Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco que tiene la importante función de evitar infecciones y proteger al organismo de cualquier agente extraño. El porcentaje de linfocitos en sangre representa entre el 20 y el 40% de los leucocitos totales. Si tras un hemograma los valores son superiores a estos, hablaremos de linfocitosis.
Hay que destacar que tener los linfocitos altos, igual que con los leucocitos altos, no es una enfermedad. Se trata de una condición provocada por una enfermedad o virus. Como se ha mencionado, los linfocitos altos no son una enfermedad, sino una consecuencia. Por lo tanto, el tratamiento irá orientado a curar el trastorno, no solo la linfocitosis.
Para bajar los linfocitos de forma natural, además de cumplir con las indicaciones del médico, debes seguir una dieta equilibrada y rica en vegetales, cereales y alimentos que lleven hierro, zinc y vitamina C.
¿Qué son los linfocitos?
Los linfocitos son unas de las principales células del sistema inmunitario y trabajan para evitar infecciones y proteger al organismo de agentes extraños. Los valores normales oscilan entre 1500 y 4000 ml y representan entre el 25% y el 30% de los glóbulos blancos. Se elevan cuando hay un proceso vírico. Su aumento se denomina linfocitosis y no es una enfermedad, sino un signo que nos alerta de que algo está ocurriendo en el organismo del paciente.
Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco fundamental para el sistema inmunológico. Se encargan de reconocer y combatir microorganismos patógenos, además de eliminar células dañadas. Se trata de células que están presentes en nuestra sangre y en el tejido linfático, y que se producen en la médula ósea. Los valores normales de linfocitos en sangre varían entre 1.000 y 4.800 células por microlitro en adultos, y representan entre el 20% y 40% del total de leucocitos. Si los valores están por encima, indica linfocitos altos en sangre.
Los linfocitos son un tipo de leucocitos o glóbulos blancos y pueden ser de dos tipos, B y T. Según los linfoblastos se originen de células B o T, la LLA se denominará de LLA- B o LLA- T.
Tipos de Linfocitosis
La linfocitosis puede ser monoclonal o policlonal y se ve al realizarse el paciente un hemograma en una analítica de sangre. El segundo tipo es más común y está relacionado con infecciones víricas frecuentes.
- Linfocitosis Monoclonal: Está relacionada con un defecto linfoide que provoca un aumento de linfocitos. Es el caso de enfermedades como las leucemias y tumores del sistema hematopoyético, responsable de la producción de células sanguíneas.
- Linfocitosis Policlonales: Infecciones virales frecuentes.
Causas Comunes de Linfocitos Altos en Niños
Los linfocitos altos en niños son comunes, ya que su sistema inmunológico está en desarrollo y responde con mayor intensidad a infecciones. Las causas de la linfocitosis, que son los niveles elevados, son múltiples.
La linfocitosis puede indicar:
- Infección vírica
- Tos ferina
- Leucosis
Infecciones Virales Comunes
- Gripe (vírica)
- Varicela
- Toxoplasmosis
- Tuberculosis
- Paperas
- Rubeola
- Citomegalovirus
- Tos ferina
- Herpes simple
- VIH
Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA)
La leucemia es el cáncer más frecuente en niños. La leucemia linfoblástica aguda (LLA) es un tipo de cáncer por el que la médula ósea produce demasiados linfocitos inmaduros (tipo de glóbulo blanco), conocidos como linfoblastos. Estas células impiden el del resto de células de la sangre.
La LLA es el cáncer más frecuente en niños y la mayoría de los diagnósticos son de leucemia linfoblástica aguda B (80% de los casos de leucemia en niños). La leucemia linfoblástica T es un subtipo de la enfermedad heterogéneo y raro que afecta a pocos niños al año en España. Supone el 10-15% de los casos de LLA en niños.
Como hemos visto en ‘Leucemia, médula ósea y células sanguíneas’, la médula ósea elabora las células madre sanguíneas (células inmaduras) que, con el tiempo, se transformarán en células sanguíneas maduras.
En una minoría de niños sí existen algunas enfermedades genéticas que les predispone al desarrollo de la leucemia linfoblástica aguda. Este es el caso de niños con síndrome de Down o con otros síndromes como el síndrome de Li-Fraumeni, la ataxia-telangiectasia, la Anemia de Fanconi y otros. Otros factores que aumentan la posibilidad de padecer una leucemia pueden ser la exposición a radiaciones previo al nacimiento (radiografías) o haber recibido quimioterapia por otro cáncer.
Los hermanos de un niño con leucemia, comparados con otros niños, tienen un pequeño aumento del riesgo de padecer leucemia. Sin embargo, este riesgo es muy bajo, inferior a 1 por mil.
La leucemia, como otros tipos de cáncer, no es contagiosa.
Qué es la Leucemia? Tipos de leucemia, diagnóstico y tratamiento !
Síntomas de la LLA
Al inicio de la enfermedad, todos estos síntomas pueden ser muy parecidos a los de una infección por un virus. Cuando los síntomas continúan más de 2-4 semanas, en una mayoría de casos se puede llegar a el diagnóstico. Como no son síntomas específicos o exclusivos de la leucemia, es muy frecuente que se haya consultado en diversas ocasiones al médico antes de que se llegue al diagnóstico.
Diagnóstico de la LLA
Generalmente, si un niño presenta los síntomas característicos, la leucemia se puede diagnosticar con una analítica sanguínea. Al examinar la sangre por el microscopio, se pueden ver células leucémicas. A veces, al comienzo de la enfermedad, estas células no se ven en la sangre y la leucemia se sospecha por los síntomas y algunas alteraciones en la analítica sanguínea.
Tratamiento de la LLA
El tratamiento de la leucemia linfoblástica aguda infantil de células T (LLA-T) recién diagnosticada en las fases de inducción a la remisión, consolidación e intensificación y mantenimiento siempre incluye quimioterapia combinada.
A los niños con LLA-T, se les administran más medicamentos contra el cáncer y en dosis más altas que a los niños del grupo de riesgo estándar con diagnóstico reciente, aunque en el momento actual se utilizan los mismos fármacos y esquemas de quimioterapia que para la leucemia linfoblástica aguda B.
Se administra quimioterapia intratecal y sistémica para prevenir o tratar la diseminación de las células leucémicas al encéfalo y la médula espinal. Algunas veces, también se administra radioterapia dirigida al encéfalo.
El objetivo del tratamiento de la leucemia linfoblástica aguda es eliminar las células leucémicas para permitir que la médula ósea vuelva a trabajar con normalidad.
El equipo de médicos hematólogos del niño decidirá cuál es el mejor tratamiento para él, teniendo en cuenta muchos factores, entre los que destacan:
- El tipo de LLA que tiene (B o T)
- La edad del niño y el número de leucocitos al diagnóstico
- Las características genéticas de las células leucémicas
- La respuesta que presente al tratamiento
El tratamiento de la LLA sigue protocolos de tratamiento elaborados por especialistas en hematología y oncología pediátrica y están basados en resultados de otros protocolos (de grupos nacionales e internacionales).
La quimioterapia es el principal tratamiento que recibirá el niño. Consiste en la utilización de medicamentos que eliminan las células cancerosas impidiendo que se reproduzcan.
Cuando la quimioterapia se administra por vía intravenosa, para evitar pinchar repetidamente una vena, se utiliza un dispositivo especial llamado catéter. El catéter se introduce en una vena grande que permite administrar todo tipo de medicamentos, así como también extraer sangre para los análisis de sangre, evitando las repetidas punciones al niño.
Existe un tipo de catéter, llamado port-a-cath, que se une a un reservorio redondo de plástico o metal que queda bajo la piel del tórax. El port-a-cath es muy práctico en niños porque al quedar bajo la piel no permite que el niño se lo arranque, es más difícil que se infecte que otros tipos de catéter y permite que el niño se bañe.
Si la quimioterapia se administra por un catéter venoso llega, por la sangre, a la casi totalidad de las células del cuerpo. Sin embargo, la mayoría de los medicamentos de la quimioterapia no llegan bien al líquido cefalorraquídeo que baña el cerebro y médula espinal. Esto hace que haya células leucémicas que pueden sobrevivir en este líquido.
Con el fin de prevenir que las células leucémicas que llegan al líquido cefalorraquídeo sobrevivan y sean la causa de una futura recaída al sistema nervioso, se debe administrar quimioterapia directamente en el líquido cefalorraquídeo, mediante punciones lumbares (quimioterapia intratecal). En una minoría de niños que por las características de su LLA sabemos que tienen más riesgo de recaída en el sistema nervioso, este tratamiento se puede complementar con radioterapia craneal.
Pronóstico de la LLA-T
El tratamiento con quimioterapia puede curar hasta un 85-90% de los niños con LLA-T. Cuando no se observan células de la leucemia en la médula ósea ni en ningún otro lugar se dice que el paciente está en remisión completa.
El pronóstico de la ALL de células T no resulta muy afectado por la edad del paciente. Existe un subtipo de la enfermedad especial de mal pronóstico que está siendo investigado. Se trata de la LLA early pre-T que corresponden al 12% de todas las LLA-T), para el cual se están evaluando quimioterapias con actividad mixta (mieloide y linfoide), así como nuevos fármacos en el seno de ensayos clínicos. En este caso se recomienda un trasplante de médula ósea para todos los pacientes. Actualmente se precisan más estudios para establecer recomendaciones terapéuticas de estos casos en la infancia.
En el protocolo actual para las early pre-T (TOTAL XVII St Jude Children’s Research Hospital) se intensifica su tratamiento y se añade el fármaco ruxolitinib.
En general, un 15-20% de los niños pueden recaer de la leucemia. La mayoría de las recaídas tienen lugar en los primeros 5 años desde el diagnóstico, en especial en los primeros 2 años tras haber finalizado el tratamiento. En los casos que hay una recaída, se vuelve a administrar quimioterapia y, según el caso, se realiza un trasplante de médula ósea (ver LLA RECAÍDA). También existen nuevas modalidades de tratamiento para los niños en recaída (ver NUEVOS TRATAMIENTOS).
El trasplante se reserva para los casos más difíciles de curar con sólo quimioterapia dado que es un tratamiento más intensivo y que tiene más riesgos y posibles secuelas.
En los niños que han recaído o en aquellos que, por las características de su leucemia, sabemos que tienen un riesgo muy alto de recaer, sí está indicado realizar un trasplante de médula ósea. Este se hace una vez se ha alcanzado una nueva remisión completa con quimioterapia intensiva u otras modalidades de tratamiento.
Otros Factores que Afectan los Linfocitos
Nuestro organismo está diseñado para protegerse de todo aquello que considere que le puede poner en riego. Infecciones virales, enfermedades autoinmunes o déficits nutricionales pueden alterar un análisis de sangre y mostrar linfocitos altos y neutrófilos bajos.
¿Qué significa tener linfocitos altos y neutrófilos bajos?
Qué significa linfocitos altos y neutrófilos bajos depende del contexto clínico. Tener los linfocitos un poco altos no siempre indica una enfermedad grave. Puede deberse a una infección reciente, estrés físico o emocional o reacciones inflamatorias. El aumento de linfocitos puede ser asintomático, pero en algunos casos provoca síntomas que pueden ayudar a identificar la causa subyacente.
Un hemograma permite detectar linfocitos absolutos altos y valorar si hay otras alteraciones en la serie blanca. Linfocitos altos y cansancio suelen ir de la mano, ya que muchas de las condiciones que provocan linfocitos elevados también generan fatiga prolongada.
Qué causan los linfocitos altos depende de la patología subyacente. Si la causa es infecciosa, el recuento suele normalizarse tras la recuperación.
Las principales causas de neutropenia con linfocitosis incluyen infecciones virales, enfermedades autoinmunes, quimioterapia, uso de ciertos medicamentos (antibióticos, inmunosupresores) y deficiencias nutricionales u otras causas como hipertiroidismo o hepatitis.
El equilibrio entre neutrófilos y linfocitos es esencial para la inmunidad. Si los linfocitos están altos y los neutrófilos bajos, el organismo podría estar combatiendo una infección viral o enfrentando un trastorno inmunológico.
Los linfocitos altos y neutrófilos bajos pueden ser valores temporales que se producen por una infección o estrés. Pero también pueden estar relacionados con enfermedades más serias.
Si un análisis revela un porcentaje de linfocitos altos por encima de lo normal o una combinación de neutrófilos bajos y linfocitos altos, lo recomendable es acudir al médico para una evaluación completa. El hemograma, con todos sus parámetros, que se analizan según su normalidad o patología, pueden detectar posibles trastornos que ayudarán al diagnóstico de diversas patologías.
Manifestaciones Clínicas de la Linfocitosis
Al ser la linfocitosis un signo de determinadas enfermedades, antes mencionadas, se puede acompañar de algunas manifestaciones clínicas reconocibles. Las más frecuentes son:
- Cansancio exagerado
- Debilidad y mareos
- Fiebre alta o moderada
- Pérdida de peso
- Sangrados anormales
¿Cómo se bajan los linfocitos?
Los linfocitos dejan de estar elevados cuando termina el proceso viral que ha provocado el aumento, que puede durar unos 7 a 10 días, un mes o puede ser crónico en el caso de enfermedades como el VIH o la hepatitis. Es importante tratar la enfermedad que ha ocasionado la linfocitosis, el trastorno subyacente, para conseguir que bajen los linfocitos.
En este sentido se recomienda acudir al médico ante cualquier variación destacable, para que el especialista detecte la posible causa y ponga el tratamiento adecuado. Es habitual la toma de antivirales, antibióticos o antiinflamatorios.
