¿Te has preguntado alguna vez qué leche comprar a tus hijos? Pues tenía razón tu madre cuando te decía que te bebieras toda la leche porque tiene mucho calcio. Y ese calcio es bueno tanto para los huesos, como para los dientes. Por lo tanto, no debe faltar en la dieta de los niños.
Las bebidas son una fuente importante de calorías y nutrientes, y es vital vigilar qué se les da a los pequeños de la casa, puesto que pueden tener un gran impacto en la salud en el futuro. Según estos expertos, los bebés y los niños hasta los 5 años deberían beber únicamente leche materna o de fórmula infantil, agua y leche de vaca.
La leche y el resto de productos lácteos constituyen un grupo de alimentos completo y equilibrado. Proporciona un elevado contenido en nutrientes en relación con el contenido calórico. Sus proteínas (caseína y proteínas del suero) son de alto valor biológico, aporta hidratos de carbono (lactosa), grasas y vitaminas liposolubles.
Importancia del Calcio y Otros Nutrientes
La leche es un alimento rico en minerales, en especial calcio y fósforo. El calcio constituye el principal componente del hueso y es esencial para el mantenimiento de una buena salud ósea. La masa ósea aumenta a lo largo de la infancia para alcanzar su pico de máxima mineralización en algún momento entre el final de la 2ª y el inicio de la 3ª década de la vida. La acreción de calcio es mayor cuando el estirón puberal está en su cénit, en el comienzo de la pubertad.
La adquisición de un pico de masa ósea adecuada en este periodo disminuye de forma sustancial el riesgo de fracturas osteoporóticas en la edad adulta (un aumento del 10% reduce el riesgo en un 50%). Además de su papel en el desarrollo y mantenimiento de la masa ósea, el calcio parece tener otras funciones beneficiosas para la salud.
A partir de estas consideraciones se han establecido unos niveles aconsejables de consumo para los distintos grupos de edad. Se recomienda una ingesta diaria de 2 a 4 raciones, en concreto dos raciones en la primera infancia, 2 a 3 para los escolares y entre 3 y 4 para los adolescentes (una ración de leche equivale a 200-250 ml, una de yogur a 125 ml y una de queso curado de 40 a 50 g).
Dentro de las posibles consecuencias negativas del consumo de leche y derivados, hemos considerado tres categorías de situaciones: situaciones en que pudiera haber una relación entre consumo de leche y aparición de síntomas; situaciones en que esta relación podría ser posible, pero poco probable; y, finalmente, situaciones en las que es poco posible y poco probable encontrar una asociación entre consumo de leche y enfermedad.
Estudios en lactantes de entre 9 y 12 meses también encontraban pérdidas intestinales aumentadas de sangre y riesgo de ferropenia, aunque en menor incidencia e intensidad que en el grupo de edad inferior. Sólo cuando la introducción de la leche de vaca se producía por encima de los 12 meses de edad no se encontraban aumentos significativos de la concentración de hemoglobina en las heces.
La consecuencia lógica de estos hallazgos es la recomendación de no consumir leche de vaca no modificada antes de los 12 meses de edad. Algunos autores, como Ziegler, apuntan a mantener esa recomendación por encima del año de edad y hacerla extensiva a la primera infancia (1 a 3 años). Recomienda, de no ser posible la leche materna, el empleo de fórmulas infantiles enriquecidas en hierro.
CANTIDAD de LECHE en la DIETA INFANTIL | Cuanta leche deben tomar los niños | Nutrición infantil
Tipos de Leche y Alternativas
Aunque mucha gente confunde la alergia a la leche con la intolerancia a la lactosa, no son lo mismo. La lactosa es el azúcar de la leche. Existe una gran variación interindividual en la tolerancia a la lactosa, lo que lleva a que sea el propio individuo quien autorregula la cantidad de lácteos que puede tolerar.
Por lo tanto, incluso los individuos con hipolactasia congénita pueden tolerar una determinada cantidad de leche y una mayor cantidad de lácteos fermentados que contienen menos lactosa. La hipótesis principal señala que la persistencia de la actividad lactásica es una ventaja adaptativa de la especie humana: permitiría el aprovechamiento de un alimento de elevado contenido proteico y calórico, en épocas en las que la provisión continua de alimentos no estaba garantizada.
La mayoría de las proteínas de la leche, incluso a concentraciones bajas, son alergenos potenciales. Una persona puede ser alérgica a la caseína, a alguna de las proteínas del suero o a ambas fracciones. Sin embargo, la alergia a la proteína de leche de vaca es un cuadro que ocurre en lactantes y niños pequeños, con una frecuencia estimada de alrededor del 2% de los lactantes.
Mientras que el diagnóstico de la alergia a proteínas de leche de vaca mediada por IgE tiene unos criterios bien establecidos, no ocurre lo mismo con los cuadros de alergia no mediada por IgE, generalmente manifestados por síntomas digestivos inespecíficos (irritabilidad, rechazo de las tomas, vómitos o diarrea). Probablemente esta indefinición lleva a considerar como reacciones adversas a la leche a cuadros clínicos que no lo son.
Los trastornos del espectro autista constituyen un grupo heterogéneo de alteraciones del neurodesarrollo con un amplio grado de manifestaciones clínicas. En un número elevado de pacientes existen además síntomas digestivos. Los aditivos alimentarios, los azúcares refinados, las alergias alimentarias o un metabolismo alterado de los ácidos grasos han sido objeto de particular atención. También el empleo de dietas restrictivas, fundamentalmente las que excluyen el gluten y la caseína.
La lactancia materna tiene un efecto protector. La Academia Americana de Pediatría recomienda encarecidamente la lactancia materna en familias con elevado riesgo de desarrollo de DM1 y evitar la introducción de leche de vaca o productos que los contengan en los primeros años de vida.
¿Es tan importante el calcio como se cree?
Sí. Realmente el calcio constituye el principal componente del hueso, de hecho, el 99% de este mineral se encuentra en el hueso y solamente un 1% lo encontramos en el plasma y en el líquido extravascular. El calcio, no solamente interviene en la mineralización ósea de huesos y dientes, sino que se convierte en un compuesto imprescindible para mantener una serie de funciones de nuestro organismo sin las cuales no podríamos vivir, como son:
- La función cardíaca.
- La coagulación de la sangre
- La contracción y relajación de los músculos.
- La secreción de hormonas y compuestos químicos.
- El envío y recepción de señales nerviosas.
Durante los primeros 20-30 años es cuando haremos acopio de casi todo el calcio de nuestro cuerpo. La masa ósea irá aumentando a lo largo de la infancia y alcanzará su pico de máxima mineralización entre los 20 y los 30 años. A partir de esa edad “tiraremos” de reservas para seguir funcionando.
Es importante que sepáis que la absorción del calcio es mayor durante la pubertad, justo en el momento del “estirón”. Alcanzar un pico de masa ósea adecuada en este periodo, disminuye de forma importante el riesgo de fracturas osteoporóticas en la edad adulta (un aumento del 10% reduce el riesgo en un 50%).
Resaltemos que la leche de vaca aporta proteínas de alto valor biológico (después del huevo, la leche es la segunda en valor biológico) e hidratos de carbono fundamentalmente en forma de lactosa. Además es rica en calcio y vitaminas (vitaminas del complejo B y vitaminas A y D, también magnesio, fósforo y zinc).
La lactosa de la leche a su vez facilita la absorción de calcio y de magnesio. La vitamina D presente en la leche también favorece la absorción de este mineral. Por todo ello la leche es una estupenda fuente de calcio no sólo por la cantidad de calcio que tiene sino porque sus nutrientes favorecen la absorción de ese calcio. Por lo tanto, no sirve sustituirla por una bebida vegetal carente de estos compuestos y propiedades.
Con los años algunos adultos se quedan sin lactasa, enzima fundamental para digerir la lactosa, por lo que se convertirán en intolerantes a la lactosa. Pero esto ocurre, en la inmensa mayoría de las veces, durante la vida adulta, momento en el que nuestros depósitos de calcio ya están repletos y el aporte extra de calcio no se convierte en una necesidad primordial como lo es durante la infancia.
Es verdad que la leche y derivados lácteos son la mayor fuente de calcio para la mayoría de las personas, de hecho aportan el 65-72% del calcio de la dieta. Aunque a partir de los 12 meses de vida la leche no es indispensable, sigue siendo un excelente alimento, sobre todo como fuente de calcio.
Sin embargo, la vida no se acaba en la leche. Las verduras como el brócoli, las acelgas o las espinacas también contienen calcio, aunque se necesita ingerir grandes cantidades para conseguir el aporte alcanzado por la leche y derivados lácteos ya que los oxalatos y fitatos de las verduras, interfieren en su absorción haciendo que la biodisponibilidad del calcio sea menor. Así que no solo es importante que tengan calcio sino que también sea fácil su absorción. Como veis no es tan sencillo.
Otros alimentos ricos en calcio son los pescados que se comen con espinas, como las sardinas o anchoas, también el besugo, lenguado, salmón así como algunos frutos secos (almendras) y legumbres (garbanzos, soja).
Para que el calcio llegue a depositarse en nuestros huesos es muy importante tener en cuenta lo siguiente:
- Cocción: Si se trocean y se hierven durante mucho tiempo se puede perder una parte del calcio y otros nutrientes como por ejemplo la vitamina C.
- Vitamina D: imprescindible para que el calcio se deposite en los huesos. La mayoría de la vitamina D que necesitamos se fabrica en nuestra propia piel, gracias a la exposición a la luz solar. Los aportes de vitamina D de la dieta son escasos: salmón, sardina, atún, gambas, langostinos, almejas, yema de huevo o la leche. Es importante repetir que al quitar la grasa de la leche (“desnatada”) no se pierde el calcio, pero sí las vitaminas D y A. A los niños, salvo que tu pediatra te diga lo contrario, no les solemos recomendar leche desnatada.
- Ejercicio físico: realizar deporte de forma regular es una excelente medida para fijar el calcio a los huesos.
No existe evidencia científica ninguna de que la leche produzca mocos, mucosidad, bronquitis, asma ni que empeore los catarros. Acabemos con este mito de una vez por todas. Y no hay motivo que justifique la retirada de los lácteos en la dieta de un niño si no hay una causa médica que lo justifique.
La mayor parte de los niños que rechazan la leche no es porque sean alérgicos o intolerantes, sino porque no les gusta el sabor. Es muy habitual verlo en lactantes con lactancias maternas exclusivas que a la hora de introducir el biberón o la leche de vaca, se niegan en rotundo. Paciencia. No desesperes. Suele ser un rechazo temporal y transitorio. No te frustres.
En los lactantes es excepcional la intolerancia a la lactosa. En los niños más mayores sigue siendo una entidad rara pero que vemos de vez en cuando. El caso típico es el niño que antes de ir al cole, tras tomarse su vaso de leche, inmediatamente después tiene necesidad de ir al baño con heces explosivas, abundante gas, dolor abdominal y diarrea.
La lactosa está compuesta de glucosa (fuente principal de energía) y de galactosa (necesaria para el desarrollo del sistema nervioso central). Está presente, como veis, en la leche materna y por supuesto, en las leches comerciales. Además, la lactosa favorece la absorción de calcio y de hierro evitando la anemia y el raquitismo, favoreciendo, por tanto, el correcto crecimiento de nuestros hijos. La lactasa es una enzima que se encuentra en nuestro intestino y que digiere la lactosa para convertirla en glucosa y galactosa para que nuestro organismo pueda aprovechar todas sus funciones.
Alergia a las proteínas de la leche de vaca que a su vez dividimos en dos grupos: Mediada por Ig E donde la clínica fundamental es cutánea. Bebé que tras su primer, segundo o tercer biberón presenta inmediatamente después de tomarlo o tras beberse un sorbito, enrojecimiento de la cara, mejillas, edema de labios, habones en orejas o tórax, edema de párpados y en casos más graves, tos y dificultad respiratoria. Ante la sospecha clínica podremos hacer estudios complementarios que nos confirmarán el diagnóstico.
En ambos casos suelen ser transitorias y la mayoría de los niños con un adecuado seguimiento y tratamiento por parte de su pediatra suelen tolerar la leche de vaca al cumplir los 2 años.
La leche es imprescindible en el período de lactancia, y si es la materna, mucho mejor. La leche es un alimento interesante. Desde el punto de vista nutricional, tiene una baja densidad calórica y una composición nutricional equilibrada. No es imprescindible su consumo, pero tampoco es perjudicial. Es injusta la demonización que se hace de la leche en algunos ámbitos. El calcio es uno de los componentes esenciales de los huesos y los dientes.
Cierto es que la leche no es el único alimento que contiene calcio, otros, como las almendras, la col, el brécol, o los garbanzos, también pueden aportar calcio. A partir de esa edad, puede ser semidesnatada. El yogur natural sin azúcar. La lactosa es el azúcar natural de la leche. La leche materna tiene casi el doble de lactosa que la leche de vaca o de cabra. La lactosa es una molécula con dos azúcares unidos: glucosa y galactosa.
Algunas personas con la edad pierden la capacidad de digerir la lactosa. En las razas caucasianas (occidentales) esto se da entre un 10 a un 20 % de la población. Si esa enzima falla, no se digiere la lactosa y acaba alimentado a las bacterias intestinales, produciendo gas. No, la leche no produce mocos. No, el consumo de leche no aumenta el riesgo de padecer asma o rinitis alérgica.
Este es un tema complejo. En resumen, puede que consumir leche disminuya el riesgo de algún tipo de cáncer y, sin embargo, puede que suponga un ligero aumento de riesgo para otros. El autismo es de causa multifactorial, pero con una importante base biológica. La leche, en concreto la caseína de la leche, no produce autismo. El consumo de leche para la mayoría de los niños es mucho más beneficioso que perjudicial.
La importancia de los primeros 10 años de vida en la alimentación
Los primeros diez años son decisivos: durante este tiempo, el cuerpo y el cerebro del niño crecen a un ritmo acelerado. Las decisiones sobre su alimentación tienen un impacto duradero en la salud física, el rendimiento académico y el bienestar emocional. Una nutrición desequilibrada puede dejar secuelas a largo plazo, por ejemplo en el desarrollo óseo, cognitivo o inmunitario. Por ello, es esencial asegurar la ingesta adecuada de nutrientes como hierro, vitamina D, calcio y omega-3, junto con hábitos de alimentación saludables que acompañen al niño durante toda su vida.
La leche materna es el mejor alimento para el lactante. Se recomienda de forma exclusiva hasta los 6 meses y como parte de una dieta diversificada hasta los 2 años.
A partir de los 6 meses, cuando la lactancia materna no es posible o resulta insuficiente, las fórmulas de continuación (Tipo 2) ayudan a cubrir necesidades de nutrientes como hierro y DHA en una etapa en que se introducen los alimentos sólidos.
Las leches de crecimiento (a partir de los 12 meses) están adaptadas a las necesidades nutricionales de los niños pequeños. Tienen un perfil proteico adaptado en calidad y cantidad, equilibran el perfil de grasas e hidratos de carbono en línea con los hábitos de ingesta actuales de los niños en España y se enriquecen con nutrientes deficitarios en la población infantil como hierro, vitamina D, calcio o DHA.
Una leche de crecimiento es un preparado lácteo para niños de 1 a 3 años diseñado para ayudar a cubrir las necesidades nutricionales de estos niños aportando, entre otros muchos nutrientes, más hierro, vitamina D, ácidos grasos omega-3 y menos proteínas que la leche de vaca. Su finalidad es complementar la dieta del niño en una etapa de diversificación en la que todavía no se consumen con regularidad todos los grupos de alimentos necesarios.
Su perfil proteico está mejor adaptado a las necesidades de los niños, tanto en cantidad como en calidad. Generalmente contienen menos proteína que la leche de vaca pero la calidad de la misma es mayor puesto que incluye una mayor proporción de proteínas de lactosuero, que tienen una mayor cantidad de aminoácidos esenciales. Al mismo tiempo, la leche de vaca aporta cantidades muy bajas de hierro y vitamina D, dos nutrientes críticos en esta edad. Las leches de crecimiento, están enriquecidas en estos nutrientes para los cuales existe un déficit de ingesta, adaptándose mejor a las necesidades reales del niño.
Por kilo de peso los niños de 1 a 3 años requieren más nutrientes que los adultos, a modo de ejemplos:
- 6 veces más vitamina D
- 4,5 veces más hierro
- 3,5 veces más yodo
- 2,5 veces más omega-3
La evidencia científica en España y Europa señala que:
- Más del 60% presenta déficit de vitamina D.
- Hasta un 25% tiene una ingesta de hierro inferior a la recomendada.
- Más del 80% consume una cantidad insuficiente de ácidos grasos omega-3.
- La ingesta de proteínas es 3 a 4 veces mayor de lo recomendado.
Las leches de crecimiento contribuyen a:
- Mejorar la ingesta de vitamina D, hierro y omega-3.
- Tienen un perfil graso mejor adaptado a las necesidades de los niños, con menor contenido de grasa saturada y enriquecida en ácidos grasos mono y poliinsaturados, como los omega-3 antes mencionados.
- Ajustar el aporte de proteínas, evitando excesos.
- Facilitar la cobertura de nutrientes críticos en una etapa de rápido crecimiento.
En España, el Estudio EsNuPi (2019) ha demostrado que los niños consumidores de leches adaptadas:
- Cumplen mejor con las pautas dietéticas recomendadas.
- Tienen una adecuación más favorable de proteínas, grasas e hidratos de carbono.
- Presentan una ingesta energética diaria adecuada.
- Su ingesta de nutrientes deficitarios, como la vitamina D, los omega-3 o el calcio es significativamente mayor.
En comparación, los niños que consumen leche de vaca muestran mayor riesgo de no alcanzar las ingestas recomendadas de estos nutrientes críticos.
Los pediatras recomiendan la leche y los productos lácteos como parte de una dieta equilibrada. Dentro de esa recomendación, las leches de crecimiento son consideradas una opción útil a partir de los 12 meses para alcanzar los niveles recomendados de nutrientes esenciales. Por otro lado, el aporte de azúcares añadidos en estas fórmulas es mínimo frente a otras fuentes comunes de la dieta. Además, la mayoría de marcas ha reformulado sus productos para limitar o incluso eliminar azúcares añadidos, ofreciendo un alto valor nutricional gracias a su combinación de vitaminas, minerales y nutrientes esenciales que apoyan el desarrollo físico e intelectual de los niños.
Un vaso de leche de crecimiento frente a uno de vaca aporta de forma promedio, según datos de ANSES-Ciqual (2020) para leche de vaca y composiciones medias de fórmulas europeas:
- x28 más hierro
- x18 más vitamina D
- x3-6 más ácidos grasos omega-3
- x2,5 menos proteínas
Son cifras de referencia publicadas por Specialised Nutrition Europe (SNE, 2024), que reflejan el objetivo de la categoría: aportar más de lo que suele faltar y menos de lo que sobra.
El Estudio EsNuPi confirma que las leches adaptadas contribuyen a un mejor estado nutricional, con mayor adecuación de la ingesta de macro y micronutrientes, frente a la leche de vaca. Un estudio de intervención demostró que los niños que consumen leche enriquecida en hierro tenían un mejor estado de este mineral que los niños que consumen leche de vaca.
Tanto EFSA como ESPGHAN reconocen el valor de estas fórmulas. También la Asociación Española de Pediatría (AEP) reconoce que son una ayuda útil para alcanzar las ingestas recomendadas de nutrientes y que mejoran el perfil lipídico y proteico de la leche de vaca. No obstante, su recomendación queda en manos de cada profesional de la salud en cada caso particular. Lo que no admite discusión es su valor nutricional probado, al aportar nutrientes críticos en cantidades adaptadas.
Su composición está específicamente adaptada para los niños pequeños: con nutrientes añadidos y proteínas ajustadas. Ese valor añadido justifica la diferencia de precio frente a una leche básica.
La gama Puleva Peques y Puleva Max ofrece soluciones específicas para cada etapa del crecimiento:
- Puleva Peques 2: pensada para bebés a partir de 6 meses, cuando la lactancia materna no es posible o suficiente.
- Puleva Peques 3: indicada a partir de 12 meses, en plena diversificación alimentaria. Su variedad más consumida no contiene azúcares añadidos. Está disponible en formatos con cereales, envases individuales para facilitar el consumo fuera del hogar y la fórmula Buenas Noches, con triptófano para favorecer el sueño reparador.
- Puleva Max: diseñada a partir de los 36 meses, cuando la dieta ya es más variada, pero siguen existiendo déficits de ingesta en hierro, vitamina D y omega-3.
Con más de 50 años de investigación nutricional, Puleva combina conocimiento experto, nutrición equilibrada y practicidad, convirtiendo cada vaso en una oportunidad de apoyar el desarrollo físico, intelectual y emocional de los niños.
Tabla Comparativa de Nutrientes en Leche de Vaca y Leche de Crecimiento
La siguiente tabla muestra una comparación general de los nutrientes presentes en la leche de vaca y la leche de crecimiento, basada en datos promedio y estudios mencionados:
| Nutriente | Leche de Vaca (por vaso) | Leche de Crecimiento (por vaso) | Beneficios |
|---|---|---|---|
| Hierro | Bajo | Alto (x28 más) | Esencial para la prevención de la anemia y el desarrollo cognitivo. |
| Vitamina D | Bajo | Alto (x18 más) | Importante para la salud ósea y el sistema inmunológico. |
| Ácidos Grasos Omega-3 | Bajo | Medio-Alto (x3-6 más) | Beneficiosos para el desarrollo cerebral y la salud cardiovascular. |
| Proteínas | Alto | Medio (x2.5 menos) | Necesarias para el crecimiento, pero el exceso puede ser perjudicial. |
| Calcio | Medio | Medio | Fundamental para la salud ósea y dental. |
Nota: Los valores pueden variar según la marca y la formulación específica de cada producto.
