En nuestra sociedad, existe un tema que a menudo se considera tabú: el arrepentimiento de haber sido madre. Un estudio revelador, Regretting motherhood: sociopolitical analysis, realizado por la socióloga israelí Orna Donath, explora este aspecto oculto de la maternidad a través de 23 testimonios de mujeres que confiesan que ser madres ha sido "el mayor error de mi vida".
Es crucial entender que estas mujeres no rechazan a sus hijos. Su arrepentimiento se centra en la imposibilidad de vivir sus vidas de la manera que realmente deseaban. Donath destaca la distinción entre el amor por los hijos y la experiencia de la maternidad en sí misma.
La investigación de Donath generó un intenso debate, especialmente en Alemania, donde se dio a conocer inicialmente. El hashtag #regrettingmotherhood se viralizó en redes sociales, evidenciando la necesidad de abordar este tema abiertamente.
Muchas de las entrevistadas expresaron que, influenciadas por la imagen pública de la no maternidad, habrían sentido un vacío si no hubieran tenido hijos, pero solo si no hubieran sabido lo que realmente saben actualmente.
Cuando una lee lo que dicen las mujeres, puede comprenderlas. Y, en segundo lugar, es una reivindicación de las emociones y una invitación a todas las mujeres que aún están a tiempo de vivir su vida como la quieren vivir, a que lo hagan. Sin miedos ni tabúes. Cualquier mujer se puede arrepentir de haber sido madre. Y cualquier mujer puede no ser madre si no quiere serlo.
Cuando se terminan de leer los testimonios, una palabra acude de inmediato a la mente: libertad. La libertad de cualquier persona de vivir la vida como la quiera vivir y no de acuerdo con las convenciones ni las presiones de determinados ambientes ni de sus parejas.
Testimonios Reveladores
A continuación, algunos extractos de los testimonios recogidos en el estudio:
- Charlotte, 44 años, divorciada, madre de dos hijos: “Mira, es complicado porque me arrepiento de ser madre, pero no me arrepiento de ellos, de quiénes son, de su personalidad. Yo amo a esta gente. Incluso a pesar de que me casé con un imbécil, no me arrepiento porque si me hubiera casado con otro, tendría otros niños. Y yo amo a éstos. Es realmente una paradoja. Me arrepiento de tener hijos y de ser madre, pero amo a los hijos que tengo. Así que sí. No es algo que puedas realmente explicar."
- Atalya, 45 años, divorciada, madre de tres hijos adolescentes: “Pasé a ser madre de manera automática. Sin haber pensado en las consecuencias de tener niños o no tenerlos. Claramente, si pudiera volver atrás, no hubiera tenido los hijos”.
- Tirtza, 57 años, divorciada, madre de dos hijos y abuela: “Cada vez que hablo con mis amigos, les digo que si hubiera tenido la experiencia que tengo hoy, no hubiera creado ni siquiera un cuarto de niño. Lo más doloroso para mí es que ya no puedo volver atrás en el tiempo. Es ya imposible de reparar”.
Estos testimonios reflejan la complejidad de la experiencia materna, donde el amor por los hijos coexiste con el arrepentimiento por las limitaciones y sacrificios que implica la maternidad.
El estudio revela que muchas vidas se viven sin que sus propietarias se pregunten realmente qué quieren hasta que ya es demasiado tarde.
El Club de Malas Madres: Desmitificando la Maternidad
En España, el Club de malas madres, con una fuerte presencia en las redes sociales, surgió también con el objetivo de desmitificar la maternidad. «Conseguiremos acabar con el concepto de superwoman, ese que nos impone la sociedad y que no nos ayuda en nada.
En el Diario de mala madre, Amelia Baena pone un ejemplo de lo que todavía está mal visto, como necesitar pasar ratos sin los hijos: «No mientas. Amarás la interminable cola del banco, pedirás la vez y te sentarás en una de las sillas, fría, sí, pero cómoda para tu cuerpo maltrecho y somnoliento.
Cuando la Maternidad se Vuelve una Cárcel
Una madre comparte su experiencia personal: "Aun recuerdo cuando estaba embarazada. Soñaba con tener a mi bebe entre los brazos para cumplir mi sueño de ser madre. Mi marido y yo volcamos un montón de imágenes que, lo reconozco, rozaban la idealización, pero es que nunca pensé que llegaría a sentirme tan frustrada e infeliz siendo madre como me siento ahora.
Mi bebé desde que nació no ha hecho más que llorar. Al principio pensábamos que era algo físico, pero tras varias visitas al pediatra y a urgencias el diagnóstico fue claro: es temperamental. Desde entonces no he hecho más que desear que pasara el tiempo porque escuchar a un bebé llorar todo el día es la cosa más desesperante y frustrante que existe.
Llevamos un año sumidos en una cárcel pues con ella no podemos salir a ningún sitio. Siempre ha sido muy despierta y adelantada. Cuando nació ya tenía el cuello rígido y nunca le ha gustado estar tumbada, recuerdo que los médicos alucinaban. El caso es que mi bebé acaba de cumplir los 13 meses y la situación no parece mejorar.
Tiene berrinches, llora por todo y todo es susceptible de enfado o rabieta. Se pasa todo el día gruñendo, literal, el silencio en nuestra casa no existe. Gruñe, gruñe y gruñe y da igual lo mucho que te esfuerces para entretenerla porque siempre acaba frustrada y enfadada.
Ponemos música clásica, intentamos que el ambiente sea tranquilo, pero nada sirve. Nació con el ceño fruncido y desde entonces parece perpetuamente infeliz. Veo por redes a los demás papás que salen de paseo, a la playa o la montaña y y solo tengo ganas de llorar.
No ayuda que mi marido sea de carácter irascible (a alguien tenía que salir la pequeña), porque se retroalimentan y yo acabo al borde de un ataque de ansiedad más de una vez. La idea era llevarla a una escuela infantil al año pero el Covid lo ha hecho imposible. No sé que hacer, he pensado incluso en consultar a un especialista para que me ayude a reconducir la situación, pero no tengo ni idea de a quién recurrir.
Yo quería tener dos hijos y ahora la verdad es que me veo incapaz de volver a pasar por esto. Se me parte el corazón al leerte, es cierto, la maternidad está a veces muy idealizada y otras todo lo contrario y cada persona lo vive de una manera.
No es ninguna vergüenza ni ningún fracaso acudir a un psicólogo infantil ni sentirte sobrepasada por un hijo así. Te recomiendo que mires algunos post de Armando Bastida. Tiene un blog que se llama criar con sentido comun, donde te da muchas claves y tiene una comunidad que se llama la tribu donde hay especialistas, ( el es enfermero de pediatria) como pediatras, psicologos, pedagogos… a los que puedes consultar cualquier duda y una comunidad de padres con los que deshaogarte y charlar un rato.
Yo todavia no soy miembro, pero me lo estoy planteando muy seriamente, cada vez que leo mas posts, mas convencida estoy. Yo creo que deberías ir a un psicólogo que te ayude a gestionar todo esto. Entiendo perfectamente lo que explicas y tú frustración y desesperación está más que justificada.
Me parece muy buena idea lo que te ha recomendado otra persona de irte una semana o un par de días a desconectar un poco. Apóyate en tu pareja todo lo que puedas, muchas veces tendemos a descuidar a la pareja por el cuidado de los hijos y no debería ser así.
Seguro que puedes acudir a algún psicólogo infantil que te ayude y que haya visto otras familias en las circunstancias de ustedes. Igualmente, calma, hay luz al final del túnel. Ningún niño llora eternamente y esta mala época pasará más pronto que tarde. Un abrazo lleno de energía y tranquilidad. Psicólogo infantil de cabeza, no te lo pienses más.
La Infertilidad: Un Dolor Silencioso
En España, una de cada seis parejas no puede tener hijos según un registro de la Sociedad Española de Fertilidad. Hay mujeres que no logran su deseo de ser madre como María. "Me sentía muy frustrada. En mi entorno, era la única persona que tenía problemas de fertilidad", cuenta a RTVE.es "Pensaba que no me iba a quedar embarazada nunca. En mi caso era mi objetivo. Toda mi vida -que afortunadamente era maravillosa- había pasado a un segundo plano", dice.
“Quedarme embarazada era mi objetivo. Me sentía muy frustrada“España es el segundo país de la Unión Europea con la tasa de fertilidad más baja. Nuestras dos historias tienen un comienzo de decepción y desilusión. "Con casi 38 años me quedé embarazada de manera espontánea pero en la semana 20 de gestación en la ecografía morfológica nos dieron la peor noticia y tuvimos que interrumpir la gestación. A pesar de haberme quedado embarazada sin tratamiento y tan solo a los 4 meses de intentarlo, era un embarazo buscado y muy deseado. Me sentía afortunada, ya que era muy consciente de que no era algo tan fácil para muchas otras mujeres", dice Elena.
“En la semana 20 de embarazo tuvimos que interrumpir la gestación“Aunque el modelo de familia cada vez es más diverso y muchas mujeres no quieren ser madres, desear tener hijos y no poder hacerlo sigue siendo motivo de ansiedad y depresión en ellas y ellos. 800.00 personas no consiguen la maternidad ni la paternidad anheladas en nuestro país. Además el 40% de los pacientes con infertilidad padecen síntomas depresivos.
"Tras pasar un tiempo, recuperarme física y emocionalmente con la ayuda de un profesional para elaborar de la mejor manera el duelo gestacional por el que estaba atravesando, decidimos volver a intentarlo, ya que estaba agobiada por mi edad y el tiempo corría en mi contra, así como por mi deseo tan grande de volver a quedarme embarazada de nuevo", cuenta Elena. “Me agobia mi edad porque el tiempo corre en mi contra“"Empecé con pruebas médicas y me dijeron que mis posibilidades de conseguir un nuevo embarazo de manera natural eran muy bajas, así que acudimos a varios centros de fertilidad y empezó nuestro camino con los tratamientos de reproducción asistida", añade la paciente. Lucía Boto es una psicóloga sanitaria que se ha especializado en tratar problemas psicológicos derivados de la infertilidad, con su proyecto PSIMUM.
Ella misma vivió la incapacidad para tener hijos durante cinco años y tuvo a familiares cercanos que sufrieron el mismo calvario. " A partir de ese momento, debido a que era psicóloga y entendía sobre el tema, empezaron a pasarme el contacto de conocidas que estaban pasando por situaciones parecidas y estaban muy perdidas. Les escribía, hablaba con ellas y les ofrecía apoyo e información", dice.
El Duelo Silencioso
La mayoría de las veces ellas sufren el duelo en silencio. "Se padece y se llora mucho en silencio. A veces me iba al baño de la oficina a llorar", confiesa María.
"En mi caso no se lo iba contando a todo el mundo aunque por supuesto respeto lo que haga cada persona. A mí me producía mucho estrés tener que dar explicaciones a la gente. No creo que haya una fórmula mágica. Hay gente que le ayuda contarlo, hay gente que no lo necesita", cuenta Elena.
“María y Elena aseguran que el hecho de no poder tener hijos es una realidad que pasa desapercibida para su entorno que, muchas veces, desconoce su dolor. "Sin duda alguna, lo más duro es la incertidumbre, el no tener la certeza de si algún día vas a conseguir tener un embarazo y, además, a término. El mundo de la infertilidad es una carrera de fondo, donde tienes que ir superando muchas pruebas y obstáculos hasta llegar al ansiado positivo", cuenta Elena.
Así mismo, asegura que, tras verse obligada a interrumpir su embarazo por razones de inviabilidad de su nonato: "Lo peor ha sido encontrarme con profesionales del sector de la sanidad con cero empatía y poco tacto, así como con personas cercanas y familiares que no han sabido entenderme. Quiero pensar que está cambiando y que se están tomando medidas al respecto como dar cursos de duelos a los profesionales del sector, matronas, enfermeras".
"En el camino hay mucho desgaste, no solo económico, sino también físico y sobre todo mental. Aunque sin duda alguna, todo lo vivido merece la pena cuando se consigue y ese es el motor que a mí me empujaba a seguir luchando", añade. "En el trabajo no decía que me estaba intentando quedar embarazada. Me decían que no iba a poder si lo dejaba para más tarde pero yo ya estaba hormonada hasta arriba", dice María.
Estereotipos Negativos Sobre la Infertilidad
¿Qué frases tienen que escuchar las mujeres que se ven frustradas en su maternidad? A María le decían lo típico de que se le iba a pasar el arroz. " Todos me preguntaban cuándo iba a tener hijos". En su vida personal "con las personas más cercanas, me decían que me tenía que relajar, que no poder tener hijos se producía por el estrés, que cambiara de alimentación. El problema es que sales para olvidarte de tus pensamientos diarios y la gente sólo pregunta por cómo va el tratamiento", dice.
“Las personas más cercanas me decían que me tenía que relajar, en el trabajo me preguntaban: ¿cuándo vas a tener hijos?“Elena confiesa que ha tenido que oír coletillas de todo tipo que la han culpabilizado. "De este calibre: 'Mujer legrada mujer embarazada', 'todas las cosas pasan por algo'. Las peores sin duda: 'No te quedas embarazada porque estás estresada' o 'cuando te dejes de obsesionar lo conseguirás'."
La gente no lo hace con mala intención pero yo creo que, en estos casos, hay que ser prudente. Si no se sabe cómo actuar, lo mejor es hacer sentir a la persona que estás ahí, respetar sus tiempos y acompañarla cuando lo necesite", concluye.
“Oía: Mujer legrada, mujer embarazada o cuando dejes de obsesionarte lo conseguirás“Para Boto, el estigma social sobre la mujer que no puede tener hijos todavía es una realidad. "Se pone en tela de juicio la edad de inicio, el tipo de autocuidado o estilo de vida que lleva, el estrés que no es capaz de gestionar durante el proceso, la incesante lucha por quedarse embarazada, la carga de trabajo que soporta, el descuido hacia su pareja, el grado de afectación hormonal y un largo etcétera que provocan culpa, vergüenza y, como consecuencia, encubrimiento de gran parte de información".
“Se cuestiona la edad de inicio, el estilo de vida, el estrés, la lucha incesante por el embarazo en la mujer “"El estereotipo de 'mujer infértil' puede ser un desafío emocional y psicológico para muchas mujeres: '¿Qué pasa si lo que tendría que dar vida no da? ¿qué hay de malo en mí?' Puede ser vivido como una sensación de fallo o anormalidad", concluye.
Fragilidad y Fortaleza de Pareja
Pero ¿cómo influye sufrir estrés y presión, angustia y miedo en la relación de pareja? "Mi pareja me ha acompañado hasta el fin del mundo por los tratamientos. Nos ha hecho ser una pareja más fuerte", cuenta María. Aunque reconoce que en su historia "a mi marido no le hubiera importado no tener hijos sin embargo para mí era una prioridad".
“Mi pareja me ha acompañado hasta el fin del mundo por los tratamientos“Según Boto, al principio se suele sufrir en pareja. Pero a medida que el proceso se alarga se padece más en silencio porque "se tienen que encajar malas noticias, tomar decisiones con desacuerdos, aumenta la carga hormonal, el desgaste, la falta de implicación en el proceso por alguna de las partes, la presión económica.
Elena recuerda que su marido y ella expresaban el dolor de forma diferente. "Yo más y él menos. Pero que muchas personas no lo exterioricen no significa que no sufran. Quizá uno coge el rol de fuerte para no hundir al otro. Es cierto que, en mi caso, sí pasó factura a la pareja, y no sólo a ésta sino también a amigos y familiares. Hay un punto en el que tu vida se paraliza y todo gira en torno al embarazo. Yo, por ejemplo, no quería ver a amigas que estaban embarazadas y además me sentía culpable por ello", explica.
"La mujer suele sentir más la presión social respecto a la decisión de maternidad y carga de la misma. La maternidad sigue considerándose una parte central de la identidad femenina. Además, las mujeres suelen tener más responsabilidad sobre las pruebas y tratamientos de fertilidad", puntualiza Boto.
“La mujer siente más presión social respecto a la decisión de la maternidad“Aunque matiza: "eso no significa que el hombre no sufra. Puede ser una experiencia altamente desafiante para ambos y el hecho de que el hombre lo exprese menos hace que en muchas ocasiones lo pueda gestionar de peor manera.
No Es Culpa Tuya
Para Boto la clave de recuperación del duelo por el hijo o hija no nacidos es quitarse la culpa de encima. A una mujer infértil, "le diría que por lo que está atravesando no es culpa suya. Es algo duro por lo que tiene que pasar pero no hay nada que haya hecho mal, que sea amable con ella misma y se aleje de aquellos comentarios que le hagan sentir culpa, presión o vergüenza".
“No hay nada que hayas hecho mal. Sé amable contigo misma“"No me atrevería a decirle frases del tipo 'no te rindas, sigue luchando' ya que depende de muchos factores. Hay mujeres que tienen que parar, que deciden no seguir porque es lo mejor para ellas. Lo único que le aconsejaría es que busque la ayuda de profesionales, si lo necesitan, y se rodeen de personas que les hagan sentir bien. Más que aconsejar les diría: 'Estás haciendo lo que está en tu mano, lo que depende de ti y lo estás haciendo bien”, concluye Elena.
“Estás haciendo lo que depende de ti y lo estás haciendo bien“María confiesa que no se atreve a dar ningún consejo por lo personal e íntimo que resulta cada proceso de infertilidad "Tienes que vivir esto para saberlo. Es como un proceso de duelo y cada una tiene el suyo.", resume.
Lucía Boto ha tratado a muchas pacientes infértiles. Para ella lo fundamental es "darse tiempo para explorar todas las opciones, conocerlas en profundidad y tomar una decisión propia. Ninguna es mejor o peor porque hay muchos factores que no dependen de tu control. Ten espacios para expresar tus emociones más profundas sin tener que atender a las necesidades de los demás".
“Ten espacios para expresar tus emociones sin verte obligada a atender las de los demás“Sobre todo esta profesional recomienda pedir ayuda ya que "es un ...
Reflexiones Finales
La investigación de Donath es una invitación a la escucha y a la reivindicación de las emociones. Es fundamental que las mujeres se sientan libres de vivir sus vidas como deseen, sin miedos ni tabúes.
La maternidad no debe ser vista como una obligación, sino como una opción. Y si una mujer decide ser madre, debe contar con el apoyo y la comprensión de la sociedad para afrontar los desafíos que implica.
En última instancia, la maternidad es un camino personal y único, y cada mujer tiene derecho a vivirlo a su manera, sin juicios ni presiones externas.
