Lucía Mejías Ferrer y la Historia de la Papelería Ferrer: Un Legado Familiar en Sevilla

Lucía Mejías Ferrer nunca imaginó que se dedicaría a lo que hoy es su vida. Junto a sus primos Alberto y Mari Carmen Planelles Ferrer, quienes representan la quinta generación de la familia, Lucía está al frente de la Papelería Ferrer, ubicada en la calle Sierpes número 5, en Sevilla. Este establecimiento no es solo una papelería, sino la más antigua de España.

Calle Sierpes, donde se ubica la Papelería Ferrer.

Un Tesoro Histórico en el Corazón de Sevilla

"Y dicen que también de Europa. Hay una duda, porque había algo en el norte de Italia y en Copenhague, pero ya he dejado de seguir el rastro, y nos hemos quedado como la papelería más antigua. Más aún, teniendo en cuenta que seguimos siendo la misma familia, mismo sitio y abiertos ininterrumpidamente desde mediados del siglo XIX", cuenta Lucía a LOC.

La papelería guarda como tesoros documentos antiguos, incluyendo libros de contabilidad. "Tenemos uno de 1868 y otro de 1888, en los que se habla de reales de vellón y más adelante, de pesetas. Hay uno similar de Taití valorado en 2.200 euros".

También conservan la receta de la tinta reina, con la que comenzó su historia. Los tatarabuelos de Lucía, José Ferrer y Poch y Josefa Vidal y Fragoso, un matrimonio de Capellades (Barcelona), llegaron a Sevilla en 1856 con la intención de embarcar hacia Cádiz y luego a América en busca de fortuna. Sin embargo, el destino les tenía preparado otro camino: aquel barco zarpó sin ellos, y decidieron abrir un pequeño negocio dedicado a lo que mejor sabían hacer: fabricar tinta.

El Legado de Generación en Generación

Transmitieron a sus hijos el amor por el buen papel, las tintas con sus colores y matices, y la caligrafía clásica con sus plumillas y cálamos. Su hijo Federico hizo lo propio con sus hijos Manuel y Adolfo Ferrer González, quienes a su vez transmitieron este legado a Estrella, la madre de Lucía.

Estrella fue la primera mujer en regentar el negocio. Llenó la papelería de útiles de escritura japoneses, las últimas tendencias en estilográficas, papeles húngaros, encuadernaciones francesas hechas a mano, diarios con cubiertas de piel y bronce, plumas de ganso rematadas en orfebrería italiana, icónicos artículos de escritorio fabricados en España y objetos nostálgicos de la papelería clásica.

Interior de una papelería antigua.

"Cada generación ha vivido sus dificultades. Pero mi madre tuvo que enfrentarse al cambio de lo analógico a lo digital. Fue a ferias internacionales buscando productos diferentes. Nosotros no heredamos un negocio, sino la capacidad de trabajar muchísimo, de buscar y ofrecer cosas nuevas, de dar un trato muy bueno al cliente".

Adaptándose a los Tiempos Modernos

La quinta generación se encontró con Internet. "Tenemos que pelear cada día, porque ahí se pueden encontrar las cosas con una rebaja importante. Pero tenemos herramientas para que el cliente nos compre a nosotros -aparte de venta online, redes o pago por Bizum-. Aquí puede tocar el papel, oler tinta de rosas, ver sus brillos... Esto no se puede hacer en una pantalla. Demostramos que nuestros precios merecen la pena. Y el cliente puede cambiar el producto, pedir consejo o, si busca una estilográfica, sacamos 20, hasta dar con la que se ajuste a su mano".

Venden cuatro útiles fundamentales para escritura: portaminas, bolígrafo, roller y pluma estilográfica; soportes, como papel de todo tipo, carpetas, álbumes de fotos, vades de sobremesa... Y todo lo necesario "para un escritorio que seduzca para escribir de lo que sea".

También ofrecen artículos que ya figuraban en los libros de inventarios antiguos, como plumillas, lacre, hidrómetros, sellos, papel marrón de embalar y pinceles.

Además, disponen de libretas de alta calidad: "Si se cierran, malo. Las nuestras, con papel de 90 gramos, tienen lomo y están cosidas. Cuando están bien hechas, se abren por donde se abran y se quedan abiertas".

También venden pliegos de papel propios para hacer carpetas en las que guardar dibujos, papeles antiguos o libros de testigos de boda. "El cliente escoge el canto, lazos y papel y nosotros los hacemos".

Viven del cliente local, sobre todo tras la pandemia. "Cerramos en marzo de 2020 y abrimos el 1 de mayo. Los sevillanos nos lo han agradecido. No vivimos del turismo, sino del cliente de aquí, como gente mayor que compra sus cositas, niños que buscan útiles para el colegio, jovencitos que quieren empezar a escribir con estilográfica...".

Los clientes de fuera pasan por Sierpes y buscan el comercio diferente. "Nuestra carta de presentación es nuestro escaparate; entran por curiosidad, no saben muy bien dónde están... Europeos y americanos escriben mucho más que nosotros. Pasan más tiempo en casa, y lo utilizan de forma muy inteligente, ya que escribir es muy sano".

Escritorio con elementos de escritura antiguos.

"Seguimos despachando comunicándonos con el cliente". Mantienen cajones y estanterías originales, con marcas de cuando sus antecesores clavaban con puntillas o grapas sus notas. "La estructura siempre ha sido la misma. Cinco mostradores, también originales, a los que Estrella les puso luz y cristales". Como el suelo. "Siempre se despachaba desde los mismos sitios, el suelo está más gastado en esos puntos".

El edificio pasó por una reforma tras el derrumbe, en los años 70, del edificio colindante.

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