Cuarenta años dan para mucho y para el madrileño Lorenzo Silva, escritor incombustible de nuestras letras, le han dado para toda una vida de escritura y una trayectoria literaria extensa y ecléctica. Durante estas cuatro décadas ha publicado más de medio centenar de libros. El último es Afanes sin provecho, una colección de cuentos escritos a lo largo de estos cuarenta años y que no han encontrado encaje en ninguna colección. Sin embargo, al revisarlos se dio cuenta de que todos tenían algo en común.
El Arte como Afán Sin Provecho
Sí, al menos de un provecho inmediato. Creo que el artista que no puede aspirar a que su obra le dé provecho de inmediato, porque los resultados no se producen nunca, tiene la suerte de estar embarcado en algo que se despliega en el tiempo, y es en ese despliegue donde pienso que está la verdadera gratificación. Y que esa falta de provecho inmediato queda compensada largamente porque, si alguna vez llega alguna gratificación, será una gratificación mucho más profunda, y, en caso de que no llegara, el artista aprende a vivir sin ella, lo cual es importante.
Pero la literatura es muy diferente, no requiere más que un bloc y un bolígrafo, así que es posible crear una obra literaria sin que dé provecho. Y esto es, para mí, lo que distingue el arte del mundo del libro, que es muy humilde, prácticamente indigente, y esa es su grandeza, porque te permite funcionar, crear, aunque no haya recompensa, rentabilidad. Siempre recuerdo que Kafka sólo vendió unos 2.000 ejemplares en vida de La metamorfosis. Ahí tenemos a un creador que no generaba ninguna rentabilidad y que fue capaz de crear la obra literaria más importante del siglo XX. Fíjate el provecho que hemos sacado todos de ese afán sin provecho de Kafka.
La Guerra y la Violencia en la Historia
La guerra, la violencia, son las que definen los intereses humanos incluso a día de hoy, a pesar de haber recorrido un camino largo de civilización y reflexión sobre la dignidad humana. Seguimos trazando el mapa del mundo a cañonazos, ahora más bien a dronazos. Ahora bien, una vez trazadas las fronteras, lo que ocurre dentro de esas fronteras derivan de personas que reflexionan, que escriben, que dan forma moral primero y jurídica después a dichas reflexiones. Cuando en un espacio determinado se ha conseguido detener la violencia, los seres humanos aspiran a que la vida se rija por otros parámetros más satisfactorios.
"Afanes sin Provecho": Una Recopilación de Cuentos
Yo me he dedicado al cuento de manera un tanto lateral. Desde los 15 años siempre estoy escribiendo una novela. Hace unos días acabé una y ahora he empezado otra. Ese es mi empeño permanente, aunque a veces haya escrito cuentos, pero nunca me he dedicado a ellos como trabajo principal. No pienso en la construcción de un libro de cuentos como lo hacen Cristina Fernández Cubas o Samanta Schweblin, por citar dos ejemplos de escritoras de cuentos que han publicado este año. Yo no hago ese trabajo, yo voy escribiendo cuentos a lo largo del tiempo, a veces porque tengo una idea que pienso que no da para una novela y no la quiero perder y otras veces porque me los encargan.
Los libros de cuentos que he publicado siempre han surgido de esta manera, recopilando lo que había escrito en años anteriores y buscándoles un hilo. Los cuentos que aparecen en Afanes sin provecho son los cuentos que siempre se quedaban fuera, que no sabía hilarlos, cuentos escritos a lo largo de más de 40 años que son muy heterogéneos, los hay históricos, policiacos, humorísticos, autobiográficos, amorosos… Pero, sin embargo, todos tienen en común la idea que recoge el título, en todos los cuentos aparecen personas que hacen esfuerzos que no son rentables, que no tienen sentido según un criterio de aprovechamiento, pero que a ellos les sirven para darle en cierto modo sentido a sus existencias.
Mirando los Inicios
Es que los tengo bastante presente, siempre intento mirar mis inicios, no apartarme de lo que a mí me trajo a la literatura, que no fue ni el dinero, ni el reconocimiento ni los premios. Yo vine a la literatura porque esta da sentido a mis días y quiero que me lo siga dando. Y para que la ilusión se mantenga debo tener muy presente a ese chaval, lo que escribió ese adolescente.
Influencias Literarias
Creo que, más o menos, los de todo el mundo. No voy a ser muy original. Edgar Allan Poe es un escritor verdaderamente extraordinario. Y en español, creo que es imposible sustraerse al influjo de Borges y, en mi caso, de Onetti. Me gustan mucho las Novelas ejemplares de Cervantes, creo que están infraleídas. Entre los autores recientes destaco dos escritores españoles sobresalientes como son Juan Bonilla y Carlos Castán. Y no puedo olvidar a la uruguaya Armonía Somers, una escritora espectacular.
La Relación con Madrid
Sí, soy madrileño y a los madrileños nos gusta reivindicarnos como tal (risas). Sinceramente, creo que para apreciar lo que tenemos y reconciliarnos con lo que somos es necesario marcharnos de nuestro lugar. Yo si no me hubiera ido siete años a vivir fuera de Madrid no habría tenido esa mirada que se aprecia en esos relatos autobiográficos.
Equidistancia y Polarización Política
A mí me han tildado muchas veces de equidistante, como insulto. Yo siempre digo lo mismo: me considero equidistante de lo que considero irracional, mi equidistancia es sideral, infinita, con lo que me parecer irracional. En ese sentido, sí, acepto la palabra equidistante (risas).
A lo largo de la historia, en la sociedad española ha corrido mucho riesgo quien ha intentado mantener estas dos premisas a las que yo me aferro: la primera es la independencia, yo no he nacido para integrar ningún rebaño, ya lo siento; y la segunda es el análisis racional, yo tengo mis sentimientos y la emoción me parece muy importante, pero las cuestiones que tienen que ver con la vida en sociedad, con cómo equilibramos nuestros derechos y libertades, no puedo analizarlos desde otro prisma que no sea el de la racionalidad. La irracionalidad me echa mucho para atrás.
Y quien mantiene esas dos premisas está condenado a que lo llamen equidistante y, a veces, a que te arreen en estéreo tanto por la izquierda como por la derecha (risas). A mí me ha ocurrido. Y ahora acabo de terminar una novela en la que creo que me va a volver a ocurrir, porque me adentro en el primer tercio del siglo XX. Pero yo lo acepto.
La marca del meridiano (Bevilacqua y Chamorro) - Lorenzo Silva | Reseña literaria
Crítica al Consumismo Navideño
Sí, me acuerdo de Navidades ya muy lejanas, en blanco y negro, muy humildes, incluso precarias. Pienso que esas antiguas Navidades generaban en las personas recuerdos más hondos que los que se generan hoy día con este derroche de cosas. Mi hijo de 12 nos ha pedido este año que le regalemos las menos cosas posibles. Algo no estaremos haciendo del todo mal su madre y yo.
No sé muy bien qué estamos haciendo, de qué se trata todo esto. Tenemos al alcalde de Vigo que ilumina toda la ciudad dos meses antes… La Navidad tenía sentido como algo de cierta excepcionalidad, cuando se convierte en la sexta parte del año ese espíritu se diluye. Estamos dejando que los hombres de poder, que por cierto aún siguen siendo hombres en su mayoría, nos dicten cuándo debemos ser felices y con qué extensión e intensidad.
Experimentación con el Formato Chat
No surgió con esa idea, fue un encargo para un proyecto impulsado por Planeta que no terminó prosperando. Son cuentos muy particulares y por eso opté por situarlos en un apéndice. Y es una evolución muy particular, porque las dos personas no se están viendo y emplean el lenguaje escrito, y ese lenguaje pueden emplearlo con destreza desigual, asimétrica, que también puede ocurrir con el lenguaje hablado, pero en el escrito esa diferencia es mucho más crítica y se generan malentendidos porque, además, no viene acompañada por la gesticulación y el tono de voz. Así que esta nueva interacción dramática también tiene consecuencias y efectos dramáticos interesantes.
Una Carrera Literaria Ecléctica
Algo se me ocurrirá (risas). Lo que no hago es teatro, poesía y memorias, aunque sí que he escrito poemas y una obra teatral en mi juventud. Tengo la comezón de volver a escribir poesía y teatro. Lo que no me terminan de convencer son las memorias, que suelen ser ejercicios de autorreivindicación o de autoflagelación. Si algún día escribo algunas memorias sería algo como...
El Legado Familiar y la Muerte de su Madre
No son días fáciles para el famoso escritor Lorenzo Silva, que llora la muerte de su madre, que ha fallecido este viernes (24 de junio 2022) en Majadahonda. Aunque nacida en Madrid, Francisca Amador Calvo tenía origen salmantino, puesto que sus padres eran de Sanchón de la Sagrada. “Soy medio salmantino y eso es algo que le presté a Bevilacqua”, aseguró en su día el propio Lorenzo Silva en una entrevista con La Gaceta. Y es que uno de los personajes de la famosa serie, con la que llegó a ganar el Premio Nadal gracias a «El alquimista impaciente«, tiene origen charro por ese motivo.
Me siento ante la página en blanco y lo primero que recuerdo es cómo me llevabas de la mano al colegio donde me enseñaron a leer y a escribir. Cómo, muy poco tiempo después, me acompañabas al quiosco a comprar mis primeros tebeos, donde leía las historias de Verne, Salgari o Stevenson. Cómo, en fin, me pasabas a máquina los primeros cuentos que escribí, con 14 o 15 años. Mis primeros mecanoscritos no son míos, sino tuyos. Mi escritura, mi forma de leer el mundo, en gran medida, también. Tu ejemplo era una mezcla insuperable de delicadeza e inteligencia.
Obras Destacadas y Premios
Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es uno de los grandes referentes de la literatura contemporánea y sus novelas policiacas e históricas suman más de dos millones y medio de lectores. Ha escrito, entre otras, La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997), Carta blanca (Premio Primavera 2004), Recordarán tu nombre, la «Trilogía de Getafe», Castellano y su reciente Nadie por delante. Es autor del libro de viajes Del Rif al Yebala (Premio Algaba de Ensayo). Suya es también la serie protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro; El alquimista impaciente (Premio Nadal 2000), La marca del meridiano (Premio Planeta 2012) y La llama de Focea son algunas de las novelas que la integran.
El Abuelo y sus Orígenes
El 6 de junio de 1898 nacia en Colmenar (Málaga), Lorenzo Silva Molina, mi abuelo paterno, a quien debo esta combinación de nombre y apellido que me identifica por el mundo -y que alguna vez me han preguntado si era de origen italiano, o si era un seudónimo-. Cuentan que fue engendrado al regreso de Manila de mi bisabuelo, Juan, lo que le valió de chico, junto a sus travesuras más o menos frecuentes, el sobrenombre de «El Punto Filipino». La dedicación a la política de su padre -en esa condición fue mi bisabuelo a Filipinas, como factótum de un preboste del Partido Conservador- arruinó la hacienda familiar.
Con 21 años se embarcó para África como recluta, lo que cambiaría su vida. En esa cruenta guerra de Marruecos se quedó a vivir hasta 1926, los tres años de servicio militar obligatorio y luego ya como profesional tras alcanzar el empleo de sargento. Si yo estoy aquí, me fuerzo a recordar a menudo -por ejemplo escribiendo un blog, como ahora hago-, es porque ese hombre que medía poco más de 1,60 de estatura se las arregló para estar siempre a cubierto y para eludir el fuego cuando fue necesario, sin dejar de afrontar lo que le tocó en suerte: asaltos, descubiertas, asedios y hasta un desembarco en tierra hostil. También, según contaban sus compañeros, gracias a él volvieron de Marruecos otros muchos cuyos nietos y bisnietos pueden hoy recordarlos.
Gratitud y Reconocimiento
Estoy agradecidísimo a la enseñanza pública de mi país. No soy rico y yo tengo una educación excepcional en la enseñanza pública, desde párvulos hasta la universidad. Excepcional. Un regalo que me hizo el país en el que vivo y que tendré que devolver, no sé cómo, aunque yo lo intento devolver día a día. No sé si lo hago, no sé si soy capaz, pero lo tengo que devolver. Estoy agradecidísimo a mi familia. Mi familia no solo me ha transmitido valores, principios, la conciencia de la responsabilidad, del deber, el valor del sacrificio, de la solidaridad o del compañerismo, sino que también me ha transmitido la memoria y la conciencia de quién soy, dónde estoy, y qué es y qué ha sido el lugar donde estoy y la gente de la que vengo. Esa conciencia la tengo muy clara y estoy muy agradecido a mis padres y a mis abuelos.
Le estoy muy agradecido al bibliobús que pasaba por mi barrio cada 15 días cuyo contenido me leí casi entero entre los 14 y 18 años y es la base de mi cultura literaria. Estoy muy agradecido al señor que conducía, a la chica que venía a dejarnos los libros y a recogerlos, y al señor de no sé qué negociado de la Diputación Provincial de Madrid que decidió que en ese bibliobús tenían que estar Onetti, Cortázar, Sábato, García Márquez o Günter Grass.
Por supuesto, estoy muy agradecido a mis lectores. Hay una serie de personas a las que no conozco en su mayoría que me permiten vivir de lo que era mi ilusión de niño. Eso no tiene precio. Yo nunca pensé que fuera a suceder. Por decirlo de otra manera: lo había descartado absolutamente. No fui a torturarme cinco años en la Facultad de Derecho y pasé muchas horas en despachos de abogados y de auditores porque a mí me fuera la marcha o el masoquismo, sino porque no tenía ninguna expectativa de ganarme la vida con mi oficio verdadero, que era escribir. Pensé que mi oficio lo tendría que desarrollar de manera clandestina, nocturna, de fin de semana y sin que nadie jamás me permitiera obtener de él una forma de vida para mí ni para mi familia. Y contra todo pronóstico lo he conseguido y sé a quién se lo debo. Estuvo el Premio Nadal, que me permitió salir del anonimato, he tenido muy buenos editores a lo largo del camino. No todos, pero he tenido bastantes editores y la mayoría han sido muy buenos, ha sido gente muy comprometida con mi trabajo que han respetado mucho lo que yo hacía y han respetado mucho mi libertad.
Sueños por Cumplir
Hombre, yo sueño con otras cosas. Los premios son gratificantes porque suponen que alguien que no eres tú valora lo que haces. En España son casi indispensables para poder tener una carrera profesional como escritor y para que un libro pueda tener una visibilidad mínima. En España yo creo que hemos pervertido el papel de los premios, porque en un país con tan poca tradición lectora, con tan poca información cultural, con tan poca atención hacia lo que tiene que ver con la literatura, el premio cumple una función un poco anómala de visibilización de lo que normalmente es invisible. Por eso son tan importantes en España y hay tantos premios a novela inédita mientras que en otros países dan premios a una novela publicada. Los premios son una manera de singularizar el libro. Yo soy consciente de esas dos cosas.
Mis sueños realmente son de otra índole. Como el resto del mundo, no sé cuánto voy a vivir, pero me gustaría estar en mi penúltimo mes de vida escribiendo algo que me apetezca escribir teniendo la sensación de que puedo seguir viviendo de mi trabajo y de que hay alguien que espera para leerlo. Mi sueño es poder dedicarme toda la vida a esto profesionalmente, haciendo cosas que a mí me merezcan la pena y teniendo la sensación de que ese trabajo que yo estoy haciendo, cuando se convierta en un libro, va a caer en manos de alguien a quien le va a interesar. Ese es mi sueño y me parece que es un sueño bastante ambicioso.
La Experiencia como Abogado
Trabajaste unos 10 años como abogado para una multinacional. Las multinacionales, en contra de lo que la gente suele pensar, buscan, valoran e incentivan a la gente creativa. No siempre, y no siempre justamente, pero son una materia prima que ellos buscan. He trabajado durante bastantes años con banqueros de inversiones, que son los que diseñan las grandes operaciones empresariales, bursátiles, etc. Se reclutan entre licenciados en Filosofía, en Historia, en Matemáticas, ingenieros, físicos… casi cualquier perfil profesional. Y el tipo de gente que se busca es gente no sólo con inteligencia, sino con inteligencia creativa, porque muchas veces el mundo los negocios requiere tanta creatividad como para hacer creer a alguien que algo que no tiene ningún valor en realidad es algo muy valioso.
Yo no soy rico, tenía que vivir de algo. Jamás concebí remotamente la posibilidad de que en el país en el que había nacido la literatura fuera un medio de subsistencia.
Sorpresa ante el Éxito Literario
Me pilló absolutamente por sorpresa. Todavía no salgo de mi estupor y han pasado bastantes años. No salgo de mi estupor al ver que me levanto por la mañana, me dedico básicamente a escribir o hacer cosas que tienen que ver o que provienen de la literatura, y que pago la luz, pago el teléfono, pago el coche, visto y doy de comer a mis cuatro hijos. Y soy muy consciente de que esto, si ya era difícil hace 20 años, ahora es todavía más difícil. Y además las perspectivas no son de que mejore, sino de que empeore. Mi horizonte es que esto debería ser cada vez más improbable. Cada año que pasa y sigo viviendo de esto no salgo de mi asombro. Y algo debe tener que ver eso con el hecho de que yo siga cotizando en el Colegio de Abogados de Madrid y siga teniendo el carnet de abogado y la cartera, aunque hace unos cuantos años que no me pongo la toga.
La Guardia Civil como Personaje Literario
En torno a la Guardia Civil y sobre todo a la Guardia Civil como personaje literario, que es de lo que estamos hablando muy específicamente, convergen varias cosas. Por un lado la historia de la Guardia Civil, que es muy larga y que es muy compleja. Es tan compleja como la historia contemporánea de España porque los guardias han sido testigos de todos los avatares de la historia española desde hace 172 años y esa historia es muy compleja, y por ello la historia de la Guardia Civil es muy compleja también. No solo es compleja sino que es muy desconocida, o peor que desconocida, porque todavía lo desconocido es neutro.
La Creación de Bevilacqua y Chamorro
Lo he dicho muchas veces y lo diré una vez más: yo no escribiría novela negra, o policiaca, o criminal, o como cada cual prefiera llamarla, si no me hubiera encontrado con Raymond Chandler y El largo adiós. Con ese libro y ese autor, y con la voz de su personaje protagonista, el melancólico Philip Marlowe, descubrí que este género era algo que podía interesarme como escritor, porque además del crimen y la pesquisa había una mirada poética sobre el hombre y sobre el mundo, una ambición de llevar a las páginas todo lo que puede contener la literatura, incluida esa poesía que, como también dijo Chandler, es donde empieza todo. Sobre la premisa de ese deslumbramiento, en lo que no quería convertirme era en un epígono más del hardboiled, en una suerte de imitador mimético y servil del arquetipo del private eye yanqui.
Quería hacer algo parecido a lo que vi en Chandler: un personaje singular y poderoso que me permitiera lanzar una mirada crítica y compasiva a la vez sobre la gente y la sociedad de mi tiempo y mi lugar. Y aunque entonces a muchos les pareció una idea disparatada, llegué a la conclusión de que mi personaje sería un suboficial de la Guardia Civil. ¿Por qué? Porque conocía a quienes en la realidad se dedicaban a la investigación criminal, muy alejados del cliché anacrónico que de ellos se daba en la ficción, y que tal vez explicaba que nadie se atreviera a convertirlos más que en personajes secundarios, grotescos o siniestros.
