La Maternidad: Una Realidad Dura y Transformadora

Nuestra experiencia nos dice que una mujer comienza a ser madre cuando coge a su bebé por primera vez en brazos y no cuando ve las dos rayas que marcan el positivo en el test de embarazo. A partir de ahí comienza toda una aventura que, seamos sinceros, no tiene por qué ser positiva ni agradable, y esa es la verdad sobre ser madre. Pero eso no lo lees en ningún sitio, nadie te lo avisa.

La maternidad es una etapa vital teñida de ilusión y estrés casi a partes iguales. Ser madre -y padre- es pasar de cuidarte a ti mismo, preocuparte por tu salud, tu físico, tu bienestar, etc., a tener que hacerlo también por otro ser. Es un acto de amor inmenso, espléndido e incondicional, pero a la vez rompe en cierto modo con la identidad que uno se había marcado hasta ahora.

La realidad es que la maternidad te obliga renunciar a algunas partes de ti mismo, o por lo menos, a dejarlas a un lado durante un tiempo. Esa renuncia, lleva implícito un “ya no eres tan importante”, aunque no sea verídico. Pero al no tener tanto tiempo o recursos para cuidarte de la misma forma, para realizar los mismos planes o proyectos, puedes encontrarte inevitablemente descuidada. Esto puede llegar a afectar de forma sustancial a la autoestima de la madre.

Madre abrazando a su hijo

El Embarazo: Más Allá de la Dulce Espera

Vas a hacerte el primer análisis y la enfermera te dice al salir “Disfruta del embarazo”. Tú te vas tan contenta pensando “Oh, sí, claro que lo haré”, pero cuando te encuentras abrazada a la taza del váter vomitando, con fuertes dolores de cabeza, cambios de ánimo bruscos, insomnio, ardor, estreñimiento, dolor de pechos, fuertes mareos y todo te da asco, no piensas en lo bonito que está por venir. Realmente te sientes enferma y mal, muy mal. La pregunta es ¿con quién lo compartes?

Las mujeres que ya han tenido hijos te dirán que no pasa nada, que pasa, eso en el mejor de los casos, porque sentirás que todo el mundo lleva un mejor embarazo y creerás que eres un bicho raro incomprendido. A veces te tocará oír que eres una floja o una exagerada. Lo más grave es que las peores críticas vendrán realizadas de mujeres. Mujeres atacando a mujeres. Una especie de lucha por ver quién es la más sufridora.

Comienzan 40 semanas en las que la evolución humana te irá preparando para ser madre. Es decir, te irás volviendo un ser cada vez más sensible a los actos de amor, pero también a las preocupaciones del mundo y al cuidado de tu retoño. Querrás hacerlo lo mejor posible para que el bebé no sufra, para que se críe en libertad y feliz, pero poco a poco te irás dando cuenta de que eso no depende exclusivamente de ti, por lo que empezará otro proceso paralelo de frustración y culpabilidad.

El embarazo es un proceso fisiológico y mental muy solitario. Los cambios corporales son visibles y evidentes, pero los silenciosos e incontrolables cambios hormonales pueden resultar verdaderamente tediosos y agotadores. Es algo que te domina y no puedes poner mucho de tu parte para que pase pronto. Tu cuerpo se ha convertido en una increíble y potentísima máquina que da todo de sí para crear una o varias vidas. Se dice pronto, pero si te paras a pensarlo, siempre tiene un punto de irrealidad importante debido a su magnitud. Te preguntarás “¿de verdad esto está pasando dentro de mí?”. Como ves, el reto psicológico al que una se enfrenta no es nada desdeñable. Es mágico y duro a partes iguales.

Leído así puede parecer que todas las mujeres llevan un mal embarazo. Y afortunadamente no es así. Este artículo no versa sobre el magnánimo proceso de gestar, sino de lo que viene detrás.

Clases de Preparación al Parto: ¿Qué se Echa en Falta?

Cuando vas a las clases de preparación al parto, ahora llamadas clases de maternidad, lo que más se echa en falta es que la matrona se detenga en lo que viene después de parir. Si lo piensas, no tiene mucho sentido acudir de 28-30 semanas a estos encuentros y que te expliquen los cambios físicos que vas a experimentar, cuando estás de 7 meses y tienes una buena barriguita, porque ya has pasado un buen trecho del embarazo. Hacen unas breves reseñas acerca de los distintos tipos de respiración que existen y cómo harás cuando vayas a entrar en paritorio que, tampoco tienen demasiada utilidad, pues aún queda la recta final y seguro que se te va a olvidar, no solo por el tiempo pasado, sino porque cuando una vez estás metida en la vorágine del parto, tendrás en exclusiva una matrona para ti que te acompañará en el proceso. Te irá guiando paso por paso y ello hará que puedas dar a luz de manera natural si todo va bien.

Sentirás que todo el mundo lleva un mejor embarazo y creerás que eres un bicho raro incomprendido.

Lo que verdaderamente se echa de menos en esas clases son temas prácticos que todas las mamás primerizas van a sufrir: cómo se cambia un pañal, cómo se baña al bebé, qué voy a hacer cuando llego a casa. También el abordaje del cambio que sufrirás en tu mismidad y en la relación con tu pareja. Pero no que se limiten a contar que es un cambio importante, sino que expliquen exactamente qué es lo que te vas a encontrar. El impacto se torna tan bravío por el hecho de que pierdes tu independencia en menos de 24 horas. Ahora ya no vas a salir de casa cuando quieres y tampoco cogerás el bolso y ya está. No te podrás dedicar tan fácilmente a darte esos cuidados que en el día a día no apreciabas como pintarte sin prisas, ducharte, echarte una mascarilla, incluso ir al lavabo cuando te apetece. Hablar por teléfono es toda una proeza y también lo será descansar adecuadamente.

Los bebés tienen sus propios ritmos que determinados profesionales nos dicen que hay que acompasar a los de los adultos, pero eso no es lo natural. Lo natural es que haya despertares nocturnos, a veces para comer, hacer de vientre, por la caída del chupete, porque no está a gusto en la cuna y prefiere los brazos, puede tener gases, calor, y a veces nada. Cuesta hacerte a tu hijo. Es un ser al que aprendes a querer con toda tu alma a base de que pase el tiempo, pero como todo, eso requiere un periodo de ajuste que suele ser agotador. No solo por la implicación física, por no poder parar de hacer cosas, sino también porque no se puede compartir. Y aquí es, donde para mí, empieza y surge el lado oscuro de la maternidad.

El Lado Oscuro de la Maternidad

Recordemos que, si el cerebro no desconecta y se repone, si sufre falta de reposo, se erosiona. Ser mamá es tener un estado de hiper alerta constante y eso supone un desgaste potente. Otro punto importante se dirige hacia el torrente hormonal que genera el cerebro, pudiendo provocar una depresión postparto. Si la depresión es un mal muy escasamente comprendido en cualquier persona, imaginaos en una madre recién estrenada. Con la mitad de energía, el doble de emociones y un cuarto de descanso, ha de hacer frente a un nuevo torbellino.

Una mamá en la sociedad actual de una ciudad es difícil que se encuentre con un grupo que la apoye y recoja. El concepto de tribu se ha perdido. Ese conjunto de personas que van todos a una, con los mismos intereses y con un ideal común. Una mamá en este siglo, en este entorno, lo que se va a encontrar es mucha soledad. No va a poder verbalizar sus ideales, preocupaciones, temores y anhelos con claridad porque seguramente sea juzgada de forma peyorativa o se infravaloren sus emociones. El desahogo no se va a producir, por lo que todo lo acontecido anidará en la mente y en el cuerpo. Cuando se junta un grupo de mamás parece más una competición a las Olimpiadas a Súper Mamá que a la ayuda desinteresada, al relajo, al apoyo y al compartir.

Los niños de las otras siempre hacen la noche del tirón, se comen todo, se duermen solitos en la cuna, les encanta la bañera, se entretienen de maravilla con el sonajero, te dejan limpiar la casa mientras se mecen tranquilos en su hamaquita, y tú te preguntas por qué no vales, qué estás haciendo mal. Algunas, incluso, se despojan del traje de la vergüenza y piden ayuda, pero nadie le cuenta ni sus trucos ni sus verdades. Es pura naturaleza, a los demás les sale todo rodado sin invertir nada de esfuerzo. ¿Es suerte, entonces?

Viendo a mamás hablando de sus bebés me he percatado de un eje en común: las madres toman los hitos del desarrollo como logros personales. Es decir, no se cuenta lo que no va bien o cómo te gustaría que X tema fuese, porque se vive como que estás exponiendo tu parte débil y no te gusta. Es ahí donde empieza la absurda competición. Si tu bebé toma un biberón de 120 con 3 meses y el mío con la misma edad toma 150 es porque este último es más grande, más fuerte, está creciendo mejor. Y me apunto un tanto. Si duerme la noche entera (aclaremos lo poco frecuente de este acto durante los primeros meses de vida) sin rechistar, es porque yo lo he conseguido (y muchas veces lo hacen simplemente porque son así), así que otro punto para mí. Y voy sumando tantos para mi marca de buena madre. Que, dicho sea de paso, no sirve de nada más que para fardar con el resto.

Te encontrarás, además, verbalizaciones tales como “Es un tragón, come fenomenal, se toma todo el bibi del tirón y luego vomita la mitad”. Entonces no es tan buen comedor como dice, ¿verdad? Y no es que pase nada con eso. Cada niño come lo que quiere y necesita, es solo que si te crees esa afirmación a pies juntillas, lo más probable es que te sientas mal contigo misma porque a veces tienes que luchar con el bebé para que termine su toma. Así que igual te tildas de mala madre.

Te preguntarás “¿de verdad esto está pasando dentro de mí?”. Te acerques a preguntarle qué tal está. A escucharla de verdad. No a cargarla de más consejos que la llenarán de hartazgo y la harán dudar de sí misma. Déjala llorar si lo necesita, no le digas “Pero si con el bebé tan bonito que tienes…”‘ o “Mujer, no es para tanto”. Permite que diga aquello que desea y después ofrécete a echarle una mano, para que se cuide y pueda ser ella. Ser madre merece mucho la pena, no hay ningún sentimiento comparable a oler a tu hijo, tenerlo en brazos dormido y en paz, ver cómo te sonríe cuando se despierta y cómo se calma cuando llegas. Esa es la mejor recompensa a todo, estaría fenomenal poder compartirlo entre mujeres.

Si tienes a alguna mamá gestante cerca o recién estrenada, acércate a darle tu apoyo.

Desde Bihotz, Mujeres en Onda, seguimos impulsando estas conversaciones para construir una sociedad más justa para las madres y sus familias. La maternidad es un antes y un después en la vida de una mujer. Muchas cosas cambian y por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo para adaptarse y sacar la máxima satisfacción posible de esta nueva etapa cargada de emociones

Reinventarse con la Maternidad

Ser madre implica reinventarte en multitud de aspectos. Es saludable, a la vez que deseable, seguir conservando momentos íntimos e intentar no dejar de lado o abandonar tu identidad o intereses. Pero de manera inevitable surgirán planes, proyectos o historias a las que hay que renunciar, simplemente porque son incompatibles.

La buena noticia es que renunciar no significa que desaparezcan de tu vida por completo, sino más bien, que se modifican, creando por tanto, “un nuevo yo”. Algunas de las áreas en las que la maternidad nos obliga a reinventarnos son:

ÁreaDescripción
Relaciones SocialesLos amigos son uno de los componentes vitales que se ven más afectados cuando comienza la maternidad. Los planes cambian y las madres empiezan a relacionarse con otras madres.
Mundo LaboralLa conciliación sigue siendo una utopía. Muchas mujeres se ven obligadas a renunciar al empleo y a seguir creciendo laboralmente.
Cuidado PersonalEsta área se ve casi relegada totalmente hacia el bebé. Ya el físico o el bienestar personal no son temas tan importantes como podrían serlo antes.
Descanso y OcioA partir de la maternidad, el descanso y el ocio cambian. Los planes se vuelven mucho más relajados, normalmente en horas más tempranas y con personas distintas que nos entienden y con las que podemos empatizar.
La ParejaLa pareja en gran medida se convierte en un “equipo de cuidadores”. Intentar que esto ocurra de forma mínima es lo ideal, ya que hay que obligarse a tener momentos a solas e íntimos.

Hay que tener claro que somos quienes somos. Es decir, la identidad no se borra así como así. En la medida de nuestras posibilidades, y siendo siempre realistas, hay que intentar hacer lo posible para conservarnos a nosotros mismos y no dejarnos llevar del todo. También es maduro asumir la realidad de que muchas cosas cambiarán y que hay que adaptarse a esos cambios, nos gusten más o menos.

En nuestra mano está por ejemplo pedir ayuda. Sin abusar, evidentemente. Pero existen los abuelos, los tíos o las cuidadoras. Lo deseable es que un niño pase gran tiempo con sus padres, pero la clave de esto es que los padres se encuentren emocionalmente estables.

Si esto no sucede, es mucho más recomendable pedir ayuda, estabilizarnos, tomar aire y volver a estar con nuestros hijos, sin tener que sentirnos culpables.

Otra opción es crear con la pareja tiempos de desconexión propios. Esto implica que algunas veces uno se queda al cuidado de los hijos y otras veces lo hará el otro miembro. La idea de esto es que se haga con amor, sin después echar en cara a quién le toca, quién se quedó más tiempo, sin interrumpir el momento, etc.

A pesar de que la maternidad puede ser muy dura, no deja de ser un cambio vital, igual que lo es el paso de la niñez a la adolescencia. Lo que ocurre es que, en este caso, es una opción elegida libremente.

¿Es posible asumir el papel de madre, compañera y trabajadora y de desempeñarlos todos como se espera de nosotras? Es imposible, porque lo que nosotras somos no se conforma con lo que los demás esperan de nosotras, si no con lo que sabemos que somos capaces de dar (o que queremos dar). Vivir demostrando empaña nuestra realidad.

¿La maternidad te convierte en otra persona? La maternidad te demuestra una nueva faceta de ti que tienes que conocer, adaptarte a ella, abrazar e ir perfeccionando día a día. Es un señor trabajo sin remuneración.

¿Qué es lo más duro de la realidad de la maternidad a lo que te has enfrentado y que no te imaginabas que fuera así? La soledad que se siente muchas veces que la transitas, el no saber qué puedes compartir de lo que estás viviendo o con quién lo puedes compartir. A veces, incluso, la sensación de que te estás perdiendo cosas que vive tu entorno. Es algo que se habla poco y deberíamos poner sobre la mesa con más naturalidad.

¿Nos hace más olvidadizas la maternidad? Lo que pasa realmente es que tenemos tanto encima que algo se nos tiene que escapar. Es humanamente imposible abarcar todo lo que “creemos” que debemos abarcar. Cuando decimos que somos olvidadizas, no somos conscientes de que, de una cosa que nos olvidamos, nos hemos encargado de otras veinte.

Dices también que la maternidad está hecha para ser compartida, tanto si tienes pareja como si no; ¿cómo se comparte o se debería compartir la maternidad? Somos animales de tribu y estamos pensados para convivir y apoyarnos: en los mayores por su experiencia, en los iguales por sus intereses, en los jóvenes por su disposición… y la maternidad tiene que tener un espacio central en esto porque no puede ser que una de las partes primordiales de cómo se conforma la sociedad parezca que molesta. Debe haber más espacios para hablar, más facilidades para criar, más flexibilidad para interactuar con otras madres, familias y menos tabúes.

¿Por qué es tan difícil la crianza? Porque queremos controlarlo todo, entonces se hace cuesta arriba. También afecta que hay un bombardeo constante de lo que tenemos que hacer y de cómo tenemos que hacerlo y eso muchas veces nos hace dudar de nuestro instinto. Se hace difícil porque siempre se nos cuestiona.

¿Da la maternidad la felicidad? No. La maternidad ni te hace feliz, ni te completa, ni es una meta. La maternidad es una parcela más de la realidad de muchas mujeres, pero como todas las parcelas tiene sus más y sus menos. Cuando te sientas feliz, disfruta, pero cuando no sea así, entiende que nada tiene que ser constantemente perfecto para ser válido.

Ser madre es duro. No pasa nada por admitirlo, por contarlo y por sentirlo. Son niños y sus formas de actuar o de ser en determinados momentos nos frustran, faltaría más. Pasar tiempo en la calle: es una de las cosas que la propia Tania Llasera mencionó en sus redes sociales. Que pasar días enteros en casa con los niños satura. Doy fe y ésa es la razón por la que no se me cae el techo encima. En 7 años de maternidad he pasado muy muy pocos días sin salir de casa. Soy de las que he ido al parque todas las tardes durante años, en todas las estaciones…y leñe, vivo en Asturias. Ahora en vez de estar en el parque, después del cole, nos quedamos allí un rato. Unos días porque entrenan pero, cuando no, es porque se quedan allí jugando con otros niños. Y así, evitas desastres en casa.

Caemos en el error de dejar de hacer algunas cosas cuando somos madres. Es verdad, al principio es por falta de tiempo pero, poco a poco, nos vamos adaptando al bebé o niño, y sinceramente, toca buscar hueco para ese hobby o afición que antes nos gustaba y que no dejábamos de hacer. A toro pasado, porque reconozco que la maternidad ahora es más llevadera ya que mis hijos cada vez más siendo mas autónomos, creo que esas tres cosas evitaron que no me volviera loca de remate con los tres por casa siendo muy seguidos.

Ser madre y estar sola con los niños no es fácil. Sobre todo cuando no hay familia cerca en quien apoyarse o una red de personas con las que poder contar. Una situación complicada a la que la asociación ÁCANA intenta dar respuesta con sus escasos pero muy eficaces recursos.

Lo más difícil para este colectivo es compaginar el trabajo o tener el tiempo para buscarlo con el cuidado de sus hijos porque mientras los niños son pequeños no hay con quien dejarlos. Y ellas son las únicas que traen dinero a casa. Por eso esta asocación ofrece un servicio de guardería y ludoteca de 9h a hasta la 21h, además de talleres de todo tipo que puedan ayudar a estas madres.

La mayoría de las mamis son extranjeras y no pueden acceder a una guardería pública porque no tienen una nómina que presentar o su situación administrativa es irregular. Además, son mujeres que trabajan por horas en las casas o bien cuidando a niños y personas mayores. Y encima se dan casos dónde los empleadores no permiten que una madre se ausente puntualmente para cuidar a su hijo cuando está enfermo y les amenazan con echarlas del trabajo. Una realidad muy invisible pero que existe y que hace estragos en estas madres. En esta guardería son conscientes de ello y viven situaciones a diario en las que tienen que ejercer también de familia para paliar en la medida de lo posible el día a día.

Maternidad sin filtro con Anahí de Cárdenas

Estrés en la maternidad

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