Los niños de Winton cuenta la historia de Nicholas Winton, un corredor de bolsa inglés que ayudó a rescatar a niños judíos en riesgo de ser asesinados por el gobierno de la Alemania Nazi. James Hawes es el director británico de la película, habitual de grandes series de su país como la clásica Doctor Who o el clásico contemporáneo Slow Horses. La crítica ha recibido positivamente la película.
La película, estrenada en 2023, narra una historia de generosidad y valentía frente al auge del nazismo. La cinta rescata el legado de un hombre que encarna la decencia, la bondad y el compromiso con el prójimo. Dirigida por James Hawes y con Anthony Hopkins en el papel de un Winton ya anciano.
¿Quién fue Nicholas Winton?
Nicholas Winton, nacido en Hampstead (Inglaterra) en 1909 e hijo de judíos alemanes emigrados a Londres, creció en un tiempo marcado por los horrores de dos guerras mundiales. Trabajaba como agente de bolsa cuando, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, viajó a Praga y se encontró con la desesperación de miles de familias judías que buscaban poner a salvo a sus hijos.
Tras visitar Praga y ver los horrores y atrocidades a los que se enfrentaban las familias judías refugiadas, supo que había llegado el momento de actuar si tenía alguna esperanza de ayudar a aquellos cuyas vidas corrían peligro. Un amigo suyo le pidió a finales de 1938 que viajara a la Checoslovaquia ocupada para que viera las condiciones en las que vivían los judíos.
En el caso de Nicholas Winton, su labor humanitaria comenzó tras un viaje que realizó a Praga con el fin de ayudar a un amigo en asuntos relacionados con judíos refugiados. Pasó las navidades de 1938 realizando una lista de los niños refugiados de la Alemania nazi. Desde la habitación del hotel en el que se alojaba improvisó una oficina y comenzó a planear un rescate a contrarreloj.
Con la ayuda de su madre, en la película interpretada por Helena Bonham Carter, y un reducido grupo de voluntarios, creó el Comité Británico para los Refugiados de Checoslovaquia, Sección para Niños, y logró organizar trenes que trasladaron a 669 menores hasta Reino Unido. Winton aprovechó la iniciativa conocida como Kindertransport, un programa del gobierno británico que buscaba reubicar a miles de niños de Austria y Alemania.
De vuelta a Reino Unido comenzó con todos los trámites legales para conseguir traer a los niños desde República Checa. A partir de entonces, Winton se desvivió por conseguir fondos y permisos de diferentes lugares del país para, pocos meses después, empezar a sacar a niños del peligro. El 30 de agosto de 1939, un día antes de que Adolf Hitler invadiera Polonia y estallara la Segunda Guerra Mundial, un ciudadano británico llamado Nicholas Winton logró salvar a 669 niños judíos del exterminio nazi.
Nicholas Winton, salvó a 670 niños judíos de la muerte a manos de la Alemania nazi. #esperanza
El Silencio y el Reconocimiento Tardío
Durante décadas, Winton se dedicó en silencio a buscar a las familias de aquellos niños, entregando la documentación que guardaba para facilitar reencuentros. Nunca buscó reconocimiento por ello, convencido de que no había hecho más que lo que cualquier ser humano debía hacer frente a la injusticia. Este acto heroico y compasivo a la vez fue mantenido en secreto y fue prácticamente olvidado durante 50 años.
Pero su gesta salió a la luz en 1988, cuando su esposa encontró en un maletín fotografías, listas de nombres y cartas que documentaban el rescate. Lo más admirable de la vida de Winton es que pasó casi 50 años en el más absoluto anonimato, sin que nadie supiese lo que había hecho por aquellos niños, hasta que su esposa, una danesa, descubrió el álbum que guardaba con las fotos de aquel rescate. Fue ella la que tuvo la iniciativa de darlo a conocer. Ella misma contactó con la historiadora Elizabeth Maxwell, experta en el Holocausto, y en cuestión de días aquel anciano anónimo se convirtió en un héroe nacional.
La labor de Winton desde Reino Unido y de sus colaboradores en Checoslovaquia cayó en el olvido durante 50 años, hasta que un programa de la televisión británica (“That’s Life!») realizó un programa especial en honor de Winton, reencontrándole en 1988 con muchos de los niños que había ayudado a rescatar. De modo que cuando fue descubierta su proeza, el mundo se rindió ante esta hazaña.
Nicholas Winton en 2014
El Reencuentro en la BBC
Una de las escenas más conmovedoras de Los niños de Winton es el reencuentro de Nicholas Winton con muchos de los niños que había salvado décadas después. Ocurrió en el programa británico That’s Life, de la BBC, cuando fue invitado sin saber lo que iba a suceder.
En pleno directo, la presentadora lanzó la pregunta: “¿Hay alguien en esta sala que le deba la vida a Nicholas Winton?”. En ese instante, prácticamente todo el auditorio se puso en pie. Ante sus ojos estaban decenas de aquellos niños del Kindertransport, ya adultos, que gracias a él habían sobrevivido.
La película recrea ese momento con Anthony Hopkins rodeado de extras que también guardaban algún vínculo con los supervivientes reales, lo que dota a la escena de un peso aún mayor. El propio Hopkins lo describió como un “instante profundamente conmovedor”, reflejo de cómo un hombre que siempre creyó haber hecho solo “lo que debía” pudo, al fin, ser consciente de la magnitud de su gesto.
Impacto y Legado
Winton tuvo un papel fundamental en el rescate de 669 niños, la mayoría de ellos judíos, que estaban refugiados en Praga tras la anexión alemana de los Sudetes y antes de la invasión completa de ese país por parte de Hitler. Gracias a su labor, hoy viven 6.000 personas, tanto los propios rescatados como sus descendientes. Para que nos hagamos una idea, unos 15.000 niños judíos checoslovacos fueron enviados a campos de exterminio nazis.
La mayor parte de las personas que colaboraron con él en la Kindertransport y con las que se organizaba en la distancia murieron, por lo que Winton acabó siendo un símbolo de la resistencia contra el terror nazi. En realidad Winton nunca estuvo en esa estación, pero gracias a su labor, muchos niños que pasaron por allí salvaron sus vidas. La mitad de los niños que él salvó desconocen a quien le deben la vida, ya que después de la guerra no fueron localizados cuando se descubrió toda su historia.
Hoy en día, en la Estación de Praga hay una estatua dedicada a él. Nicholas Winton fue elevado al rango de caballero por la reina Elizabeth II en el año 2003 por “servicios prestados a la Humanidad”.
La historia de Winton ha servido de inspiración para dos filmes anteriores: All My Loved Ones (1999), del director checo Matej Minác; y Nicholas Winton: El poder del bien (2002), de Lukáš Přibyl,documental que ganó un Emmy.
Los Hermanos Lechner: Un Legado Musical Salvado por Winton
Una frase que resuena de forma muy especial en la vida de dos madrileños, que deben su vida al coraje de Sir Nicholas Winton. Se trata de los pianistas Federico y Constanza Lechner, cuyo padre fue uno de los niños salvados de la Shoah gracias a los “kindertransport”. Jirí Frank Lechner nació en Praga en 1932 y fue uno de los 669 niños de Winton. Tras pasar por Inglaterra, Jirí Frank se instaló en Buenos Aires, donde se convirtió en maestro repetidor del mítico Teatro Colón.
Federico Lechner es un intérprete y compositor reconocido por su versatilidad: desde el jazz al tango, pasando por la música latina o la fusión, es uno de los más buscados acompañantes del panorama musical español, y ha trabajado con figuras como Jerry González o Enrique Morente. Constanza también es madrileña de adopción y se dedica a la enseñanza, que combina con su trabajo en el Teatro Real, discos de música clásica para niños o proyectos más personales alrededor de la obra de compositores como Egberto Gismonti. La tercera pianista de la familia es Karin Lechner.
Los tres hermanos Lechner viajaron a Praga en 2016 en un emotivo “retorno a las raíces” para rendir homenaje al hombre a quien deben la vida. Pero de los tres hermanos, es Karin Lechner la única que pudo conocer a Nicki (tal era el mote cariñoso que le daban sus allegados) en persona.
Karin Lechner
Reflexiones Finales
Esta película es un buen recordatorio de lo que una sola persona es capaz de hacer y de la importancia de la vida humana, como recuerda una frase del Talmud judío que recuerdo a menudo: "Quien destruye un alma, es como si hubiera destruido a un mundo entero. Y quien salva una vida, es como si hubiera salvado a un mundo entero".
Películas como ésta son muy necesarias en un momento en el que la historia se está repitiendo, que es lo que pasa cuando nos olvidamos de ella. En 1938 fueron los Sudetes y en 1939 llegó la invasión alemana de Checoslovaquia y Polonia. En 2014 fue el Dombás y, ocho años después, la invasión rusa de Ucrania, con Putin utilizando argumentos muy parecidos a los de Hitler. Paralelamente, vemos aparecer de nuevo el monstruo del antisemitismo en Europa, esta vez de la mano de la extrema izquierda y del fundamentalismo islámico.
