María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878) es una de las figuras más complejas y controvertidas del siglo XIX español. Su papel como reina consorte y posteriormente como regente la situó en el centro de las transformaciones políticas que marcaron el tránsito del absolutismo al liberalismo, periodo caracterizado por intensas luchas ideológicas, conspiraciones y ambiciones personales.
Orígenes y Matrimonio con Fernando VII
Nacida en Palermo el 27 de abril de 1806, María Cristina era hija de Francisco I de las Dos Sicilias y de María Isabel de Borbón, hija del rey Carlos IV de España y, por tanto, hermana de Fernando VII. Su educación en la corte napolitana fue esmerada, aunque más orientada hacia la cultura y la religión que hacia la política.
Tras el fallecimiento de María Josefa Amalia de Sajonia en 1829 -tercera esposa de Fernando VII-, se planteó la necesidad de un nuevo enlace que asegurara la continuidad dinástica. Por mediación de Luisa Carlota de Borbón, hermana de la reina de Nápoles, se propuso el matrimonio entre Fernando VII y su sobrina María Cristina.
María Cristina llegó al palacio real de Aranjuez el 8 de diciembre de 1829 y al día siguiente se celebró la ceremonia de esponsales. Así, el 11 de diciembre de 1829, se celebra la boda en Aranjuez.
La llegada de María Cristina fue recibida con cierta esperanza por los sectores liberales, que vieron en ella una posible moderación del absolutismo real.
Reina Consorte y la Pragmática Sanción
Su primer embarazo consolidó esa expectativa: el 30 de octubre de 1830 dio a luz a Isabel, futura Isabel II, lo que llevó a Fernando VII a promulgar la Pragmática Sanción de 1789, restableciendo el derecho sucesorio femenino y dejando sin efecto la Ley Sálica. Nuevamente la reina queda embarazada y, el 30 de enero de 1832, da a luz a una segunda niña, Luisa Fernanda, que sería casada con el duque de Montpensier.
Durante los últimos años de reinado de Fernando VII, María Cristina desempeñó un papel político creciente, especialmente tras la enfermedad del monarca en 1832, momento en que fue designada gobernadora del reino. Al comenzar el año 1833, el rey la relegó de sus funciones, agradeciendo públicamente todos sus desvelos.
Regencia de María Cristina
Tras la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, María Cristina asumió la Regencia en nombre de su hija Isabel, de apenas tres años. Su gobierno se inauguró en un contexto sumamente convulso: la proclamación de Isabel como reina fue contestada de inmediato por los partidarios del infante Carlos María Isidro, hermano del monarca fallecido, quienes negaban la validez de la Pragmática Sanción, provocándose la primera guerra carlista.
En sus primeros años como regente, María Cristina intentó mantener un difícil equilibrio entre los distintos sectores políticos. Nombró a Francisco Cea Bermúdez como jefe de gobierno, con el propósito de conservar la estabilidad y contener el estallido carlista.
Durante su Regencia asistimos a la formación de las provincias que actualmente conocemos y fue realizada por el primer ministro Francisco Cea Bermúdez. Se promulgó el Estatuto Real, que preveía la transición de la monarquía absolutista a la constitucional, donde se acordaban unas Cortes bicamerales y su relación con la Corona, bajo el gobierno de Francisco Martínez de la Rosa.
El ascenso del general Baldomero Espartero y la consolidación de los liberales exaltados marcaron el punto culminante del proceso de transformación política. En 1836, el motín de La Granja obligó a la regente a restablecer la Constitución de 1812 y aceptar un gobierno de orientación progresista.
En 1839, se acaba la I guerra carlista con la firma del Convenio de Vergara.
Tuvo que hacer frente a varios intentos liberales, hasta que el general Baldomero Espartero aprovechando la baja popularidad de la Regente le hizo renunciar a la Regencia y salió exiliada del país. María Cristina huye por el puerto de Valencia, el 17 de octubre de 1840, en el vapor Mercurio, que la lleva a Marsella.
A su llegada al puerto francés declaraba que su renuncia a la Regencia fue forzada. Termina refugiándose en Francia donde es acogida por sus tíos Luis Felipe de Orleans y María Amelia.
Matrimonio Secreto con Fernando Muñoz
Pocos meses después del fallecimiento de Fernando VII, la reina viuda contrajo matrimonio morganático y secreto con Fernando Muñoz y Sánchez, un joven sargento de la Guardia de Corps, el 28 de diciembre de 1833. Cuando la unión se hizo pública, hacia 1836, generó un auténtico escándalo en la corte y minó gravemente la autoridad moral de la regente. La aristocracia y buena parte de la opinión pública consideraron inaceptable que la viuda del monarca se casara con un hombre de origen humilde y sin linaje noble.
El matrimonio con Muñoz simbolizó también el creciente aislamiento político de la regente. Su entorno se transformó en un círculo cerrado de intereses familiares y económicos, en el que Muñoz -nombrado duque de Riansares en 1844- desempeñó un papel decisivo en la administración de sus bienes.
Con la entronización como Reina de Isabel II, se permite el regreso de su madre. Por decisión de Isabel II se legaliza su matrimonio y se celebra una nueva ceremonia de boda, el 12 de octubre de 1844.
Hijos de María Cristina y Fernando Muñoz
Durante su Regencia, María Cristina tuvo cinco hijos con Fernando Muñoz:
- María de los Desamparados Muñoz y Borbón (1834)
- María de los Milagros Muñoz y de Borbón
- Agustín María Muñoz y de Borbón (1837)
- Fernando María Muñoz de Borbón (1838)
- María Cristina Muñoz y de Borbón (1840)
Posteriormente, ya legalizado su matrimonio, nacieron:
- Antonio de Padua Muñoz y de Borbón
- Juan Muñoz y de Borbón (1844)
- José María Muños y de Borbón (1846)
Segundo Exilio y Fallecimiento
En 1854, tras el golpe liberal de O’Donnell inicia su segundo exilio y definitivo, saliendo hacia Portugal. Posteriormente se trasladaría nuevamente a Francia, instalándose en Sainte-Adresse, donde vivió más de veinte años.
A pesar de su retirada formal, María Cristina continuó interviniendo en la política española. Mantuvo correspondencia con influyentes figuras del moderantismo y financió operaciones destinadas a favorecer la restauración de un gobierno favorable a sus intereses.
María Cristina falleció en Le Havre (Francia) el 22 de agosto de 1878, lejos de la corte que un día dominó. Sin embargo, sería enterrada en el Panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Legado de María Cristina
El papel de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias en la historia de España ha sido objeto de interpretaciones contrapuestas. Su regencia dejó un legado ambiguo: bajo su tutela se consolidó la monarquía isabelina y se promulgó el Estatuto Real de 1834, preludio del constitucionalismo liberal; sin embargo, su gestión estuvo marcada por la corrupción, el clientelismo y la inestabilidad institucional.
