En el corazón de la experiencia analítica yace la pregunta fundamental: ¿qué es el padre? Jacques Lacan, renombrado psicoanalista francés, aborda esta cuestión diferenciando la función del Nombre del Padre de los atributos del padre real. Para Lacan, el padre no es simplemente una figura biológica, sino una función lógica esencial en la estructuración del sujeto.
El padre, en la teoría lacaniana, está intrínsecamente vinculado a la ley de la interdicción del incesto. Es a través de los efectos que su presencia tiene en el inconsciente del niño que se lleva a cabo la interdicción de la madre. Pero, ¿qué es el padre más allá de cualquier personaje imaginario? El padre lacaniano nos remite a una función lógica, no se trata del objeto real, aunque así deba intervenir para dar cuerpo a la castración, sostiene Lacan en el Seminario V.
El padre es una metáfora, siendo una metáfora un significante que viene al lugar de otro significante. El padre es un significante que sustituye a otro significante. Esto es el padre en el Complejo de Edipo, dirá Lacan.
Para comprender mejor este concepto, es crucial analizar la pregunta: ¿qué es lo que quiere la madre? El significado de las idas y vueltas de la madre es el falo. La madre desea otra cosa más allá del niño, el falo.
Freud en Más allá del principio del placer, al hablar del juego de fort-da, presencia y ausencia de la madre, sitúa la interpretación del juego resultó obvia. Se entramaba con el gran logro cultural del niño: su renuncia pulsional de admitir sin protestas la partida de la madre.
Lacan sostiene que Lo esencial es que la madre fundamente al padre como mediador de lo que está más allá de su ley, la de ella, y de su capricho, a saber, pura y simplemente, la ley propiamente dicha. Se trata pues, del padre en cuanto Nombre del Padre, estrechamente vinculado con la enunciación de la ley, como nos lo anuncia y lo promueve todo el desarrollo de la doctrina freudiana. Es a este respecto cómo es aceptado o no es aceptado por el niño como aquel que priva o no priva a la madre del objeto de su deseo.
Esta privación el sujeto niño la acepta o la rechaza. Este punto es nodal, el padre entra como privador de la madre, como el que castra a la madre del objeto de su deseo, lo que es castrado es la madre. No es solo no te acostarás con tu madre también es no reintegrarás tu producto dirigido a la madre.
Y para concluir, en La significación del falo, Lacan plantea es sabido que el complejo de castración inconsciente tiene un función de nudo.
En este seminario, muchos elementos que habían sido considerados en su vertiente imaginaria van a tomar su versión simbólica: el falo, la pulsión, la transferencia.
A esta articulación entre el mensaje, las significaciones y el código es lo que Lacan va a llamar el Nombre del Padre. Es el significante que representa un símbolo, el símbolo de la ley. El Nombre del Padre hace de punto de almohadillado, articulando las palabras del sujeto a la ley del lenguaje. Abrocha el significado con el significante, permitiendo cierta estabilidad en el uso común de la lengua. La función del Nombre del Padre es autentificar, dar un soporte simbólico a los mensajes.
Las consecuencias cuando este significante primordial falta a nivel de lenguaje son las manifestaciones que escuchamos en el discurso delirante (fundamentalmente metonímico), hay un discurrir continuo de las palabras (verborrea).
El Nombre del Padre es una dimensión y sobre todo un instrumento. En estos capítulos, la fórmula más indicativa de la definición del Nombre del Padre es el Otro en el Otro. En el Otro están las palabras, representadas por los significantes que las articulan en la ley de metáfora y metonimia, y entre estas palabras (el lenguaje) hay una que tiene un efecto metafórico fundamental y fundacional: el Nombre del Padre.
El Nombre del Padre está relacionado con los deseos infantiles que han sido reprimidos. “El Nombre del Padre hay que tenerlo, pero también hay que saber servirse de él”. Debe ser tomado como un instrumento, como un operador lógico. En su más alta representación es Dios (en el caso de los religiosos). La plantea como una fórmula matemática, en este sentido tenemos que entender la función del padre. El sujeto se representa como una X para albergar lo incalculable del sujeto. Debemos preguntarnos ¿Qué producto de la Metáfora Paterna ha operado en el sujeto? Mediante el análisis se desvela qué he sido para el deseo del otro, aunque nunca se descifra por completo la X, el sujeto.
Hay 3 polos del debate planteados en la historia del análisis a propósito del Edipo:
- ¿Se puede constituir una neurosis sin Edipo?
- ¿Sin la intervención de un padre? Lo que llevaba a la cuestión del superyo materno.
- Importancia del tiempo preedípico, dónde se juega la potencia del registro imaginario. Sobre todo queda impregnado para la psicosis y la perversión. ¿Qué queda en cada uno de este tiempo de la inestabilidad imaginaria?
La función del padre queda desligada del padre biológico. En la actualidad más que de función del padre tenemos que hablar del padre en funciones, función que pueden ejercer diversas figuras: maestras, educadores, familiares…
La METÁFORA PATERNA, el Nombre del Padre (psicoanálisis)
La primera intervención del padre como Metáfora Paterna viene a prohibir a la madre del niño. No está solamente la relación del niño con el padre y con la madre, sino que hay también una relación que el niño empieza a desarrollar imaginariamente de lo que supone cuál es el objeto del deseo de la madre, y este es el lugar de las fijaciones imaginarias, de la fijación de la libido.
La Metáfora Paterna es una relación entre dos significantes: madre y padre. En la que el padre entra como nombre y la madre en calidad de Deseo (con mayúsculas), no está en la vía de los deseos inconscientes (imaginarios). La fórmula de la Metáfora Paterna transcribe la sustitución de la primera simbolización, la madre es sustituida a nivel del significante por el padre, por eso es una metáfora fundamental y fundacional. La experiencia analitica en la neurosis es el desciframiento de cómo operó para cada quien la Metáfora Paterna.
Es así que Lacan escinde la función paterna, por una parte la considera como algo que tiene que ver con el mundo de la realidad cotidiana y sus implicaciones imaginarias y por la otra, como lo relativo a la estructura fundamental del hombre, lo simbólico mismo. Así la función transciende a la persona porque el soporte está en su función simbólica, a la que llamó Nombre-del-Padre.
Dicha metáfora consiste en dos tiempos lógicos. El primer tiempo lógico es el significante Deseo de la Madre, que no es otra cosa que la relación del niño con la madre donde el deseo materno se traduce en una significación desconocida para el niño, es una x. Dicha x, indica que no existe una relación directa entre el niño y el padre sino que está metaforizada por el DM que nombra un goce sin ley. El segundo tiempo lógico es cuando el significante Nombre del Padre da la clave al niño de la significación desconocida sobre el Deseo de la Madre como una significación fálica. El niño responde al enigma a través de la incidencia del padre. El Nombre del Padre inscribe en el Otro la significación fálica como resultado de esta metáfora. Del resto de esta operación emerge el enigma del deseo del Otro, lo que le permitirá al niño una vía de regulación de su propio deseo y también una asunción regulada del goce fálico.
En este seminario trabaja la relación entre universal y particular haciendo una crítica a la dialéctica hegeliana en la que lo universal se puede unir a lo particular, incluso se pasa de lo universal a lo particular de manera inmediata. Para él dicha lógica tiene un déficit porque pasa por alto la excepción como algo necesario para definir lo universal que está en relación con la lógica del no-todo.
"El particular que se desprende de lo universal y que se exceptúa del "todos" pero a que a su vez permite constituir y sostener la serie: todos los otros menos uno.
Introduce el concepto de objeto a (como causa de deseo), lo que permite situar al Otro de otra manera, como un Otro barrado que no es último garante de la verdad, es más bien faltoso, asi pone de manifiesto el deseo y el goce en el Otro.
Cuando hablamos del significante del Nombre-del-Padre se hace consistir un ideal y velar el objeto, la pluralización pone de manifiesto lo pulsional, el padre se vuelve un operador estructural, agente de la castración. Sin embargo, Lacan en este momento de su enseñanza pone de relieve que la castración procede del lenguaje, estamos castrados por el lenguaje incluso antes de nacer, y esto abre otra dimensión donde el padre ya no es el agente que lleva a cabo la castración, es el lenguaje que introduce la pérdida de goce.
Es también en este momento que Lacan dice "no hay relación", no hay el Nombre-del-Padre y abre la dimensión de la pluralización. El sujeto busca en el Otro lo que le falta, el Nombre-del-Padre es una forma de tapar esa falta es una respuesta a la pregunta por lo que le falta pero no funciona para todo sujeto.
“El Nombre-del-Padre, precisamente como lo sostiene la relación, no permite la apertura a la pluralización y, fundamentalmente, no permite que el sujeto se pueda encontrar, podríam...
Ahora podemos ver la Metáfora como productora de estructuras psíquicas. Cómo a partir del tránsito por la Metáfora paterna se estructura el psiquismo y se establecerán determinadas relaciones de objeto. Desde esta metáfora paterna, habrá un corte, una simbolización que permitirá al sujeto elaborar y constituir su estructura psíquica y por lo tanto su relación con el mundo. Habrá variantes en este recorrido por esta instancia y esto abrirá el espectro de estructuras en las que el sujeto se acomodará en el mundo y desplegará su forma de estar en el universo que lo rodea.
El Deseo y la Falta del Objeto
¿Qué es lo que nos mueve a los humanos?, ¿qué instancia determina las relaciones de objeto?, ¿qué estructura, o mejor dicho, preestructura hay antes que sobrevenga la metáfora paterna? Es el deseo que nos mueve, en tanto que simbólico?, y antes de esto?, la libido podrán contestar muchos, la pulsión. Y esto qué implica? Al pensar en el motor de la vida, en qué fuerza nos mueve a los seres humanos, nos viene a la mente, para los que venimos con la concepción freudiana, la pulsión, la libido, y Lacan, que retoma a Freud y trata de ir más allá, a la vez que reivindicar la palabra de Freud y tratar de aclarar las malas interpretaciones de su obra; toma el concepto de la Falta y la forma en que aparece en primer lugar la relación de objeto en Freud. Es decir, para tratar de encontrar pistas acerca del motor de la vida, es necesario referirse a la relación de objeto, la búsqueda del otro, base original del deseo.
Para introducirnos en este tema Lacan nos comunica en una de sus clases: “Freud insiste en que para el hombre, no hay ninguna otra forma de encontrar el objeto sino la continuación de una tendencia en la que se trata de un objeto perdido, un objeto que hay que volver a encontrar”. Y más abajo continúa, “Este objeto que corresponde a un estadio avanzado de la maduración de los instintos es un objeto recobrado del primer destete, el objeto que de entrada fue el punto al cual se adhirieron las primeras satisfacciones del niño”.
“Está claro que por el sólo hecho de esta repetición se instaura una discordancia. El sujeto está unido con el objeto perdido por una nostalgia, y a través de ella se ejerce todo el esfuerzo de su búsqueda. Dicha nostalgia marca al reencuentro con el signo de una repetición imposible, precisamente porque no es el mismo objeto, no puede serlo. La primacía de esta dialéctica introduce en el centro de la relación sujeto - objeto una profunda tensión, de tal forma que lo que se busca no se busca al mismo título que lo que se encontrará. El nuevo objeto se busca a través de la búsqueda de una satisfacción pasada, en los dos sentidos del término y es encontrado y atrapado en un lugar distinto de donde se lo buscaba. Hay ahí una profunda distancia introducida por el elemento esencialmente conflictivo que supone toda búsqueda del objeto.
Tenemos aquí, en estas líneas, la evocación a Freud por parte de Lacan, que introduce este tema de la búsqueda del sujeto de su objeto perdido, objeto que fue ámbito de sus primeras satisfacciones y que marcaron a ese niño para buscar constantemente su satisfacción en él. Hay aquí, puntos de contacto con Melanie Klein, que habla del sujeto que busca satisfacer la fuente de sus deseos o necesidades en ese pecho - madre y de las ansiedades que emergen tras el recorrido particular que tendrá ese vínculo primario.
En este punto, podemos partir del principio de placer y principio de realidad, como continentes de lo que será el conflicto del sujeto con su mundo. De esta dialéctica subyacente a la relación del sujeto con el objeto de su deseo que determina estos principios: el de realidad y el de placer, que serán parte importante de este motor de la vida, o compositor de la estructura psíquica del sujeto, Lacan nos detalla:
“ El principio de realidad está constituido tan sólo por lo que al principio del placer se le impone para su satisfacción, no es más que una prolongación suya, y a la inversa implica, en su dinámica y en su búsqueda fundamental, la tensión fundamental del principio del placer. De todos modos, entre ambos, y esto es lo esencial que aporta la teoría freudiana, hay una hiancia que no cabría distinguir si uno fuera sólo la prolongación del otro. En efecto, el principio del placer tiende a realizarse en formaciones profundamente antirealistas, mientras que el principio de realidad implica la existencia de una organización o de una estructuración diferente y autónoma, la cual supone que lo que aprende puede ser precisamente y fundamentalmente distinto de lo que se desea. . . . . la satisfacción del principio del placer, siempre latente, subyacente en todo ejercicio de la creación del mundo, tiende siempre en mayor o menor grado a realizarse bajo una forma más o menos alucinada. La organización subyacente al yo, la de la tendencia del sujeto propiamente dicho, siempre cuenta con la posibilidad fundamental de satisfacerse con una realización irreal, alucinatoria. . .
Tenemos entonces que en estas primeras relaciones de objeto, hay en primer lugar, una búsqueda del objeto perdido. Este objeto, por un lado, fuente de todas las satisfacciones primarias, es alucinado en el afán de reencontrarlo, esto en referencia a lo que Freud llama el sistema primario del placer.
Otro plano en el que nos topamos con el objeto es en lo concerniente a lo imaginario, la reciprocidad imaginaria. Es decir, en la relación sujeto - objeto el lugar del término en relación es ocupado simultáneamente por el sujeto. Desde aquí, comenzamos a transitar por las relaciones sujeto - objeto desde los distintos planos de lo imaginario, lo simbólico y lo real, que a su vez serán el enclave desde donde poder pensar en la evolución del complejo de Edipo y su relación con la metáfora paterna.
El sistema primario estaría gobernado por el principio de placer, por una tendencia a volver al reposo. A su vez, el sistema secundario respondería a las circunstancias reales o exteriores del sujeto. Lacan plantea que, más allá de la claridad de esta funcionalidad de cada sistema, en la práctica clínica cotidiana, se generan conflictos en torno a estos puntos. Es decir, que habrían contradicciones, o mejor dicho, el término que utiliza Lacan es paradoja, en cada uno de estos términos.
En el caso del principio del placer, no sólo sería la tendencia al reposo sino también la apetencia al deseo, la erección del deseo. A simple vista esto parecería parte de lo mismo, pero claro que debe haber una gran diferencia cualitativa entre estos dos sistemas, si bien sus tendencias son similares. Pero vayamos a cómo entra el significante aquí. Entra como vínculo entre estos dos sistemas y habilita el funcionamiento dialéctico de ambos, a través de los dos niveles de la palabra expresados en las funciones del significante y de significado.
Lacan nos dice que nada se puede explicar en la práctica analítica sin admitir la posibilidad de perpetuos deslizamientos de significado bajo el significante y de significante sobre el significado. Y agrega, “. . . lo que es significante de algo puede convertirse en todo momento en significante de otra cosa, y todo lo que se presenta en la apetencia, la tendencia, la libido del sujeto, está siempre marcado por la impresión de un significante, lo cual no excluye que haya tal vez alguna otra cosa en la pulsión o en la apetencia, algo que de ningún modo está marcado por la impresión del significante. El significante se introduce en el movimiento natural, en el deseo o en la demanda, término al que recurre la lengua inglesa como expresión primitiva del apetito, calificándolo como exigencia, aunque el apetito no esté de por sí marcado por las leyes propias del significante. Así puede decirse que la apetencia se convierte en significado.
Luego nos plantea que la entrada del significante en el mundo es el Espíritu Santo y lo relaciona con el instinto de muerte que aportó Freud. Aquí tocamos el límite del significado, se trata de la existencia del significante, “. . . como una superficie eficaz del significante donde se refleja, de algún modo, lo que podemos llamar la última palabra del significado, es decir de la vida, de lo vivido, del flujo de la emociones, del flujo libidinal. Se trata de la muerte como soporte, base de la operación del Espíritu Santo que hace existir al significante. Este significante, tiene un sentido antropológico para Lacan, ya que, dice, está instalado y estructurado hace muchos años en el hombre a través del lenguaje. Dice, “. . .
Más nos agrega Lacan acerca del significante en cuanto a su relación con algo parecido a lo que Freud refería en cuanto a la repetición, a la reproducción de conductas y situaciones vividas en los primeros años de vida y que se ponían de manifiesto en la transferencia durante una sesión de análisis, por ejemplo. En este sentido dice, “. . . el sujeto se ve llevado a comportarse de una forma esencialmente significante, repitiendo de forma indefinida algo que le resulta mortal, hablando con propiedad.
Como otra característica del significante, señala que éste toma del significado, una serie de elementos muy ligados al significado y que es concretamente el cuerpo, y lo relaciona, además, con el falo, símbolo de la piedra erigida, es decir, el cuerpo erecto. Nos señala que “. . . la piedra erigida es uno de sus ejemplos, la noción del cuerpo humano, como cuerpo erecto es otro, así es como cierto número de elementos, vinculados todos ellos con la efigie corporal y no tan sólo con la experiencia vivida del cuerpo, co...
En resumen, la metáfora paterna en Lacan es un concepto complejo que va más allá de la figura del padre biológico. Se trata de una función simbólica esencial para la estructuración del sujeto, la instauración de la ley y la regulación del deseo. Su comprensión requiere un análisis profundo de los conceptos de Nombre del Padre, falo, deseo materno y la relación entre lo imaginario, lo simbólico y lo real.
| Concepto | Definición |
|---|---|
| Nombre del Padre | Función simbólica que instaura la ley y regula el deseo. |
| Metáfora Paterna | Sustitución de un significante por otro, permitiendo la simbolización. |
| Falo | Significante de la falta, objeto de deseo de la madre. |
| Deseo Materno | Deseo de la madre que va más allá del niño, esencial para la constitución del sujeto. |
Jacques Lacan, figura central del psicoanálisis.
