Manuel Lindo: Una Biografía que Inspira la Obra de Elvira Lindo

Elvira Lindo, reconocida escritora y periodista española, ha explorado en su obra las profundidades de la condición humana, a menudo inspirándose en su propia vida y en las personas que la han marcado. Una figura central en su universo personal y literario es su padre, Manuel Lindo, cuya biografía y carácter han influido profundamente en su trayectoria.

Conocí a Elvira Lindo cuando ella era una muchacha de pelo rojo. Tengo tan presente ese detalle, que obviamente no duró toda su vida, porque aquel día en que la vi por primera vez ella iba en la parte de atrás de un taxi al principio de una historia de amor que ha sido decisiva en su vida y que también aparece en este libro último que ha escrito, A corazón abierto (Seix Barral).

Ella había ido al aeropuerto a recoger a Antonio Muñoz Molina, que luego sería su marido, su amor, personaje de textos suyos y persona que a ella le ha dado amor y alegría y a nosotros nos ha dado maravillosos libros con los que hemos sido, como lectores, mejores seres humanos, y, con sus artículos, más serenos y más cultos y más comprometidos con lo que queda en el alma, y en las venas, de su modo de ver el mundo.

Pues aquella Elvira Lindo del pelo rojo escribía guiones para la radio en aquel entonces, y después resultó ser la autora (para mi secreta, hasta que lo descubrí) de Manolito Gafotas, legendario personaje de las ondas a la que ella le dio voz y literatura.

Cuando ya conocí mejor a Elvira Lindo, la chica que iba en el taxi de delante, me sorprendió ante todo su modo de mirar; mejor, su modo de ver. Con sus ojos que se comunican con su boca, como si estuviera diciendo palabras que aun no emite pero que se están trabajando en ambos órganos de expresión, esta mujer interroga o afirma, hacia adentro y hacia fuera, como si quisiera saber más e, incluso, explica que ya lo sabe casi todo de lo que tienes que decir.

En una versión apocopada, impresionante, de este A corazón abierto que apareció en librerías antes del presente confinamiento, esa Elvira de tantas maneras de mirar (y de ver) explicó esos movimientos telúricos, y sentimentales, de su cara. Fue en el texto dramático que escribió sobre su padre, Manuel, y que fue una impresionante obra de teatro.

Ahí, en el escenario, como si estuviera acompañada por la otra Elvira que la habita, la Elvira niña de A corazón abierto, habla consigo misma y rescata del padre rasgos que ahora se agrandan o se agrietan en una novela que parece una vena abierta hacia su propio corazón.

Su madre, que ahí era la sombra del futuro, es aquí, en esta novela, el resplandor y también la sombra de su niñez, y luego la sombra prolongada de las preguntas que la vida adulta le han ido poniendo en el espejo en el que se mira para escribir A corazón abierto. La niña agarrada a una argolla, temiendo que el viento huracanado se la lleve por el aire, salvada al fin por su padre como si éste fuera capaz de comunicarse con ella en secreto.

El Padre como Personaje Literario

En la obra de teatro, Elvira Lindo explicaba la aventura madrileña y casi espacial de su padre cuando su madre lo mandó a viajar y él se hizo un hombre a la intemperie. Marcado su rostro por la evocación de tan importante biografía, en esa expresión pública de sus sentimientos, aquellos ojos y esa voz y esa boca anunciaron, de alguna manera, la esencia que le da sentido y sensibilidad a este A corazón abierto.

Ahí cantó canciones que hay en este libro, rememoró con una memoria que combina herida con alegría el ámbito en que desarrolló Manuel su personalidad de adolescente y luego de marido y de padre, y mostró que ese tiempo que la precede es también parte de la personalidad que ella misma ha desarrollado.

En A corazón abiertas todas esas preguntas se dicen, y están también sus respuestas, una niña y a la vez una mujer encontrándose, antes y después de los dramas vividos, al final del eslabón familiar pero dándole forma, desde la más temprana edad de una niña, como si fuera la omnisciente mujer de la casa. Ellos, dice, la hicieron adulta a los diez años.

Ese eslabón preciso de su vida, de la que parte la Elvira de hoy, es una límpida, emocionante, declaración que el libro prolonga, muchas veces con humor, a veces con desconcierto, como si le hubieran arrancado más de una vez el alma de niña y de adolescente. Esas líneas del poema en el que ella resume su historia con ellos ("Mis padres me/ hicieron adulta/ a los diez años") se quedan clavadas como si fueran a la vez la escritura y la mirada, la esencia misma de un abismo y de una certeza.

Esas preguntas que van con Elvira Lindo nacieron, pues, en la casa y en la escuela, cuando no tenía más allá de cinco años, y todas las cosas que ocurrían, dentro y fuera de casa, en medio del viento de la meseta y junto al mar de Mallorca, le impelían a hacer preguntas que se quedaban en el pensamiento y no pasaban de la garganta.

Esa chica que se interroga halló entonces, fuera de casa, respuesta en las pacientes vecinas mayores, en las amigas del barrio, mientras que en la casa iban creciendo, en silencio, sus preguntas. Cuando ya las preguntas llegaron a la frontera de la adolescencia se convirtieron en su cuarto propio, en el escenario privado en el que los padres no la vieron crecer y ser, a los diez años, la adulta que ya sería por su cuenta.

Esa niña adulta creció en esa mirada que luego, hasta ahora, cuando tiene 54 años y escribe esta hermosa declaración de amor a la vida, y a las vidas truncadas, se hace, en público, en sus artículos, en sus libros, en las conversaciones que tiene por la radio, se sigue haciendo como cuando se las hacía solo con los ojos, ayudada por una boca que no ha dejado de emitir, en silencio, los versos de sus susurros.

Elvira Lindo, su voz, su corazón y su mirada.

La última novela de Elvira Lindo nace de la obsesión -ella confiesa ser una mujer de obsesiones-de convertir a sus padres en personajes. Su libro, una memoria literaria, rescata su vida de niña con un padre tan encantador y expansivo como autoritario y su madre, una mujer tímida, a quien perdió cuando ella era adolecente en plena Transición.

Lo que he intentado es observarlos como si no fueran mis padres. Tratando de entender sus actitudes que a mí me dejaban fuera del juego. Simplemente me parecían egoístas. Eso fue fundamental. Yo necesitaba escuchar bien esa historia que él me había contado tantas veces para comprender su comportamiento.

Quizá se hubiera quedado un tanto descolocado de haberlo leído porque hay momentos difíciles de su vida que están ahí. Y porque no me he ahorrado las contradicciones y las sombras. Pero si alguien tiene protagonismo en el libro ese es él y, él que era vanidoso, se hubiera sentido compensado.

Si, muchísimo. Reconozco en mí tendencias del carácter de mi padre que yo, que soy más crítica conmigo misma y me analizo más, intento mantener a raya.

Elvira Lindo en 2016

El Legado de Manuel Lindo en la Obra de Elvira Lindo

Elvira Lindo (Cádiz, 1962) es una escritora y periodista española, su actividad ha abordado el periodismo, la novela y el guión televisivo y cinematográfico.

Su primera novela de género infantil se construyó en torno a uno de sus personajes radiofónicos, que ella misma interpretaba en la radio, el niño madrileño 'Manolito Gafotas' (1994), que se hizo muy popular y un clásico de la literatura infantil española, protagonizando una serie de novelas en primera persona escritas con sólido estilo literario, humor, ironía y aguda crítica social.

En 1998 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los trapos sucios de Manolito Gafotas'. La autora ha escrito también novelas para adultos 'El otro barrio' (1998), 'Algo más inesperado que la muerte' (2002), 'Una palabra tuya' (2005)-XIX Premio Biblioteca Breve- y 'Lo que me queda por vivir' (2010).

También ha escrito teatro y los guiones para las películas 'La primera noche de mi vida', junto al director Miguel Albaladejo, 'Manolito Gafotas, Ataque verbal', de nuevo junto al director alicantino, 'Plenilunio', adaptación de la novela de su marido, el escritor y académico Antonio Muñoz Molina y 'La vida inesperada' (2014) dirigida por Jorge Torregrosa.

En 2019 estrenó 'El niño y la bestia', que ella misma definió como un cuento musical. La obra, estrenada en el Teatro Fernán Gómez de Madrid y donde ella ejerce de narradora, está inspirada en su propio padre, Manuel Lindo, y rinde homenaje a los niños de la posguerra española.

En el año 2000 comenzó a colaborar en el periódico El País con su columna veraniega titulada 'Tintos de verano' en la que caracterizó su vida de intelectual, crónicas que después han sido publicadas en forma de libros (Tinto de verano, El mundo es un pañuelo, Tinto de verano II y Otro verano contigo). En la actualidad, Elvira Lindo sigue publicando una columna dominical titulada Don de gentes y que se empezó a publicar en 2001.

En noviembre de 2011 publicó 'Lugares que no quiero compartir con nadie' (ed. Seix Barral), un libro en el que relata sus reflexiones y vivencias en Nueva York. Entre 2010 y 2012 se unió al equipo de 'Asuntos propios', programa radiofónico diario dirigido por Toni Garrido. Cada miércoles la escritora "elegía su propia aventura" comentando noticias curiosas y de poca repercusión, pero de gran relevancia. Es colaboradora de los Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja desde el año 1998. Viene impartiendo clases en los Talleres de Escritura Fuentetaja desde el curso 2004/2005.

Publicaciones populares: