La Inspiradora Historia de Maurice Flitcroft: El Fantasma del Open

La historia de Maurice Flitcroft es un relato inspirador de perseverancia, sueños y familia. Dirigida por Craig Roberts y protagonizada por Mark Rylance y Sally Hawkins, "El gran Maurice" (título original: The Phantom of the Open) es una comedia dramática que narra la vida de este peculiar personaje.

Maurice Flitcroft, un soñador que desafió las convenciones del golf.

¿Quién fue Maurice Flitcroft?

Maurice Flitcroft fue un operario de grúa en un pequeño pueblo inglés que, tras ver un partido de golf por televisión, decidió participar en el torneo más importante del mundo: el Open Británico. El único problema era que Maurice no había jugado al golf en su vida.

Antes de ser operario de grúa, Maurice se había ganado la vida como heladero, vendedor de lustrazapatos, pintor, compositor y acróbata. No tenía ni idea de jugar al golf, todo lo que sabía de ese deporte lo había aprendido de un manual de instrucciones sacado de la biblioteca local.

A los 47 años, Maurice tuvo una revelación mientras veía el World Match Play Championship de 1974. Decidió que iba a competir en el Open Británico. Le pidió las 75 libras de la inscripción a su esposa, Jean, mintió sobre su hándicap y, sorprendentemente, logró colarse en las rondas clasificatorias.

Mark Rylance interpreta a Maurice Flitcroft en "El gran Maurice".

El peor golfista en la historia del Open Británico

En el Open Británico de 1976, Maurice Flitcroft firmó la peor ronda en la historia del torneo, con 121 golpes, 49 sobre par. La prensa lo apodó "El fantasma del Open" (The Phantom of the Open). A raíz de aquello, la Royal and Ancient (la organización reguladora del golf mundial) lo vetó en todos los campos y cambió las normas para que no volviera a ocurrir lo mismo en ningún otro abierto del circuito.

Pero Maurice no se desanimó. Se disfrazó con bigote, peluca o sombrero para colarse en los torneos. En 1984 volvió a entrar en el Open bajo nombre falso: Gerarld Hoppy, de nacionalidad suiza. Un poco después volvió a infiltrarse, esta vez como Gene Paychecki, supuestamente estadounidense. Más tarde se inscribió en torneos haciéndose pasar por un conde alemán llamado Manfred von Hofmannstal. O como James Beau Jolly. O como Arnold Palmtree... Cada vez que era descubierto, era puesto de patitas en la calle.

Scott Murray, coautor de "Phantom of the Open: Maurice Flitcroft, the world's worst golfer", señaló: «Siempre estaba luchando por superarse a sí mismo y siempre aspiraba a los más alto: el Abierto. Se dijo a sí mismo que lo iba a ganar, e incluso fue juzgado por ser arrogante, pero él no le hacía daño a nadie, sólo quería lograrlo».

La Familia Flitcroft

La película también muestra muy bien las relaciones familiares. Cuando ve peligrar su trabajo en los astilleros, Maurice es alentado por su mujer a hacer algo para sí mismo, algo que realmente le motive. Es un hombre que, a la manera del George Bailey de Qué bello es vivir, dejó de lado sus aspiraciones cuando las obligaciones se pusieron por delante.

Su hijo mayor está intentando hacerse un hueco en el mundo empresarial y no apoya que Maurice se exponga públicamente de esa manera. En el lado idealista están sus otros dos hijos gemelos, dos bailarines de música disco con el mismo carácter soñador que su padre. Sus hijos menores, gemelos, tienen el sueño de ser bailarines profesionales y Maurice y su mujer les apoyan en todo lo que deciden.

La película pone el foco en el coste personal y familiar que tiene el empeño del protagonista en lograr su objetivo y en el enfrentamiento con su hijo mayor, un directivo del astillero que se avergüenza de su padre.

El Legado de Maurice Flitcroft

No fue hasta 1988 cuando le hicieron sentirse (por fin) golfista. Era una invitación con todos los gastos pagados. Desde Estados Unidos. Para jugar en el torneo Grand Rapids de Michigan. Así que el hombre de 58 años se subió por primera vez a un avión y acudió a un evento donde uno de los atractivos era, precisamente, el tipo... con la peor tarjeta de la historia del Open Británico.

En sus memorias, Flitcroft reconocería: «Estaba buscando encontrar fama y fortuna, pero solo logré una de las dos».

Murió en marzo de 2007, evocando el olor del green recién cortado, soñando con aquel birdie que nunca hizo, hablando de su foto en blanco y negro con Seve.

Hasta el último día, siguió recibiendo correspondencia de admiradores de todo el mundo, gente que -como él- quería saber lo que se siente un día coronando el Alpe d'Huez junto a los mejores, jugando una vez (al menos una vez) en Maracaná, compitiendo en Roland Garros aunque sea haciéndose pasar por el sobrino de McEnroe.

Siempre recibía una carta. Estaba dirigida nada más que a la siguiente dirección: «Maurice Flitcroft, golfista, Inglaterra».

"El Gran Maurice" es una película que celebra la perseverancia y la importancia de perseguir los sueños.

"El gran Maurice": Una película inspiradora

Un film mágico, enternecedor y divertido. Con “El Gran Maurice” (The phantom of the Open) aprenderemos a mirar las estrellas o las pelotas de golf. Ambas de la mano de Maurice Flitcroft, un padre de familia humilde que opera grúas en un astillero en un pequeño pueblo inglés. En el momento en que el país entra en inestabilidad económica debe cambiar de trabajo con 46 años de edad. Encuentra su nueva pasión tras ver un partido de golf televisado de manera fortuita. Inspirado por el putt decide participar en el Open Británico, el torneo de golf más importante del mundo, sin haber tocado nunca un palo o haber pisado nunca un green.

Craig Roberts dirige esta sencilla y amigable película que está basada en un insólito hecho real. A pesar de estar basada en una historia real, la película tiene un tono casi fantástico en algunas escenas. En general es un tono realista, aunque más amable de lo que en realidad es la historia.

Lo que hace que El gran Maurice no caiga en la parodia de un personaje excéntrico es la interpretación de Mark Rylance. El ganador del Oscar como mejor actor secundario por El puente de los espías aporta la dosis justa de inocencia y determinación a un protagonista que no entiende por qué un torneo que se llama Open no está abierto a todos los jugadores. Nada detiene a Maurice, que se toma con buen humor cada obstáculo.

La inspiradora historia del PEOR golfista del mundo

El gran Maurice es, en definitiva, la entrañable (aunque con un lado amargo) historia de un "pez fuera del agua" que demostró que merece la pena luchar por lo que nos ilusiona. ‘El gran Maurice’ es una historia tierna y cercana sobre cómo se pueden alcanzar los sueños sin importar la edad o el origen de las personas. También resalta la importancia de la familia y el amor y el apoyo que nos pueden dar cuando lo necesitamos.

Mark Rylance se apodera completamente de Flitcroft y logra un papel entrañable y simpático capaz de hacernos creer fielmente en su compromiso por este nuevo sueño.

Hawkins interpreta a Jean, la esposa de Flitcroft, su mayor apoyo e inspiración. Son los padres de tres hijos, dos bailarines divertidos y un empresario meticuloso. Conforman así una familia particular que logra sacarnos las risas y las lágrimas. Una película adorable que nos obliga a mirar las estrellas y que, siendo golfistas o no, logra adentrarnos a la pasión por este deporte desde otros puntos de vista.

El Humor y la Crítica Social en el Golf

Habrá que convenir en que si todos los deportes tienen algo ridículo (veintidós tíos dando patadas a un balón, dos señores corriendo detrás de una pelota y dando grititos, etc.) en ninguno esto se da en grado tan alto como en el golf. Hay que fijarse bien: una serie de señores, normalmente de clase alta y siempre vestidos como tales, y a la inglesa (polo, jersey de picos, pantalón liso pero de color francamente extrovertido, como verde o rojo, ¡gorra!), acompañados por una especie de criado ascendido a secretario que acarrea detrás de ellos una sorprendente panoplia de palos, se esmeran en una a modo de petanca en versión balística de propósito insólito: introducir, desde una distancia muy respetable, una pelota realmente pequeña en un agujero tan imperceptible que ha de ser señalado con una bandera mediante el uso poco sutil de la panoplia de palos antes mencionada para hacerla avanzar.

En todo caso, y sin entrar en detalles del argumento de la película, finalmente un club de golf estadounidense da a Maurice el homenaje que merece. Resulta que, en uno de estos impulsos vulgarizadores norteamericanos que a veces son muy sanamente democráticos, allí se organiza un trofeo Flitcroft anual; en este torneo todo el mundo, independientemente de su pericia o de su hándicap, puede participar y, más aún, gana no quien dé menos golpes, sino quien dé más: una burla al esnobismo, el ensimismamiento y la soberbia de los golfistas británicos de clase alta que despreciaron a un héroe popular.

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