Loquios Fétidos y Fiebre Puerperal: Causas, Tratamiento y Prevención

El puerperio, posparto o cuarentena es un período crucial para la mujer, marcado por la recuperación del organismo materno después del parto. Durante este tiempo, es fundamental estar atenta a los síntomas que pueden indicar complicaciones, como los loquios fétidos y la fiebre puerperal. Comprender estas condiciones y sus posibles causas es esencial para una pronta recuperación y para evitar complicaciones más graves.

¿Qué es el Puerperio?

El puerperio es el período que comprende desde el final del parto hasta la aparición de la primera menstruación. En este tiempo se desarrollan simultáneamente multitud de cambios fisiológicos en la mujer con la finalidad de retornar gradualmente al estado pregravídico y establecer la lactancia.

Durante este periodo, el organismo materno va recuperando su normalidad después del parto. Es un momento muy complicado para la mujer, que tiene que cuidar a un recién nacido y cuidarse a sí misma.

Con el nacimiento del bebé, llega la etapa del posparto y todos los inconvenientes (más o menos sustanciales) relacionados. Pero no hay necesidad de entrar en pánico porque, como ya dijo Eve Simonet (realizadora de una serie documental sobre el posparto), "el conocimiento es poder".

¿Qué son los Loquios?

Los loquios son los fluidos vaginales que la mujer va a ir expulsando tras la expulsión del feto durante la etapa del puerperio. Algo a tener en cuenta es que los loquios se expulsan tanto tras una cesárea como tras un parto natural.

Estos fluidos vaginales son expulsados tras el parto, tanto en cesáreas como en partos naturales, debido a que durante el embarazo, la placenta se adhiere a la capa interna del útero a través de vasos sanguíneos.

Los loquios se clasifican en:

  • Loquios rojos o rubra: Se producen durante los primeros días tras el parto.
  • Loquios sanguinolentos: Aparecen alrededor de una semana después de los loquios rojos.
  • Loquios alba: Es la fase más prolongada y su duración varía según el cuerpo de la mujer.

Es importante estar atenta a cualquier anormalidad durante estas fases y acudir al médico en caso de:

  • Loquios muy abundantes después de los tres primeros días.
  • Expulsión de coágulos muy grandes.
  • Sangrado muy abundante.
  • Loquios malolientes (olor fétido, diferente al olor normal de la menstruación, lo que podría indicar una infección).

Factores como el parto múltiple, bebés con macrosomía o una gestación con gran cantidad de líquido amniótico pueden incrementar los días con loquios o entuertos.

Uno de los motivos que puede hacer que los loquios duren menos es la lactancia, ya que la succión del bebé estimula la producción de oxitocina, que contrae el útero.

Puerperio y cuidados.

Fiebre Puerperal: Definición y Causas

La fiebre puerperal se define como una temperatura igual o superior a 38°C al menos durante dos días y entre los días 2° y 10° tras el parto. Es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio.

La infección puerperal se define como la afectación inflamatoria séptica, localizada o generalizada, que se produce en el puerperio como consecuencia de las modificaciones y heridas que en el aparato genital ocasionan el embarazo y parto.

Esta infección puerperal es debida a las heridas o complicaciones ocasionadas en el aparato genital durante el parto. En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna. Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas.

Las causas de la fiebre puerperal pueden ser diversas, incluyendo:

  • Endometritis: Infección bacteriana del endometrio, que suele presentarse después de una cesárea.
  • Infección de la episiotomía o de la herida de la cesárea: Se producen en su mayoría por agentes polimicrobianos.
  • Mastitis puerperal: Infección de los pechos debida a la lactancia.
  • Infecciones urinarias: Debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural.
  • Otras infecciones sistémicas: Pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.

Los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal: Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.

Factores de Riesgo

Existen factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto, que pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto).

Éstos son los siguientes:

  • Trabajo de parto prolongado
  • Parto instrumental
  • Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
  • Obesidad
  • Anemia o desnutrición
  • Ruptura prematura de membrana
  • Extracción manual de la placenta
  • Cesárea de urgencia
  • Relaciones sexuales días previos al parto

Es importante destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.

Síntomas de la Fiebre Puerperal

Además de la fiebre alta, otros síntomas pueden indicar una infección puerperal:

  • Malestar general
  • Palidez
  • Sudoración fría
  • Escalofríos
  • Taquicardia
  • Cefalea
  • Loquios abundantes y malolientes
  • Dolor abdominal

Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.

La endometritis suele presentarse después de una cesárea y los signos de alarma son muy llamativos: fiebre, secreciones vaginales con mal olor, mucho cansancio y malestar general. Este dolor se acompaña de fiebre y secreción vaginal purulenta con mal olor (loquios malolientes).

Diagnóstico de la Infección Puerperal

La aparición de fiebre en los días posteriores al parto no siempre es indicativo de una infección o sepsis puerperal. Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:

  • La fiebre es igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
  • La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
  • En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.

Durante el diagnóstico de una infección puerperal, es necesario identificar el foco de infección por una parte, y cuál es el agente causante por otra, es decir, los microorganismos infecciosos.

Para ello, el médico tendrá que valorar los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre, así como los factores de riesgo relacionados con el parto. Además, éste llevará a cabo una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal.

También mandará realizar las pruebas complementarias que sean necesarias: analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, etc. Es muy importante poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.

En los análisis aparece un aumento de los glóbulos blancos llamado leucocitosis. La endometritis se diagnostica mediante una ecografía del útero.

Tratamiento de la Fiebre Puerperal

El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre.

En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor.

A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina.

En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección.

Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.

En los casos más graves de infección puerperal se requiere el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.

Pautas de tratamiento habituales

Pautas habituales son:

  • Clindamicina 900 mg/8 h + gentamicina 240 mg/24 h
  • Amoxicilina-clavulánico 1g/8 h
  • Ampicilina-sulbactam 3g/6 h
  • Ticarcilina-clavulánico 3g/4 h
  • Cefoxitina 2g/6 h

Prevención de la Fiebre Puerperal

La mejor forma de prevenir la fiebre puerperal se hace evitando o tratando los factores de riesgo. De todos ellos, quizá el más importante sean las medidas que habitualmente se realizan en los partos, manteniendo las medidas de asepsia y otros cuidados perinatales.

Además, no debemos olvidar la propia higiene materna después del parto, junto a una buena alimentación, un descanso materno adecuado y la protección de las relaciones inmediatamente después del parto.

Recomendaciones durante el puerperio

  • Mantener una buena higiene genital.
  • Estar atenta a los signos de infección de orina.
  • Prevenir el tromboembolismo mediante el movimiento y evitando la compresión de las piernas.
  • Observar los loquios y consultar si tienen un olor fétido.
  • Prevenir y tratar la mastitis asegurando el vaciado adecuado del pecho.
  • Buscar apoyo en caso de depresión posparto.

Para estar tranquila durante y después del parto, no dudes en hablar con tu ginecólogo/a y pedirle que te informe sobre el tema de antemano.

Desde el punto de vista práctico, te recomendamos que uses protección posparto especial, así como bragas desechables, durante los primeros días. Después, puedes empezar a usar compresas más convencionales o bragas menstruales.

Al principio serán rojos como una menstruación y generalmente más abundante que una regla, durarán unos 3-4 días.

Debe controlarse la cantidad de los loquios así como su color y olor. La presencia de una hemorragia demasiado abundante continua, o de un olor demasiado intenso deben alertar para una revisión por una posible infección.

Habría que valorar si puede existir retención de restos de placenta, una involución imperfecta de la región placentaria o ambos.

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