Maternidad y Paternidad en la Adolescencia: Causas y Consecuencias

La adolescencia es un período de transición crucial desde la niñez hasta la adultez. En esta etapa, los jóvenes experimentan cambios físicos que les permiten reproducirse, así como cambios cognoscitivos y psicosociales que buscan consolidar su independencia socioeconómica. Durante este rápido crecimiento y desarrollo, se enfrentan a nuevas capacidades y desafíos, abriendo un abanico de oportunidades, pero también exponiéndolos a conductas de riesgo con consecuencias de por vida, como el embarazo adolescente (EA).

Es crucial entender que la posibilidad de un embarazo en la adolescencia no implica que el proceso madurativo haya concluido. Las adolescentes constituyen un grupo heterogéneo, considerando su edad, desarrollo, experiencias, madurez afectiva y condiciones de vida.

Mapa mundial de la tasa de fertilidad adolescente (nacimientos por cada 1,000 mujeres de 15 a 19 años)

El Problema del Embarazo Adolescente

El embarazo adolescente, o embarazo precoz, ocurre cuando el cuerpo y la mente aún no están preparados para ello, específicamente entre la adolescencia inicial (pubertad) y el final de la adolescencia, establecido por la OMS en los 19 años. La mayoría de estos embarazos no son planificados ni deseados, y pueden ser producto de violencia física, simbólica, psicológica y económica.

El embarazo precoz incrementa el riesgo de aborto espontáneo o nacimiento prematuro del bebé. En muchos de los casos se produce mediante situaciones de violencia física, psicológica o sexual. Cuando una adolescente se queda embarazada se generan complicaciones psicológicas, sociales y familiares que repercuten negativamente en su desarrollo escolar. El riesgo de morir por causas relacionadas al embarazo, parto y postparto se duplica si las niñas quedan embarazadas antes de los 15 años de edad.

Situación y Factores Etiológicos

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la tasa total de fecundidad en España en 2011 fue 1,5, mientras que la tasa de fecundidad adolescente fue 12,7‰. En Estados Unidos, se calculó que el 19% de las adolescentes de 15 a 19 años con relaciones sexuales se embarazaban, siendo el 78% de esas gestaciones accidentales y que alrededor de una cuarta parte de las madres adolescentes tenían un segundo hijo dentro de los 2 años de tener al primero.

La mitad de los embarazos adolescentes se concentran en siete países: Bangladesh, Brasil, República Democrática del Congo, Etiopía, Nigeria, India y Estados Unidos. En Asia Central, Asia Sudcentral y Sudeste asiático cerca del 100% de los embarazos adolescentes suceden dentro del matrimonio, mientras que en Sudamérica o África Subsahariana el 70-80% ocurren fuera del matrimonio. Alrededor del 75% de los embarazos adolescentes no son buscados, mientras que los que sí se buscan pueden serlo por razones culturales o porque una adolescente sola cree ver en ello un camino para establecer una identidad propia. En todas partes los nacidos de madres adolescentes suelen ser no buscados, y los embarazos ocurridos fuera del matrimonio es más fácil que acaben en aborto.

Un pequeño, pero significativo porcentaje de embarazos adolescentes, puede ser resultado de sexo no consentido. Se estima que el 10-40% de las primeras relaciones sexuales de niñas menores de 15 años son forzadas.

En 2009, según una encuesta sobre la sexualidad en la juventud española, se observa un incremento de la población adolescente sexualmente activa, declarando haber tenido relaciones sexuales con penetración el 52,8% de las chicas entre 15-19 años y estableciéndose su edad media en el inicio de las relaciones sexuales en 15,5 años.

En España los estudiantes de enseñanzas secundarias de 14-18 años comienzan a consumir drogas a una edad temprana. En 2008 el consumo declarado, por chicas adolescentes, en los 12 últimos meses fue: tabaco 40,1%; alcohol 74,2%; cannabis 27,5%; tranquilizantes con receta 5,1%; tranquilizantes sin receta 2,9%.

El bajo nivel de estudios está íntimamente asociado a la maternidad temprana. Los adolescentes que tiene buenas relaciones con los adultos, tanto en su hogar como en la comunidad (entorno educativo…), y tienen costumbres y actitudes prosociales entre sus iguales son menos proclives al inicio temprano de la actividad sexual, al consumo de tóxicos y a la depresión.

Factores de Riesgo Asociados al Embarazo Adolescente

La evidencia empírica indica que entre los factores asociados a la maternidad precoz se encuentran las características del hogar de la adolescente: el ingreso económico de sus progenitores, sus niveles de educación y la condición de pobreza del hogar. Pero también hay factores contextuales relevantes, como el acceso a una educación sexual integral, a los distintos métodos de planificación familiar y, sobre todo, a la garantía del ejercicio de sus derechos.

Asimismo, en el embarazo y la maternidad adolescentes influyen un conjunto de representaciones culturales en torno al género, a la maternidad, al sexo, la adolescencia, la sexualidad y las relaciones de pareja. Una de las etapas que causa mayores transformaciones en la familia es la de tener hijos adolescentes, por ser una etapa de mayor autonomía e independencia por parte de los hijos, causante de una actitud más crítica y de recelo por parte de los padres, quienes interpretan esta nueva libertad como un desafío. Estos cambios exigen capacidad de adaptación dentro del núcleo familiar para poder enfrentarlos.

Cuando el hogar no muestra disposición para los cambios ni se encuentra unida, puede verse disminuida su funcionalidad. En este estudio, la funcionalidad familiar baja actuó como un factor de riesgo. Resultados similares fueron hallados en otro estudio, donde se identificó que la baja unión familiar, es decir el desligamiento emocional, representaba un factor de riesgo para el desarrollo del embarazo precoz.

Consecuentemente, en familias con historial de violencia, las interacciones no siempre son las correctas: pueden existir conflictos que alteran su dinámica y haber dificultades para regularizarse. Se ha demostrado la asociación entre el maltrato infantil y el embarazo en la adolescencia, puesto que las investigaciones refieren que los adolescentes que han sufrido abuso sexual son más propensos a involucrarse en situaciones de riesgo -incluyendo el aspecto sexual- en contraste con quienes no lo han sufrido.

La literatura sugiere que existe un patrón intergeneracional del embarazo adolescente, vale decir, una predisposición al embarazo en adolescentes que han tenido una madre o hermana que fue madre a temprana edad, hecho que es corroborado en este estudio. En los hogares donde la madre o hermana fueron madres adolescentes puede existir la repetición de estos patrones de conducta, a causa de la influencia social, ya que los miembros de la familia conforman las actitudes y valores de un individuo.

Por otro lado, se identificó la situación sentimental de los padres como un factor de riesgo, es decir, el hecho de que los padres se encuentren separados o divorciados se asocia al embarazo adolescente. En los hogares con historial de separación o divorcio, es más común que sea la madre quien se encargue de los hijos, lo que podría resultar negativo si existe un distanciamiento total del padre, dado que la ausencia de la Figura paterna se ha identificado en la mayor parte de casos de gestantes adolescentes.

Respecto al grado de instrucción de los padres, el hecho de solo haber estudiado hasta el nivel educativo primario sería un factor de riesgo para que las adolescentes puedan verse expuestas a un embarazo a corta edad. Sin embargo, este estudio mostró una mayor asociación entre el riesgo de embarazo adolescente con la educación de la madre antes que con la del padre. En tal sentido, podría considerarse el hecho de que seguimos viviendo en una sociedad machista con roles de género tradicionales, considerando que es la madre quien comparte más tiempo en el hogar y al padre se le delega el rol de protector, visto que es él quien en la mayoría de los casos trabaja. Por ello, a la madre se le delega la responsabilidad exclusiva de la educación de los hijos. Un nivel educativo bajo, es decir el desconocimiento sobre la situación actual de los adolescentes, así como poco conocimiento sobre sexualidad y dificultades en la comunicación, puede influir en que las adolescentes no encuentren en su hogar un lugar donde adquirir estos conocimientos por lo que recurren principalmente a sus pares o a internet, quienes muchas veces pueden proporcionar información errónea.

Consecuencias del Embarazo a Temprana Edad

Las niñas que quedan embarazadas a una edad temprana corren mayores riesgos de padecer mortalidad y morbilidad materna. El embarazo durante los primeros años después de la pubertad aumenta el riesgo de aborto espontáneo, obstrucción del parto, hemorragia posparto, hipertensión relacionada con el embarazo y afecciones debilitantes durante toda la vida, como la fístula obstétrica. Tener hijos muy jóvenes también significa que las mujeres y las niñas son más vulnerables a otros resultados negativos para la salud materna por los partos frecuentes, los embarazos no planeados y los abortos inseguros.

Los bebés que nacen de madres adolescentes tienen más probabilidades de nacer muertos, prematuros o con bajo peso y corren mayor riesgo de morir en la infancia, debido a la corta edad de la madre. Este riesgo se agrava por la falta de acceso a la información y los servicios de salud sexual y reproductiva integrales.

El EA tiende a perpetuar la pobreza y el aislamiento social de la mujer y sus hijos. Entre las madres adolescentes hay más interrupción de los estudios; tienen recursos de toda índole más limitados para ejercer su maternidad; se dan más matrimonios prematuros y se observa mayor multiparidad, más pobreza, más estigma de ilegitimidad, más depresión, así como embarazo recurrente en la adolescencia de una generación a otra.

Embarazo en la Adolescencia en Cifras

Se estima que 16 millones de niñas de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años dan a luz cada año, y un 95% de esos nacimientos se producen en países en desarrollo. Las niñas de entre 10 y 14 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo y el parto. Las niñas de 15 a 19 años tienen el doble de probabilidades que las de más de 20 de morir en el parto o el embarazo y la tasa de mortalidad de sus neonatos es aproximadamente un 50% superior. Cada año, unos 3 millones de niñas de 15 a 19 años se someten a abortos peligrosos.

América Latina y el Caribe es la región con mayor fecundidad adolescente en el mundo después del África subsahariana.

Infografía sobre el embarazo adolescente: Causas y consecuencias

Enfoque Centrado en la Adolescente

Las adolescentes necesitan consideración especial y una respuesta adecuada a su edad por parte de los profesionales en cuanto a consentimiento y confidencialidad. El profesional que no lo comprende crea barreras para una atención equitativa. Cuando coexisten factores sociales complejos con el EA la atención debe centrarse en el cuidado de la adolescente. Es esencial una buena comunicación entre los profesionales y la joven.

Los tratamientos y procedimientos deben estar, en lo posible, sustentados en medicina basada en la evidencia y se ha de facilitar información escrita a la medida de las necesidades de cada una. Dicha información debe ser también accesible a las jóvenes con necesidades especiales: físicas, sensoriales, de aprendizaje o para aquellas que no hablen o entiendan el idioma.

Se preconiza el enfoque de riesgo, que es un concepto probabilístico, como metodología efectiva para adecuar los requerimientos organizativos y administrativos y para adaptar los recursos a las necesidades de salud y bienestar en las adolescentes. De acuerdo con el enfoque de riesgo se debe trabajar a 2 niveles: fomentando los factores protectores e identificando los factores de riesgo, entendidos estos como la ausencia de los protectores.

El grado de educación es probablemente el factor más importante en términos de riesgo reproductivo y riesgo perinatal. Estudios de metaanálisis demuestran que la edad deja de ser un factor de riesgo por sí mismo y son la contención social, el control perinatal y el estado nutricional los que favorecen o disminuyen el riesgo perinatal.

Sin embargo, en la adolescencia el embarazo no siempre es una situación problemática, y cuando no lo es, es importante que se mantenga la mirada fresca para que el abordaje no se haga bajo el concepto de «situación especial», pues podría derivar en actuaciones iatrogénicas.

Consulta Preconcepcional

La visita preconcepcional da pie a la valoración global de una pareja con deseo genésico, brindando un «periodo ventana» de valor único para intervenciones previas al embarazo, que pueden reducir riesgos maternos y fetales. Esta oportunidad de ejercer acciones de prevención primaria de enfermedades es obvio que no tiene lugar cuando los embarazos son accidentales.

Pero un EA puede ser un proyecto de pareja, en el seno de una estructura familiar, para mujeres adolescentes que proceden de otras tradiciones o culturas y están casadas o viven en pareja, por lo que la consulta preconcepcional podría ser un hecho. Los procedimientos que hayan sido generados y realizados en el año que precede al embarazo no hay que repetirlos en la primera consulta prenatal.

Conviene repasar el calendario de vacunaciones, asegurándose del correcto cumplimiento hasta la actualidad, por si competen recomendaciones específicas. Hay que tener en cuenta que adolescentes que procedan de otros países pueden haber observado pautas de vacunación diversas a las recomendadas aquí, o no haber sido vacunadas frente a algunas enfermedades de transmisión vertical o pudieran ser portadoras de algunas enfermedades infecciosas por venir de zonas de alta prevalencia.

Tras administrar la vacuna de la rubéola basta evitar el embarazo durante un mes. En algunas tradiciones culturales las uniones consanguíneas se permiten, o incluso se estimulan, lo que según el caso puede hacer recomendable el diagnóstico precoz de algunas enfermedades hereditarias, si bien aún no se pueden establecer recomendaciones basadas en la evidencia.

Corresponde promocionar estilos de vida saludables en la mujer y su pareja, y prescribir ácido fólico para la profilaxis de defectos del tubo neural y suplementos farmacológicos de yoduro potásico, si la ingesta alimenticia de yodo es insuficiente.

Solicitud de una Prueba de Embarazo

La solicitud de una prueba de embarazo pone de manifiesto que la adolescente consulta por convicción o sospecha de haber estado expuesta a la posibilidad de un embarazo, hecho que requiere la debida atención por parte del personal sanitario. De modo que incluso con un resultado negativo de la prueba de embarazo hay que detenerse a calibrar las circunstancias de la adolescente y si la situación que origina la demanda ya está o no resuelta; si no lo está es el momento indicado para iniciar una intervención profiláctica, que puede precisar de la intervención de otros profesionales en un equipo multidisciplinario o incluso ajenos, tales como educadores de calle, trabajadores sociales, psicólogos u otros.

Los profesionales han de adoptar actitudes adecuadas y formular preguntas precisas para facilitar que las adolescentes se expresen, de lo contrario la consulta puede ser infructuosa. Puede ser clave saber cuál es el motivo que se priorizó para iniciar las relaciones sexuales, indagar si hubo coerción por parte del varón o la edad de este. Hay muchos factores relacionados con el género que deben tenerse en cuenta para poder entender el comportamiento de los adolescentes, chicos o chicas, ya que las diferencias en el comportamiento sexual de ambos tiene su origen en los roles sociales estandarizados. En estos casos a la inequidad de género suele sumarse la inequidad de clase, de ahí que haya más madres adolescentes entre las más pobres.

Si el resultado de la prueba de embarazo es positivo hay que hacer, a la mayor antelación, un diagnóstico preciso de la edad gestacional y efectuar la evaluación global de la adolescente embarazada.

Evaluación de la Adolescente Embarazada

El diagnóstico del embarazo en una adolescente ocurre en casi cualquier departamento clínico en el que haya profesionales atentos, puede aparecer tras consultas clínicas tan dispares como molestias digestivas, aumento de peso o sintomatología urinaria a las que la joven «olvide» añadir el «detalle» de un retraso menstrual sugestivo de una gestación.

El diagnóstico de embarazo conlleva la evaluación y el asesoramiento a la adolescente. Lo común es que la adolescente esté obviando ese detalle para sí misma, no que lo quiera ocultar, por lo que siempre hay que formular estas preguntas clave: «¿Has tenido las últimas reglas cuando las esperabas y han sido normales?». Y si la respuesta es afirmativa: «¿tienes relaciones sexuales? y ¿cómo te proteges?».

Debería llegarse a un nivel de cultura sanitaria tal que permita que cualesquiera que realicen el hallazgo de un EA activen de inmediato los mecanismos adecuados para evaluar a la adolescente, ya sea contando con sus propios recursos o con los de otros profesionales accesibles en su entorno. Para que se pueda hacer un abordaje integral biopsicosocial se necesita que el EA lo realice un equipo multidisciplinario, asumiendo desde el punto de vista sanitario que son tan importantes obstetras como psicólogos, asistentes sociales, comadronas, enfermeras educadoras, pediatras y médicos de familia, que a su vez deben lograr vincularse con el resto de agentes sociales implicados en el cuidado y desarrollo de los adolescentes.

Cualquier profesional que intervenga ha de estar formado para interpretar actitudes y comprender en su embarazo a las adolescentes, que no son simplemente embarazadas muy jóvenes. Es indispensable establecer empatía con la adolescente, a la vez que tener aptitudes de tacto, respeto, discreción y tolerancia. Hay que recordar la edad y la situación de la mujer para transigir con olvidos, retrasos, incumplimientos y haber desarrollado una serie de habilidades que permitan el correcto manejo de tesituras, a veces muy complicadas, para evitar sus reacciones de rechazo. Quien carezca de esa formación debería transferir esta tarea a otro colega más adecuado.

Los profesionales han de revisar de forma permanente sus conocimientos, en el seno de sus grupos de trabajo con la intervención de cuantos profesionales de las diversas disciplinas formen parte de los equipos y, cuando sea necesario, con la colaboración de otros expertos cualificados, externos al equipo asistencial.

Tabla 1. Factores de Riesgo Asociados al Embarazo Adolescente (Estudio en Trujillo, Perú, 2019)

Factor de RiesgoOdds Ratio (OR)Magnitud del Efecto (ME)
Baja Funcionalidad Familiar2.42Moderada
Exposición a la Violencia2.05Moderada
Madre o Hermana Madre Adolescente3.15Moderada a Alta
Padres Separados o Divorciados2.20Moderada
Bajo Nivel Educativo de la Madre2.78Moderada

Nota: Los valores de OR y ME son indicativos y basados en el estudio mencionado.

ESTRATEGIAS EFECTIVAS PARA LA PREVENCIÓN DEL EMBARAZO EN ADOLESCENTES

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