Maternidad Activada: Resumen de la Temporada 1

La muerte de mi segundo bebé a las 10 semanas de gestación marcó un antes y un después en mi vida. El primero fue maravilloso, fácil y muy disfrutado, un momento vital muy feliz y de mucha paz. El segundo me pilló en una época de estrés extremo, y en cuanto tuve un momento para tomar aire, mi embarazo terminó (fue un proceso largo que ya os conté aquí).

Llevo ocho meses de malestar físico a diario, aunque en este aspecto el principio fue la peor etapa. Cada día es una aventura; pueden tocar náuseas, vómitos brutales, dolores de cabeza, cansancio ingestionable, tobillos hinchados, hormigueo insoportable en el pie, zona lumbar agarrotadísima… o simplemente malestar general (de hecho hubo una temporada en que todos los días pensaba que me estaba poniendo enferma). No es que siempre me encuentre mal, en absoluto, la mayor parte del tiempo hago vida normal.

Pero es excepcional el día en que no tengo algún momento de malestar. Y vienen sin avisar, a veces son sensaciones extremadamente incómodas. ¿Alguna vez habéis experimentado, sentados a la mesa, las ganas de comer y de vomitar a la vez? Es muy extraña la percepción de estar enferma sin estarlo realmente. Muchos verán debilidad en todo esto.

Antes de quedarme embarazada por tercera vez, revivía constantemente aquel momento en que fui al baño y al limpiarme vi la sangre. Creía que iba a vivir 9 meses con esa angustia, que cada meada iba a ser una prueba a superar, una batalla contra mis miedos y expectativas. Tengo la suerte de haber sido consciente desde muy joven de la importancia del autocuidado, de que tenía que buscar mis propios recursos para afrontar las dificultades que se fueran atravesando en mi camino (aunque a veces necesito que me lo recuerden, para no caer en espirales de negatividad). Así que, ya antes de quedarme embarazada, empecé a planificar.

He recurrido a 3 profesionales de diversas disciplinas y a un grupo de apoyo (ya os contaré quiénes son y les dedicaré su espacio en mis redes, porque todas se lo merecen). En mi primera sesión de autocuidado a manos de una profesional, cuando yo ya estaba embarazada pero todavía no lo sabía seguro, ella me regaló un mensaje que ha sido fundamental desde ese momento. Esta es una experiencia nueva y única, no tiene nada que ver con la anterior. Tu pérdida está ahí, y merece que le concedas su espacio y su atención.

Pero este es otro embarazo, ocupa otro espacio y requiere otra atención. No solo supo transmitirme exactamente lo que necesitaba en ese momento, sino que también la clavó en cuanto a mi percepción de un embarazo sano, ya que mi referencia era el primero, el idílico. Y el actual sano sí, pero de idílico ha tenido más bien poco. Al final, ha sido mucho más difícil desconectarme de las expectativas de placer que de las de dolor, y lo cierto es que no contaba con eso en absoluto.

En estos 8 meses han pasado muchas cosas, marcadas por una vorágine de cambios en el ámbito laboral. Y los procesos que han implicado esos cambios han sido especialmente difíciles de gestionar para mí. Lo que no sé es hasta qué punto haber vivido un aborto previamente ha sido determinante respecto a la manera de vivir mi embarazo actual, incluso respecto a los síntomas que he ido experimentando físicamente. En definitiva, siento que he vivido lo que va de esta tercera maternidad nadando en un cóctel de estrés, miedos, preocupaciones, expectativas e incomodidad. Suena terrible, pero en realidad he descubierto que solo es terrible cuando intentas resistirte a ello.

Con toda su carga “negativa”, esta experiencia está siendo muy enriquecedora. Estoy aprendiendo mucho sobre mí, sobre la vida, sobre los temas que me apasionan y de los que hasta ahora tenía una visión muy sesgada por mis vivencias previas. Necesitaba esta nueva experiencia para entender otras maneras de vivir un embarazo y una maternidad, para conectar con otras madres, para reconectar conmigo misma y con mi bebé. A todos nos gustaría no pasar por ciertos procesos en nuestra vida, pero cuando toca, toca; no queda otra que aceptarlo o consumirnos en la negación. A mí me ha costado no optar por lo segundo, me ha costado ser consciente de que estaba optando por lo segundo, pero ahora sé que elijo lo primero.

No habría conseguido llegar a este punto sola ni de coña. He tenido muchos apoyos y he ido recopilando recursos de autocuidado que me nutren día a día. Hoy, 15 de octubre de 2021, es el Día Internacional de la Muerte Gestacional y Perinatal, un día con mucho significado para mí. Y quiero agradecer a Bolboretas no Ceo Norte por su gran labor en la visibilización y acompañamiento de estos procesos tan comunes y dolorosos. Yo también quiero enviar todo mi amor a las familias que han pasado por pérdidas gestacionales y/o perinatales.

No recibí una atención excelente por parte de los sanitarios cuando pasé por mi aborto. Ni siquiera siento que recibiera una buena atención. De más de 15 ocasiones entre visitas a urgencias, ecografías, consultas telefónicas y online, analíticas…. en fin, más de 15 contactos con profesionales sanitarios, y la única situación de la que no tengo queja es de la histeroscopia final, en la que me atendieron muy bien (aunque no entiendo por qué no podía estar acompañada, y puntualizo que fue antes de la pandemia). En todas las demás hubo algo que, en mi opinión, no fue correcto.

Os pongo en situación: estoy embarazada de 10 semanas, empiezo a sangrar, voy a urgencias, me dicen que tiene bastante pinta de aborto pero no es seguro, que tengo que volver una semana después para confirmar, que vuelva a urgencias si tengo mucho dolor o si sangro mucho, y ¡FIN! Vete a tu casa y a ver qué pasa. ¿Qué es sangrar mucho? ¿Qué es normal que suceda en este proceso y qué no es normal? Y más que ahora mismo no recuerdo… ¿Cómo puede ser que dieran la consulta por concluida sin hablarme de cómo se desencadena un aborto, cuando lo más intenso del proceso iba a suceder antes de la siguiente consulta?

Todavía no entiendo esta carencia, en mi recuerdo de aquel momento es como si hubiera un vacío, un agujero sin rellenar en la historia. Tiempo después, hablando con otras madres que habían sufrido pérdidas gestacionales, corroboré que esa ausencia de información es algo muy habitual. Es más, en muchos casos es peor todavía, ya que se convierte en desinformación. Es frecuente que una madre que está asumiendo que no va llegar a conocer a su bebé, o que tiene que despedirse de él demasiado pronto, reciba información incorrecta acerca de sus opciones.

Pero no escribo esto para quejarme y encerrarme en el victimismo. Escribir estos artículos sobre mi pérdida gestacional y compartirlos en mis redes es mi granito de arena para contribuir a la visibilización de este gravísimo problema. En cuanto a proponer soluciones, creo que el trabajo que requiere esto debería implicar al conjunto de la sociedad. Como casi siempre, todo mejoraría muchísimo si nos enfocáramos en la educación y atajáramos el problema antes de que empiece.

La escuela en la que memorizamos datos y los vomitamos el día del examen está obsoleta. Hay que plantearse un gran cambio de paradigma en el que acompañemos a todas las personas en su proceso de desarrollo para prepararles para el mundo de la mejor manera posible. Y en ese trayecto no podemos dejar de lado los grandes temas, como la gestión emocional o la educación sexual (que muy poquito a poco se van abriendo camino en el ámbito educativo), así como hablar del nacimiento y la muerte (y aquí reservaríamos un espacio para la pérdida gestacional).

Pero vayamos a una medida más concreta y más alcanzable a corto plazo: los profesionales sanitarios necesitan formación. Es desolador que sus carencias formativas no sean abordadas a nivel global y tengan que ser muchas veces los mismos sanitarios, a nivel individual, quienes inviertan sus recursos personales en mejorar la calidad de sus servicios. En este sentido, Bolboretas no Ceo Norte está sacando adelante una propuesta que creo que va a resultar muy útil para avanzar.

Se trata de un tríptico para entregar a las familias al comunicarles la pérdida de su bebé. Hay mucha más información necesaria, dependiendo de las circunstancias, pero en este simple documento ya aparecen los temas clave y se establece un tono coherente, respetuoso y amable. Es así de sencillo hacer las cosas bien. ¿Se te ocurren otras propuestas o acciones directas que puedan ayudar a hacer las cosas un poquito mejor?

El autocuidado siempre es fundamental, debería ser uno de los pilares en los que nos apoyemos en todas las etapas de nuestras vidas. Así que hoy me gustaría compartir lo que yo creo que me ha ayudado a pasar por este proceso de la mejor manera posible. Y, si a ti también te ayuda, maravilloso. Esto es fundamental. Las emociones se van a apelotonar en tu interior, y son tan dolorosas que asustan, pero hay que dejar que cada cosa tenga su espacio.

A veces tocará estar triste, a veces enfadada, asustada, desbordada… Cuando toca, toca. No conviene recrearse en las emociones negativas ni dejar que dominen nuestra vida, pero tampoco hay que bloquearlas. Sentir es bueno, y nos ayuda a procesar lo que ha pasado. Si realmente esas emociones son tan intensas que no te permiten gestionar tu vida, a lo mejor necesitas ayuda profesional. Descansa todo lo que quieras.

Lo que está sucediendo en tu interior es muy complejo y tu cuerpo no está acostumbrado a experimentar algo así. Como siempre, conviene alimentarse e hidratarse bien. Para mí, la vida sexual tras el aborto tuvo un gran paralelismo con el postparto. Cuando nació mi primer hijo, cada vez que tenía relaciones conectaba con el momento del parto, como si me transportara de nuevo allí de alguna manera, experimentando ese poderío colosal que te hace sentir capaz de todo.

Después del aborto, me pasó algo parecido, pero lo que sentía era una gran tristeza. Poco a poco, todo volvió a la normalidad. Yo no creo que el tiempo lo cure todo, para nada, el dolor sigue ahí. Pero el tiempo hace que lo coloques en su sitio, y deje de interferir en otras cosas. En mi caso, así fue. Un día, varios meses después, me apeteció buscar un grupo de apoyo al duelo gestacional. Descubrí que en Galicia solo había uno, lo que me sorprendió muchísimo. Por suerte, justo en ese momento se estaba formando otro en mi zona. Se llama Bolboretas no Ceo Norte.

Debido a la pandemia del covid 19, solo llegué a acudir a una reunión. Pero es algo que recomiendo muchísimo. Has pasado por algo terrible y te vas a sentir fatal. A veces te invadirá la culpa, y eso te puede conducir a autocastigarte. No lo hagas, siempre debes tener presente que te mereces estar bien, te mereces ser feliz. Así que haz todo lo que puedas para ello. Insisto, sin forzar, pero cuando creas que es el momento, busca el placer, las risas, el amor.. ¡Disfruta! Porque te lo mereces y porque eso no significa que quieras menos a tu bebé, ni que no le eches de menos.

Acudo a urgencias por primera vez, embarazada de 10 semanas y con un leve sangrado desde hace unas horas. Me dicen que probablemente sea un aborto, pero que hay que esperar unos días para confirmarlo.-Sí, tengo una, ¿qué pasa con la lactancia?-Pero, ¿sigue tomando pecho?

No sé si os podéis imaginar la losa que me cayó encima en ese momento. Y eso que yo estaba informada y sabía que eso no era cierto. Por si os queda la duda: NO, la lactancia no favorece el riesgo de aborto. Por otro lado, aunque lo que me hubiera dicho fuera cierto, ¿os parece una actuación profesional acertada? A mí, rotundamente no. Esa mujer no fue empática, no fue respetuosa, me cargó de culpa… Básicamente, no solo falló el mensaje, que era incorrecto, sino también la manera de transmitirlo, sin el más mínimo tacto.

Mismo día, un rato más tarde. Llego al Centro de Salud donde tenía que pedir cita para hacerme una eco unos días después.-Pero, ¿estás embarazada?Un par de semanas después, tras un tratamiento que no me había hecho los efectos que me habían indicado, hago una consulta en el 061 online explicando lo que me ha pasado y me indican que acuda a urgencias.

Voy y me toca esperar un buen rato, hay bastante gente, y veo a varias que salen asqueadas por la atención recibida, esas cosas que se notan claramente en el lenguaje corporal. Cuando por fin me llaman a la consulta, me atiende una chica que me pide que le cuente. Empiezo la historia y me interrumpe para decirme que no sabe qué hago allí, que eso no es una urgencia, etc. … Y así hasta que se da cuenta de que es una cita de embarazo que no me han cancelado.

Durante este proceso hice 2 llamadas telefónicas al 061. Hubo un detalle con el que aluciné la primera vez, pero tenía cosas mucho más relevantes en que pensar, así que lo borré hasta que hice la segunda. Ahí va la perla: el rato de espera hasta que me atendió un humano, en ambas ocasiones, para acompañar esos minutos me pusieron música de suspense. Sí, sí, has leído bien, música de peli de suspense. Ale, hasta aquí el anecdotario surrealista de mi pérdida gestacional. Creo que no tiene desperdicio, la verdad. ¿Y tu qué? Soy madre. Mi primer hijo tiene 4 años.

-¡Ah! En ese momento dije eso, pero ahora me reafirmo. El mayor tiene 3 años y medio. El pequeño llevaba 10 semanas en mi cuerpo cuando empecé a sangrar. El pequeño existe, también es hijo mío, soy mamá de dos. Este bebé no ha llegado a nacer, pero es un miembro más de mi familia, y siempre lo será. No voy a obviar su existencia, no quiero olvidarle ni sustiruirle.

Ahora voy a contarte cómo ha sido el proceso del aborto. Entiendo que no todo el mundo tiene estómago para esto, o simplemente puede que no te apetezca leerlo. Pero, en mi caso, conocer experiencias reales es algo que me ayuda muchísimo. Bueno, y por otra razón. Hay muchas cosas que deberían cambiar para sanar poco a poco nuestra sociedad. Y una de ellas es la manera en la que hablamos (o, más bien, no hablamos) del nacimiento y de la muerte. Son temas muy tabú, y no creo que eso sea sano.

Ahora sí, voy a contarte mi experiencia. Todo empezó un lunes por la noche, justo antes de acompañar a mi peque a la cama. Fuimos al baño y vi que había echado algo de flujo con sangre. Era poquito, y al limpiarme con papel no manchaba más. Obviamente, me asusté mucho, pero estaba sola en casa con mi peque y me tocó mantener la compostura (uno de esos superpoderes que tenemos las mamás). Fuimos a la cama y le conté un cuento. Me temblaba mucho la voz, pero tiré palante. Al poco llegó papá y le conté lo que había pasado. Por la mañana fui al baño. Más sangre. En realidad era como flujo con sangre, tipo regla, pero flojita, como al principio o al final de la menstruación. Llamé al 061 y me recomiendaron ir al hospital.

Entro en la consulta sola; no entiendo por qué a veces no permiten que entren los acompañantes, ¿alguien lo sabe? (aclaro que esto sucedió antes de la pandemia). Hay tres chicas jóvenes, bastante ...

La experiencia de la pérdida gestacional es profundamente personal y multifacética. La siguiente tabla resume los aspectos clave abordados en este artículo:

Aspecto Descripción
Impacto emocional Estrés, miedo, preocupación, expectativas e incomodidad.
Autocuidado Fundamental para gestionar las emociones y el proceso de duelo.
Apoyo profesional Recurrir a profesionales de diversas disciplinas y grupos de apoyo.
Atención sanitaria Necesidad de mejora en la formación y empatía de los profesionales sanitarios.
Visibilización Importancia de hablar sobre la pérdida gestacional para romper tabúes y mejorar la atención.

La maternidad, con sus altibajos, requiere un enfoque integral que priorice el bienestar emocional y físico. La búsqueda de apoyo y el autocuidado son herramientas esenciales para afrontar los desafíos que puedan surgir.

¿Qué es el duelo gestacional o duelo perinatal? ¿Cómo transitarlo?

Publicaciones populares: