Alguien dijo que, en la música, reduciéndolo todo a su núcleo más elemental, hay dos tipos de cantantes: los que interpretan la canción y los que son la propia canción. Unos la cantan y otros la viven. Entre los segundos el riesgo es mayor y a ese grupo perteneció sin duda María Jiménez, quien se proyectó en sus propias canciones con una intensidad y una emoción que contagiaron a todo un país.
Pocas cantaron al despecho con tanta verdad. Otras y otros aportaron voces más dotadas, pero nadie lo contaba como ella. Porque España amó a María Jiménez -primero durante la Transición-, a su melena salvaje, a su voz grave, a su mirada voluptuosa como un presagio de todos los cambios que el país experimentaba y, más tarde, a finales de los 90, abollada, dolorida, como un símbolo de lucha y supervivencia. Y todos nos solidarizamos con ella.
A sus 73 años, María Jiménez ya había vivido varias vidas. Murió en su casa de Triana, rodeada de los suyos. Así compartía su dolor con toda España su hijo Alejandro Jiménez, a las pocas horas de su fallecimiento, el 7 de septiembre de 2023: «Con profunda tristeza y dolor en nuestros corazones, despedimos hoy a María Jiménez, mujer amada y respetada por su compromiso inquebrantable con su familia, amigos y admiradores. Un espíritu indomable, una personalidad arrolladora, una mujer fuerte y valiente que luchó contra todas las adversidades más allá de lo imaginable».
La hermana de la cantante, Isabel Jiménez, explicó cómo María esperó a que llegara su hijo al centro médico en el que se encontrada ingresada para morir: «Falleció diez minutos después de que llegara su hijo al hospital.
Su capilla ardiente se instaló en el Ayuntamiento de Sevilla, cosechando más de treinta mil visitas de personas anónimas que quisieron despedir a la artista que llevó su ciudad y su barrio de Triana por bandera durante toda su vida. Tal y como había manifestado siempre, se cumplió su deseo, y el féretro viajó en un coche fúnebre de caballos hasta la Real Parroquia de Santa Ana, donde fue bautizada y donde contrajo matrimonio religioso con Pepe Sancho.
La causa de su muerte fue, finalmente, un cáncer de pulmón, si bien ya había superado otros dos con anterioridad: el primero, de mama, diagnosticado en 2013, del que se recuperó totalmente en 2016. En 2017 se le detectó un cáncer de garganta y en 2019 comenzaron los problemas intestinales y gástricos.
Todo apuntaba a un cáncer de colon que, finalmente, se tradujo en una obstrucción intestinal de la que fue operada de urgencia en Cádiz, y que casi le cuesta la vida, manteniéndola en la UCI más de tres meses. A pesar de su quebrantada salud, María Jiménez nunca perdió su eterno optimismo. «Como he vuelto a nacer, voy a cantar una canción que escribí hace muchos años. Tengo ganas de cachondeo». Y se arrancaba con “Resurrección de la alegría”, un canto a la vida y toda una declaración de intenciones. Le flojeaban las piernas, pero no la cabeza ni la voz.
Y es que nada en la vida de la cantante fue fácil, ni en lo personal ni en lo profesional. «Si me escuchas una copla, te limpio los suelos». Esta frase que la cantante repetía siendo tan solo una niña, define una vida mejor que cualquier biografía.
Orígenes humildes y sueños de grandeza
Porque María Jiménez Gallego nació en el barrio sevillano de Triana, el 3 de febrero de 1950. Su padre, Gabriel Jiménez, de ascendencia gitana, era oriundo de Nerva (Huelva), y su madre, María Gallego, de El Pedroso (Sevilla). Era la mayor de tres hermanos; le seguía su hermano Gabriel y su hermana Isabel, la menor, a la que siempre estuvo muy unida.
De familia más que humilde, a los quince años María huyó de aquella vida miserable y de una madre alcohólica para comenzar a trabajar como empleada doméstica en Barcelona, donde se subió por primera vez a un escenario en el tablao flamenco Villa Rosa. Dicen que preguntó por el propietario, a quien conquistó desde el minuto uno improvisando una actuación que la hizo fija en sus carteles. Cobraba 200 pesetas diarias, todo un lujo en 1965.
Y en la Andalucía de los señoritos mantuvo un idilio con un importante ganadero de una familia muy conocida, y fruto de aquella relación nació su hija María del Rocío Asunción Jiménez, el 9 de septiembre de 1968, cuando María contaba tan solo dieciocho años.
Un recorrido por la vida de María Jiménez
La tragedia que marcó su vida
La gran tragedia de su vida fue la muerte de su querida hija, en la madrugada del 7 al 8 de enero de 1985, con tan solo 16 años, en un accidente de tráfico en Madridejos (Toledo). María no podía creer la noticia. Ella pensaba que la niña estaba en un tren camino del colegio donde estudiaba. El propio Pepe Sancho había acercado a Rocío a la estación y, por eso, la incredulidad por lo ocurrido fue aún mayor. Aquel golpe sumió a la artista en una profunda depresión.
Se alejó de las cámaras y se volcó en su otro hijo, Alejandro, al que llegaron incluso a dar clases en su propia casa porque no soportaba la idea de separarse de él.
Un matrimonio tormentoso con Pepe Sancho
El 1 de junio de 1980 María había contraído matrimonio con el actor valenciano Pepe Sancho, quien adoptó a María del Rocío y le dio sus apellidos. Tres años después, en febrero de 1983, nació Alejandro, fruto de aquel tormentoso matrimonio, que se separó un año después. Tras la muerte de Rocío, Pepe y María volvieron a casarse en Costa Rica, y años después se volvieron a separar un par de veces más hasta su ruptura definitiva. Más de dos décadas de idilios y desencuentros, en el que las continuas infidelidades por parte de él terminaron de la peor manera.
En su libro de memorias Calla, canalla, María se explaya sin filtro, llegando a afirmar: «Mi marido no me quiso nunca. Son muchos y muy duros los episodios de malos tratos físicos y psicológicos que María soportó, como consecuencia de aquella relación tóxica que mantuvieron durante 22 años, hasta que llegó la denuncia definitiva en 2004.
El actor, que falleció en 2013, le hacía la vida imposible, versión que corroboraron siempre su hijo, Alejandro Sancho, la hermana de la cantante, Isabel Jiménez y sus más allegados. «El día de la boda casi me separo de él, por la que me formó en la venta de Antequera, donde se celebró el enlace y el banquete. Se puso celoso con alguien durante las celebraciones y yo estaba tan enfadada que le prohibí la entrada en mi casa de la calle Betis. Le dije: “Tú te vas esta noche donde quieras, pero yo de ti me separo por la mañana”. Él comenzó a llorar y yo acabé sintiéndome culpable.
Pepe Sancho siempre negó los malos tratos de los que se le acusaba, episodios que llegaron a escenas tan surrealistas que parecía imposible que pudieran sobrevivir al amor y a esa pasión enfermiza que ambos experimentaban. Pero María fue poco a poco reaccionando a base de palizas, bofetadas y puñetazos. En una entrevista llegó a desvelar un capítulo aterrador: «Un día llegó a casa y me rajó la cara. Me volví loca cuando me vi en el espejo. Yo fui al dormitorio donde tenía una pistola guardada, lo llamé a gritos y le apunté con el arma. Se tiró al suelo, muerto de miedo. Yo le dije: “No te voy a matar, porque no soy una asesina, pero bien que te lo mereces”, y disparé para otro lado.
Finalmente, María quedó conforme con la sentencia, en la que se declaró a Pepe Sancho culpable de los delitos continuados de violencia de género y eso la tranquilizó.
Éxito musical y resurgimiento
Cuando el productor Gonzalo García Pelayo la conoció en Sevilla, inmediatamente le propuso grabar un disco. "María Jiménez forma parte de nuestra historia colectiva.
Dos años después, en 1978, publicó su segundo álbum, en el que se incluía “Se acabó”, probablemente su tema más popular, donde narra, con esa mezcla de rabia y firmeza en la que ella tan bien se movía, el final de una relación de malos tratos. María Jiménez siempre ofreció actuaciones huracanadas y entrevistas explosivas. Solo se desmoronó a mediados de los ochenta, tras la trágica muerte de su hija. Sin embargo, su resurrección en los dos mil fue espectacular.
Primero fue El Lichis, líder del grupo La Cabra Mecánica, el que la impulsó compartiendo “La lista de la compra”. Después, en 2002, vino el reencuentro con García Pelayo, quien le propuso grabar un disco con versiones de Joaquín Sabina, bajo el título Donde más duele. En otra de sus frases memorables, tras pedirle que glosase la figura de Sabina, dijo: «Cuando Sabina se emborracha, canta por María Jiménez». Sin duda, ella ofreció una versión muy poderosa de temas como “19 días y 500 noches” o “Calle Melancolía”.
Con casi cincuenta años de carrera musical, María Jiménez ha dejado una veintena de álbumes, además de algunas películas y series de televisión como Hostal Royal Manzanares o Amar en tiempos revueltos.
María Jiménez forma parte de nuestra historia colectiva. Con su canción “Se acabó”, poderoso grito contra el maltrato machista, marcó una era y se convirtió en un himno, hoy más presente que nunca, contra la violencia de género. Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar en noviembre de 2022, en la presentación de la Fundación que lleva su nombre para luchar contra la violencia machista y favorecer la integración social del colectivo LGTBI.
Legado y memoria
La vida de María Jiménez es un testimonio de resiliencia, talento y compromiso social. Su música y su lucha contra la violencia de género la convierten en un icono inolvidable de la cultura española. Su voz y su espíritu indomable seguirán inspirando a futuras generaciones.
Discografía destacada:
| Año | Álbum |
|---|---|
| 1978 | María Jiménez |
| 1979 | Sensación |
| 1980 | Resurgir |
| 2001 | Donde más duele |
