hasta que se tranquilice, pero también que retome el sueño en su propia cama, para ayudarle a superarlo.
- Asegúrate de que duerme las horas suficientes. La falta de sueño puede desencadenar los terrores nocturnos. Para evitarla, puedes hacerle acostarse más temprano o añadir una siesta corta después de comer -no superior a cuarenta y cinco minutos-. Asegúrate también de que mantiene un horario de sueño regular.
- No le cuentes qué ha ocurrido al día siguiente. Como él no se acordará, es mejor no revelarle lo sucedido al día siguiente, para que no se resista a acostarse de nuevo cuando llegue la hora.
- Intenta reducir su estrés. Habla con tu hijo de lo que le preocupa para identificar si existen cuestiones le estresan. También puede ser beneficioso llevar a cabo una rutina relajante antes de acostarle como leerle un cuento o darle un baño tibio.
- Cuida su alimentación. Una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, y reducir la ingesta de productos excitantes como chocolate, bebidas con cola o cacao también puede favorecer un buen descanso.
Tabla comparativa: Terrores nocturnos vs. Pesadillas
| Característica | Terrores Nocturnos | Pesadillas |
|---|---|---|
| Fase del sueño | No-REM (sueño profundo) | REM (sueño ligero) |
| Momento de la noche | Primer tercio de la noche | Últimas horas de la noche |
| Recuerdo del episodio | No recuerda el episodio | Recuerda el sueño con detalle |
| Reacción al despertar | Confusión, agitación | Miedo, ansiedad |
| Facilidad para despertar | Difícil de despertar | Fácil de despertar |
Para concluir, es fundamental mantener la calma y observar al bebé, creando un ambiente seguro y tranquilo para favorecer un descanso reparador. Si los episodios persisten o son muy intensos, consultar con un profesional de la salud es lo más recomendable.
