La maternidad es un tema complejo y multifacético, objeto de debate y reflexión desde diversas perspectivas. En este artículo, exploraremos los argumentos sobre si la maternidad está sobrevalorada, analizando las perspectivas feministas, las representaciones culturales de la maternidad a lo largo de la historia y las elecciones individuales que influyen en la decisión de ser madre.
Si a estas alturas de la historia un periódico nacional publicará una portada dominical contando lo maravilloso que es el tabaco y desmintiendo los peligros del humo fumado y de la nicotina probablemente todos, desde el ministerio de Sanidad hasta todas las asociaciones profesionales y de usuarios tomarían cartas en el asunto y denunciarían semejante atentado a la salud.
Este domingo un periódico nacional ha ido así de lejos: se ha permitido insultar a todas las madres de este país que han amamantado o amamantan a sus bebés y les ha llamado VACAS. No contentos con eso además han publicado un horrible articulo lleno de falacias.
Mentiras como que la lactancia aumenta el riesgo de depresión (cuando lo más deprimente es que quieras amamantar y no te ayuden). Entre otras perlas han descalificado también a los padres de todos los bebés amamantados diciendo que se desentienden de la crianza (la lactancia segun el mundo "deja toda la responsabilidad de la crianza en la madre") Y para más INRI una feminista como Lidia Falcón afirma sin ningun rubor que las campañas de promoción de la lactancia materna son "totalmente falsas".
Afortunadamente son miles las madres insumisas que no toleran ya estos ni otros insultos y que responden en voz alta: no somos vacas, somos madres, insumisas, libres, felices y con toda la evidencia científica a nuestro favor.
La maternidad en el arte. www.tumeaprendes.com
La maternidad en el arte y la cultura visual
Una de las imágenes de mayor fuerza en la historia cultural es la representación de la relación entre madre e hijo. La imagen sobre la maternidad más difundida en las iglesias, los palacios, los museos, los libros, los catálogos, las postales y otros dispositivos y espacios de transmisión de saber parte de una maternidad que podríamos llamar virtual, pues, a menos que se obedezcan a rajatabla creencias profundas y acendradas, la maternidad biológica de la Virgen María es pura entelequia.
Las madonnas renacentistas representan una imagen de la maternidad ligada a ideas y simbología cristianas. Un esquema de madre e hijo que se ha perpetuado en épocas posteriores de la historia del arte y que se centra en el momento edulcorado de la presentación y exposición de las criaturas en momentos de ternura, afecto y arrobo, dejando de lado una infinidad de situaciones, circunstancias y contextos que suceden en la vida cotidiana.
Rafael. Madonna del jilguero, 1506. Óleo sobre tabla, 107 x 77 cm.
Dicho esto, de forma somera, se puede concluir que la historia de las imágenes en lo que respecta a cierta visión de la maternidad (sin duda de peso considerable, pero no la única, pues hay muchas otras historias sobre la maternidad de distinto impacto visual) está unida a la de las ideas, tanto las de orden religioso como las influidas por pensamientos sociales de distinto signo.
Por ello conviene preguntarse por qué a lo largo de distintos momentos de la historia del arte, en el ámbito gnoseológico occidental, se ha insistido en la idealización de la maternidad, presentada como una realidad casi milagrosa ajena a problemas de carácter económico y social.
La representación de la maternidad tiende a reflejar los momentos de ternura y afecto entre madre e hijo, huyendo de aquellos momentos dolorosos o socialmente desagradables como puede ser el parto. Sin embargo, encontramos excepciones, como en el caso de la mexicana Frida Kahlo o la alemana Hannah Höch.
Frida Kahlo. Mi nacimiento, 1932. Óleo sobre metal, 35 x 30,5 cm.
Cualquier estudio de cultura visual que incluya una evaluación política de la significación de ésta ha de tener en cuenta no sólo el tipo de imágenes producidas, con la subsiguiente elección de componentes que la vertebran, sino también las omisiones, elisiones y borrados. En ese sentido es obvia, como apunté antes, la nula presencia del otro progenitor.
¿Qué nos dice ese borrado? ¿Es casual? ¿Es simbólico? ¿Es reflejo de unas relaciones sociales diferenciadoras de los roles de género y de las distintas funciones de padres y madres? ¿Es esa diferencia de trato en el papel social una de las claves de la opresión de las mujeres?
Hannah Höch. El nacimiento, 1931. Acuarela y tinta china, 40 x 36 cm.
La repetición de imágenes a lo largo de décadas e incluso centurias permite asentar en el imaginario colectivo pautas y comportamientos naturalizándolos, lo que en este caso acentúa la idea de que la relación privilegiada entre progenitores e hijos ha de ser forzosamente de tipo materno.
Planteada la pregunta acerca de la omisión de la paternidad, parece oportuno observar que el sinnúmero de representaciones de la maternidad se centra, y no es algo fortuito, en el momento cumbre y a menudo edulcorado de la presentación y exposición de las criaturas en momentos de ternura, cariño y arrobo, dejando de lado un sinfín de situaciones, circunstancias y contextos que suceden en la vida cotidiana.
Sin duda el parto, como lo ejemplifican algunas obras de la artista dadaísta alemana Hannah Höch y de la mexicana Frida Kahlo, se ha evitado frecuentemente en la representación en aras de la compostura, el pudor o la cerrazón moral, que ponía anteojeras ante las constricciones y miserias del cuerpo.
En esta obra, la artista norteamericana Mary Kelly pidió datos y elaboró tablas sobre los procesos fisiológicos de los bebés, ofreciendo un conjunto de obras construidas a base de frías estadísticas con el objetivo de plasmar la relación maternofilial huyendo de las perspectivas convencionales.
Mary Kelly. Post-Partum Document: Documentation V, Classified Specimens, Proportional Diagrams, Statisticals Tables, Research and Index, 1973-1979. Técnica mixta, 36 elementos de 13 x 18 cm cada uno.
El feminismo y la deconstrucción de la maternidad
En ese decenio y en los siguientes se publican artículos, ensayos y libros en donde el mito de la maternidad vertebradora del mundo empieza a cuestionarse, verbigracia se deconstruye la enaltecida edad de piedra vista como período dorado para las mujeres que supuestamente vivían en un matriarcado feliz, lo que al parecer se deduce de las esculturas de poderosas deidades (artistas como Mary Beth Edelson y Monica Sjöö retoman entonces el mito de las mujeres diosas), y se analiza el significado del patriarcado y su impacto opresivo sobre la mujer al arrinconarla en el espacio doméstico y en el cuidado de la progenie.
En esos años pioneros se estudió el mito de la madre fálica y de la mala madre (Medea y sus numerosas influencias) que aniquila a sus hijos. Se hurgó en muchos momentos de la historia en donde se tejió la misoginia. También se indagó en el fenómeno social del abandono, particularmente de las niñas en las inclusas y conventos, pues eran consideradas una carga, un estorbo, que algunas mujeres de alta cuna no podían permitirse; un abandono que no se daba de igual manera con la descendencia masculina, pues es sabido que un hijo varón goza de mayor rédito social, como todavía sucede hoy en algunos países de Asia. Se empezó asimismo a hablar de la maternidad de las lesbianas, un tema tabú, ignorado por el heterosexismo reinante.
Hablar de maternidad implica referirse al cuerpo, al largo proceso de gestación, a los cambios que produce en el cuerpo que acoge al nasciturus nueve meses después de la concepción. Pero también supone abordar las secuelas del parto, la alimentación, la higiene que prodigar a los recién nacidos, los gastos que origina (ropa, educación, tratamientos pediátricos).
Artículos de diario, notas y comentarios personales y fotografías sin ánimo esteticista componen la obra Who is still holding the baby? de la artista británica Jo Spence, que refleja la realidad de les mujeres que no tenían dónde dejar a sus hijos mientras trabajaban.
La exposición, compuesta originalmente por 27 paneles, era un trabajo colectivo que Jo Spence realizó con otras mujeres, que llamaron a su grupo Hackney Flashers Collective.
La artista norteamericana Mary Kelly concibió un ambicioso proyecto titulado Post-Partum Document (1973-1979). Dividido en seis partes o secciones Kelly quiso evitar las perspectivas convencionales que se centraban en la visualización directa y literal del cuerpo femenino, explotado sobremanera por la cultura mediática machista.
Con unos objetivos propios de la militancia política, la británica Jo Spence, que desarrolló mediante la fotografía un trabajo crítico respecto de las imágenes convencionales que la publicidad ha ofrecido de la mujer objeto, elaboró, en colaboración, con un colectivo feminista del este de Londres, en Hackney, el proyecto titulado Who is still holding the baby?
Spence recogió artículos publicados en distintos periódicos, notas y comentarios personales y fotografías tomadas sin ningún ánimo esteticista de la realidad diaria de muchas mujeres que no tenían dónde dejar a sus hijos mientras trabajaban. La exigencia de guarderías y de centros sociales en donde se atendiera debidamente a los niños es el motor de este proyecto en un momento en que los padres, de haberlos, huían del compromiso coeducador.
Los dos ejemplos citados representan opciones artísticas inmersas en planteamientos que hipotecaban el mito de la madre que supuestamente se comportaría de modo protector por naturaleza e instinto.
En los setenta hubo también trabajos más ambiguos que juegan a exponer los vínculos afectivos entre madre e hija, sin rehuir que en toda relación el afecto puede tornarse asfixia. Es el caso del vídeo de la alemana Ulrike Rosenbach, Tying to Julia, 1972, en donde la artista aparece atando un paño alrededor del cuerpo de su propia hija trabado con el suyo propio.
Martha Rosler. Born to be Sold: Martha Rosler Reads The Strange Case of Baby S/M, 1988. Vídeo color, 35 min.
Años después, en Estados Unidos, tuvo gran repercusión pública el caso Baby M, en el que Mary Beth Whitehead, la madre biológica de Melissa Stern (Baby M), rehusó ceder la custodia de la niña al matrimonio Stern, que la había contratado como vientre de alquiler.
Sobre este caso articuló Martha Rosler su obra Born to be Sold: Martha Rosler Reads The Strange Case of Baby S/M, en 1988. La artista norteamericana se centró en la representación de la madre de alquiler en los medios de comunicación con la intención de destapar los prejuicios de género y de clase utilizados sin escrúpulos.
El concepto de maternidad ya no va unido en exclusiva a la familia heterosexual, esté o no unida por contrato matrimonial. La visibilidad de otras formas de familia (madres solteras heterosexuales con hijos, parejas de gays con niños adoptados…) muestra que la sociedad, sobre todo en los países occidentales, ha modificado en parte sus parámetros, aunque los ataques furibundos por parte de fundamentalistas cristianos y de ultraortodoxos religiosos de distintas confesiones no han cesado para mantener el patrón inamovible de la tríada freudiana madre-padre-hijo.
Estas embestidas las padeció la artista Catherine Opie, que fue tachada de pervertida por los sectores más retrógrados de su país. Años después, en una fotografía de 2004, Self-Portrait (Nursing), la artista se retrata acunando a su hijo Oliver.
Catherine Opie. Self-Portrait (Nursing), 2004.
En 2008, el transexual Thomas Beatie acaparó la atención mediática al anunciar su embarazo, tras haberse sometido a una inseminación artificial. Recientemente acaba de dar a luz a su segundo hijo. La tecnología puede significar un cambio en la concepción de la maternidad, desligándola de la feminidad tal y como la entendemos hoy en día.
Las elecciones individuales y la maternidad
En el pasado, hemos hablado de los enfoques feministas de la desigualdad, pero en todos ellos dejamos a un lado el problema de la elección individual. ¿Podría deberse la desigualdad a que las mujeres opten libre y voluntariamente por trabajos y estilos de vida distintos?
En el ámbito académico, esta tesis ha sido planteada de forma bastante elocuente por la socióloga británica Catherine Hakim. Los hombres y las mujeres exhiben comportamientos en el mercado laboral y matrimonial sistemáticamente distintos. En concreto, las mujeres son más dadas a abandonarlo temporal o permanentemente y a elegir ciertas profesiones frente a otras.
Por ejemplo, Bertrand, Goldin y Katz 2010 muestran que a niveles directivos hombres y mujeres comienzan ganando sueldos similares; sin embargo, las remuneraciones divergen rápidamente.
Hakim se enfrentó a este problema examinando encuestas donde las mujeres declaraban lo que deseaban como estilo de vida. Lo que la británica encontró fue posiblemente sorprendente para muchos. En primer lugar, en la mayoría de sociedades avanzadas la inmensa mayoría de las mujeres parecía atribuir más valor a aspectos como tener hijos o los asuntos domésticos que la inmensa mayoría de los hombres. En segundo lugar, y de forma más sorprendente, dentro del propio grupo de las mujeres parecía existir una diversidad considerable.
Hakim clasificó a las mujeres en tres grupos en función de sus preferencias distintas respecto a su estilo de vida y su nivel de compromiso con su carrera o el hogar (resumido en la tabla 1).
| Grupo | Descripción |
|---|---|
| Orientadas al hogar | Priorizan la familia y el cuidado del hogar |
| Adaptativas | Buscan un equilibrio entre el trabajo y la familia |
| Orientadas a la carrera | Priorizan su desarrollo profesional |
Hakim usa entonces la variación en las preferencias respecto a los estilos de vida para mostrar que la diversidad en las preferencias de las mujeres se traduce en diferencias en los patrones de empleo y de estilo de vida. La conclusión, llegados a este punto, parece inevitable: lo que observamos en el mercado laboral no sería principalmente discriminación, sino el fruto de las preferencias de las mujeres respondiendo a su entorno económico.
La aproximación de Hakim y su poder para explicar la brecha de género en el mercado laboral no está exenta de críticas. Una discusión detallada de la literatura sobre la brecha de género está más allá del ámbito de este artículo. Dado que nuestro interés es entender el papel de las elecciones de las mujeres en la brecha de género, asumiremos, en el marco de la discusión la (discutible) idea de que éstas son efectivamente el reflejo de diferencias en las preferencias de estilos de vida.
Algo que debería hacernos dudar de la validez de la tesis de Hakim es la varianza que existe en la brecha de género en el mercado laboral. La disparidad entre las brechas entre países posiblemente se deba a la composición sectorial en ocupaciones “menos femeninas” pero, a falta de una análisis más detallado parece excesivo.
Como todas las personas que han tenido hijos parecen creer por el esfuerzo que dedican a educarlos, las preferencias individuales no son innatas o inmutables. Parece sensato, por el contrario, entender su formación como un proceso contingente a una determinada estructura social, legal e institucional. La exposición a distintos modelos de éxito o a distintos entornos familiares debería tener un efecto.
Al igual que en la fábula de la zorra y las uvas de Esopo, las preferencias no son un dato, sino que se “aprenden”, se forman como una estrategia de adaptación -concretamente, al mercado laboral y matrimonial. Aunque la diferencia en el compromiso con el cuidado de los hijos es común a todos los mamíferos, la existencia de una predisposición natural no significa que las fuerzas sociales sean irrelevantes para acentuarlo o atenuarlo.
Una diferencia crucial entre los hombres y las mujeres es la medida en la que juegan contra el reloj biológico. Los hombres pueden retrasar la paternidad por un periodo mucho más largo de lo que las mujeres pueden retrasar la maternidad y no se ven enfrentados a esa decisión (tener hijos o no tenerlos) hasta una etapa mucho más avanzada de sus vidas.
El cuidado doméstico de los hijos funcionaría entonces como un bien público local dentro de la familia en el que el miembro que más utilidad obtiene de su provisión contribuiría en mayor medida como resultado de la negociación.
Estos son solamente algunos ejemplos de fuerzas “estructurales” que varían entre sociedades y que afectan a los comportamientos y las preferencias de los individuos. Estos pueden generar que un grupo ejerza poder sobre otro, no necesariamente mediante la coerción directa.
El trasplante de útero: un nuevo debate ético
En los últimos años, buscando alguna solución en el marco de la innovación e investigación se ha intentado el trasplante de útero como proyecto de investigación. El primero tuvo lugar en el año 2000 con el trasplante de un útero de cadáver sin éxito. De todas formas, es un tema en plena discusión, con grandes reservas desde el punto de vista ético.
Como ocurre en otros trasplantes de órganos no vitales incorporados recientemente, es cierto que la finalidad no es “salvar la vida”, pero sí lo es mejorar la calidad de vida. Y éste es el mismo objetivo que tienen los otros trasplantes de órganos no vitales y los tratamientos de infertilidad.
Las alternativas son la maternidad subrogada i la adopción. La subrogación presenta también importantes problemas éticos y es ilegal en muchos países. Su análisis no es el objetivo de este artículo. Estos son los principales aspectos que se contemplan en la mejora de la calidad de vida, ya que la infertilidad es una de las principales causas de dolor emocional en las mujeres infértiles.
En los primeros casos se discutió si el procedimiento era éticamente inaceptable porque no se alcanzaba el objetivo de conseguir un recién nacido vivo y no se podían justificar los riesgos a que se sometían tanto la donante como la receptora.
Actualmente, con los avances técnicos en la cirugía y en la reproducción asistida, han nacido niños vivos. Uno de los primeros temas a considerares si el útero debe proceder de una persona fallecida o puede proceder de una persona viva.
La venta de órganos está expresamente prohibida, sea cual sea su procedencia, pero no así la donación. Según la ley española, toda persona es donante al morir si no hay un documento que indique lo contrario.
Los donantes vivos pueden donar órganos si no hay suficientes órganos de cadáver o si esta modalidad resulta más eficaz de forma significativa, mantiene mejor su calidad intrínseca y facilita el éxito del trasplante. En este caso, el éxito es la gestación y el nacimiento de un bebé sano.
Es necesario considerar las condiciones en las que es aceptable una donante: Su situación vital, si tiene la información y comprensión de los riesgos a los que se expone y que el procedimiento forma parte de una investigación, donde no hay garantías de éxito. Debe ser una mujer sana, que haya completado sus expectativas reproductivas, ya que después de la histerectomía no puede tener más hijos. Por este motivo se propone que es preferible que sea una mujer mayor, con la menopausia en curso o previsiblemente cercana. Posiblemente se trate de una familiar de la receptora.
Los riesgos físicos vienen dados por la histerectomía, que en este caso será una intervención muy larga, de hasta casi 10 horas, y bastante más compleja que una histerectomía habitual reglada.
Deben tenerse en cuenta, también los riesgos desde el punto de vista emocional. En primer lugar, la presión emocional por la familia u otros. Además, si falla el trasplante, pueden tener la sensación de fracaso o pensar que se trata de tiempo y esfuerzos que no vale la pena. Puede ocurrir que la relación ente donante y receptora cambie y. que más adelante se arrepienta de la donación. También puede ocurrir que la donante haya accedido a la donación pensando que no iba a querer más hijos, pero después quisiera tener descendencia con una nueva pareja. Hay que tener en cuenta también la relación que pueda establecerse entre la donante y el recién nacido.
El beneficio que obtiene la donante es la satisfacción y la alegría, derivadas de una acción o conducta altruista, generosa y desinteresada, en beneficio de otra mujer. En caso de éxito, verá la felicidad de una persona cercana, la vida de un recién nacido que no hubiese sido posible sin esta donación y puede tener un vínculo afectivo con él. Además, puede dar un valor a la propia vida y experimentar la felicidad de haber contribuido a mejorar la vida de otras personas, especialmente sin son personas amidas y cercanas.
En lo que se refiere a la satisfacción de las donantes de útero, se ha constatado el aumento de la autoestima, felicidad y mejora de la calidad de vida después de la donación.
La receptora debe recibir un tratamiento hormonal, una fertilización in vitro, una gestación con tratamiento inmunosupresor, una cesárea y una histerectomía posterior. Se trata de un trasplante temporal, efímero, para evitar mantener un tratamiento inmunosupresor de por vida.
Es importante tener en cuenta que el fracaso es no conseguir una gestación a término con recién nacido vivo y sano.
Es necesario que el equipo médico y psicológico se aseguren que conoce todos los riesgos físicos y fisiológicos de su donación y que su consentimiento sea realmente libre.
El problema que se plantea es de justicia distributiva y equidad en el acceso.
En octubre de 2020, se realizó el primer trasplante de útero en el estado español, en el Hospital Clínico de Barcelona: se implantó a una mujer el útero de su hermana.
Probablemente el progreso de la técnica reducirá los riesgos y facilitará los procedimientos. En la historia del trasplante de útero las discusiones sobre los temas éticos han ido cambiando, desde el rechazo al procedimiento porque fallaba el implante del primer intento en 2000, porque no se obtenía gestación hasta 2011, porque no se obtenía nacimiento hasta 2014, cuando se consiguió el primer recién nacido vivo.
