La música tiene un poder inmenso para transformar nuestra energía, transmitir sensaciones e inducir estados de ánimo de forma directa.
¿Cuántas veces has escuchado una canción que te ha conectado justo con lo que necesitabas en ese momento? Para mí es fundamental en mi día a día. Me encantan las playlists, las tengo para todos los gustos y ocasiones. Porque en esto del desarrollo personal… ¡no siempre se trata de profundizar!
En tiempos de máxima incertidumbre, donde nos faltan respuestas y muchas verdades, en meses donde la distancia se ha vuelto más real de lo que nunca habíamos imaginado, ni en nuestras peores pesadillas, en estos tiempos solo nos queda mirar para adelante y sacar fuerzas de cualquier sitio.
Algo que nos ha ayudado a sobrellevar la situación ha sido la música. Artistas como Laura Pausini se han volcado para ayudar en esta lucha de todos.
Viva Suecia ha querido centrar todo el protagonismo en la letra de 'Lo siento'. Porque 'Lo siento' no es sólo una canción, es prácticamente una carta.
Es una oda, un odio y una reconciliación con el desamor, y una manera de pedir perdón por todo lo que pudo ser y no fue, pero sin lamentos, simplemente quedándose con los momentos buenos. Vamos, que es una manera de decir "oye, que sí, que hemos terminado, que hemos seguido con nuestras vidas y esto no ha salido bien. Pero... ¿y lo que fuimos? Pues que nos quiten lo bailao'".
Jess Fabric, bajista de Viva Suecia, cuenta que tenían claro que querían transmitir la emoción que tiene la letra: "Que el mensaje tuviese todo el peso y la gente no se distrajera con lo que pasa en la canción y se metiera dentro de la historia. Pensamos en Dani porque tiene una voz increíble y es capaz de darle emoción a todo lo que hace con su voz".
Aunque no pensaron en Dani Fernández sólo para esta canción, también para otra: "Me pasaron dos canciones para que pudiera elegir, pero tenía claro que quería que fuera esta. No me lo pensé y fui para allá para ver cómo queríamos el tema. Surgió todo muy rápido, pero ha quedado un tema increíble y he aprendido muchísimo de ellos", declara Dani Fernández.
¿Qué querían transmitir con esta nueva versión del tema?
Yo quería compartir esta canción con una voz y un alma de verdad, como la de Bebe. Es una artista que siempre he admirado y hace años que buscaba una canción para proponerle y cuando volví a escuchar ’Verdades a medias’ supe que era esa. Llamé a Bebe y se lo pregunté, me dijo que primero quería escuchar la canción y ahí supe que era la persona que buscaba. En la actualidad muchos cantantes optan por un dueto por temas de marketing, y según mi opinión eso destruye el nivel artístico.
Después de escuchar la canción me dijo que ’sí' y yo no tuve ninguna duda en que se convertirá en una bomba. Me gusta tanto que quitaría mi voz y solo dejaría la suya. Solo puedo darle las gracias por ser mi amiga y mi cómplice musical.
Como ‘coach’ en ‘La Voz’ siempre te hemos visto buscar voces únicas, personales y muy diferentes... ¿De ahí que hayas buscado a Bebe para esta colaboración?
Absolutamente ’sí‘. Ser únicos es muy difícil, hoy cantan todos bien, pero cantar afinado es diferente a ser un artista. Bebe es de esas, de las que te cuenta una historia y después reflexionas. Quizás gracias a su manera de escribir y cantar, muchas personas han tenido dudas y han cambiado sus vidas. Eso es un artista para mi.
Su letra habla de la distancia, del silencio y de la rabia por tener que decir adiós. Una distancia que ahora más que nunca ha cobrado un nuevo significado...
Puedo decir que la inquietud, rabia, y el suspense que había escrito en ’Verdades a medias’ en el 2018, ahora refleja lo que siento con la situación que estamos viviendo con el coronavirus. Estamos todos sin una verdadera respuesta, a mi eso me vuelve completamente frágil y histérica.
Y también hablas de buscar verdades donde no las hay... Tu eres una mujer que siempre lleva la verdad por delante. ¿Hay algo que le moleste más a Laura que la mentira?
En esos años mi vida personal vivió un momento muy difícil, porque de repente descubrí que muchas cosas que vivía hace años eran mentira. Quería morirme del dolor. Por eso desde ese momento exijo y doy la verdad al 100%.
Mientras los Estopa siguen inmersos en su gira Fuego, Beret ha anunciado su segundo álbum de estudio. Se llamará Resiliencia y estará disponible el próximo 11 de noviembre.
Sofía Ellar va a estar firmando discos el próximo 10 de septiembre en Oviedo y Santander y el 12 en Barcelona.
Alcanzar una meta tiene mucho que ver con nunca dejar de perseguirla. Vanesa Martín (Málaga, 1980), dejó su casa y viajó a Madrid con la firme idea de grabar un disco y poder compartir sus canciones en directo. Un sueño que se ubicaba en el aquí y ahora más inmediato, un escalón que subir, en vez de una montaña que escalar.
Y más de quince años después y con siete álbumes bajo el brazo, su sueño sigue siendo el mismo, aunque la casilla de salida haya cambiado. Conversamos con la artista malagueña sobre su forma de construir ese camino en el que ella ha aprendido a rodearse de las personas adecuadas, ha comprendido la importancia de escuchar consejos y saber cuándo ignorarlos, ha defendido la diferencia como virtud y se ha asegurado de nunca perder el cable a tierra.
Madrid es la ciudad que me ha abierto las puertas más importantes en la música, que es mi pasión, mi sueño, mi segunda piel. Ya no podría vivir sin Madrid. Vivo a caballo entre Madrid y Málaga. Cuando me escapo a Málaga y estoy allí una temporada, ya siento las ganas de venir a Madrid. He conocido a gente increíble aquí, he crecido en todos los sentidos y aquí es donde he desarrollado mi carrera. Las oportunidades importantes fueron en Madrid. De hecho, cada vez que tengo un concierto aquí, me pongo muy nerviosa, como si fuera madrileña.
En un viaje con los compañeros de la facultad vinimos a ver a una amiga que cantaba en un lugar, en Ópera. Mi amiga me invitó a subir al escenario y justo había allí un chico de Sony. Al final de la actuación me preguntó de quién era la canción y le dije que mía. Me dio su tarjeta, dijo que le había gustado… Eso no llegó a nada, pero me activó para que hiciera una maqueta y venirme a probar suerte a Madrid. Así lo hice. Me dediqué a llevar mi maqueta por las discográficas personalmente. Ni fotos tenía, solo un correo electrónico. ¡Qué inocente era! Llegaba y le decía a la recepcionista o a la secretaria de la discográfica: quiero reunirme con tal persona. Y me preguntaban: «Pero ¿quién eres?», y yo: «Vanesa Martín». «Pero ¿de dónde vienes?», y yo: «De mi casa». Y entonces: «Pero ¿de qué oficina?» ¡Se pensaban que venía a cualquier otra cosa! También me colé una vez en un despacho. Entré y me reuní con el directivo. No llevó a nada.
Quería grabar un disco. Quería tener una banda y dedicarme a esto. En aquel momento le hacía los coros a una artista de Málaga, ella llevaba sus propios músicos y demás. Y yo fantaseaba con eso: tener mi banda, hacer mis conciertos, meterme en un estudio… Pero en un estudio bien. Pero es importante haber vivido también esa parte más ingrata. Yo, si volviera atrás, recorrería todos y cada uno de los pasos que he tenido que dar hasta llegar aquí. Sé que mi trayectoria ha sido lenta precisamente por eso, pero ha sido mucho más bonita y lo he hecho acompañada de compañeros que no habría conocido de otra forma.
Soñar con que a ver si me dejan tocar en la Galileo, por ejemplo. Y un día ves cómo se va llenando la sala; otro día entras en el estudio a grabar cuatro temas más, empiezas a conocer productores… Empiezas a conocer el mundillo y lo haces sin presión. Te pones la presión que quieras ponerte, claro, la que creas que debes sentir para cumplir tu sueño, pero nunca he sido demasiado ansiosa en ese sentido.
Antes de venir a Madrid dejaste un plan B cerrado: estudiaste Magisterio y Pedagogía. ¿Era el plan A o el plan B?
Sí. Yo quise estudiar y mis padres estaban encantados con la idea. Ellos no nos presionaron ni a mis hermanos ni a mí en ese sentido. ¿No vas a estudiar? Pues a trabajar desde el minuto uno. Así que eso hice: matricularme, acabar mis estudios. Y, cuando tenía que prepararme las oposiciones, fue cuando dije: me voy. Ya tengo esto. Y me daba cierta seguridad. También me daba miedo, lógicamente, renunciar a la idea de hacer oposiciones y meterme en este mundo que desconocía completamente. Mi padre me decía: «Pero ¿tú quién te crees que eres? ¿Joselito?
Pero te salió alguien interesado entre el público la primera vez que te pusiste a cantar en Madrid.
Sí que lo es. Rafa Madroñal, se llamaba aquella persona. Luego he trabajado con su hermano, Raúl Madroñal. Él no sabrá la importancia que tuvo en mi vida, porque eso se diluyó y finalmente no pasó nada, pero gracias a ese encuentro me atreví a hacer mi primera maqueta.
Aparte de todo mi entorno y mi familia, en aquel momento dejé una relación con un chico. Me dijo: «Si te vas a Madrid, terminamos», y yo dije: «Pues terminamos». De ahí vino «Durmiendo sola», «El tren de la cordura»… Ese disco es monotemático [risas].
Cuando uno empieza a caminar persiguiendo un sueño, muchas veces el destino parece inalcanzable. En este mundo eso se traduce en subir a un escenario y que en el público solo haya ocho personas. En otras profesiones los escollos no se ven o son más abstractos. Tú entonces tuviste que enfrentarte a estas situaciones.
Mira, yo nunca he creído que me mereciera nada porque sí. Siempre he pensado que las cosas hay que currárselas. Para mí, que hubiera seis u ocho personas un martes o un miércoles en una sala era un comienzo. Pensaba: esta gente no me conoce de nada y ha venido a verme. Lo agradecía un montón. Y, aparte, a mí me gusta cantar, contar mis historias. Y ves que, sean los que sean, si se emocionan, si repiten, creces… Esa era mi fuerza, mi gasolina. A mí me han enseñado desde pequeñita que las cosas no caen del cielo, o te lo curras o adiós. Eso es muy sanador.
Muchas veces se percibe como algo normal que un niño quiera cantar o subirse al escenario, pero contar historias es otro asunto.
No tengo ni idea. Yo era muy peliculera, eso sí. En octavo de EGB participé en un concurso de relatos, creo que patrocinado por Coca-Cola, porque había que poner Coca-Cola sí o sí. Y empecé a ganar. Primero gané en clase, luego en el curso, luego en todo el cole, después en toda Andalucía… Y me quedé ahí, de ahí no pasé. No soy María Dueñas [risas]. Pero siempre he contado historias. Cuando tenía doce años le escribía yo las cartas a mis amigas cuando rompían con los novios y querían reconciliarse.
¿Recuerdas cuál fue la primera canción que compartiste con alguien?
Pero es que, para mí, era un juego. Me sacaba la guitarra con mis amigos y decía: «Mira, mira la canción que me ha salido».
Antes decías que te dedicaste a llamar personalmente a las puertas de las discográficas cuando viniste a Madrid. No sé si muchas, pero sí que, al principio, exceptuando a Luis Salomón y Javi Campillo, que fueron los primeros que confiaron en mí, hubo alguna que otra… No sé cuántos exactamente. Fue rápido, en todo caso. Tardé un año. Hubo mucho de: eres muy andaluza, eres muy flamenca, no es lo que buscamos… Y cuando empecé a hacer otras canciones, en Andalucía me decían que era demasiado de aquí. Es un dilema que me ha acompañado desde entonces, aunque ahora me siento confortable en ese terreno de nadie. Y ahora es, precisamente, uno de tus valores.
Desgraciadamente, algo que me horrorizan son las etiquetas, y las empecé a sentir desde el primer momento. «Ay, te pareces a». Porque eres mujer, porque llevas guitarra, porque tienes flequillo, porque llevas la raya al medio… Ya constantemente te quieren meter en un conjunto. Yo siempre he huido de eso.
Un referente te saca de la cama, te pone las pilas, te hace mejor persona… A mí la música me ha hecho mejor persona, porque te hace sentir cosas tan generosas, tan nobles y tan puras… En un escenario es donde me puedes pedir más…
Sí es cierto que yo caminaba un día por la calle Alcalá escuchando «Loca», de Luz Casal, emocionada, y sentía que era eso justo lo que quería: hacer música, emocionarme y emocionar. No pensaba en una carrera internacional, no estaba diciendo: «A ver si conquisto México…». No.
Hablando de México: mucha gente está obsesionada con México. En el primer momento en el que algo funciona aquí, lo primero que te dicen es: México. Y yo decía: «Qué miedo». Ya funcionaba en Argentina, estábamos avanzando, pero México me daba miedo porque conozco el caso de muchos artistas que vienen y van, o van y vienen, y no terminan de arrancar. Y, de repente, en los estudios esos que se hacen con redes sociales y demás, vimos que había mucha gente de México siguiendo mis canciones. Redes sociales, lo que el público elige directamente, de forma orgánica. Y dijimos: «Mira, aquí hay mucha gente». Estaba igualado con Argentina o más. La primera vez dos Lunarios llenos, la siguiente vez ya en Metropolitan, ahora voy ya, si todo lo permite, al Auditorio… Es como: guau. Eso es lo orgánico. A mí es algo que me ha funcionado siempre muy bien. Lo que el público ha decidido porque le ha dado la gana. Obviamente ahora tengo otra estructura: una discográfica, una multinacional, la promoción… Ya te dan otro soporte. En aquel momento…
Tú ves las películas… Mis amigos me decían: vas a firmar tu primer contrato discográfico con una multinacional. Qué guay, qué emoción. Y cuando fui y firmé yo no sentí nada demasiado especial, la verdad. Y cuando salí de ahí me puse los cascos otra vez, mi Luz Casal y para casa. No tenía ni plan para comer [risas]. Me empezaron a llamar mi familia, mis amigos… Preguntaban: «Bueno, ¿y qué, y qué?», y yo: «Nada. No hemos ido ni a comer». Y ahí entendí que mi vida iba a ser eso: trabajar. No era: «Te ficho, nos vamos a comer, te voy a presentar a tal productor…». No. De ahí me llevo que conocí a Antonio Vega, que para mí fue mucho mejor que cualquier fiesta. Cuando conocí a ese hombre me provocó una mezcla de emociones dentro de mí. Admiración, tristeza por cómo lo vi… Un puto maestro.
Yo no sé si habría tomado mejores decisiones que aquellas que se tomaron por mí, pero sí tenía muy claro que quería ser honesta con mi esencia, con mi raíz, con mi vida, con mis principios y con mi música y eso no lo iba a cambiar nadie. También me dijeron una vez: «Si te desabrochas un botón, se vende antes, seguro». Un directivo de una ONG. Me quedé flipando. Y le dije: «No me tengo que desabrochar nada para que tú me escuches. Son situaciones que compañeros masculinos no tienen que sufrir. Ese día sí le contesté con una bordería. Se produjo un silencio terrible en la mesa. Menos mal que mi mánager lo rompió.
Imagina que llevas una maqueta a una discográfica, y que te la has currado mucho, has dicho a los músicos: «Haced esto, haced esto otro…». Y la reacción siempre al escuchar la maqueta era: «Mira esto que ha hecho el guitarrista, mira esto que ha hecho este otro…». Siempre alababan a las figuras masculinas. Una frase que lo cambia todo. Y no se dan cuenta. Y por menos de nada es gente maravillosa a la que adoras. Pero vienen de una educación y de unas costumbres que, por suerte, gracias a nuestra perseverancia, estamos empezando a romper… Llega un momento en que creces y te respetan. Cuando te respetan, no hay problema. Y cuando eso ocurre, cuando tienes el respeto, tú misma te relajas. A veces la personalidad que una tiene en entornos profesionales es más seria y distante. Yo soy una tía que, si conecto, conecto. Tengo cero pudor. No levanto barreras. Y cuando empezaba en este mundo sí había situaciones del tipo «pues vente a un concierto, pues te invito a una cerveza…». Y había equívocos, a veces. Así que haces tu bombita de humo, te vas a la francesa…, pero estás tensa.
Os canto que me cambia la vida", adelantaba ayer Dani Fernández en sus redes sociales para anunciar el lanzamiento de su nueva canción, Solo tienes que avisar. El tema ya está disponible y va dedicado a alguien muy especial.
Hace unas semanas supimos que el artista está esperando un bebé junto a Yarea, su mujer; gracias a una publicación de la cantante en la que mostraba su tripita con la frase de "Baby is coming" (Bebé en camino).
Ahora, Dani Fernández ha querido dedicarle una canción a la que se ha convertido en su "futura persona favorita", el hijo o hija que está esperando.
Solo tienes que avisar es un sencillo en el que destacan la emoción y la sensibilidad del artista, además de ser la canción más íntima y personal que Dani Fernández ha sacado a la luz. "Me cambia la vida", ha afirmado el cantante a través de redes. Y no es para menos porque la llegada de su primer bebé dará sin duda un cambio de 360º a su vida.
Según ha explicado el cantante, la forma en la que mejor se expresa es a través de la música. Es por eso que ha querido hacerle una canción a su futura paternidad. "Como os he contado muchas veces, el único lenguaje que se me da bien es la música", ha afirmado. "Hoy a las 00:00 os canto que me cambia la vida. La compuse hace un mes y va dedicada a mi futura persona favorita", ha anunciado Dani Fernández.
Además, ha querido aclarar que esta canción no tiene nada que ver con el próximo disco que ya está preparando.
