Little Bird, los niños robados: Un drama sobre la identidad y la pérdida

El eco del pasado siempre encuentra un resquicio para colarse en el presente, especialmente cuando las heridas de la historia permanecen abiertas y mal curadas. En 'Little Bird, los niños robados', la búsqueda de la identidad se convierte en un trayecto cargado de ausencias, mientras el espectador es testigo de las grietas que se forman cuando un sistema decide arrebatar infancias y anular culturas bajo el pretexto de la modernidad.

Filmin estrenó el martes 14 de enero, en exclusiva en España, la serie “Little Bird”, un drama que aborda el conocido como Sixties Scoop, un período de los años 60 en el que las políticas canadienses alentaban a las autoridades a secuestrar a niños indígenas y trasladarlos a vivir con familias blancas de clase media. Las mencionadas “adopciones” forzosas afectaron a más de 20.000 niños indígenas.

La serie, creada por Jennifer Podemski y Hannah Moscovitch, centra su narrativa en Bezhig Little Bird, una niña indígena arrebatada de su familia durante la política conocida como el "Sixties Scoop" en Canadá. A través de dos líneas temporales que dialogan entre sí, se exploran las consecuencias de esta violencia institucional en la vida adulta de Bezhig, ahora llamada Esther Rosenblum, una estudiante de derecho que intenta reconciliar su presente como miembro de una familia judía con un pasado que se desdibuja en la niebla de sus recuerdos.

La historia está contada a través de Esther Rosenblum (Darla Contois), una veinteañera indígena nacionalizada canadiense judía quien, a vísperas de su boda, decide recabar en sus raíces y revelar quién es ella realmente. Cuando descubre que ella es una de las niñas robadas por el Gobierno canadiense durante el Sixties Scoop, cuando tenía cinco años, da comienzo un épico viaje de autodescubrimiento durante el cuál tendrá que cuestionarse todo y reconstruir las piezas de su pasado que le fueron extraviadas, incluido su propio nombre: Bezhig Little Bird.

Desde sus primeras escenas, 'Little Bird, los niños robados' logra situar al espectador en una dicotomía que se siente tanto cultural como emocional. Los paisajes serenos de Saskatchewan en 1968 contrastan brutalmente con las acciones de las autoridades que irrumpen en la vida de los Little Bird para separar a los niños de sus padres. La cámara captura, con una sensibilidad inquietante, la fragilidad del momento en que la seguridad familiar se transforma en una amenaza institucional.

Esther, en 1985, se encuentra atrapada entre dos mundos. Su vida en Montreal, segura y marcada por las tradiciones judías, parece un espejismo frente a la crudeza de los recuerdos que resurgen tras un desafortunado comentario racista en su fiesta de compromiso. La interpretación de Darla Contois como Bezhig/Esther es contenida pero magnética; transmite una lucha interna que se percibe incluso en su silencio.

Los personajes femeninos en esta serie tienen un peso central. La madre adoptiva de Esther, Golda (Lisa Edelstein), no es retratada como una antagonista, sino como alguien también atrapada en sus propios traumas, lo que enriquece la narrativa al evitar simplificar las relaciones familiares. La serie no estigmatiza a la figura adoptiva, sino que revela los matices de su humanidad, ampliando el alcance emocional del relato. Por otro lado, Patti Little Bird (Ellyn Jade), la madre biológica, encarna la lucha desesperada por mantener unida a su familia frente a un sistema que nunca la vio como digna.

'Little Bird, los niños robados' no necesita subrayar la atrocidad de las políticas del "Sixties Scoop" con discursos grandilocuentes. El poder de la narrativa reside en las pequeñas fracturas cotidianas, en los gestos y miradas que revelan un dolor imposible de verbalizar. Las transiciones entre las décadas de 1960 y 1980 no solo sirven para contextualizar los eventos, sino también para mostrar cómo el pasado se infiltra en el presente, configurando identidades que nunca terminan de formarse del todo.

Sin embargo, la serie también enfrenta ciertos desafíos. En ocasiones, los episodios parecen alargarse innecesariamente, restando fuerza a la tensión emocional. Hay momentos donde los personajes secundarios rozan el estereotipo, una decisión que desentona con el realismo cuidadoso del resto de la obra.

A pesar de sus pequeñas limitaciones, 'Little Bird, los niños robados' consigue algo esencial: poner en el centro de la conversación una parte oscura de la historia canadiense que merece ser conocida. La serie obliga al espectador a reflexionar sobre las consecuencias de la asimilación forzada, no solo para las personas directamente afectadas, sino para las comunidades enteras que sobreviven a la sombra de estas prácticas.

En su viaje hacia la verdad, Esther no solo busca a su familia biológica; busca un sentido de pertenencia que trasciende las fronteras culturales e históricas que se le impusieron.

Una de las características más ilustrativas del patriarcado es el robo de niños y niñas, el arrancamiento de las criaturas de sus madres, para otorgárselas al sistema patriarcal (en adopción o en compraventa a familias más ricas, etc). Esto ha ocurrido y ocurre en todas las sociedades patriarcales y con diversas formas, pero siempre se ceba con las madres pobres o en situación de mayor vulnerabilidad y exclusión y, sobre todo, con las madres insumisas: el sistema les pone un castigo ejemplar quitándoles o amenazándoles con quitarles sus hijos, enviando así un mensaje al resto: «si os atrevéis a incumplir las normas os pasará lo mismo».

A lo largo de mi vida profesional he atendido unos cuantos casos especialmente graves o dramáticos, de violencia institucional contra bebés lactantes y sus madres que fueron separados sin aviso previo y sin que se tuviera en cuenta las necesidades de los bebés de ser amamantados y estar junto a sus madres. Casos que requirieron informes urgentes, mucho apoyo y mucha movilización para lograr que volvieran a su casa. En varias ocasiones me ha tocado explicar que una madre que amamanta durante meses o años merece ser felicitada y honrada por ello. Pese a ello se sigue repitiendo, la separación de menores lactantes por parte de los servicios sociales sin tener en cuenta la lactancia ni darle el mínimo valor.

Me ha gustado mucho esta serie, Little Bird, los niños robados, basada en hechos reales, que cuenta como en Canadá fueron robados miles de niños de familias nativas entre los años 60 y 80, lo que se conoce como Sixties Scoop. El robo lo hizo ¡el estado canadiense! con la excusa de «asimilar» a esos niños a la cultura imperante. Lo terrible es que no terminó en los ochenta, como señalan en la serie a día de hoy hay más niños indígenas tutelados que nunca.

La serie es muy delicada y cuidadosa, exquisita en fotografía y música. El documental Coming Home sobre cómo se rodó la serie me ha parecido aun mejor, porque explica el origen de esa delicadeza y cuidado: han sido en su mayoría personas indígenas las que han hecho la película, entendiéndola como una oportunidad para reparar las tremendas heridas que todo este robo dejó en sus comunidades.

Cuando veo noticias como esta, sobre la retirada de una bebé recién nacida de sus padres, y otras que me llegan de retiradas de tutela de bebés lactantes, se me llevan los demonios. Me parece una agresión y un dolor brutal para esas madres y familias. Si, claro que hay situaciones gravísimas en las que para proteger a un menor hay que separarlo de su familia. Pero he conocido muchos casos, demasiados, dónde la situación no era tal y lo que se estaba dando era un abuso de poder y una violencia institucional.

Podemski se sirve de historias reales para construir la narración: “Algunas de las personas más importantes del proceso fueron nuestros asesores de guion”, comenta la creadora. “Contamos con supervivientes del Sixties Scoop, quienes nos compartieron sus experiencias. (...) No es un documental, por supuesto, pero está inspirado en la verdad y en el amor de las personas que vivieron estas experiencias”.

¿La excusa de los perpetradores? “Estoy salvando a estos niños de una vida de pobreza”, dicen en la serie. “Mi madre acababa de cumplir 17 años cuando nací yo”, cuenta Jennifer Podemski, la creadora de la serie, “los trabajadores sociales me capturaron en el hospital y me metieron en un centro de acogida. Gracias a los esfuerzos de uno de los trabajadores, que estaba a punto de retirarse, mi madre consiguió recuperarme a los tres meses. Dicho esto, como persona indígena, mi familia y yo seguimos recibiendo a diario el impacto de la violencia colonial en la que vivimos”.

Y denuncia las políticas que siguen vigentes a día de hoy: “Hay niños que siguen siendo arrebatados de sus familias. Los sistemas que se supone que nos tienen que proteger sólo perpetúan el daño que acarrean las políticas y prácticas diseñadas para desmantelar nuestras familias y desvincularnos de nuestra cultura, lengua y tierras. (...) No hay una sola persona indígena que no esté afectada por las políticas creadas para eliminar la identidad indígena”.

Esta multipremiada serie arrasó en los Premios de la Academia de Cine y Televisión Canadiense con 13 galardones, incluyendo a la Mejor Serie, y se hizo con el Premio del Público en el festival francés Series Mania y con el Premio a la Mejor Serie en la Sección Oficial de Serielizados, donde el jurado destacó "su narración fuerte y poética. Porque es una historia importante que hay que contar. Tiene el poder de conmover y emocionar sin chantajear al público".

Os recomiendo la serie, está en filmin. Os dejo el trailer.

En relación a otras situaciones similares, nadie sabe el número exacto de niños ucranianos trasladados a Rusia. Ucrania sostiene que son miles.

SinopsisTras la ocupación rusa de Ucrania miles de niños fueron enviados a Rusia por los soldados, o a colonias de verano por sus padres o dados en acogida con la esperanza de volver a verlos. Allí se les hizo creer que sus padres les habían abandonado. Al ver que cada vez más familias perdían el contacto con sus hijos, se hizo evidente la magnitud del problema.

Cinco meses después de invadir Ucrania, el gobierno ruso aceleró el proceso de concesión de la nacionalidad rusa a personas de Ucrania, incluidos esos niños. Cuando empezaron a circular informes sobre los niños en paradero desconocido, la Corte Penal Internacional se puso a investigar posibles crímenes de guerra.

Nadie sabe el número exacto de niños ucranianos que han sido trasladados a Rusia. Pero Ucrania sostiene que son varios miles.

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