¿Qué hacer si mi bebé de 11 meses no quiere comer? Causas y soluciones

La incorporación de alimentos sólidos a la dieta de los bebés es uno de los grandes hitos de su primer año de vida. Sea a través del Baby Led Weaning (BLW) o por otros métodos, los padres les acompañamos, les observamos y celebramos sus progresos. Cuando se acostumbra a consumir sólidos con regularidad y por sus propios medios, sentimos que empiezan a hacerse mayores.

Entonces, cualquier día, sucede lo que nunca habríamos imaginado: dejan de comer. No hablamos de que ingieran cantidades más pequeñas, ni de que ya no les guste el que era su plato favorito. Hablamos de verdaderas huelgas de hambre. Cuando pasan más de un día sin comer comienza a cundir el pánico. "¿Qué le pasa? ¿Cuánto tiempo más puede seguir así? ¡Si no come, enfermará!", dicen las voces en nuestra cabeza.

Aunque tengamos claro que presionarle no es buena idea, es difícil no caer en esa tentación. Probamos, insistimos... quizá incluso sobornamos. Pero el niño, tenaz, continúa negándose a alimentarse.

Señales de Hambre en Bebés: Reflejo de Succión y Alimentación

¿Por qué mi hijo no quiere comer?

A día de hoy nos encontramos un alto porcentaje de niños con dificultades a la hora de comer y de probar nuevos alimentos, la pregunta ¿Por qué mi hijo no quiere comer? es muy recurrente en las familias. En el Centro Júlia Farré abordamos este tipo de casos de manera integral, tanto desde el punto de vista nutricional como psicológico. Es por ello que hemos enfocado este artículo desde ambos aspectos.

"Muchas de las cosas que pensamos que son problemas son cuestión de esperar, aunque a veces no sea fácil", explica Sara Traver en el curso «Alimentación infantil 12-36 meses». Por lo general, estas huelgas de hambre son normales.

En ocasiones resulta complicado encontrar una causa concreta que explique el repentino cambio de actitud. De hecho, el porqué puede no ser ni siquiera relevante. Los padres solemos creer que, si encontramos el origen, encontraremos también una solución; pero con los niños las cosas no funcionan necesariamente de esa forma.

Muchas veces no hay motivos: no es más que una etapa, una fase de su desarrollo.

Cambios y enfermedades como desencadenantes

Los cambios son un desencadenante habitual de estas huelgas de hambre. Por ejemplo, un cambio de residencia, porque realizamos una mudanza o nos vamos de vacaciones. O un cambio de cuidador, por las razones que sea. El niño puede reaccionar negándose a comer.

Cuando esto pasa, la huelga de hambre no es necesariamente una expresión de descontento. Puede estar muy a gusto en su nuevo hogar, en el lugar de descanso elegido o con su nuevo cuidador.

Pero sin duda alguna, la causa principal de las huelgas de hambre son las enfermedades. Un catarro, una gripe, un dolor de tripa, una otitis... o, sobre todo, la dentición. Esta clase de molestias también pueden provocar que dejen de tener hambre durante dos o tres días.

En el curso «BLW. Alimentación complementaria autorregulada», Julio Basulto insiste en que el apetito de los niños es "errático e inconstante". Esto significa que atraviesa distintas fases, con picos y valles. "Tenemos que comprender que las huelgas de hambre forman parte de su desarrollo normal.

Así las cosas, un niño que ha perdido el apetito coincidiendo con un cambio de residencia volverá a comer en cuanto se adapte al nuevo hogar. Un bebé enfermo recuperará el hambre cuando supere ese catarro, o cuando los dientes dejen de incordiarle. Cuando no existe una causa clara, más pronto que tarde reaparece su interés por los alimentos.

¿Qué es la Neofobia alimentaria?

¿Por qué mi hijo no quiere comer? Los niños adoptan comportamientos neofóbicos (miedo a probar cosas nuevas) y se vuelven muy selectivos a la hora de decidir lo que les gusta y lo que no. Cuando hablamos de neofobia alimentaria nos referimos al trastorno que restringe la alimentación de nuevos alimentos a causa de un miedo irracional. Para explicarlo mejor, si nos encontramos que un alimento que solemos comer, huele distinto o tiene otro color ¿Verdad que desconfiaremos de que esté bueno?, pues a los niños les sucede lo mismo. Además, aquí le podemos sumar que ya hayan podido vivir una situación desagradable al probar un alimento nuevo, como náuseas, vómitos, sentirse presionados a acabarse la comida a la fuerza, entre otras.

Es importante que aquí el adulto mantenga la calma por difícil que pueda resultar a veces. Puede ser beneficioso que en casa se coma de todo, normalizar la variedad de alimentos, comer todos los miembros de la familia juntos y el mismo tipo de alimentos. También nos vamos a encontrar que si conseguimos que el niño pueda probar algo distinto a lo de siempre, nos diga que no le gusta, es algo normal porqué es nuevo, y puede que llegue a necesitar probarlo hasta diez o quince veces para normalizar en su repertorio de sabores y lo pueda identificar como familiar.

Otra de las soluciones es implicar a los niños en la compra, en la cocina y poder crear platos visualmente atractivos.

El papel de las experiencias negativas

Puede ser agotador sentarnos a la mesa cada día y enfrentarnos al rechazo constante de nuestro hijo hacia la comida. No saber cómo ayudarle y esa sensación de que “algo no estamos haciendo bien”, puede generar una gran frustración y ser una fuente de estrés.

Es fácil pasar por alto cómo ciertas situaciones alrededor de la comida pueden marcar a un niño, pero lo cierto es que estas experiencias a menudo dejan una huella que influye en su actitud hacia ciertos alimentos. Si alguna vez tu hijo ha sentido náuseas, ha vomitado o incluso ha tenido dolor de estómago tras comer algo, es normal que lo relacione con ese alimento y lo evite en el futuro. Por ejemplo, si vomita tras probar una fruta nueva puede relacionar tanto el alimento en sí como el sabor, textura o el color del alimento con la experiencia desagradable y que desde entonces se genere un rechazo automático. Incluso si el malestar fue causado por otro motivo (como que se haya dado durante un proceso de gastroenteritis).

Muchas veces, sin querer, los adultos caemos en la tentación de usar frases como “si no comes esto, no hay postre” o “tienes que comerte todo el plato o no podrás irte a jugar”. Como ya habréis notado los niños son auténticas esponjas emocionales. Si sienten que estamos frustrados, ansiosos o enfadados porque no comen, eso también influye en cómo se sienten respecto a la comida. El ambiente también juega un papel importante. Si las comidas son caóticas, o si hay distracciones como la televisión o la Tablet, es más difícil que el niño desarrolle una relación positiva con la alimentación.

¿Cómo actuar?

Desde la consulta, trabajaremos con las familias para buscar formas creativas y adaptadas a su día a día para reintroducir los alimentos que generan rechazo. Lograr que la hora de la comida sea más relajada y positiva. Una estrategia clave es ayudar a los padres a crear un entorno donde el niño se sienta libre de elegir cuánto y qué comer dentro de lo que se ofrece, sin presiones. En lugar de frases como “¡tienes que comer esto!”, proponemos decirles cosas como “Esto está aquí por si te apetece probarlo”. Por supuesto, nos enfocaremos también en la alimentación del entorno familiar, ya que el ejemplo de los adultos juega un papel importante.

En las consultas de seguimiento, el papel de la nutricionista es ayudar a las familias a identificar qué dificultades están encontrando al llevar a cabo las recomendaciones y asegurarnos de que sean conscientes tanto de los avances de sus hijos como de los suyos propios. Este proceso mejora si trabajamos en equipo con la psicóloga, quien acompaña a las familias en gestionar las emociones que puedan surgir, como la frustración o la ansiedad.

En consulta, trabajaremos juntos para establecer rutinas claras que hagan de las comidas un momento más tranquilo y consciente. Por ejemplo, una de las recomendaciones podría ser crear un espacio libre de pantallas. Esto ayuda a que tanto niños como adultos estén más presentes, puedan conversar entre ellos y disfruten del momento. Será importante proponer cambios que realmente sean factibles.

Además, las cenas libres de pantallas habían mejorado la dinámica familiar, y Lucas parecía más relajado en la mesa.

¿Qué hacer si tu bebé no come con el método BLW?

Si estás en proceso de practicar el método baby-led weaning te habrás encontrado en diferentes situaciones en las cuales tu bebé no quiere comer. Llevas semanas esperando para ponerle sus primeros trozos de comida y ver cómo reacciona y por fin ha llegado el momento. Pero ¿qué ocurre cuando esta situación se mantiene en el tiempo? ¿Cuánto tiempo va a estar así? ¿Estará tomando suficiente hierro? ¿Le estaré causando algún problema por empeñarme en que coma él solo? ¿Hay que preocuparse?

1. Antes de preocuparte en exceso si tu bebé no come, piensa que está en una etapa de alimentación complementaria y de experimentación con la comida sólida. ¿Y cuándo empezará a comer? Cada niño es un mundo, hay algunos que desde los 6 meses ya dan sus primeros bocados y otros que hasta los 8 meses o incluso más siguen igual. ¿Y el hierro? Si te preocupa el hierro, prioriza alimentos que lo contengan cuando le ofrezcáis comida. Sin embargo, tranquilos, el hierro ¡no se esfuma cuando cumplen 6 meses!

2. Una vez que pasamos la primera fase y empezamos a ver cómo nuestro bebé empieza a comer lo que le ofrecemos, llega un día que de repente no quiere nada o que algo que ayer le encantó, hoy no quiere probarlo. Los bebés, igual que por una crisis de lactancia, pasan por una crisis de alimentación. ¿Es esto normal? Sí. La solución es no presionarle. En estas situaciones tanto el biberón como la teta sí suelen aceptarlo. Ofrécele leche y comprende que está bien alimentado.

3. Al cumplir los 12 meses todo cambia. A esto se le suma que su capacidad de explorar el mundo cada día es más grande y que, muchas veces, tendrán cosas mucho más interesantes que hacer que sentarse a comer. Sus ganas de probar cosas nuevas también serán menores a partir de ahora. ¿El resultado?

4. Son muchas las mamás que dicen que sus niños no comen y luego me cuentan que sí que comen galletas, aspitos, patatas, etc. Y si te faltan ideas, ¡échale un ojo a nuestras recetas!

5. De nada sirve que hagamos todo lo anterior, si nosotros no comemos lo mismo que ellos. Es importante sentarse a la mesa a comer juntos, y que los alimentos que le ofrezcas, sean igual que los tuyos, o tan parecidos como sea posible.

En definitiva, casi todas las situaciones relacionadas con su alimentación son normales. ¿Ha perdido el reflejo de extrusión de la lengua? ¿Es capaz de mostrar hambre o saciedad con gestos?

Consejos adicionales

  • Integrar al bebé en la mesa: Dejar que sea él el que pida probar, intentar no mezclar alimentos aún y ofrecerle dos o tres opciones de distintos colores, texturas y sabores.
  • Permitir la experimentación: Poner una cuchara a su alcance y que pruebe. No pasa nada si no usa la cuchara, es sólo simbólica. Dejar que meta las manos en el bowl y que se las chupe.
  • Crear un ambiente positivo: Que pruebe poquito a poco y que se convierta en un momentazo para todos.

¿Qué hacer si el bebé solo llora al ver la comida?

Si tu bebé solo ver la comida se pone a llorar, apártala un par de días de su dieta y aliméntalo de nuevo exclusivamente con tu leche. Un par de días más tarde, vuelve a empezar, ¡con alegría!

Cuando empiece a comer, es de VITAL IMPORTANCIA que transmitas todo esto a las personas que están con él en los momentos de las comidas. Si ya has empezado a trabajar y se queda con la canguro, la abuela o la guardería, investiga cómo le están ofreciendo la comida y haz los cambios pertinentes. Respetar esta etapa tan importante es crucial para que cuando este bebé se convierta en niño, pueda gozar de autonomía y quiera probar sensaciones nuevas.

*Es importante recalcar que en todo momento estamos hablando de bebés sanos que se encuentran dentro de la normalidad.

¿Por qué mi hijo no tiene hambre?

Los niños comen la cantidad necesaria para cubrir sus necesidades de crecimiento y energía. Pero entre el primer año de edad y los 5 años es normal que pierdan un poco el apetito. No obstante, mientras tenga un buen nivel de energía y esté creciendo con normalidad, lo más probable es que la pérdida de apetito sea un proceso natural.

El crecimiento entre los 1 y 5 años es más lento y necesitan menos calorías y al parecer tienen menos apetito (esto se llama «anorexia fisiológica»). La cantidad que un niño decide comer es controlada por el centro del apetito localizado en su cerebro. Muchos padres tratan de obligar a su hijo a comer más de lo que necesita, porque temen que la falta de apetito del niño pueda afectar a su salud o causar una deficiencia nutricional.

Si el pediatra que controla al niño no observa ningún problema en el desarrollo del niño no hay que forzarlo a comer ya que podría producir sentimientos negativos hacia la comida.

¿Qué pueden hacer los padres?

  • Dejar que el niño decida cuánto va a comer a la hora de la comida. Casi todos los niños comen una cantidad suficiente. Si el niño tiene hambre, comerá. Si no es así, tendrá hambre a la siguiente comida.
  • Realizar 5 comidas al día pero con moderación en los tentempiés de media mañana y media tarde.
  • No picar entre horas para evitar que el niño se sacie y luego no tenga hambre. Hay que asegurarse de que el niño llegue a la hora de la comida con el estómago vacío.
  • El niño debe comer solo y se ha de fomentar su autonomía.
  • Hacer la hora de la comida agradable y que el niño participe en la elaboración de los platos.
  • Evite que la conversación en la mesa se centre exclusivamente sobre la comida.
  • No prolongar la hora de la comida: dar un tiempo razonable para comer.
  • Tomar demasiada leche puede llenar a los niños y disminuir su apetito. Limite la cantidad de leche a 500 ml al día ya que la leche contiene tantas calorías como la mayoría de los alimentos sólidos.

Falta de apetito en niños de 2 a 3 años

Durante esta etapa, es habitual que los niños experimenten una disminución natural del apetito debido a un ritmo de crecimiento más lento y a la necesidad de menos calorías. Además, factores como infecciones leves, cambios en la rutina diaria, estrés emocional o aburrimiento con la comida pueden influir en su apetito.

Los signos de falta de apetito incluyen rechazo constante a los alimentos, disminución en la cantidad de comida ingerida y pérdida de interés en las comidas que antes disfrutaban. Es importante observar si estos síntomas persisten y si se acompañan de otros signos como pérdida de peso o cambios en el estado de ánimo.

Soluciones y tratamientos

  • Establecer rutinas alimentarias: Ofrecer comidas y refrigerios pequeños y frecuentes puede ayudar a mejorar el apetito.
  • Ambiente positivo durante las comidas: Crear un entorno tranquilo y sin distracciones favorece una mejor alimentación.
  • Involucrar al niño en la preparación de alimentos: Esto puede aumentar su interés por la comida.

Falta de apetito en niños de 3 a 4 años

En esta etapa, la falta de apetito puede deberse a factores como cambios en el crecimiento, enfermedades, estrés emocional, problemas dentales o hábitos alimenticios inadecuados. Es fundamental identificar y abordar estos factores para ayudar al niño a recuperar su apetito de manera saludable.

Además de la disminución en la ingesta de alimentos, pueden presentarse síntomas como irritabilidad, fatiga o pérdida de peso. En ocasiones, esta falta de apetito en los niños es simplemente una apreciación errónea de los padres, quienes creen que su hijo no come lo suficiente para cubrir sus necesidades de crecimiento.

Causas de la falta de apetito

Las causas de la falta de apetito en niños pueden ser muy diversas. Entre la inapetencia por causas orgánicas, destacan las infecciones como pueden ser los resfriados, las gastroenteritis o las infecciones del tracto urinario. Otras patologías menos frecuentes pueden provocar igualmente inapetencia en los niños. Entre ellas, el hipertiroidismo, la diabetes insípida, la artritis reumatoide juvenil y la fiebre reumática.

Medicamentos y anorexia reactiva

Entre los medicamentos que pueden favorecer la aparición de anorexia, los más usados en la infancia son: antihistamínicos, codeína, dextrometorfan, dimemorfan, efedrina, pseudoefedrina, metilfenidato y claritromicina. No obstante, la falta de apetito en niños más prevalente en los países desarrollados es la conocida como anorexia reactiva, simple o conductual.

¿Qué hacer ante la falta de apetito?

  • Determinar la causa de inapetencia en el niño. Antes que nada, hay que valorar si se trata de una falsa anorexia o realmente existe un problema de inapetencia.
  • Iniciar una dieta adecuada. En caso de un estancamiento en la ganancia de peso, se recomienda una alimentación en la que predominen los alimentos hipercalóricos.
  • Evitar los fármacos anorexígenos.
  • Modificar el comportamiento alimentario. Es fundamental identificar los malos hábitos que han podido provocar una anorexia reactiva en el niño e ir corrigiéndolos progresivamente. Entre las principales medidas recomendadas destacan respetar el apetito del niño y establecer un buen ambiente alimentario. Si rechaza el plato principal, insistir 5 minutos más y después pasar al postre.
  • Buscar apoyo psicosocial. Los padres pueden encontrar en la escuela infantil o el colegio un aliado para revertir la falta de apetito en los niños.
  • Tomar suplementos nutricionales. En caso de que existan deficiencias nutricionales, puede estar indicado el consumo de suplementos que aporten el nutriente carencial.
  • Emplear un estimulante del apetito para niños. En ciertos casos, puede ser aconsejable el uso de un estimulante del apetito. La lisina y la carnitina son dos de los principios activos más presentes en la formulación de estos estimuladores del apetito.

Mención aparte merecen los niños que declaran una huelga de alimentos sólidos mientras mantienen lactancia materna

Es frecuente que se nieguen a consumir cualquier cosa que no sea leche, incluso incrementan las tomas. En este caso sobran motivos para permanecer tranquilos. Si continúan tomando el pecho no sólo no han dejado de comer, sino que están recibiendo uno de los alimentos más completos que existen.

Consejos finales

"Lo mejor que puedes hacer para superar la huelga de hambre es confiar en tu bebé y en su desarrollo normal. Generalmente se solucionan solas, esperando a que esté mejor y supere el cambio que le ha hecho cambiar de hábitos", comenta Sara Traver en el curso «Alimentación infantil 12-36 meses». La clave, por tanto, está en la paciencia. Nada de desesperación, ni de ponernos en el peor de los casos.

Nunca es aconsejable presionar a un niño para que coma, pero hacerlo durante una huelga de hambre puede resultar todavía más contraproducente. Sobre todo, si su cambio de actitud tiene un trasfondo emocional. Lo único que conseguiremos será añadir más estrés al ambiente.

Basta con mantener las costumbres, con sentarnos a la mesa como siempre y ofrecerle comida, sin obligaciones. Puede ser buena idea proponerle alimentos que solían resultarle atractivos, dentro de una oferta saludable y equilibrada. Cuando están enfermos, en ocasiones les apetecen triturados, sopas, purés, alimentos blandos... Mantente alerta, escucha sus impresiones y trata de percibir cualquier pequeño interés que demuestre. Céntrate en acompañarle y transmítele calma, no ansiedad.

En definitiva, detectar de manera temprana el origen de estas dificultades en la alimentación infantil y evitar así su empeoramiento, es fundamental para alcanzar un desarrollo exitoso de la alimentación. Si te encuentras ante alguna situación de estas o conoces a alguien a quien le pase, ¡no dudes en contactar con nuestros logopedas para que os ayuden!

Tabla resumen de causas y soluciones

Causa Solución
Cambios en la rutina Adaptación gradual al nuevo entorno
Enfermedades (catarro, dentición) Paciencia y ofrecer alimentos blandos
Neofobia alimentaria Exposición repetida a nuevos alimentos
Experiencias negativas con la comida Crear un ambiente relajado y positivo
Anorexia fisiológica Respetar el apetito del niño

Publicaciones populares: