Simone de Beauvoir, figura clave del feminismo, plantea una reflexión esencial: la maternidad debe ser una elección consciente y deseada, no una imposición social. Su obra, El Segundo Sexo, publicada en 1949, revolucionó el pensamiento feminista al cuestionar el destino biológico femenino y defender la libertad y autonomía de las mujeres.
Simone de Beauvoir
Contexto filosófico del feminismo
La teoría feminista, extensión del feminismo a los campos teóricos y filosóficos, abarca el trabajo en cuanto a los roles y vidas de las mujeres y la política feminista en la antropología y sociología, el psicoanálisis, la economía, los estudios de género y de mujeres, la crítica literaria feminista y la filosofía.
La teoría feminista tiene como fin la comprensión de la naturaleza de la desigualdad y se centra en la política de género, las relaciones de poder y la sexualidad. Beauvoir forma parte de la corriente del feminismo ilustrado.
El feminismo propugna un cambio en las relaciones sociales que conduzca a la liberación de la mujer -y también del varón- a través de eliminar las jerarquías y desigualdades entre los sexos. También puede decirse que el feminismo es un sistema de ideas que, a partir del estudio y análisis de la condición de la mujer en todos los órdenes -familia, educación, política, trabajo, etc.-, pretende transformar las relaciones basadas en la asimetría y opresión sexual, mediante una acción movilizadora.
El denominado “nuevo feminismo”, comienza a fines de los sesenta del último siglo en los EE.UU. y Europa, y se inscribe dentro de los movimientos sociales surgidos durante esa década en los países más desarrollados. Los ejes temáticos que plantea son, la redefinición del concepto de patriarcado, el análisis de los orígenes de la opresión de la mujer, el rol de la familia, la división sexual del trabajo y el trabajo doméstico, la sexualidad, la reformulación de la separación de espacios público y privado -a partir del eslogan “lo personal es político”- y el estudio de la vida cotidiana.
El feminismo contemporáneo considera que la igualdad jurídica y política reclamada por las mujeres del s. XIX -en general conquistadas en el s. XX- si bien constituyó un paso adelante, no fue suficiente para modificar en forma sustantiva el rol de las mujeres. Se reivindica el derecho al placer sexual por parte de las mujeres y se denuncia que la sexualidad femenina ha sido negada por la supremacía de los varones, rescatándose el orgasmo clitoridiano y el derecho a la libre elección sexual.
Por primera vez se pone en entredicho que - por su capacidad de reproducir la especie- la mujer deba asumir como mandato biológico la crianza de los hijos y el cuidado de la familia. Se analiza el trabajo doméstico, denunciando su carácter de adjudicado a ésta por nacimiento y de por vida, así como la función social del mismo y su no remuneración.
Las corrientes feministas y la maternidad
- Feminismo de la igualdad: Simone de Beauvoir, máxima representante, consideró la maternidad como una servidumbre por lo que había que terminar con ella.
- Feminismo de la diferencia: Considera la maternidad como argumento a favor de la superioridad femenina.
- Otras perspectivas: Algunas feministas recriminan al feminismo haber dejado fuera la maternidad, relegándola al ámbito privado.
Conferencia: Maternidad, muerte y escritura: Simone de Beauvoir (1908-1986)
Capitalismo, patriarcado y la maternidad
La unión del capitalismo con el patriarcado ahonda en esta idea de maternidad, que además crea mano de obra gratuita e invisible en las mujeres como productoras de futuros/as trabajadores/as y consumidores/as», explica Julia Cañero, antropóloga en el grupo de investigación EtnoCórdoba Estudios Socioculturales, de la Universidad de Córdoba. Además, sostiene, las criaturas, al ser seres no productivos, no tienen los mismos derechos dentro de un sistema capitalista: «Por ese motivo la inversión en infancia es mínima y la pobreza infantil es tan alta».
Lina Gálvez, catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, sostiene igualmente que cualquier sistema económico para funcionar necesita mano de obra: «Se concibe, se gesta, se pare, se cuida, se socializa, se forma… y todo eso lo han hecho gratuitamente las mujeres a lo largo de la historia». Lo cual se ha interpretado por el feminismo marxista precisamente como una plusvalía de la que se adueñaban los empresarios al poder pagar salarios más bajos a los trabajadores gracias al trabajo gratuito que realizaban las mujeres.
Patricia Rodríguez Pagés es periodista y está especializada en formación en género. «Me sorprende la extrañeza que expresan algunas mujeres que se sienten excluidas del feminismo porque se declaran liberales y no entienden esa crítica al capitalismo. El hecho de negar que el capitalismo ha utilizado a las mujeres a su conveniencia es de una miopía absoluta».
El capitalismo y el patriarcado a menudo explotan el trabajo de las mujeres.
Y añade: «Es imposible no ligar hechos como la eclosión de la leche en polvo y la falta de información pediátrica sobre la importancia de la lactancia materna al momento en el que las mujeres se incorporan masivamente al mercado laboral, primero en EEUU y después en España. El mensaje era: ve a trabajar, no te sientas mal si no puedes amamantarlo porque la leche en polvo es fantástica. Y los pediatras recomendaban cinco minutos exactos en cada teta, hasta que, obviamente, el niño se moría de hambre o se te iba la leche».
La periodista cuenta que fue madre porque sentía la necesidad de vivir esta experiencia: «Creo que es la más brutal que viviré jamás. Es una explosión de sentimientos y la certeza de que existe el amor y el dolor ilimitado. Me encantaría volver a sentir alguna otra vez ese momento del embarazo y del parto, tal y como lo recuerdo de mi hija Luna. Fue una experiencia para la que no tengo palabras pero después bajo a la tierra: tengo dos hijas a las que espero darles todo lo mejor que pueda, todo lo que tenga de mí.
El derecho a elegir y la conciliación
Porque ahora podemos elegir no ser madres -o eso creemos-, ¿pero podemos elegir ser madres sin renunciar a ser nosotras mismas? «Las madres que eligen como prioritaria la crianza verán mermado su desarrollo profesional y las madres que elijan su empleo se estarán perdiendo una parte muy importante del desarrollo de las criaturas, que además influye en su bienestar. Obligar a las madres a elegir no es justo, crea sentimientos de culpa y de frustración», denuncia Cañero, que insiste en que mantener hoy una idea antimaternalista incluso significa no avanzar en la teoría feminista.
«Si la izquierda y el feminismo no apoyan la maternidad jamás podremos transformarla y empoderarla, y tampoco podremos transformar el sistema. Debemos reapropiarnos de la maternidad, igual que de todos los procesos vitales de las mujeres, desde la menstruación hasta el embarazo, parto, lactancia, exterogestación, puerperio, menopausia… Por eso pienso que un feminismo antimaternalista es en realidad neoliberal, pues mantiene la única idea de liberación de la mujer a través de su incorporación y contribución a un sistema capitalista.
España tiene una de las peores tasas de natalidad y, hasta junio de 2018, se contabilizaron menos de 179.800 nacimientos, el peor dato desde que existen registros en 1941. La media de edad a la que las mujeres son madres ahora asciende a los 32 años.
Para Gálvez, la maternidad es un proyecto de vida: «Yo no creo en eso del instinto o del reloj biológico. Si fuera así comenzaríamos a ser madres a los 13 o 14 años, y eso no es así cuando las mujeres tenemos capacidad de decisión sobre nuestros cuerpos. Por tanto, es un proyecto de vida y por eso tiene que cuadrar con nuestra carrera profesional o el que encontremos una pareja si es que decidimos que haya también un padre u otra madre en ese proceso.
Frases feministas para reflexionar
- "No se nace mujer: se llega a serlo." - Simone de Beauvoir
- "La maternidad será deseada o no será."
- "No quiero tu piropo, quiero tu respeto."
- "El feminismo no mata, mata el machismo."
El legado de Simone de Beauvoir
Simone de Beauvoir realizó un esfuerzo de investigación histórica, literaria, psicoanalítica y antropológica sin precedentes en torno a la situación de la mujer, e impulsó la bandera del trato de igualdad para mujeres y hombres. Tuvo el mérito de apuntar desde el existencialismo sartriano unas reivindicaciones de los derechos humanos de las mujeres que hasta entonces no se habían planteado de forma sistemática.
Hoy se defienden posturas contenidas en El segundo sexo desde opciones intelectuales similares al existencialismo de De Beauvoir. Sin embargo, cerramos el siglo XX con un verdadero cambio cualitativo en el discurso: se ha pasado de hablar de feminismo como antidiscriminación a hablar de la «perspectiva de igualdad de género».
La conciliación familiar y laboral sigue siendo un desafío para muchas mujeres.
En 1970, el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLF) y el MLAC (Movimiento de Liberación del Aborto y de la Contracepción, 1973) se tornan agresivos, y tienen la valentía de decir lo que (casi) nadie quiere oír, que un hijo/a puede no ser deseado/a.
En conclusión, la visión de Simone de Beauvoir sobre la maternidad como una elección libre y deseada sigue siendo relevante en el debate feminista actual. Es crucial que las mujeres tengan el poder de decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, y que la sociedad cree las condiciones necesarias para que la maternidad sea una experiencia empoderadora y no una fuente de opresión.
