El mundo del arte lamenta la pérdida del maestro colombiano Fernando Botero, fallecido a los 91 años. Su legado perdura a través de sus inconfundibles obras, donde la maternidad ocupa un lugar especial. Este artículo explora la representación de la maternidad en la obra de Botero, destacando su impacto cultural y artístico.
Botero, el artista colombiano más célebre, popular, conocido, querido y cotizado, dejó un vasto legado con hitos peculiares como su 'Mona Lisa', sus palomas de la paz o las parejas de orondos bailarines y bailarinas.
Fernando Botero Angulo
"La Maternidad" en Oviedo: Un Ícono Urbano
En Oviedo, España, la escultura "La Maternidad" de Botero, popularmente conocida como "La Gorda", se ha convertido en un emblema de la ciudad. Esta obra, que representa a una madre con su hijo en las rodillas, ambos de figuras robustas, fue donada a la ciudad en 1996 y rápidamente adoptada por los ovetenses.
Para los ovetenses la escultura de La Maternidad se ha convertido en uno de los clásicos puntos de encuentro de la ciudad. Inicialmente hubo mucha polémica en su instalación pero con el tiempo se ha ganado el aprecio de los habitantes de Oviedo.
La Maternidad de Botero en Oviedo
La escultura había sido donada por la empresa Oviedo de Cable. Para instalarla hubo que hacer algunas reformas en la plaza: se arrancaron algunos magnolios y se eliminó un quiosco. Los ovetenses no tardaron mucho en sustituir el nombre oficial de la escultura, una madre con su niño en las rodillas, ambos bien orondos, por un mote más familiar: «La Gorda», y así ha pasado al acervo popular, convertida en toda una referencia urbana y uno de los emblemas de la ciudad más fotografiados.
La plaza de la Escandalera, en Oviedo, es todavía más bonita de noche. Aquí en Oviedo a la escultura de La Maternidad se la conoce popularmente como “La Gorda”. Probablemente la causa sea porque si por algo es conocido Botero es por su concepción y expresión muy particular de los volúmenes. La Maternidad muestra a una madre sentada sobre un pedestal y su hijo sentado sobre uno de sus muslos.
En Oviedo, la escultura de la Regenta compite en popularidad con la Maternidad. Dos conceptos y dos personajes que están en las antípodas, pero que se integran en la ciudad, convertida en un auténtico museo de esculturas al aire libre gracias al centenar de obras que se reparten en diferentes puntos.
El Estilo Inconfundible de Botero
No hay margen de error a la hora de reconocer una obra de Fernando Botero. El maestro, como se le llama cariñosamente en Colombia, es dueño de un estilo personal que lo sitúa entre los artistas más importantes del arte contemporáneo.
Fernando Botero, el artista que halló y reivindicó la belleza en la gordura, falleció este viernes a los 91 años en Mónaco. El pintor y escultor colombiano se convirtió en una celebridad global gracias al peculiar estilo sensual y celebratorio de la obesidad, ya fuera con su colorida paleta y el estilo naíf de sus pinturas, o con sus rotundas y descomunales figuras como la popular escultura 'La Maternidad' que luce en Oviedo.
El magnetismo que emana de los robustos cuerpos de Botero es un fenómeno que no deja indiferente a nadie. «Las curvas son importantes -sostenía su creador- porque el balance entre las partes cóncavas y convexas son las que crean la belleza».
Botero repartió sus obesas personas y animales por medio mundo. En la madrileña plaza de Colón se colocó su 'Mujer con espejo', de tres metros de largo y una tonelada de peso. Botero la donó a los habitantes de la Villa y Corte cuando supo que fue la pieza más gustó entre las 21 que expuso en Madrid 1994.
Tal vez por eso “El Pájaro” luzca tan bien en la entrada de la sede del United Overseas Bank frente al río Singapur. Lleva ahí expuesta desde 1990 y se ha convertido en uno de los lugares más visitados a lo largo del río. Forma parte de otras esculturas de pájaros, como las de Medellín o Florencia.
El Pájaro
Más Allá de la Gordura: Sensualidad y Volumen
¿Quién no ha visto un gordo o gorda de Botero? Sin embargo, él no lo reconoce así: “No he pintado una gorda en mi vida”, ha exclamado en repetidas ocasiones. Él prefiere explicar su obra como una búsqueda de la sensualidad a través del volumen, una búsqueda compartida con todo el mundo: hay esculturas suyas repartidas por todo el mundo, muchas donadas a las ciudades donde alguna exposición le llevó antes.
La técnica de Fernando Botero logró dotar al bronce de una cualidad que no le es propia, la suavidad. Que sus obras sean tamaño XXL no es problema para instalarlas en algunos de los países con menor superficie del mudo.
Presencia Global de las Obras de Botero
Más allá de Pablo Escobar, Medellín es la ciudad de Fernando Botero. En el centro de la ciudad se encuentra el Museo de Antioquia, al que el maestro ha donado la mayor parte de su producción pictórica, expuesta en la sala que recibe su nombre como homenaje. Fuera del recinto y abierta a todo público, se encuentra la Plaza Botero con una colección de 23 de sus esculturas monumentales más famosas.
Pero no sólo Medellín. Colombia adora a Botero, por lo que hay esculturas suyas en muchos lugares del país, como en Cartagena de Indias, la ciudad colonial que viera pasear a un Gabriel García Márquez aún plumilla en la antigua redacción del Universal. Allí está en su salsa “La Gorda Gertrudis” (o su nombre oficial: Figura Reclinada 92), sensual y abierta, expuesta y alegre. Se encuentra en la histórica plaza de la Iglesia y Convento de Santo Domingo. No se sabe de dónde, pero al poco de instalarse en el año 2000 surgió la leyenda de que quién toque sus pechos tendría buena suerte en el amor.
Antes de saltar el charco, Botero tiene presencia en otros muchos países de América del Sur. En Argentina disfrutan del Busto, una escultura de silueta inconfundible en el Parque Thays de Buenos Aires. Mientras que en el país vecino, en Chile, tienen en la entrada al Museo de Arte Contemporáneo de Santiago el Caballo de Botero, una figura que bien podría evocar a los gauchos de la Patagonia. Panamá, Puerto Rico y Venezuela también tienen su escultura de Botero. En concreto, en Venezuela, donde está bien presente con una quincena de obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.
CentroCentro -espacio cultural ubicado en Cibeles (Madrid)- albergó la mayor retrospectiva dedicada a Botero en Madrid hasta ahora en todo el país con un éxito de público que demuestra el éxito entre el público de la obra del artista. Pero el cierre de la exposición no deja huérfana a Madrid de su arte.
El Caballo da la bienvenida a los viajeros que llegan a Barcelona en la Terminal 2 del aeropuerto. Pero no es la escultura más popular de Botero en la ciudad. Ese título le corresponde al inocente y bonachón Gato de Botero, en el Raval.
En La Coruña, siguiendo el paseo marítimo, se llega a la Domus o Casa del Hombre, el bello edificio del arquitecto japonés Arata Isozaki. Otra 'Maternidad "de Fernando Botero se encuentra en Lisboa, en un espacio que le va que ni pintado a la escultura, el jardín dedicado a la cantante de fados Amália Rodrigues. Allí la madre con el hijo en su regazo descansa paseando su vista entre flora tan típicamente portuguesa como tamariscos, espinos y madroños.
¿Cuánto puede pesar una de las gordas de Botero? Seguro que más de uno se lo ha preguntado alguna vez… En concreto, la que se encuentra ubicada en Exchange Square, cerca de la estación de Liverpool Street pesa cinco toneladas, pero viéndola nadie lo diría.
Tiene el Principado de Liechtenstein la obra , expuesta en el Museum of Arts Liechtenstein en Vaduz. Pero es más relevante la presencia de Botero en Mónaco, lugar una de sus residencias y donde tiene estudio en la Quai Antoine Premier.
No podía faltar un Botero en uno de los países que mejor sabe de exaltaciones y volúmenes desbordados: Dubai. Allí el artista está bien presente con la escultura 'Mujer Reclinada' que estará expuesta durante la Expo 2020 del Emirato, en el pabellón de Colombia. Otra obra, esta instalada de forma permanente, compite con uno de los símbolos de la ciudad, el Burj Khalifa.
Medellín es una de las ciudades más innovadoras de todo Latinoamérica. La ciudad ha sabido dejar atrás años de violencia e inseguridad y ha desarrollado un urbanismo que ha acabado por integrar en la ciudad incluso las zonas más desfavorecidas. Este desarrollo no ha dejado de lado la memoria de aquellos años pasados. Precisamente, una de las obras de Fernando Botero (El Pájaro) guarda el recuerdo de las víctimas por uno de los atentados más sangrientos vividos en la ciudad, el acontecido en 1995 en el Parque San Antonio. En aquel entonces, un ataque terrorista indiscriminado mató a una veintena de personas y dejó heridas a cententares, además de un boquete abierto en la escultura de Botero.
El artista se negó a retirar la dañada y en cambio creó otra idéntica en el año 2000 que se instaló junto a la primera. Hoy en día, se conoce como El Pájaro de la Paz y en su pedestal aún se pueden leer los nombres de las víctimas.
