La Trágica Historia de los Mellizos de A Coruña: Un Crimen que Conmocionó a la Ciudad

La noche del 20 al 21 de agosto de 2011 fue una noche calurosa en A Coruña, en plenas fiestas de verano. María del Mar Longueira trabajaba arduamente en un restaurante para mantener a sus hijos, Alejandro y Adrián, mellizos de diez años. Su pareja, Javier Estrada, a quien había conocido a través de una agencia matrimonial, no trabajaba debido a sus problemas psiquiátricos.

María del Mar llegó a casa exhausta tras una larga jornada laboral. Las cosas en casa no iban bien, Javier le había planteado un ultimátum: “O los niños o yo”. Después de acostar a los niños, Javier, insistió en tener relaciones sexuales, pero ella se negó debido al cansancio y la perspectiva de otra jornada laboral intensa al día siguiente. Javier murmuraba a su lado mientras ella se dormía.

En este punto, es crucial analizar a los personajes. Javier Estrada, según informes psiquiátricos, tenía “capacidad intelectual límite y presenta un trastorno de personalidad de tipo evitativo, con rasgos esquizoides, depresivos, límite y paranoide”. María del Mar Longueira, por su parte, presenta un trastorno mixto de la personalidad, con rasgos histriónicos y dependientes, y tenía “conservada su capacidad de entender y actuar”.

Alejandro y Adrián, los mellizos, no eran niños felices. Desde su nacimiento, sufrieron numerosas dificultades: un padre biológico ausente y una madre que destacaba por su “frialdad emocional”. Solo encontraban paz cuando estaban con su abuela materna. La situación empeoró con la llegada de Javier Estrada a sus vidas. Primero sufrieron una separación: Adrián se quedó con su madre y Javier, mientras que Alejandro vivía con su abuela y su hermano mayor. Sin embargo, los mellizos se reunieron nuevamente en el piso de Andrés Antelo en tan solo dos meses.

Javier odiaba a los niños y los mantenía en un estado de terror constante. Por cualquier motivo, por pequeño que fuera, los golpeaba, los insultaba y los humillaba. Los niños se quejaban a su madre, pero ella siempre daba la razón a Javier.

Un Día Terrible

La noche del 20 al 21 de agosto de 2011, María del Mar dormía mientras Javier no podía conciliar el sueño. Los niños permanecían inmóviles en una habitación sin juguetes, solo con las camas.

Cuando María del Mar se levantó, le encargó a Javier, de mal humor, que cuidara de los niños. Él asintió, pero algo estaba a punto de estallar en su cabeza. A pesar de que la madre de los niños “era consciente de la conducta violenta” del procesado hacia los mellizos, los dejó a su cuidado en la mañana del 21 de agosto.

Hacia el mediodía, Javier Estrada discutió con los mellizos y los golpeó, primero con dos estantes de madera de un armario, que se rompieron durante la agresión, y luego con la parte metálica de un sillín de bicicleta, “con la conciencia y la voluntad de acabar con la vida de los dos niños”, según consta en los hechos probados de la sentencia de la Audiencia Provincial.

En el juicio, Javier relató que se despertó de mal humor y que tenía que hacerse cargo de los hijos de “su mujer”. Intentó explicarles el funcionamiento de un reloj de aguja, pero ellos no sabían interpretar la hora. Su enfado creció porque los consideraba unos inútiles. Adrián y Alejandro eran niños inquietos, y con cierta hiperactividad, aunque Estrada los definía de otra forma. Uno de ellos, tiró el despertador al suelo y los demonios que anidaban dentro del cerebro de Javier salieron con todo su furor. La tragedia era inminente.

Javier arrancó la barra del armario y la blandió contra los niños. Según el relato policial de los hechos Adrián huyó a la habitación y Alejandro a la cocina. Los mató, a ambos, ayudándose del sillín de una bicicleta. Luego los colocó juntos, en la misma postura, con las cabezas giradas como si estuviesen inmersos en el sueño más profundo.

Una Barbarie

Para el Tribunal hubo “ánimo de matar”, dados los repetidos golpes a los pequeños que se concentraban especialmente en la cabeza -10 impactos en el caso de uno de los mellizos y siete en el otro-. Teniendo en cuenta “los medios utilizados”, apreciaban además los magistrados la concurrencia de alevosía.

Durante la hora siguiente, Javier comenzó a limpiar los restos de sangre, se duchó y “preparó sus objetos personales con la intención de huir, si bien finalmente optó por no hacerlo” y llamó a la Policía para confesar el crimen. Los agentes que acudieron a la vivienda se encontraron un espectáculo dantesco, a pesar de que apenas quedaban ni restos de sangre y el autor había ordenado toda la casa.

Inicialmente, Javier era el único sospechoso, pero tras las investigaciones, el instructor decidió inculpar también a María del Mar.

La Audiencia de A Coruña condenó a Javier Estrada Fernández por dos delitos de asesinato y dos de maltrato familiar, así como coautor de dos delitos de malos tratos habituales y tres delitos de maltrato familiar. A María del Mar Longueira, se le condenó por dos delitos de homicidio imprudente y cuatro delitos de maltrato familiar, al tiempo que la declaró coautora de dos delitos de malos tratos habituales y tres delitos de maltrato familiar.

La sentencia consideró probado que la convivencia de los menores con su madre fue “difícil desde su inicio”, tanto por la “pasividad” de María del Mar Longueira como por su actitud “agresiva” en otras, también desde que inició la convivencia con Javier en 2010.

“El comportamiento violento de la procesada con sus hijos no sólo continuó, sino que se exacerbó por la presencia del acusado”, sostuvo la Audiencia para la que, además, Javier Estrada no “aceptaba” a los pequeños y mantenía hacia ellos “una actitud absolutamente agresiva”.

A los dos niños “les dispensaba un trato violento y despótico en grado sumo, imponiéndoles sus ideas extremas del orden y la disciplina, con el conocimiento y aquiescencia de la madre, quien presenció multitud de esos actos violentos”. Javier, “los descalificaba públicamente. Les decía locos, inútiles, salvajes y tontos. Les gritaba, se dirigía a ellos en tono airado y agresivo, les daba frecuentes empujones, golpes en la cabeza y en las nalgas y les tiraba de las orejas con tanta fuerza que los levantaba en el aire”.

Javier Estrada fue condenado inicialmente a 43 años y siete meses, aunque el Supremo le rebajó la pena a 37 años y siete meses porque entendía que no concurría la agravante de alevosía, de forma que la calificación jurídica no es de asesinato, sino de homicidio. A María del Mar Longueira le impusieron 12 años de cárcel, por delitos de homicidio imprudente y maltrato en el ámbito familiar.

Tras el crimen, María del Mar Longueira, la madre de los mellizos asesinados, se paseó por distintas televisiones para expresas su estado de ánimo. En todo momento aseguró sentir odio por Javier Estrada. Tras conocer que el juez también la acusaba a ella, María del Mar participó en el programa de Ana Rosa Quintana y allí dijo: “Me encuentro mal, no hay explicación. Que me maltraten así los hijos, y encima que me imputen, no lo veo lógico con el dolor que estoy teniendo”. Sostuvo que ella no pudo intuir en ningún momento que sus hijos sufrían malos tratos: “Los niños no tenían ninguna marca, ni me decían nada”. Incluso asegura que llamaban “papuchi” a su pareja y lo trataban como si fuera su padre.

La Policía Nacional detuvo a Javier Estrada, vecino del barrio de Monte Alto, como supuesto autor del asesinato de los dos hijos gemelos de diez años de su pareja sentimental. Los agentes se desplazaron a la vivienda donde ocurrieron los hechos, ubicada en el tercer piso del número 13 de la calle Andrés Antelo, en Monte Alto, después de que la Policía Local, recibiera una llamada en la que el presunto autor confesaba el crimen.

Fuentes de la investigación han informado de que el suceso ocurrió cuando la madre de los pequeños se encontraba fuera del domicilio por estar trabajando. Las mismas fuentes explicaron que los indicios apuntan a que el padrastro de los niños fallecidos los golpeó hasta la muerte con una barra de una estantería.

A pesar de haberse mostrado en su llamada como autor de los hechos, el supuesto asesino de los menores no estaba nervioso cuando los agentes hicieron acto de presencia en la vivienda. El sospechoso, que volvió a reconocer la autoría del crimen, sí advirtió a los policías que estaba a tratamiento psiquiátrico. Los agentes hallaron en la casa un bote de pastillas para el tratamiento de enfermedades mentales.

Los cuerpos de los pequeños, llamados Adrián y Alejandro, aparecieron en distintas estancias de la casa, pues uno fue hallado en la cocina y otro en uno de los dormitorios. Los cadáveres permanecieron en el inmueble hasta las 21.30 horas, momento en el que fueron sacados del edificio e introducidos en el vehículo de Servisa en el que fueron trasladados después de que los forenses analizaran el estado en el que se encontraban.

El 061, solicitó la asistencia de dos psicólogos. Fueron dos las profesionales que llegaron a la calle Andrés Antelo en respuesta a esta solicitud y dialogaron con un hombre y con una mujer cuya identidad no ha trascendido y que abandonaron la calle Andrés Antelo en una ambulancia medicalizada del 061.

El supuesto asesino y su pareja, que mantenían una relación sentimental desde hace un año, no eran demasiado conocidos en el barrio, pues llevaban poco tiempo residiendo en la vivienda de la calle Andrés Antelo.

También ha quedado confirmado, debido al testimonio de algunos de los vecinos del barrio, que los gemelos asesinados tenían un hermano de 18 años. Algunos de los amigos de este tercer hermano se encontraban entre los vecinos que, durante horas, permanecieron ante el espacio acordonado por la policía para intentar descubrir los detalles sobre lo que había ocurrido.

La Policía Nacional ha emitido un escueto comunicado en el que se limita a informar de la muerte de los dos pequeños, sin aportar detalle alguno sobre los hechos. Sí incide el cuerpo en aclarar que estos hechos no pueden clasificarse como violencia de género, pues la ley sobre este tipo de delitos establece que solo son clasificables como tales aquellos sucesos en los que existe una situación de violencia del hombre ejercida contra la mujer y aprovechando una situación de superioridad o de control sobre ella.

El Ayuntamiento tampoco ha suministrado dato alguno sobre los hechos, aunque el alcalde Carlos Negreira manifestó su pesar por un suceso que ha calificado como "horroroso". El regidor ha ofrecido su apoyo a la familia de los pequeños.

Decisiones Vitales | Gemelos y Suicidio | Alejandro Aguila, Mariale Buenfil

David, es el hermano mayor de Adrián y Alejandro, los dos mellizos asesinados por su padrastro en A Coruña. Ha visitado el plató de Espejo y asegura que todavía no se cree lo que ha pasado. "Mi madre no se entera de nada, no toma más que pastillas" asegura David. La relación con Javier, el padrastro de los mellizos nunca fue estrecha, ya que no le gustaba que su madre estuviera con nadie, "pero nunca pensé que pudiera pasar esto". David se siente responsable y culpable de lo que ha ocurrido "quizá yo podía hacer algo, no haberlos dejados solos", se lamenta.

El detenido por la muerte de los dos gemelos en Monte Alto ha sido trasladado a un centro hospitalario desde las dependencias policiales de Lonzas, en La Coruña, aunque permanece bajo custodia policial a la espera de pasar a disposición judicial.

El subdelegado del Gobierno en Coruña ha recordado que el caso está bajo secreto de sumario, por lo que no han trascendido más detalles de lo ocurrido. Asimismo, ha indicado que "parece que no fue" un caso de violencia doméstica, pero ha remitido a la Policía Judicial. "Lo que diga, pues será lo que sea", ha señalado a este respecto, extremo sobre el que la Policía Nacional ya informó este domingo de que, en un principio, se descartaba que se tratase de un suceso relacionado con violencia de doméstica.

El hombre de 29 años, pareja de la madre de los gemelos, fue detenido por agentes de la Policía Nacional en relación con la muerte de los dos niños de 10 años, que fueron encontrados en su domicilio en el barrio de Monte Alto.

Los vecinos de la calle Andrés Antelo, se vieron sobresaltados al mediodía de ayer con una disputa familiar que acabaría con la muerte a golpes de dos hermanos gemelos de diez años a manos de su padrastro.

Según indicaron los vecinos, a las 16:00 horas, la Policía llegó a la vivienda y encontró los cadáveres de los dos niños, y un hombre fue trasladado en ambulancia al hospital. La Policía Nacional emitió un comunicado en el que se refirió al caso como un «hecho luctuoso» y confirmaron la detención del padrastro de los menores.

La madre, María, camarera de 35 años, no se encontraba en casa. Cuando se enteró de la noticia, abandonó su puesto de trabajo y se trasladó al domicilio, donde recibió atención especializada por un equipo de psicólogos desplazado por el Servicio de Emergencias 061.

Por su parte, el alcalde de La Coruña, Carlos Negreira, calificó de «horroroso» el doble homicidio y ha trasladado «todos los ánimos para la familia». «La verdad es que es un hecho horroroso que todos los coruñeses lamentamos», destacó el primer edil coruñés.

Semana negra Este doble crimen se une al triple asesinato del centro de acogida de Boecillo (Valladolid), donde una cuidadora acabó con la vida de los tres niños discapacitados alojados en el centro tutelado por Mensajeros de la Paz.

Afirma que no la entiende ni comparte. "El que peor se ha tomado esto, es el hijo de María del Mar, que se ha marchado del barrio. No puede con todo esto", asegura Marta.

"Estuve con Mar y me juró y perjuró que eso no era verdad", afrirma Marta. Según la juez, la madre de los mellizos sabía los malos tratos de Javier, su padrastro, hacia los mellizos y no hizo nada por evitarlo. De ahí la imputación de la jueza.

"Mar es una madre incapaz de permitir que se le hiciera daño a sus hijos", asegura Marta.

«Un hecho luctuoso». Es el epíteto que empleó la Policía Nacional para describir la terrorífica y sobrecogedora estampa con la que se encontraron en el tercer piso de un edificio de la calle Andrés Antelo, perpendicular a la Avenida de La Torre, en el ... barrio coruñés de Monte Alto. Dos gemelos de solo diez años envueltos en un charco de sangre, con cardenales y contusiones en sus pequeños cuerpos, que quedaron desfigurados, según pudo saber ABC. Se cree que perecieron después de haber recibido varios golpes. La conjetura que ha ganado más peso apunta a que el arma homicida empleada fue la esquina de una estantería. Tampoco se descarta que el autor completase la fechoría con una barra de hierro. Minutos después de las cuatro de la tarde, el 092 recibía una llamada de alerta.

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