El Cruel Experimento de Federico II: La Búsqueda del Lenguaje Original y sus Trágicas Consecuencias

Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, apodado "Stupor Mundi" (el asombro del mundo), fue un emperador atípico. Su curiosidad infinita y su obsesión por desentrañar los misterios de la creación lo llevaron a realizar un experimento humano que hoy en día nos horrorizaría.

El experimento prohibido que marcó la ciencia

Entre sus muchas extravagancias, destacó una: descubrir cuál era el idioma original de la humanidad. Federico estaba convencido de que, si un ser humano no aprendía ningún idioma, acabaría hablando de forma espontánea la lengua “natural” de la humanidad, la misma que habrían usado Adán y Eva en el Paraíso.

Un Experimento Humano Sin Límites Éticos

Desde la Antigüedad se había especulado sobre cuál había sido la primera lengua: hebreo, griego, egipcio… Pero según esta historia, Federico, que no se conformaba con teorías, decidió llevar la pregunta a la práctica. El problema es que, para desentrañarla, decidió realizar un experimento humano que hoy en día nos horrorizaría.

Según relatan algunas crónicas, Federico ordenó criar a varios recién nacidos en completo silencio. Nadie podía hablarles, cantarles ni emitir ningún sonido. El emperador estaba convencido de que, sin ninguna influencia externa que les “contaminara”, en el momento en que estuvieran preparados para hablar, lo harían en esa supuesta lengua original.

Pero el resultado fue una tragedia: los niños, aislados de cualquier forma de comunicación o afecto, murieron antes de aprender a hablar. En los primeros años de vida, el cerebro humano se desarrolla gracias a la estimulación sensorial y social y, si un bebé crece en silencio o aislamiento, esas conexiones no se forman correctamente.

Además, sin un vínculo emocional que le aporte seguridad, el cuerpo sufre una sobrecarga de cortisol, la hormona del estrés: este exceso provoca pérdida de apetito, insomnio, debilidad inmunológica y, con el tiempo, fallo de los órganos vitales, y conduce a la muerte.

¿Crueldad o Impulso Científico?

Todo esto nos puede parecer horrible, pero lo cierto es que Federico II no actuó movido por crueldad, sino por un impulso genuinamente científico, aunque incomprensiblemente frío. Para él, la humanidad debía desentrañar todos los secretos de su propia existencia, y este experimento marca el lado más oscuro de su personalidad: la obsesión por conocer sin límites éticos.

Hay que decir que, hoy en día, muchos consideran que esta historia no es real, sino que forma parte de la leyenda negra que sus enemigos crearon para difamarlo.

El Legado de Federico II

Federico fue descrito por sus contemporáneos como un hombre brillante y curioso, pero también completamente ajeno a las normas sociales o religiosas. Hoy, algunos estudiosos sugieren que sus extraños comportamientos podrían enmarcarse en un perfil narcisista e incluso psicópata: se veía a sí mismo como una especie de figura mesiánica, destinado a unir ciencia y fe en un solo sistema de conocimiento universal.

Lo paradójico es que, sin pretenderlo, Federico demostró algo que los psicólogos y lingüistas confirmarían siglos después: el lenguaje no es solo un sistema de sonidos, sino el reflejo de la interacción humana; sin comunicación y sin amor, la vida se apaga.

Paralelismos Históricos y Estudios Modernos

En el siglo V antes de Cristo, el historiador griego Heródoto escribió un relato acerca del faraón Psamético I que había oído durante un viaje a Egipto. El faraón tenía una obsesión: descubrir cuál había sido el primer idioma que habló la humanidad. Dejó a dos niños recién nacidos a un pastor, con instrucciones de que nadie hablara con ellos. Ni una palabra. Ni una caricia. Solo se les proporcionaría alimento.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el médico psicoanalista estadounidense Rene Spitz, vio que el porcentaje de mortandad de niños huérfanos era excesivamente alto, así que se propuso estudiar qué era lo que sucedía. Y descubrió que los cuidados y necesidades básicas, como la alimentación y la higiene, no eran suficientes para preservar la vida.

En 1940, Rene Spitz comenzó a estudiar a un grupo de bebés en un orfanato que tan solo habían tenido contacto con enfermeras durante sus primeros días y, posteriormente, con las personas destinadas a cuidarlos mientras estuvieran allí. Observó que la higiene y los cuidados que se daban en aquel centro eran los correctos, pero, aun así, muchos de los niños fallecían.

Así que sugirió una teoría alternativa que, a pesar de parecer poco científica, parecía la más acertada: los niños morían por falta de amor. Para probarlo, Spitz comparó a un grupo de bebés que eran criados en orfanatos, con bebés criados por sus madres en prisión.

Si el problema era la higiene del lugar, los niños criados en la cárcel debían de tener peores resultados, pero no fue así. El resultado de este nuevo estudio demostró que los niños adoptados habían crecido mucho más rápido y alcanzado mayor coeficiente intelectual que los que lo habían hecho en el orfanato.

Rene Spitz

Ni Federico II ni Psamético I entendieron una verdad sencilla: el lenguaje no es solo una función del cerebro, es una expresión del vínculo que se aprende, no solo con el oído, sino con la emoción, con la mirada de unos padres o con la calidez de una caricia.

El Hospitalismo y la Importancia del Afecto

En la actualidad el hospitalismo se considera un síndrome que se da en niños y niñas pequeños/as a consecuencia de la separación de sus figuras de apego e internamiento en alguna institución. El origen del cuadro está en la ausencia de afectividad en el cuidado de esos niños y niñas.

Una vez alcanzada la tercera fase, si la ausencia de afectividad en el vínculo con los niños y niñas se prolonga, se da una regresión en el desarrollo motor y un deterioro generalizado. Las alteraciones inherentes al hospitalismo afectan en tres áreas: la somática, la intelectual y en la estructura de personalidad.

Durante la infancia los niños/as se nutren más de una relación afectuosa con su figura de apego que de los cuidados más puramente instrumentales. Sin una presencia cariñosa, que empatice con lo que el bebé siente, le acompañe y le mire, el desamparo es tal que la salud se debilita profundamente.

Es pues esa primera relación la que le servirá al niño/a para establecer relaciones no solo con los demás, sino consigo mismo/a.

Tabla comparativa de los estudios de Spitz:

Grupo Condiciones de Crianza Resultados
A (Hijos de reclusas) Criados por sus madres en prisión Desarrollo normal, sin fallecimientos
B (Huérfanos) Criados en orfanatos con cuidados básicos pero sin afecto Retraso en el desarrollo, alta tasa de mortalidad

El experimento de Federico no solo fue fallido, también fue inhumano. No descubrió qué lengua hablaban Adán y Eva, pero sí nos dejó una lección: sin amor, el lenguaje se apaga.

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