Marcel Borràs: Biografía y Trayectoria Artística

Marcel Borràs (Olot, 1989) es una figura destacada del teatro contemporáneo español, conocido por su trabajo innovador y desafiante junto a Nao Albet. Su trayectoria se caracteriza por la experimentación y la ruptura de los límites convencionales del teatro.

Marcel Borràs y Nao Albet en una representación de Mammón.

Inicios y Colaboración con Nao Albet

Casi desde que se conocieron, Nao Albet (Barcelona, 1990) y Marcel Borràs (Olot, 1989), empezaron a conjeturar con su separación. El chispazo de simpatía entre ambos surgió cuando trabajaban juntos a las órdenes de Rober Bernat. Comenzó entonces la andadura de un tándem artístico duradero y fructífero.

Esta pareja artística lleva trabajando junta desde la adolescencia, especializándose en espectáculos-evento que desdibujan los límites entre el teatro convencional y la performance. Lo de tomar caminos diversos, no obstante, es una posibilidad que los ha acompañado de manera perenne, que prefiguraban en su mente, acaso para ir blindándose frente a su carácter inevitable.

“A mí lo que me más me gusta de Marcel es su inconformismo, el ir a contracorriente de lo que se espera de uno”, señala Albet.

El eje central de la dramaturgia es la amistad, que es la que ha permitido que las discrepancias aparejadas la creación compartida ha no les haya terminado quemando, como en su día, pongamos por caso, a los Beatles o a Loquillo y sus trogloditas (los ejemplos son cientos).

Marcel Borràs y Nao Albet, colaboradores artísticos.

Falsestuff: Una Obra que Desafía los Límites

André Fêikiêvich no existe, no al menos en el plano de lo real. Pero de hacerlo, Falsestuff sería el falsificador de arte más grande la historia. Tanto como para llevar la palabra fake en su apellido. Un artesano de la imitación que consigue réplicas incuestionables para el ojo más experto. Un embaucador obsesionado hasta límites inconcebibles con sus referentes para reproducir copias casi idénticas.

André Fêikiêvich es, en realidad, una fantasía creada por los dramaturgos, actores y directores de escena Nao Albet (Barcelona, 1990) y Marcel Borràs (Olot, 1989) con la que burlarse del teatro contemporáneo que se factura hoy en día a partir una retorcida premisa: ¿se podría falsificar una obra de teatro que no se ha representado jamás?

“La semilla de este espectáculo surgió durante una temporada en la que no parábamos de ver en los escenarios teatrales las mismas ideas repetidas, como si las creadoras y los creadores se hubieran puesto de acuerdo. Llegados a este punto, es muy probable que el único camino que podamos andar sea el de la copia sin complejos de todo aquello que nos gusta y emociona, de forma descarada, renunciando al sueño de una originalidad ya extinguida", explica esta pareja artística.

Tal era el caso de Mammón y Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach y tal es el caso de este Falsestuff, la historia de Fêikiêvich, un falsificador de arte en busca de su gran golpe y cuya trayectoria encierra múltiples universos. Tantos como para que el resultado sea un desbordante espectáculo que supera las tres horas, con más de 50 personajes interpretados por actores de diferentes nacionalidades y representado hasta en ocho idiomas.

A sus directores les sirve todo para relatar las ambiciones, deseos y frustraciones de este timador: teatro de texto, juegos de rol, música en directo, teatro gestual y de objetos, danza, verso, metateatro, documental, thriller y una performance que arranca en el propio hall del teatro.

Imagen promocional de Falsestuff.

Otras Obras Destacadas

Además de Falsestuff, Borràs ha participado en otras obras importantes como Mammón y Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach. Estos espectáculos también se caracterizan por desdibujar los límites entre el teatro convencional y la performance.

El tránsito por sus diversos trabajos juntos a modo de antología, desde que siendo unos adolescentes abordaron, con la osadía y el hambre propia de esa etapa vital, a Àlex Rigola para que este les abriera hueco en el Teatre Lliure, no es más que el contexto para hablar de las cuestiones que les interesaba tratar.

En particular, del ego, al que imputan la culpa de su decisión de partir peras. Los dos divergen, por cierto, sobre su impacto entre artistas. “Albet considera que siempre es un motor para la creación. Yo, en cambio, creo que hay creadores que muestran sus cuadros o sus escritos por una simple necesidad de comunicación.

Matar al padre: Explorando los Miedos Familiares

El miedo es uno de los peores enemigos que uno puede tener. Sin darte cuenta y en un suspiro el miedo te va atenazando hasta que estás paralizado y no puedes disfrutar de nada. Da igual si tu situación económica es holgada o apretada o si tienes una familia unida o disfuncional. Si dejas que el miedo entre en tu organismo, todo lo demás pasará a ser secundario.

Puede decirse que eso es lo que le ocurre a Jacobo Vidal, el protagonista de Matar al padre, la última ficción estrenada en Movistar y que dirige Mar Coll. En sus cuatro capítulos, la directora catalana abarca el devenir de la familia Vidal desde el año 1996 hasta el 2012. Una época clave para entender la historia de España, en la que primero se asiste a un enloquecido esplendor económico, para después chocar contra una burbuja y una mastodóntica crisis final.

Todas estas etapas las vive la familia Vidal a través de sus cuatro miembros: Isabel (Paulina García), la madre y la psicóloga que no es capaz de mantener a su familia cuerda y que sufre los menosprecios de su marido, Tomás (Marcel Borrás), el hijo sensible y en búsqueda de su identidad que sufre la manipulación paterna, Valeria (Greta Fernández), la hija pizpireta y caprichosa de formas muy “jacobinas” y Jacobo (Gonzalo de Castro), el abogado y patriarca aquejado de una aguda hipocondría y una desconfianza e insatisfacción perpetua.

Genial resulta la trama de Jacobo con su ojo, ya que se puede ver como la hipocondría hace que el personaje se anticipe a los sucesos y como resultado sufra por duplicado. En el fondo la hipocondría que guía a Jacobo no es más que un terrible miedo a la muerte, pero no solamente a una muerte física, sino también a una muerte metafórica que explicaba Freud con la idea de matar al padre. Una idea que el psicoanalista vinculaba al proceso por el cual el individuo deja de depender del progenitor, para empezar a escribir su propia historia.

Para Jacobo lo más importante son sus hijos. Todo lo hace por ellos y siempre tiene una cantidad de dinero para regalarles. En esta línea resulta curioso como en la familia se reproducen los ejes de dominación. Por un lado, Valeria menosprecia siempre que puede al padre a través de un humor muy negro y, por el otro, Jacobo trata a su hijo como si de un títere se tratase. Mientras que la madre parece un poco al margen de todo.

Puede que Isabel no tema trasmitir sus miedos a sus hijos y por ello viva tranquila. Al contrario de Jacobo que vivió junto a un padre dominante y cruel, que en vez de paz le procuró un sinfín de obsesiones. Por ello por mucho que finalmente aparezca la lluvia sanadora y el futuro le regale una sonrisa complaciente, Jacobo Vidal seguirá pensando que el mundo es hostil.

En la memoria, aquel arranque de Mammón, con el que los descubrimos en Madrid, en 2015. Lo que parecía una pieza documental sobre excavaciones en Oriente Medio terminó siendo una comedia salvaje (sexo, cocaína y mucho dinero) ambientada en Las Vegas. Escaldado, pues, su público no se lo termina de creer. ¿Que se separan? “Yo a los descreídos les diría que vengan a vernos”, dice Borràs.

Pero la cosa está complicada. Las dos citas que tienen en La Abadía (Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid mediante, los días 18 y 19) agotaron el papel a una velocidad extrema. No quedan entradas desde hace tiempo. En Barcelona, sí le han podido dar más cancha al personal: durante cinco semanas han representado la obra en el Teatre Nacional de Catalunya. “Sí, sabemos que se va a quedar mucha gente con las ganas y eso nos da pena.

Existencial, evasiva, gamberra... Esta vez cambian por completo el registro al que nos tenían habituados. La puesta en escena es deliberadamente límpida y simple. Ni música ni escenografía. Un par de sillas, el texto y sus camaleónicas dotes interpretativas. Aunque aquí no deberán sacar la paleta de identidades múltiples ya que los personajes son las personas: la materia que evocan sobre las tablas es su propia vida y su propio oficio.

Así que nada que ver con el apabullante aparataje escénico de Falsestuff, su lisérgica reflexión sobre la inspiración en el arte, y Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach, su delirante ejercicio estilístico con los géneros audiovisuales y escénicos. “Queríamos salir de estos grandes montajes para hacer algo más íntimo.

El resorte narrativo que les permite hacer esta recapitulación es curioso. Estamos en 2040. Uno de los dos está ingresado en el hospital, a punto de palmar. ¿La causa? Cáncer de ego. En esa tesitura, se vuelven a juntar y desencadenan el recuerdo. La memoria es mostrada como un receptáculo susceptible de ser manipulado, a propósito o sin intención. De Nao Albet y Marcel Borràs refleja la imposibilidad de objetivar una existencia. Aunque aquí hay que tener en cuenta que son dos los que rememoran. Así que Nao pone en su sitio a Marcel y viceversa. “Así pasamos de las memorias a la biografía.

También aseguran que aquí no va a haber efectismo rocambolesco ni giros bruscos que pongan el cerebro del espectador del revés. Estamos en otro terreno, inexplorado hasta ahora por estos talentosos gamberros de la escena española: una conversación a calzón quitado entre dos viejos amigos que, con su ingenio y su audacia, han aportado frescura y descaro a nuestras tablas.

Presentación de Falsestuff. La Muerte de las Musas, de Nao Albet y Marcel Borràs, en el Valle Inclán

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