La maternidad, con todos los cambios físicos, emocionales y sociales que implica, además de sentir la responsabilidad de la llegada al mundo de un ser absolutamente dependiente, ocasiona en muchas mujeres un cóctel de emociones donde la alegría y la ilusión se entremezclan con la frustración e inseguridad. En la actualidad hay muchas informaciones que nos aproximan a la realidad de ser madre, aunque posiblemente muy pocas hablen desde un enfoque realista sobre la crisis en las que se puede sumergir una mujer con la maternidad.
Laura Gutman trata este tema en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”. Esta psicoterapeuta explica cómo las mujeres entran en contacto con sus “sombras” a partir de la llegada de los hijos. “Una mujer puede sentir que su estructura interna, su equilibrio y su estabilidad emocional se rompe completamente cuando se enfrenta a la maternidad”.
¿A qué llamamos las “sombras”?
El término “sombra” lo utiliza y difunde C. G. Jung. Este concepto abarca más que el famoso “inconsciente” difundido por S. Freud. Se refiere a las partes desconocidas de nuestra psique y mundo espiritual. Todo el universo tiene su par contrapuesto: día y noche, masculino y femenino, positivo y negativo, luz y sombra… Nuestro mundo psíquico también está formado por su parte luminosa y oscura. No vemos lo que está en la oscuridad, pero eso no significa que no exista.
Las “sombras” se desarrollan desde la infancia. Desde pequeños vamos construyendo nuestra estructura de personalidad y nuestro ego. A veces, hay sentimientos y acontecimientos dolorosos que no podemos digerir emocionalmente y que directamente decidimos olvidar. Les “damos la espalda” para seguir en el camino de la vida.
Precisamente es esto mismo, que quizá lo revolucionario en nuestra generación es aceptarnos equivocadas abiertamente. Esto es algo que nuestra madres y padres no pudieron transitar. Podían vivir el error internamente, quizá ellas con más culpa y ellos con más enfado pero espero que nosotras podamos seguir aceptándolo y mostrándolo. “Hije perdona, ayer te hablé mal, estaba cansada y no tuve la paciencia que merecías, lo siento. Hoy si puedo estar para ti, ¿quieres que lo retomemos?” “Hije, llevabas razón, he estado dándole vueltas a tus argumentos y ok, voy a probar a ver como funciona tu opción. Si no sale como esperamos volvemos a mis límites, ok?”
La Importancia de la Terapia
Todo esto me lleva a confirmar de nuevo la necesidad de la terapia mientras realizamos un proceso de crianza, bueno en realidad siempre. Pero es desde nuestro lugar de madres y padres que hay una responsabilidad que va más allá de mí misma, que es para con mis peques.
Por eso son tan importantes los grupos de crianza tanto con matiz terapéutico como con mirada feminista. La construcción de la maternidad patriarcal nos encadena desde la culpa. Nos dicen que la salud (incluida la mental) de la infancia depende del amor, el sacrificio y la dedicación de las madres.
De esta manera, el patriarcado, borra la dimensión social y convierte una responsabilidad colectiva en culpa materna. Porque esta idea de maternidad pide presencia, juego, atención y regulación… pero una madre no puede llegar a todo eso, porque la realidad nos habla de agotamiento, sobrecarga, ansiedad, jornadas triples… y falta de tribu. No se puede ni debe criar, únicamente, desde la responsabilidad individual.
Necesitamos los grupos de crianza feministas y terapéuticos para (de)construir esta realidad, para ir creando nuevos referentes de madres libres y no sacrificadas. Traducido literalmente shadow work es “Trabajo en la sombra”, porque lo que intenta es trabajar con ese lado oscuro que todos tenemos. Jung tenía un profundo interés en la sombra, en su forma y contenido, y en el proceso de asimilar “lo que una persona no desea ser”. Y es justo eso lo que Shaheen explica en su libro que define esa sombra como "un aspecto de ti mismo del que no tienes plena conciencia".
Shaheen afirma que participar en el trabajo en la sombra conducirá a resultados positivos que incluyen curar el trauma generacional, aumentar la compasión, establecer límites y "desatascarse". En el libro, además de enseñarnos a “iluminar” nuestra sombra y verla, nos da ejercicios autoguiados y sugerencias de escritura, algo similar al journaling, que lo que busca es, en palabras de la autora, "confrontar e integrar estas partes reprimidas de nosotros mismos" y "arrojar luz sobre los rincones más oscuros de nuestra psique para brindar curación, aceptación y plenitud". Es decir, ver todo lo que tenemos dentro, bueno y malo, y que aceptando todo lo que somos, consigamos el desarrollo personal deseado.
Pero ¿cuánto hay de verdad? Lo cierto es que si pensamos en explorar las partes más oscuras de nuestra existencia, los traumas, el drama que nos acompaña… parece un absurdo hacerlo solas. Todo ese camino es explorable y el trabajo tendrá frutos, pero siempre es más adecuado tener a un profesional a nuestro lado que nos de seguridad y apoyo, porque en esa introspección saldrá mucho dolor a la superficie y es posible que no sean fáciles de gestionar.
Es más, existe una diferencia considerable entre "alguien que está relativamente bien mentalmente y busca una comprensión más profunda, y alguien que lucha contra una enfermedad mental y busca tratamiento", dijo Jenkins. Jenkins explicaba además que si alguien se dedica a llevar un diario autoguiado, “podría quitarle tiempo a tratamientos probados y efectivos” y para personas con enfermedades mentales o traumas pasados, hasta los diarios guiados pueden ser mucho para procesar por sí solos.
"Siempre que un término psicológico realmente llega a la corriente principal y todo el mundo lo investiga, es importante darse cuenta de que es un tipo de terapia muy específica que suele ser muy individualizada para un tipo específico de paciente", dijo Jenkins. "Y esa es una de las preocupaciones que surgen cuando un tratamiento muy individualizado se recomienda a todo el mundo".
El Impacto de la Maternidad en la Psique Femenina
¿Qué es lo que le ocurre a la mujer con la llegada de la maternidad? Independientemente de nuestra edad, el niño que fuimos sigue viviendo dentro de nosotros. Unas veces para ayudarnos a disfrutar, divertirnos… Otras veces nos conecta con esa parte más vulnerable de nosotros mismos, con nuestros miedos más primarios, con nuestros recuerdos y quizás con aquello que nos faltó.
La maternidad nos sacude de tal manera que destapa todas nuestras carencias o heridas emocionales. La maternidad nos devuelve nuestras vivencias con la madre, con el padre, con las personas que nos criaron y alimentaron emocionalmente… Nos devuelve los recuerdos más emotivos de nuestra infancia. Estos recuerdos, quizás dolorosos, que habían permanecido enterrados hasta ahora.
Ya en el embarazo se despierta esta memoria infantil. En este momento comienzan a aflorar viejos conflictos, heridas que vuelven a abrirse. Y todo este estallido emocional coexiste con los cambios fisiológicos, hormonales y energéticos propios de este periodo. En estos casos, es normal que la mujer sienta confusión, tristeza, angustia… y que muchas veces decida ir al médico.
Con frecuencia ocurre que se realiza un diagnóstico, a veces poco acertado, de “depresión” o “depresión postparto”. Esto suele suponer una prescripción automática de medicamentos que bloquean el pensamiento y las emociones. En este sentido, se debe tener en cuenta que la medicación puede prestar un alivio momentáneo, pero si no hay un trabajo psicoterapeutico, las heridas volverán a ser enterradas sin sanarse.
Sin embargo, el mayor logro de Jung fue desvelar que el inconsciente es la fuente creativa de la que provenimos todos los individuos, y es a través de esta materia prima, en relación con las experiencias que nos proporciona la vida, como se desarrolla nuestra mente y nuestra personalidad consciente (Zweig y Abrams, 2011). Así la maternidad se erige como una oportunidad de crecimiento personal, y la “función reflexiva” de la madre, su capacidad para comprenderse a sí misma, como una variable que favorecerá la comunicación y que conserva la seguridad del apego promoviendo conexiones significativas entre los mundos internos y externos.
La madre y el bebé desde el nacimiento están en sincronía psicobiológica lo que llamó Daniel Stern “sincronía del afecto” (Affect Attunement) e implica un entrelazamiento de estados internos entre ambos, siendo éste un factor esencial para el desarrollo saludable del cerebro del niño en los dos primeros meses de vida. Un apego seguro con el cuidador o figura maternante cumple la función biológica protectora frente a los efectos posteriores provenientes del estrés y el trauma (Gunnar, 2000). La lactancia materna facilita que el bebé satisfaga su necesidad de nutrición afectiva (a través del contacto) y biológica (a través de la leche materna), obteniendo una recompensa digestivo-afectiva. Así pues, “el amamantamiento es una oportunidad única de encuentro afectivo entre la madre y su hijo que favorece el vínculo o apego” (Moneta, 2005).
El cuidado sensible contribuye junto al cuidado responsable al establecimiento del apego seguro. Este cuidado sensible se manifiesta cuando la madre responde apropiadamente a las experiencias emocionales del niño sean positivas o negativas, lo cual es difícil si a su vez la madre no ha recibido ese cuidado sensible en su infancia, ni en este momento de vulnerabilidad que supone el puerperio, de sus figuras de apoyo.
Como dice Laura Gutman, Maternar supone estar en intimidad con el bebé, supone invisibilidad, sosiego, ser cuidada para poder cuidar, sentirse sostenida para poder recuperarse del rompimiento (psicológico y físico) que hemos sufrido en el parto, supone encontrar el equilibrio entre las polaridades dar y recibir.
Una de las principales fuentes de estrés en el puerperio surge de la incompatibilidad entre la maternidad y el desarrollo profesional. Es decir, el desarrollo profesional, los momentos de ocio con amigos/as, las necesidades más básicas y personales, pasan a segundo plano por ser las necesidades del bebé las que ocupan el primer lugar durante los primeros meses de vida. Y esto en numerosas ocasiones hace que muchas mujeres nos replanteemos nuestra identidad depositada en ocasiones en el éxito laboral y/o el éxito social, y que entremos en crisis. ¿Quién soy yo?
Los grupos de apoyo a la crianza son un espacio para que descanse el alma de la madre sostenida por la sabiduría de muchas otras y del Psicoterapeuta que lo facilite. Los temas más recurrentes son la alimentación, el sueño, el cumplimiento de los hitos evolutivos “es normal que…”, más tarde la adaptación a la escuela, las rabietas, la obediencia, la autonomía,… la relación con el centro educativo, pero también la pareja, la sexualidad y la maternidad, la toma de decisiones respecto a la crianza, el empoderamiento femenino, la comunicación interior, la sanación del niño herido,…
Una de las diferencias entre el grupo de apoyo a la crianza y otras modalidades formativas como las “escuelas de padres y madres” es que, ante una rabieta, conflicto,… la pregunta para las madres es: ¿Qué significado tiene para ti? ¿Qué sientes ante su rabieta? ¿Cómo la vives? ¿Qué ha desencadenado la rabieta? ¿Cómo es tu mirada hacia el niño/a?.... Cuando los padres y las madres rebajamos el nivel de ansiedad los niños/as se autorregulan, ya que en ocasiones sus conductas no son más que respuestas de las nuestras.
Nuestros hijos/as nos ponen en frente la mayoría de nuestros asuntos inconclusos, es importante ser conscientes de ellos y poder revisarlos, y los grupos de apoyo a la lactancia y la crianza están siendo importantes recursos.
Si no se nos ha amado como hemos necesitado siendo niños y no fuimos aceptado/as incondicionalmente por ser quien éramos no habremos podido desplegar todo nuestro ser esencial ya que relegamos esas partes no aceptadas o no acompañadas a la sombra. Si mamá no ha podido satisfacer nuestras necesidades más básicas ni pudo fusionar o sentirnos, ni conectar emocionalmente con nosotras habremos mandado gran parte de nuestro ser esencial a la sombra.
Muchos de nuestros miedos no fueron tenidos en cuenta ni recogidos ni validados. Todos esos miedos quedaron sin resolver por tanto los tuvimos que mandar a la sombra para poder sobrevivir. De niñas defendíamos a mamá y pensábamos que no debíamos tener miedo y que estábamos equivocados sintiendo eso. Todos esos miedos se acaban desplazando cuando somos adultos. Nuestro sentimiento de seguridad, de ser merecedor e importante también suele quedar en la sombra ya que no nos hemos sentido tenidas en cuenta y nuestras necesidades no fueron satisfechas. Nos quedaba el mensaje de no valgo, no merezco, no importo, no soy lo suficientemente bueno o buena.
Seguiremos defendiendo y justificando a mamá y nos sentiremos culpables o no merecedores si mamá no nos da aquello que legítimamente necesitamos. La Ley de la Naturaleza es que se nos ame y acepte tal como somos pero la realidad es otra muy distinta. El niño o niña no puede ver o pensar que mamá no es madura emocionalmente o que no ha podido darnos todo eso que necesitábamos. De niñas dejamos de escuchar y conectar con nuestro ritmo y registro internos porque pensamos que estábamos equivocadas necesitando y sintiendo eso. Si mamá no podía satisfacernos ni acompañarnos en nuestro ritmo de comer, dormir, jugar… nos desconectamos y empezamos a estar alineadas a mamá. Mamá inconscientemente nos somete.
Escuchar el ritmo interno es vital para luego de mayores poder saber quién somos, qué necesitamos, qué nos gusta y poder tomar nuestras propias decisiones con seguridad y sin la necesidad de aprobación de los demás. ¿Cuántas seguimos haciendo lo que se espera de nosotras aun sin ser nuestro deseo? La forma en que mamá nos ha hablado de la sexualidad y la relación que ella ha tenido o sigue teniendo con su cuerpo nos habrá influenciado mucho en nuestra posterior represión sexual y nuestro lívido.
Solemos mandar parte o la totalidad de nuestro lívido a la sombra cuando el sexo, la menstruación, el cuerpo y todo lo relacionado con la sexualidad han sido tabú o no nombrados en infancia o adolescencia. Nuestro grado de lívido también está muy relacionado con la relación que tuvimos con mamá de bebes y primera infancia. Muchos hemos tenido que reprimir gran parte de nuestra necesidad motriz siendo niños. Esa necesidad física también se suele mandar a la sombra y luego siendo madres no podemos o no sabemos cómo gestionar la necesidad motriz de nuestros hijos.
Solemos descontrolarnos cuando ellos pierden el control y nos cuesta acompañarles y entenderles o respetarles. Si nuestra necesidad motriz no fue acompañada, tenida en cuenta ni validad es probable que tuvieras problemas de aprendizaje u otros relacionados con la memoria o la concentración. Tener que reprimir el cuerpo requiere de mucho control neuronal que luego afecta a otras zonas. Dependiendo del grado de abuso emocional ejercido por mamá y su capacidad de conectar emocionalmente con nosotras, habremos tenido que mandar a la sombra gran parte de nuestra curiosidad, motivación, creatividad, intereses, opiniones, pasiones y habilidades. Cuanta más sombra más desconexión, dudas, inseguridades y confusión habrá con nuestro verdadero ser.
Puedes decidir escuchar a tu corazón, seguir tus sueños y deseos y encaminarte hacia la vida que quieres conseguir de mi mano y de mi equipo.
¿Cómo se transita el camino de la sanación?
Hay que considerar que muchos aspectos ocultos de la psique femenina se activan y se desvelan con la maternidad. Suele ser un momento de revelación, de crisis… Es preciso señalar que puede llegar a ser un proceso para el cual se recomiende ayuda y sostén psicoterapéutico.
En este sentido, pensemos que hacer consciente lo inconsciente nos hace crecer y madurar. Hacer consciente el dolor, moverlo y sacarlo a la luz es el camino adecuado para poder sanarlo, para que no se vuelva en nuestra contra en los momentos en los que somos más débiles. “Transitar y superar el dolor te hace desarrollar aspectos de tu ser que antes permanecían dormidos, te da la visión y la seguridad de quien ha aprendido a navegar en fuerte marejada”.
Por otra parte, para recuperar y fortalecer el amor propio es necesario sanar las heridas emocionales que se fueron acumulando desde nuestra infancia. Es decir, encontrar y sanar nuestro niño interior. Es así como se disuelven patrones que fueron creados para compensar y acorazar el dolor, realizando un proceso de reintegración de la personalidad.
Resumiendo todo lo anterior en la siguiente tabla:
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| La sombra Junguiana | Partes de uno mismo que se ocultan o niegan, incluyendo emociones reprimidas y cualidades inaceptables. |
| Maternidad como catalizador | La maternidad puede destapar carencias emocionales y heridas de la infancia, generando crisis y revelaciones. |
| Importancia de la terapia | La terapia es crucial para procesar el dolor, sanar heridas emocionales y fomentar el crecimiento personal. |
| Grupos de crianza | Espacios de apoyo con enfoque terapéutico y feminista, que ayudan a deconstruir la maternidad patriarcal y crear referentes de madres libres. |
| Sanación del niño interior | Recuperar y fortalecer el amor propio sanando las heridas emocionales desde la infancia. |
Hay una frase de Elvira Sastre que me gusta mucho, y dice: “Te vi follar y fallar y no se cuándo me gustaste más: cuando te contemplé proclamándote diosa o cuando te observé confesándote humana”.
Carl Jung y la SOMBRA | Cómo integrar tu lado oscuro y convertirlo en tu mayor fortaleza
Por tanto, ¿qué mejor que coger este guante que nos lanzan nuestras criaturas? Saltar a la piscina de la humanidad desnudas, con entrega y confianza.
