Loyola de Palacio murió como vivió: a toda velocidad, sin pararse ni un minuto, sin darse pena, sin flagelarse y sin dejar que sus amigos le preguntaran los detalles de una enfermedad que la fulminó en apenas cinco meses. Siempre se sintió una mujer profundamente vasca, aunque nació en Madrid, y las mujeres vascas no flaquean. Loyola de Palacio vivió y murió como lo que fue: una mujer valiente e intrépida.
Loyola de Palacio del Valle-Lersundi nació en Madrid el 16 de septiembre de 1950 en el seno de una familia de origen aristocrático. Fue la mayor de siete hermanos, tres chicos y cuatro chicas, que siempre han sido una piña, a pesar de vivir desperdigados por medio mundo. Recibió una esmerada educación en el Liceo Francés, aunque la muerte la golpeó temprano. Y dos días después de cumplir 22, se convirtió ella misma en la madre de todos sus hermanos, al fallecer Luisa del Valle-Lersundi.
Loyola sentía una especial adoración por su padre. Un retrato de Luis María de Palacio, un hombre joven y atractivo, preside el comedor familiar de su casa de Madrid. Ella solía decir que tal vez nunca se casó porque no pudo encontrar un hombre como su padre. Y si tampoco nunca sintió la necesidad de tener hijos no fue solamente porque vivía casi como una aventurera, de avión en avión, de Madrid a Marquina o de Galicia a Nueva York. También fue porque sus hijos fueron sus hermanos desde la muerte de su madre.
Loyola de Palacio, durante un acto de la UE en Madrid.
Inicios en la Política
La fiebre de la política prendió pronto en la licenciada en Derecho por la Universidad de Madrid. Aunque su verdadera carrera política comenzó cuando fue elegida senadora por Segovia en 1986. De Fraga aprendió a dedicar 24 horas sobre 24 a la actividad política. Ella, como él, era capaz de recorrer un recinto ferial en cuestión de minutos, mientras sus colaboradores apenas podían seguir su ritmo. "Dejar de fumar y correr un poco más".
Como senadora por Segovia asumió el cargo con todas las consecuencias, algo que fue una constante en todos los sitios por donde pasó. Se compró una casa para vivir allí, igual que muchos años después se compró otra en Bruselas para vivir al lado del trabajo. En el Senado revolucionó al grupo parlamentario y en las elecciones del 89 cambió de Cámara y fue elegida diputada. Aunque su corazón político siempre latió al mismo ritmo que el de su gran amigo Rodrigo Rato.
De la mano de quien era entonces el portavoz del Grupo Popular, Loyola se consolidó políticamente como una batalladora parlamentaria de primera clase contra el Gobierno de Felipe González. Si ella hubiera tenido que elegir un momento especialmente feliz de su carrera política, se habría quedado con aquella tenaz e implacable oposición que llevó a Alfonso Guerra a calificarla como la "monja alférez". La imagen nunca hizo justicia a esta mujer. "¿Cómo voy a ser del Opus si me llamo Loyola?". Y sus colaboradores, que los tuvo no sólo de derechas sino también de otras tendencias políticas, puedan dar fe que también fue siempre una persona profundamente respetuosa con la vida de los demás.
Ministra de Agricultura y Comisaria Europea
Cuando el PP ganó las elecciones del 96, Aznar la nombró ministra de Agricultura y con ella llegó la revolución al Ministerio. Los dirigentes de las organizaciones agrarias esperaban a una mujer dura y facha, intratable, pero pronto se dieron cuenta de que la imagen no se correspondía con la realidad. Desde el Ministerio, defendió a capa y espada los intereses del aceite de oliva español batallando con el comisario Fischler, quien expresó su admiración por ella. Desde que el aceite de oliva les unió, nunca olvidó mandarle un ramo de flores por su cumpleaños.
En 1999, debido a su exitosa gestión al frente de la cartera de Agricultura, Aznar decidió presentarla como cabeza de lista del PP a las elecciones europeas, lo que a ella le hizo poca gracia, aunque aceptó disciplinadamente. La lista que encabezaba ganó las elecciones y entonces comenzó su carrera política europea, que la llevó a la Comisión como vicepresidenta y comisaria de Transportes y Energía. Los miembros de la comisión son testigos de la pasión con la que defendía sus posiciones. Tal y como dijo su amiga Ana Pastor tras su muerte, Loyola de Palacio fue la mujer política española que llegó a un puesto más alto en las instituciones europeas. Varias publicaciones internacionales la incluyeron repetidamente en las listas de las mujeres más influyentes del mundo.
Loyola de Palacio siempre fue una mujer de partido. Nunca quiso desvincularse de la dirección, ni de las vicisitudes del PP, que seguía atentamente desde Bruselas. Durante la larga y espinosa carrera por la sucesión de José María Aznar, EL MUNDO la incluyó en la encuesta del Hipódromo que periódicamente se publicaba en estas páginas. Sinceramente, y no como otros, ella reconocía que le hacía ilusión figurar en esa lista. Por atreverse, se atrevió a lo que nadie. En la primera reunión del Comité Ejecutivo del partido tras la designación de Rajoy como líder, Loyola le dijo. "Sabes que no eras mi candidato, pero a partir de hoy me pongo a tus órdenes". La situación interna del PP tras la derrota del 14-M preocupaba a Loyola en sus últimos meses de vida.
Suele pasar en España que cuando alguien se muere, sólo se exaltan sus virtudes. Loyola también tenía defectos. Era terca como la que más. Pero ante todo era amiga de sus amigos y, sobre todo era una buena persona. Seguramente, allá donde vaya seguirá andando igual de deprisa. Sus amigos la seguirán un poco más despacio y la acompañarán hasta el panteón familiar donde están enterrados sus padres cerca de la casa de Marquina, el lugar donde fue más feliz.
Fiel a su máxima, libró también esta última batalla contra el cáncer, aunque no la ganó. En cinco meses apenas le dio tiempo a combatir. Descansa en paz, Loyola.
Su Majestad el Rey asiste a la sesión plenaria de homenaje al escritor Mario Vargas Llosa
Urquiola de Palacio: Abogacía y Legado Familiar
Urquiola de Palacio nunca ha buscado el primer plano mediático y siempre ha sido noticia por cuestiones estrictamente profesionales. En la actualidad se encuentra al frente de Palacio y Asociados, despacho dedicado a asesoría jurídica y consultoría estratégica que abrió sus puertas en 1986 y en la que trabaja con dos de sus hermanos, Ana Palacio, quien fuera ministra de Asuntos Exteriores entre 2002 y 2004, y José María de Palacio. Además, acaba de ser elegida vicepresidenta de la Unión Internacional de Abogados.
De Palacio, que es presidenta de la Corte de Arbitraje de Madrid y del Centro de Mediación Empresarial, nos bloquea una hora de su apretada agenda para realizar una entrevista telefónica, circunstancia, sin embargo, que no marca distancias entre nosotros, porque es una mujer cálida, amable y espontánea.
Con un linaje como el suyo -sus padres eran Luis María de Palacio y Palacio, marqués de Matonte; su madre, la galerista Luisa Mariana del Valle Lersundi, y entre sus ancestros maternos está el general Francisco Lersundi, ministro con Bravo Murillo y Narváez-, resulta inevitable que echemos la vista atrás a su legado familiar. Y también al futuro, encarnado en sus sobrinos y en sus hijos, en los que puede germinar algún día la semilla de la política.
Urquiola de Palacio
Urquiola nos habla también con franqueza y generosidad de las prematuras muertes de su madre y de su hermana Loyola, recordada ministra de Agricultura, la primera en España, y vicepresidenta de la Comisión Europea, de los golpes de los que en su familia han sabido sobreponerse y asumir, y de una vida que, a juzgar por sus palabras, está siendo más que satisfactoria.
Según Urquiola, en su caso no es mérito suyo solo, porque no te haces a ti misma sola. Tienes que tener apoyo, inspiración y además una semilla de pasión, como dicen. Nunca he crecido con la sensación de que hubiera una meta que no podía conseguir por ser mujer.
Equilibrio Personal y Profesional
Para Urquiola, el equilibrio reside en ser ordenada y disfrutar de todo lo que hace. Disfruta desde que se levanta y tiene el privilegio de poder desayunar con sus hijos y llevarles al colegio, el trabajo en el despacho le apasiona, las actividades complementarias que hace en la Corte de Arbitraje de Madrid y en el Centro de Mediación Empresarial le divierten. No le parecen largas las horas y no le importa acabar tarde. Supongo que eso siempre ayuda. Cuando haces algo que te gusta, no lo consideras una carga y no estás pensando que es una pesadez o que a ver si acabas y te puedes ir a hacer otra cosa.
Urquiola se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ejerce la abogacía desde 1992.
La verdad es que Urquiola nunca se ha planteado dar el salto a la política. La fórmula americana en la que la gente pasa un tiempo sirviendo a su país en la política y luego vuelve a la profesión es muy sana. Si fuera así me lo plantearía, pero francamente veo cómo es el retorno a la vida civil de los políticos aquí y volver a lo que hacían antes de dedicarse un tiempo a la política se considera que es fruto de las puertas giratorias, así que no me seduce nada.
En el despacho trabajan tres hermanos: Ana, José María y Urquiola. Ana y Urquiola hacen labores que en algunas ocasiones son complementarias, muchas otras no. A veces participan en el mismo expediente y trabajan muy bien juntas. Consiguen cerrar la puerta del despacho, cambiar de tema y hablar de otras cosas, lo que es importante. José María tiene lo mejor de todos los mundos porque viene a Madrid una semana de cada dos y la otra vive en medio del campo en Extremadura y hace un trabajo mucho más de reflexión y estudio, con menos contacto tal vez con los clientes. Le da una cierta independencia del trabajo diario que puedan estar haciendo en paralelo Ana y Urquiola.
Son afortunados por tener un polo de atracción en la casa familiar en Vizcaya -hace referencia al palacio de Urrijate, una sobria construcción del siglo XVII, en el cruce de caminos de Markina, Ondarroa, Lekeitio- y su contacto es bastante constante. El resultado es que al final somos muy piña. En Madrid también nos encontramos, pero hay alguno de los hermanos que no vive aquí.
Esa sensación de pertenencia y de estar arropada la debiste de experimentar especialmente con tus hermanos cuando murió tu madre porque solo tenías cuatro años. En mi caso esa pérdida, que es tremenda, en gran medida se suplió con tener hermanos mayores, porque el anterior a mí me saca cinco años, mientras que los mayores me sacan entre veintidós y dieciocho. Había un grupo de hermanos con bastantes más años que yo. En concreto, Ana y Loyola, que dieron un paso al frente y se ocuparon de la familia, porque nuestro padre se quedó bastante afectado y fue muy importante. Fue importantísimo ese paso.
Si no es el que más, desde luego uno de lo más tremendos. Hay que seguir viviendo y asumir, interiorizar y convivir con la pena. Que fallezca con 56 años tu hermana es un palo. Es en cierta manera una repetición de la historia, en el sentido de que nuestra madre murió más o menos a la misma edad y Ana estuvo con cáncer en una época similar. Afortunadamente, se recuperó y aquí la tenemos, esperemos que por muchísimos años. Para Urquiola fue muy repentino, a pesar de conocer la enfermedad y saber en la situación en la que estaba.
En la actividad de galerista no ha seguido nadie de la familia, sin perjuicio de que tenemos una afición al arte, a las artes decorativas y a los muebles antiguos, que nos viene de esa dedicación de nuestra madre.
Legado Familiar y Títulos Nobiliarios
Los títulos nobilarios son en general, a mi modo de entender, un tributo a tus ancestros, una deuda de honor hacia ellos. El llevarlo bien y el ser merecedor de ello es hacer honor a los que te precedieron y a quien se lo otorgaron en su momento. Más allá de eso, en la sociedad actual, tienen pocas ocasiones para ser utilizados y lo que vale al final más es un título universitario, por ejemplo.
Con una vida tan intensa en experiencias como la tuya, ¿Hay algo que tengas pendiente y que te gustaría hacer en el futuro, alguna afición que te quede en el tintero? De aficiones voy bien servida, porque he podido disfrutar de ellas. Me encanta navegar a vela, me saqué el título de patrón de yate con 17 años, fui la más joven en España, me encanta esquiar... He tenido la suerte de poder combinar en la vida las aficiones, las devociones y las actividades profesionales... Me siento afortunada y no hay nada que diga 'si volviera a nacer...' o 'si tuviera tiempo...'. Tocar el piano, quizas. Y seguramente también acabe haciéndolo.
Urquiola de Palacio es muchas cosas: una amante de la vela, de la naturaleza, una mujer familiar... Para el gran público destaca principalmente como una excelente profesional, convencida de la importancia de los abogados como pieza clave del sistema jurídico. Abogada en ejercicio desde 1992, Urquiola de Palacio se convirtió el pasado octubre en la presidenta electa de la Unión Internacional de Abogados (UIA), una organización fundada en 1927 que reúne a asociaciones, colegios de abogados, despachos y profesionales independientes de más de 110 países.
Entre los objetivos de la UIA están garantizar la seguridad jurídica y el Estado de derecho en los países miembros. Unas tareas que cobran aún más relevancia en tiempos de incertidumbre, como los derivados de la pandemia. Para Urquiola se trata de un puesto "desde el que puedes hacer muchas cosas por la defensa del derecho de defensa y por la defensa del papel de la abogacía en la construcción de la Justicia". Al mismo tiempo, es "un cierto reto", aunque eso no hace que le tiemblen las piernas, y es que no rechaza ningún desafío.
Urquiola lo achaca a la influencia en su familia de la "tradición vasca". "En el contexto de la familia vasca, lo que hay es el matriarcado en el que las mujeres son mujeres fuertes y que tradicionalmente están muy presentes en la vida en general, en sacar la familia adelante. A nosotros nos educaron siempre en que hombres y mujeres, poniendo esfuerzo y haciendo las cosas bien, podían hacer cualquiera cualquier cosa.
"Creo que al final para triunfar como mujer el empoderamiento es muy importante, no te puedes poner tú misma tus límites, sino pensar: oye, a lo mejor no llego pero voy a pelear y voy a poner todos los medios". "En ese caso hay que bordear los obstáculos, saltarlos o procurar poner una solución. Lo importante para las mujeres y para las jóvenes es que sean conscientes de que en realidad no tenemos que atender a los límites que nos quieren poner los otros. Al final todo parte de una cuestión que parece que ahora está poco de moda: procurar la excelencia.
Con cuatro hijos, Urquiola sabía que la corresponsabilidad era la clave para que la familia funcionase, ya que no estaba dispuesta a renunciar a su carrera profesional. "Es que además me he casado con un vasco y él tiene la misma visión de que las mujeres pueden hacer lo mismo que los hombres. Aunque ella optó por seguir evolucionando profesionalmente, considera que las mujeres deben poder elegir la forma en la que llevar su maternidad.
La clave para tener las pilas cargadas en el trabajo y tener energías para ocuparse de todos sus cargos es saber desconectar y disfrutar de tiempo de calidad con los suyos. "Tengo la capacidad de disociar perfectamente. Cuando entro en el despacho me centro en las cosas profesionales y al revés, cuando cierro la puerta me voy a mi casa y se acaba el tema profesional. Hombre, si tengo que contestar algún correo pues lo hago, pero ya está. Y trabajar con mis hermanos es lo mismo porque ellos también tienen esa capacidad de desconexión. Cuando estamos en el trabajo estamos en el trabajo y cuando cerramos la puerta y cogemos una copa de vino hablamos del mar y de los peces. Tenemos muchas aficiones y muchos otros temas que tratar que resultan muy relajantes", concluye.
«La única batalla que se pierde es la que no se da». La máxima es asidua en las entrevistas realizadas a Loyola de Palacio. La ex ministra y ex comisaria europea la ha mencionado siempre como mandamiento inquebrantable sobre el que se ha forjado su carácter. Y ese espíritu peleón es también el arma a la que se ha agarrado ahora para plantarle cara al sigiloso cáncer con el que brega en Houston.
| Nombre | Relación | Ocupación |
|---|---|---|
| Luis María de Palacio y Palacio | Padre | Marqués de Matonte |
| Luisa del Valle Lersundi | Madre | Galerista |
| Ana Palacio | Hermana | Ex Ministra de Asuntos Exteriores |
| José María de Palacio | Hermano | Abogado en Palacio y Asociados |
| Urquiola de Palacio | Hermana | Abogada, Presidenta de la UIA |
